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Hereditary, la ópera prima de Ari Aster es una grata sorpresa en el cambiante mundo del terror americano…

No hay forma de ver esta cinta sin admirar el enorme potencial que tiene Ari Aster como cineasta. Hereditary es la obra de un director obsesivo, inteligente y sensible. No hablo nada más de una cuestión técnica –que es, por demás, impresionante en todas sus obras–. Aster puede ser un director con apenas un largometraje, pero su estilo está claramente definido, en la escritura, en la realización, en la edición final, en todo.

Aster ha creado, desde su primer largometraje -el traumático The Strange Thing About the Johnsons– una estética única que gira en torno a motivos íntimos. Las obsesiones del director regresan una y otra vez a la pantalla: familia, duelo, terror cotidiano, enfermedad mental, enajenación y los destructivos juegos de poder entre hombres, creadores y ficciones. Tras esta tela de fondo se observa una mente curiosa, que escribe guiones con amor y que sabe, con una intuición gráfica impresionante, cómo realizarlos.

Hereditary es una película visualmente pasmosa que reconoce sus influencias, y qué quiere lograr algo notable con ellas. Esta cinta dejará confundidos a muchos: es una propuesta que mezcla géneros, que es paciente y que no es, en lo absoluto, la cinta de horror de alto impacto que se esperaba. Hereditary es suspenso lento, construcción progresiva de personajes, violencia visual sutil y cruda, simbolismos ocultos, dolores reales. Es una película que no va a gustar universalmente pero que, en lo personal, me parece fascinante.

Por eso, aquí les quiero explicar por qué considero que la película de Ari Aster es un clásico instantáneo y por qué, tras su compleja construcción, se esconde un bello mensaje sobre el sadismo creativo.

Pilares y referencias

Hereditary es, como su nombre lo indica, una historia de familia. Todo se centra, pues, en la familia Graham Leigh. El día después de la muerte de la abuela materna, los padres, con sus dos hijos, hacen los últimos preparativos para el funeral.

La película abre con la toma de un estudio, bañado en luz natural, en el que vemos varias maquetas de cuartos y casas. La toma hace un paneo hacia el cuarto de una casa; el marco se ajusta a la pantalla y vemos al padre entrar a la habitación del hijo mayor, Peter, para entregarle un traje oscuro. El truco cambia la maqueta en vida y, así, comienza un juego de espejos, realidades y ficciones que, con paciencia ominosa, llegará a un inesperado clímax.

En esta familia, la madre, Annie (Toni Collette), es una artista independiente que crea maquetas ultrarrealistas sobre sus experiencias y recuerdos. El padre, Steve (Gabriel Byrne), es un psicólogo de suburbio. La hija menor, Charlie (Milly Shapiro), es la extrañísima hija preadolescente más chica de la pareja. El hijo mayor, Peter (Alex Wolff), es un adolescente de tímido despertar sexual que disfruta fumar mota bajo las gradas escolares. Tanto Peter como Charlie tienen ansiedades sociales. Pero la hija menor parece aislarse más del mundo, enfocada en construir extrañas figuras con retazos de basura y animales muertos.

Después de la muerte de la abuela, la familia regresa a la rutina sintiendo que la esperada partida, después de meses de convalecencia, fue un alivio. Pero pronto las cosas comienzan a cambiar… Annie experimenta apariciones, Charlie tiene extrañas visiones, Peter recuerda viejos traumas. En este ambiente que comienza, poco a poco, a viciarse de algo extraño, maligno e invasor, la familia deberá confrontar el destino que les legó la herencia y los horrores que esconde su linaje.

El trailer de Hereditary es algo engañoso en lo que construye sobre esta sinopsis. Y eso es absolutamente normal: la cinta de Ari Aster no tiene el ritmo acelerado del avance, no condensa así sus imágenes ni construye así su imaginario. Esta película, además de desafiar las expectativas creadas por el tráiler, es paciente con su ritmo y construcción genérica.

El lado materno de la familia se apellida Leigh y, con eso, Aster hizo un guiño de doble referencia: por un lado, al director inglés Mike Leigh; por el otro, a la actriz de una famosísima escena en Psycho, Janet Leigh. Y estos son los dos pilares en los que fundamentó su creación.

Aster hizo ver All or Nothing de Mike Leigh a toda la producción antes de empezar el rodaje. Y esto tiene una razón de ser: la construcción de los personajes en Hereditary no depende de líneas trilladas de guión, no depende de construcciones evidentes y exposición balconeada. Aster admira tanto a Leigh por la forma en que sus personajes se construyen con gestos mínimos, en silencio, poco a poco, a lo largo del drama.

Al igual que la tragedia espantosamente claustrofóbica de All or Nothing, los personajes de Aster parecen vivir atrapados en una pecera. Todo se explica por un ambiente opresivo que los rodea, los condiciona, los somete a un destino inevitable. En el caso de Leigh, el terror de la vida cotidiana se expresa en los círculos depresivos de la clases media popular. En el caso de Aster, el terror nace, más bien, de la fatalidad de una herencia y la imposibilidad de escapar de ella.

Por otro lado, esta cinta también evoca a Janet Leigh siendo acuchillada en una ducha en Psycho y Mia Farrow trayendo a un bebé problemático al mundo en Rosemary’s Baby. La influencia de Hitchcock, de la época setentera de Polanski y del horror británico (The Innocents,  Don’t Look Now) es palpable en la construcción de terror psicológico que intenta hacer Aster. Un terror que se finca más en la creación lenta de personajes con el tono cómico y desorbitado de The Tenant, el suspenso meticuloso y paranoico de Rosemary’s Baby y la violencia de Norman Bates en Psycho.

Entre estas influencias tan diversas pero tan consistentes, se encuentra el estilo único de Ari Aster. Un estilo que gira en torno a la paciencia, el control del director sobre su obra y el gusto por mostrar la ficción como un constructo. Decía Aster que no puede pensar en hacer una cinta de terror sin recordar la primera vez que vio la locura misántropa de Peter Greenaway, The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover. Tiene completo sentido: lo suyo es un arte del artificio que siempre se señala como ficción pero que nunca deja de ser inquietante. Ahí mismo, en el artificio, se juega una visión torcida de la creación autoral como un ejercicio sádico y el sufrimiento íntimo de recordar, creando nuevos parajes imaginarios, los traumas de un pasado punzante.

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El legado Aster

Si se ponen a explorar las locuras que hizo Ari Aster antes de estrenar su ópera prima, se van a dar cuenta que este joven director ha tenido una carrera prolífica. Entre sus mejores cortos encontramos un cúmulo constante de obsesions: horrores de incestos familiares, relaciones de poder espantosas, duelos y tragedias, el constante regreso a lo ominoso y las amenazas que acechan detrás de la normalidad.

Pero, mucho más allá de los tropos comunes en las historias de Aster, es fácil darse cuenta, viendo sus cortos, del gusto que tiene este cineasta por ciertos movimientos de cámara, efectos de iluminación, cierta forma de histrionismo, el uso del diseño de producción meticuloso y la música incidental. Desde The Strange Thing About the Johnsons se pueden observar los guiños expresionistas en la iluminación de los interiores de noche, se puede ver el gusto por los planos secuencia en la terrible escena de la boda, se puede ver el intercambio entre planos cerrados y la creación de perspectivas alargadas con el abuso demencial de la profundidad de foco.

Los cortos previos de Aster muestran, así, su crecimiento como estudiante de cine y, claro, su postura irónica hacia los tropos visuales de la historia fílmica americana. Y todas estos juegos formales fueron un complejo y largo ensayo para darle vida a la locura técnica que es Hereditary.

Antes de tener el visto bueno monetario de sus productores, Aster escribió un plan de rodaje de más de cincuenta cuartillas que especificaba todos los complejos movimientos de cámara de la cinta. Travellings, paneos, planos secuencia, uso de profundidad de foco, de grúas, de steadycams y de rieles. Con esto, se aseguraba un scouting imposible para la locación principal de la cinta; por eso, tuvo que construir su locación principal, de principio a fin, en un set.

Con una casa hecha a la medida, pasillos amplios para meter rieles y paneles desmontables para meter grúas, Aster construyó su propia casa de muñecas. Y ahí, se volvió completamente loco con la planificación de rodaje. El resultado es una cinta verdaderamente impactante en cuanto a la calidad formal de los movimientos de cámara. En Hereditary, la focalización crea un ambiente único, ominoso, que imita la sensación de ver una casa de muñecas, partida a la mitad, con protagonistas completamente ajenos a su suerte.

La cámara funciona, entonces, como una intromisión y, constantemente, estamos viendo lo que los personajes no ven (cuando se trata de terror como anticipación) y vemos la reacción de los personajes sin ver la acción (cuando se trata del horror como resultado). Así, cuando hay algo que acecha en las sombras, detrás de los personajes, la poca profundidad de campo nos hace apenas distinguir una figura en el fondo, algo que no estamos seguros de que está ahí; algo que, a diferencia de las películas de James Wan (que abusan de esta técnica), no nos salta a la cara con el estruendo de la música incidental. Por otra parte, cuando hay algo de horror presente: un cadáver podrido, una decapitación, una muerte violenta, no vemos la escena más que a través de los ojos de los personajes.

Así, el horror es siempre una reacción y el terror es siempre una anticipación. Y, entre estas dos construcciones, siempre estamos viendo más que los personajes, siempre estamos en la posición del espectador de la tragedia, encima de las situaciones. Así es cómo, con un enorme gusto formal, Aster nos hace partícipes de un sadismo catártico: junto al creador, gozamos del sufrimiento de personajes que no entienden, ni entenderán jamás, la inevitabilidad de su suerte.

La tragedia y el los dioses

En Hereditary, circula el fantasma de los personajes trágicos. El maestro de literatura de Peter hace varias referencias a la tragedia griega y, en especial, a Ifigenia. Como hija de un rey, Ifigenia no escogió dónde nació; tampoco tuvo la culpa del rapto de Helena que causa la guerra de Troya; ni de la afrenta a Artemisa… Igual, sufre las consecuencias por el simple hecho de ser la hija del rey Agamenón.

En Hereditary, la familia pierde completamente la agencia de su destino. Como personajes de tragedia clásica, no pueden evitar lo que les depara la suerte. Así, mientras su historia gira hacia la tragedia necesaria, los espectadores somos los únicos, junto al autor que los creó, que podemos ver toda la dimensión de su horrible destino. Lo vemos como dioses sádicos, como espectadores de la tragedia esperando la catarsis, como manipuladores de marionetas.

Por eso, la película abre con una larga toma en la que una casa de muñecas se transforma en la casa familiar en la que ocurre el drama: desde el principio de la cinta, Aster quiso hacer un acercamiento entre la familia atrapada en su ficción y las maquetas realistas que construye Annie. En esas maquetas vemos la catarsis de muchos recuerdos dolorosos, el horror de una madre profundamente trastornada, su muerte y las tragedias recientes y pasadas.

A través de sus maquetas, Annie trata de darle un sentido narrativo a su pasado y, con eso, intenta crear la ilusión de que tiene algún control sobre su vida. Claro, es una ilusión vana: Annie es un personaje trágico que nunca logrará entender la dimensión fatal de su destino. Cuando habla en un grupo de ayuda para gente que ha sufrido una pérdida, Annie explica que siente culpa por cosas que no puede definir. Y ahí está, justamente, la dimensión más aguda de la tragedia: los personajes no entienden por qué se les castiga, por qué sufren, por qué poderes superiores se ensañan con aplastarlos.

Aquí, como en la tragedia griega, el público es el único que tiene las dos dimensiones necesarias para observar el dilema trágico. Y vemos, sin poder intervenir, el horror claustrofóbico de personajes sin agencia que luchan por evitar lo inevitable, por sentir que tienen otro propósito, un decir en su historia, una realidad más allá de la ficción que los oprime.

Por eso, con un giro hermoso de pensamiento ficcional, Aster desdobla la imagen de la fabricante de maquetas. Como Annie, Aster está reviviendo sus propios traumas y obsesiones a través de maquetas realistas que construye sobre sus recuerdos. Invocando una y otra vez sus tragedias familiares –que fueron cuantiosas–, Aster juega con personajes, muñecos que no pueden defenderse y que tienen que repetir, una y otra vez, en una pantalla de cine, los horrores de su mente. Como Annie, Aster construyó de la nada la casa de los Graham, la modificó para meter sus rieles y grúas, hizo una maqueta de tamaño real para darle un marco creíble al terror recordado.

Con esto, Aster está hablando de sus obsesiones pero, también, está haciendo una lectura del autor como un dios sádico. Al mostrar cómo sufren los personajes por no tener ninguna agencia sobre los deseos del autor, Aster está planteando que los personajes podrían ser libres, que hay un horizonte en donde la tragedia rompería su ciclo y los personajes se rebelarían en contra del autor. No es el caso, claro, de Hereditary: aquí la tragedia se consume hasta sus últimas y extrañísimas consecuencias.

Frente a la banal reflexión sobre el autor como Dios en Mother! de Aronofsky, Aster propone un pensamiento más afín al de Drew Goddard en Cabin in the Woods: si el creador de ficciones es un Dios, entonces es, como los dioses griegos, es un dios lleno de defectos, humano, vengativo, sádico, trastornado. Y nosotros, como espectadores, somos sus cómplices: para nuestra catarsis, vemos la tragedia necesaria y nos sentimos limpios de dolores.

Hereditary tiene el tono de una tragedia griega con las emociones profundas de una tragedia contemporánea. Con una construcción formal impecable, la forma intrusiva de la cámara y una violencia emocional lenta en el suspenso, la ópera prima de Ari Aster entrega una promesa diferente sobre viejos esquemas. Al renovar los esquemas del horror setentero a la luz de la tragedia griega, Aster nos hace partícipes de la crueldad que representa crear personajes de ficción para verlos retorcerse en su dolor, como niños torturando a cochinillas con una lupa. Al ver el dolor de esta familia, al comprender su sufrimiento inevitable, algo se pregunta, muy en el fondo de nosotros, si no somos también las marionetas de otros dioses.

Lo bueno
  • El enorme estilo visual de la cinta.
  • El rango de influencias cinematográficas desde la experimentación hasta el drama realista pasando por el terror psicológico setentero.
  • La confianza de Ari Aster en la dirección.
  • El brillante diseño de producción.
  • La increíble música original de Colin Stetson.
  • Las actuaciones poderosas, en particular la de Toni Collette.
  • La genial edición.
  • El guión que busca evocar una reflexión sobre el sadismo de los creadores de tragedias.
  • El hecho de que el cine de terror norteamericano esté llegando a un nivel de refinamiento sin precedentes.
  • Que Ari Aster es un talento enorme para el futuro del cine.
  • Paimon, rey del noroeste.
Lo malo
  • Que va a decepcionar las expectativas genéricas de muchos.
  • Que la costumbre del horror barato -encabezado por James Wan- puede opacar la genialidad sutil de la cinta.
  • Que se puede interpretar el final como una decisión fácil de resolver un misterio complejo.
Veredicto

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Hereditary es un clásico contemporáneo. No hay para dónde hacerse, esta cinta entiende muy bien lo que quiere y lo logra con admirable soltura técnica. En un encuentro entre el terror setentero y los dramas realistas de Mike Leigh logra invocar el horror del unheimlich, de aquello que vuelve peligrosa la normalidad hogareña, que transforma el refugio familiar y lo convierte al peligro externo de lo incierto. Esta cinta logra invocar esta fuente inagotable de horror psicológico mientras adapta las tragedias griegas al sufrimiento del duelo contemporáneo. Así, acompañando The Killing of a Sacred Deer de Yorgos Lanthimos, revive nuestra vieja necesidad de catarsis a través de la identificación y la distancia con personajes a los que sometemos a toda clases demencial de torturas. Nuestra tranquilidad se paga, así, en la ficción, con el máximo sufrimiento.

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Título: Hereditary.

Duración: 127 min.

Director: Ari Aster.

Elenco: Toni Collette, Alex Wolff, Milly Shapiro, Ann Dowd, Gabriel Byrne

País: Estados Unidos.

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