Las mejores series del 2018 elegidas especialmente para ustedes, más allá de Netflix, por nuestro mero gusto geek.

Una escena de Manaic, la serie de Netflix

El 2018 estuvo lleno de series en decadencia (como House of Cards y, dependiendo de sus gustos, Game of Thrones), series en pleno auge (como Bojack Horseman, Atlanta y Westworld), y lleno de nuevas series, como las joyas que aquí les presentamos. Siguiendo la tradición de todos los años, las series que colocamos en nuestra lista se estrenaron en 2018 y sólo tienen una temporada. Así, sirven para llenar sus catálogos con nuevas historias que apenas construyen renombre.

En un año que se caracteriza por el auge de las miniseries de autor, los grandes directores en pantalla chica y actores magníficos saltando medios, les dejamos una selección para que encuentren su mero mole de contenido geek, casero y de género. Esperamos que lo disfruten.

10- Castle Rock (Hulu)

No tenía mucha ilusión por Castle Rock. Entendía la emoción que causaba un multiverso ubicado dentro de las locuras de Stephen King y entendía que muchos fanáticos esperaban con ansia cualquier producto cercano al maestro del horror. Entendía también que las emociones estaban a tope después del interesante remake de IT por Andy Muschietti, pero este producto me sonaba como algo barato y derivativo. Estaba muy equivocado.

Castle Rock puede declinar al final de la temporada, pero es un estupendo homenaje a Stephen King. Lo que hizo esta serie no fue retomar los escritos de King como tales sino que elabora, a partir de ellos, una nueva historia. Aún así, podemos encontrar a una sobrina de Jack Torrance, algunas menciones a Cujo, la prisión de Shawshank que tiene un lugar privilegiado en la serie, el asilo de Juniper Hill y, claro, la presencia magnética de Bill Skarsgård que también representa a IT en la película de Muschietti.

Grandes directores están involucrados en la serie como nuestra querida Ana Lily Amirpour (A Girl Walks Home Alone at Night), el gran Michael Uppendahl (Legion, Mad Men, Fargo y Daredevil) y Dan Attias (It’s Always Sunny in Philadelphia y The Sopranos). Los personajes bien logrados, las increíbles actuaciones (sobre todo por parte de Sissy Spacek y el siempre vibrante Scott Glenn de The Leftovers) le dan a esta historia, además, una textura única que va pasando de lo ominoso a la ciencia ficción con singular seguridad y soltura. Esperemos que este nivel de intensidad pueda sobrevivir a una segunda temporada. Si lo logran, esta serie tiene madera de culto.

9- Cobra Kai (YouTube Red / YouTube Premium)

Cobra Kai, como Castle Rock, parecía otro ejercicio de pura nostalgia. Sin embargo, las dos series terminaron sorprendiendo a propios y extraños. Los creadores de la serie (Jon Hurwitz y Hayden Schlossberg, mejor conocidos como escritores de las películas de Harold y Kumar) lograron darle un giro que nadie esperaba a una vieja historia.  Con eso, lograron revivir a personajes anclados en una mítica pelea que terminó con una mítica patada, hace más de 34 años.

The Karate Kid era una idea bastante maniquea sobre la fuerza bruta y el verdadero entrenamiento espiritual en el Karate. Por eso, parecían inamovibles los roles del héroe y de los villanos. El enorme logro de Hurwitz y Schlossberg fue, justamente, cambiar esos roles y convertir al intachable Daniel LaRusso en el villano de una nueva historia que gira en torno al viejo bully Johnny Lawrence. La diferencia ahora es que, mientras Dani tiene una exitosa agencia de venta de coches, Johnny es un padre fracasado, con tendencias autodestructivas, poco dinero y un incipiente alcoholismo.

Apenas en los primeros episodios de la serie, es evidente que comprendimos mal a Johnny; que nos apresuramos para juzgarlo como un bully rico y violento; que nunca le dimos el mismo beneficio de la duda en una historia incompleta. ¿Cómo sabemos si Johnny no fue, él mismo, bulleado antes del inicio de The Karate Kid? ¿Cómo sabemos que no fue un niño como LaRusso? ¿Cómo juzgamos el peso de las enseñanzas ultraviolentas de John Kreese? En esta serie, el caso de Johnny Lawrence sirve para regresarnos a la infancia, claro, pero también para demostrarnos que no todos nuestros recuerdos son pura e inmaculada verdad.

8- Crisis Jung (Bobbypills / Blackpills)

¿Cómo describir la única serie animada que entró en nuestro conteo? Tal vez, como algo totalmente torcido de la cabeza, una serie única de ultraviolencia y reflexión psicoanalítica a través de parábolas neón e imágenes cargadas de sexualidad; una locura que no debió nacer y que por eso es maravillosa. Tuvimos la oportunidad de ver esta rareza producida por el estudio francés de Bobbypills a cargo de los directores Baptiste Gaubert and Jérémie Périn, en el Festival Mórbido. En total, todos los episodios duran cinco minutos (perfectos para la plataforma de Blackpills) y, en el total de casi dos horas, terminan asqueándote completamente.

La idea detrás de Crisis Jung es la de representar un mundo destruido por la violencia en el que el amor es imposible. Aquí, un héroe (que se llama Jung en un guiño tan evidente que no lo es) trata de recuperar un amor perdido, María, que fue decapitada por un gigante repugnante llamado Little Jesus. En medio de toda esta locura, Jung atraviesa un desierto post apocalíptico encontrando aliados inesperados y terribles enemigos que toman la forma de sus más profundas pulsiones.

Mujeres con barba, monstruos con penes pendulantes, ataques de rabia que hacen estallar senos, golpes, muerte, asesinato, sexo, anos: Crisis Jung es una explosión de imágenes terribles que sólo tienen sentido en sí mismas; un acto arriesgado que sigue la nueva tradición de Rick and Morty y Bojack Horseman para empujar la envoltura al extremo. Crisis Jung es una oleada refrescante de asquerosidad que se atreve a explorar nuevos formatos y volver a apantallarnos en un mundo anestesiado.

7- Maniac (Netflix)

La nueva serie de Cary Joji Fukunaga es una belleza poco comprendida. Basada libremente a partir de la serie danesa del mismo nombre, Maniac mezcla diferentes influencias: las formas muy literarias de la escritura de Fukunaga, el retrofuturismo de Brazil de Terry Gilliam, el imaginario de Inception de Nolan, todo Michel Gondry y algo de la locura inestable en Dream Incorporated. Guiada por el humor depresivo de Jonah Hill (Superbad) y una excelente Emma Stone (Birdman), la serie logra, sin embargo, crear su propia lectura sobre una realidad paranoica. Las actuaciones secundarias de Justin Theroux (The Leftovers), Sonoya Mizuno (Ex Machina), Sally Field (The Amazing Spider-Man) y el gran Gabriel Byrne (Hereditary) acaban de redondear una producción que seguirá dando de qué hablar en los siguientes años.

Maniac sigue la vida de Owen Milgrim, el heredero/oveja negra de una familia inmensamente rica. Inestable y lleno de inseguridades, Owen piensa que, en cualquier momento, tendrá un brote psicótico. En este contexto, él es el único que puede testificar para salvar a su hermano -el favorito de la familia- de un crimen que seguramente cometió. Owen acaba desesperado buscando refugio en un estudio médico en el que conocerá y se vinculará con Annie Landsberg, una atormentada joven que intenta regresar obsesivamente a una culpa del pasado. En el experimento, se adentrarán en un viaje paranoico que los volverá inseparables entre sueños hermosos y recuerdos horrendos.

Mucho menos paranoica, más demente y más romántica que la serie danesa que le dio su nombre, Maniac muestra un enorme catálogo de recursos visuales y narrativos, además de un carisma indudable. El formato, finalmente, es perfecto para el genio de Fukunaga (que dirige todos los episodios): esta locura prueba que las miniseries son la tendencia definitiva del mañana.

6- The Terror (AMC)

Hablando de miniseries y de paranoia, una de las mejores producciones de este año estuvo a cargo de David Kajganich, el escritor de la nueva versión de Suspiria. Se llama The Terror y es una maldita locura. Basada en la novela histórica de Dan Simmons (Summer of Night) y producida por Ridley Scott, esta serie sigue la expedición fallida de 1845 comandada por John Franklin. Esta misión partió de Inglaterra con dos barcos, el HMS Terror y el HMS Erebus, para encontrar un paso seguro para mercancías en la Antártida. Pero ni Franklin ni los 128 miembros de su tripulación regresaron… y nunca se supo la verdadera razón de su muerte.

Ahora, con esta serie, Kajganich explora las teorías más paranoicas sobre lo que pudo pasarle a esos hombres durante dos años de locura, malnutrición, enfermedades y envenenamientos. Además, por ahí se cuela un elemento sobrenatural que permite algo del gore maravilloso que es ver sangre sobre la nieve. Tremendamente actuada por un reparto robado a Game of Thrones, con Jared Harris, Tobias Menzies, el gran Ciarán Hinds y un tiernísimo Paul Ready, The Terror se sostiene en la locura de la gente y la horrenda sensación de desesperanza y miedo entre hombres perdidos. Al final, ésta es una verdadera joya aterradora.

5- Homecoming (Hulu)

Otra miniserie que tiene una enorme coherencia estilística es la nueva joyita de Sam Esmail (mejor conocido por ser el creador de Mr. Robot). Homecoming tiene un formato extraño, compacto, maravillosamente disfrutable en sus breves episodios perfectamente realizados. Hay algo, también, encantador en ver otra creación de Esmail con esos maravillosos intros.

La serie gira en torno a un centro llamado Homecoming que sirve para integrar a los veteranos con estrés postraumático a la vida de civiles. Sin embargo, entre los ires y venires de una serie que oscila en pasado y presente, encontramos a un investigador de poca monta (interpretado genialmente por Shea Whigham) que empieza a sospechar que hay algo extraño con las declaraciones de una consejera del centro (Julia Roberts) y su estrecha relación con un interno (Stephan James). Con cada episodio vamos descubriendo más de este macabro lugar hasta que todo explota en una locura ciencia ficcionosa sobre los abusos del capitalismo americano.

Bobby Cannavale como Colin Belfast, el ambicioso ejecutivo detrás del centro Homecoming, es brutal. Y Julia Roberts da también una de las mejores actuaciones de su carrera en un formato que nunca había experimentado. Pero, encima de todo, ésta es una de las series más originales de nuestra lista. Porque parece imposible que un director obsesionado con el estilo como Sam Esmail se vaya de un lugar sin dejar prueba de su elaborado lenguaje fílmico. Una delicia.

4- Wild Wild Country (Netflix)

¿Qué podemos decir de Wild Wild Country que no se haya dicho antes? Es una serie monumental, un documento increíble sobre una historia verdaderamente alucinante. Producida por el gran Mark Duplass (que, entre varios créditos tremendos, hace un papelón en Safety Not Guaranteed) y dirigida por los hermanos Chapman y Maclain Way, esta serie es un verdadero hito para el formato del documentalismo en televisión.

La historia sigue la constitución de la comunidad de Rajneeshpuram en pleno Oregon, en medio de la nada en Estados Unidos. Se trataba de una comunidad de seguidores del gran gurú indio Bhagwan Shree Rajneesh, mejor conocido como Osho. El asunto aquí es que esa comunidad fue pensada para albergar a decenas de miles de seguidores y todo se salió de control cuando empezaron a tener roces con las comunidades locales y las instituciones federales. Centrada en entrevistas llenas de matices (que incluyen una maravillosa serie de entrevistas con Ma Anand Sheela), este documental nunca condena por la vía fácil.

Complejo, con un uso prodigioso de material de archivo y un respeto peculiar hacia las enseñanzas de Osho como pilar del pensamiento New Wave, éste es un gran documental para preguntarse sobre moralidad, religión y políticaWild Wild Country es imperdible también para entender por qué ciertas enseñanzas guiaron un cambio en el pensamiento de Estados Unidos; un cambio que, al mezclarse con el individualismo, ha derivado en las dementes olas de las llamadas “fake news”. Imperdible.

3- Sharp Objects (HBO)

Otra miniserie se cuela entre los tres mejores lugares en nuestro conteo… y, créanme, podría muy bien ser el primero. Muchos conocimos a Gillian Flynn a través de la lente de David Fincher cuando sacó esa genialidad perturbadora de Gone Girl en 2014. En esa cinta, Flynn misma adapta su propia novela en un guión impresionante. Y, ahora, bajo la tutela de la gran escritora de Buffy, The Vampire Slayer, Marti Noxon, regresa para trasladar otra de sus novelas al formato de miniserie.

El encargado de dirigir todos los episodios con una cohesión estética maravillosa fue Jean-Marc Vallée, el director canadiense detrás de dramones exitosos como Dallas Buyers Club, Wild y, en televisión, Big Little Lies. Esta vez, la historia gira en torno a Camille Preaker, una reportera alcohólica y atormentada, que decide regresar a su tierra natal para escribir sobre una serie de desapariciones de adolescentes. La cosa empieza a enredarse cuando vemos más de la terrible historia familiar de Preaker… hasta un clímax absolutamente espeluznante.

Sharp Objects es, sin duda, el thriller para pantalla chica más inteligente de este año. Tremendamente bien actuado por Amy Adams y con un reparto increíble que incluye a Patricia Clarkson (de miedo), Miguel Sandoval (hermoso) y Eliza Scanlen (una revelación), esta serie entiende mejor que ninguna otra la enorme calidad que se necesita para producir televisión en esta nueva era dorada de la pantalla chica. Una joya de miniserie que, sin duda, cambiará todos los parámetros del formato y una excelente compañía para otra gran serie traumática sobre el regreso a casa: Top of the Lake de Jane Campion.

2- Barry (HBO)

Barry es una absoluta revelación. Bill Hader siempre había sido ese actor de reparto sensacional en toda la nueva veta de comedia encabezada por Evan Goldberg y Seth Rogen: apareció desde Knocked Up hasta su increíble doblaje como J.P. Spamley en Ralph Breaks the Internet, pasando, por supuesto, por Pineapple Express y joyas como Superbad, Tropical Thunder y Inside/Out. Ahora fue su turno de salir como protagonista, y de qué manera lo hizo. Con la ayuda de Alec Berg (que escribió buenos cachos de Seinfeld), Hader creó una comedia oscura tan tierna como emotiva y violenta, irreverente, incoherente y genial.

La historia de esta serie gira en torno al ex-marine Barry Berkman que, al regresar de la guerra, sin saber hacer otra cosa más que matar, se convierte en asesino a sueldo. Lo regentea un personaje terrible pero encantador (encarnado por el genial Stephen Root que vimos últimamente en Get Out) hasta que Barry encuentra a una chica que le fascina en una clase de improvisación. Enamorado y embrutecido por tanto tiempo sin contacto real humano, Barry decide abandonar sus actividades delictivas para dedicarse a la actuación. Pero apesta… y la chica lo detesta… y la mafia ucraniana lo persigue… y Barry tiene que replantear, seriamente, todas sus decisiones de vida.

Fuera de esta premisa demente y maravillosa, las actuaciones exorbitantes de Henry Winkler (Arrested Development) como el maestro de actuación y de los tiernísimos mafiosos ucranianos Goran (Glenn Fleshler), Stovka (Larry Hankin) y, encima de todos, el maravilloso Noho Hank (Anthony Carrigan), logran un ensamble único de comedia desparpajada y negra como el alma de un asesino. Una verdadera joya de la risa oscura contemporánea y la demostración viva de que HBO sigue dándose un tiro permanente con Netflix en la batalla por la primacía de las series americanas.

1- The End of the F****ing World (Channel 4 / Netflix)

Una novela de crecimiento podrido; una adaptación casi perfecta de un cómic fanzinero; un road trip infernal; un encuentro romántico adolescente que se come a Bonnie and Clyde, Wild at Heart, True Romance y Badlands en un paquete pegajoso y las escupe como gargajo al aire; una hermosa creación hipster sin nostalgia; una belleza visual única; una joya irrepetible: pueden llamar como quieran a The End of the F****ing World, el resultado es el mismo; ésta es, sin duda, nuestra serie favorita del 2018.

La hermosa novela gráfica de Charles S. Forman es, en realidad, una serie de cómics mínimos como lo fueron, también, Slasher y I Am Not Okay with This. Es la historia de dos adolescentes que encuentran, en el odio al mundo, una extraña compatibilidad emocional. Uno es un personaje desubicado con tendencias sociopáticas y un viejo deseo de automutilación; la otra es un joven sensible con emociones demasiado violentas para este mundo. Juntos, a pesar de la imposibilidad de su escape, a pesar del deseo de matarse y besarse, crean, en el odio, un amor único de destino trágico.

Netflix logró trasladar esta hermosura narrativa de líneas mínimas en sutil blanco y negro al color de una serie reubicada en Reino Unido. Y la adaptación, a cargo de Jonathan Entwistle (que se había dedicado, hasta ahora, a filmar comerciales), Lucy Tcherniak (que había solamente filmado algunos cortos) y Charlie Covell (que fue actriz en el brillante Peep Show), es algo fuera de serie. Porque The End of the F***ing World es la mejor adaptación que ha producido Netflix de un cómic. Encima de cualquier adaptación de Marvel, de todos los intentos fallidos (Richy Rich), éste es un maldito logro inconmensurable. Y esta adaptación es tan buena porque logra traducir el formato mínimo del cómic al formato de la serie: lo hace manteniendo la esencia del material original y el tono brutal, hermoso, compasivo y dolorosamente honesto que lo caracterizó. Un logro tierno que debería parar ahí en dónde para. Con ese final perfecto, The End of the F****ing World logró, para nosotros, regresarnos la esperanza de un mundo que todavía se puede interesar en cómics independientes… y lograr trasladarlos a un público mucho más amplio.

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Mención honorífica de superhéroes: Titans (DC Universe)

Desde que, en el trailer, vimos a Robin decir “Fuck Batman!”, muchos pensamos que Titans se iba a vender demasiado barato. Sin embargo, resultó todo lo contrario. La serie es un acercamiento oscuro que no tiene nada que ver con las adaptaciones televisivas de Warner y DC ni con las más oscuras adaptaciones de Marvel. Aquí sí se volaron la barda con una temática llena de sexo, traumas y violencia ultra gráfica. Como garantía de calidad, el mismísimo Geoff Johns estuvo metido en la creación del programa; el compositor es nada más y nada menos que Clint Mansell (Requiem for a Dream); y hay varios directores tremendamente adecuados para dirigir estos episodios como Brad Anderson (Fringe) y Glen Winter (que ha trabajado en todo el Arrowverse y que fue fundamental en la creación de Smallville).

La historia de esta serie comienza cuando Dick Grayson abandona a Bruce Wayne para ir a Detroit y seguir su carrera de detective lejos de la sombra del murciélago. Ahí, ayuda a una joven Rachel Roth que acaba de presenciar el asesinato de su madre (de forma nada leve) a manos de un pistolero misterioso y terriblemente seguro de su misión. Juntos, encontrarán a un ex-miembro de la Doom Patrol, Beast Boy, y a Starfire, una alienígena que intenta recuperar la memoria. A partir de ahí, Grayson deberá hacer las paces con su brutalidad, integrar un equipo nuevo y salvar a Rachel -y al mundo- del temible Trigon.

Con todo esto, Titans está cimentada en una excelente idea: en el año en que sale la película de Teen Titans Go! to the Movies -que es una joya más en la corona animada de DC- nos dan una versión completamente adulta y violenta de Beast Boy, Starfire, Dick Grayson y Raven. Además, por ahí vemos -trágicamente- a Dove y Hawk, a Jason Todd, una interpretación de Batman, a la Doom Patrol y a Donna Troy. Personajes mueren, personajes sufren, personajes cojen y las historias de origen se tuercen para dejarnos un tremendo sabor de boca, en el final de temporada, con un episodio brutal. Sin duda, la mejor serie de superhéroes del año.

Mención honorífica de comedia gore: Killing Eve (BBC America)

No muchos conocen el trabajo enorme de Phoebe Waller-Bridge… aunque algunos se acordarán de ella como lo único bueno de Solo: A Star Wars Story: la androide de Lando Calrissian, L3-37. Esta actriz y escritora cómica británica llegó ahora a las más grandes ligas televisivas con una adaptación irreverente de la tetralogía de novelas Codename Villanelle de Luke Jennings.

En estas novelas, una despiadada asesina rusa se enfrenta a una agente del MI5 que la persigue… íntimamente. En la adaptación de Waller-Bridge no nada más retoma el espíritu del thriller sino que lo hace con un humor asombroso y una violencia deliciosamente sexy. Las actuaciones principales de Sandra Oh (infamemente famosa por Grey’s Anatomy) y la sorprendente Jodie Comer (como Villanelle en una de las revelaciones de la temporada) terminan por redondear una comedia tremendamente divertida, palomera y que mantiene una hermosa tensión de sensualidad y violencia hasta el último episodio.

Mención honorífica de ciencia ficción: Counterpart (Starz)

Morten Tyldum no es un director muy confiable que digamos… Desde que se mudó a Hollywood, hizo The Imitation Game que no estuvo tan mal para luego hacer esa película insoportable llamada Passengers. Por eso, su incursión en la televisión americana podía causarle temores a más de uno. Por otro lado, el desarrollador del proyecto, Justin Marks ya había hecho un gran guión con la reciente adaptación de The Jungle Book de Jon Favreau. Entre estos dos creadores, Counterpart resultó en algo bastante impresionante… sobre todo porque podemos ver al loco de J.K. “not my tempo” Simmons en un papel doble.

Esta serie gira en torno a un hombre común y corriente, bastante aburrido de hecho, que, de pronto, descubre que su extrañísimo trabajo no es un experimento cualquiera de intercambio lingüístico sino una forma de comunicar mensajes secretos entre dos dimensiones paralelas. El asunto se empieza a enredar cuando, su versión alternativa cruza a nuestro mundo (o lo que suponemos es nuestro mundo) para resolver un crimen y atrapar a una asesina.

Thriller neo noir, ciencia ficción que recuerda a las mejores partes difuntas de Fringe y pura locura de acción, Counterpart logra darnos un concepto totalmente torcido de Berlín en una serie que nos sorprendió por su calidad. Además, es una lectura intrigante de la guerra fría que confirma la obsesión actual de la ciencia ficción con Alemania y su historia. Vale, sin duda, para una buena palomeada.

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