Buffy rompió con los prejuicios de género en la televisión y las series de acción.

Hace veinte años me encontraba en el sillón de mi abuela, cambiando de canal en canal, hasta que encontré una serie en la que una adolescente estaba matando vampiros con estacas. De inmediato captó mi atención. Yo tenía 8 años y ver a una mujer matando vampiros, siendo fuerte y luchando, causó un efecto en mí que provocó que no quisiera cambiarle de canal y me quedé viendo lo que en ese entonces era una especie de maratón.

En 1997, no existía Netflix, en internet era imposible encontrar series y la continuidad respecto a los capítulos y horarios de las series, en los canales abiertos, era complicada. Sin embargo a todo el mundo le platicaba sobre lo que había visto: para mi había sido un descubrimiento del que me encontraba fascinada, pero a nadie más parecía interesarle. Pasó cerca de un año cuando en casa de un amigo, que tenía televisión de paga, vi que estaba la serie de la adolescente que mataba vampiros; salí corriendo para pedirle a mis papás que contrataran el servicio, meses después lo hicieron y durante 7 años todos los martes a las 21:00 horas disfruté de Buffy the Vampire Slayer (conocida en Latinoamérica como Buffy, la Cazavampiros).

Se cumplen 20 años de la emisión de “Welcome to the Hellmouth” (“Bienvenido a la Boca del Infierno”), el primer capítulo de la serie. La historia parecía simple: la rubia común, estudiante de preparatoria, jefa de porristas. Sin embargo esta chica rubia rompía con los prejuicios, no era la víctima indefensa, histérica o tonta que moría en la primera escena. Por primera vez vemos a una mujer que cambiaría el concepto, en la televisión, de que “pelear como chica” era no saber hacerlo, al contrario, Buffy era una líder poderosa, que sabía pelear, que dejaba de ser un blanco fácil y que además no sacrificaba su feminidad. Se revertía el “cliché” y se introduce un paradigma alternativo, acogido por muchos como un emblema de poder femenino.

Buffy era una líder poderosa, que sabía pelear, que dejaba de ser un blanco fácil y que además no sacrificaba su feminidad.

La serie fue creada por Joss Whedon y protagonizada por Sarah Michelle Gellar, Alyson Hannigan, Nicholas Brendon y Anthony Stewart Head. La narración sigue a Buffy Summers, la última en la línea de jóvenes conocidas como “cazavampiros” o simplemente “cazadoras”. En la historia, las cazadoras son “llamadas” escogidas por el destino– para luchar contra vampiros, demonios y otras fuerzas del mal. Buffy vive en Sunnydale, la boca del infierno. Al igual que otras cazadoras, es ayudada por un Vigilante que la instruye, guía y entrena. A diferencia de sus predecesoras, Buffy se rodea de un círculo de leales amigos conocidos como los Scoobies.

La primera temporada fue seguida por pocos televidentes, lo que le daba al equipo de Whedon la oportunidad de poder hacer lo que quisieran, y a lo largo de 7 temporadas lo hicieron. En la serie fusionaron géneros: Buffy tenía comedia, ciencia-ficción, acción, terror, romance, familias disfuncionales, “aventuras” de adolescentes, gore, tragedia e incluso un musical. Todo funcionaba por dos motivos esenciales: los guionistas se tomaban completamente en serio lo que contaban, nunca subestimaron a su público, y las historias y los personajes siempre eran el corazón de cada aventura.

No, Buffy nunca fue una serie vacía para adolescentes, no era baja cultura para consumo basura. Era 1997 y teníamos una serie con una mujer fuerte como protagonista, una heroína que no sólo salvaba al mundo de los vampiros y demonios; era un contenido sofisticado con juegos emocionales y psicológicos que no tenía ningún miedo a la hora de abordar asuntos escabrosos: la muerte, las adicciones, la homosexualidad, las drogas, el fracaso, el amor, desamor, las familias rotas, el bullyng y lo difícil que es ser adolescente.

Buffy y sus amigos vivían los problemas de cualquier adolescente: los vampiros y los demonios eran metáforas para entender que lo difícil de vivir en este mundo es estar en él.

Buffy era un contenido sofisticado con juegos emocionales y psicológicos que no tenía ningún miedo a la hora de abordar asuntos escabrosos.

En el 2008 millones de personas se volvieron locas con el giro nihilista que manejó el Batman de Christopher Nolan: “No es el héroe que queremos pero sí el que necesitamos”. A partir del Caballero de la Noche, todos los héroes de acción se rebelaron contra su destino; pero eso fue algo que desde 1997 lo pudimos ver con Buffy. Una pionera que abrió paso a las mujeres heroínas de la televisión: Alias, Charmed, Dark Angel y más.

Con la llegada del internet, pasó un fenómeno curioso en el que Buffy the Vampire Slayer se volvió más popular de lo que era al principio: había foros para analizar la profundidad y filosofía de los capítulos. Pudimos descubrir que éramos muchos los fans de Buffy, el internet nos puso en contacto a millones de personas que crecimos viendo la serie, se comenzó a escribir sobre ella y aunque ya no éramos los niños o adolescentes de antes, sí nos convertimos en los adultos que la reivindicamos, no renegamos nuestro referente y la llevamos en nuestra vida adulta. Ahora Buffy es considerada una serie de culto.

Esta cazadora de vampiros, salvadora de la humanidad, que no creía en los duendes ni en las coincidencias, reclamó un empoderamiento femenino dos décadas antes de que el término se utilizase.Y después de Buffy, eso de “peleas como una chica” no volvió a significar lo mismo.

Sin embargo, Buffy nunca fue simplemente un personaje femenino fuerte. Era demasiado compleja, demasiado imperfecta, demasiado humana para eso. Han habido muchos personajes femeninos bien formados en la ficción de género a lo largo de estos 20 años, pero ninguno tan memorable como Buffy, la cazavampiros.

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