El debate en torno a la legalización de la marihuana debe continuar.

La marihuana, como droga ilegal, y su legalización es un tema que debemos abordar desde distintos frentes: social, económico, jurídico, educativo y de salud. Empecemos, por aquí, dándole un espacio a algunos de los datos duros de cómo la marihuana afecta de manera personal al usuario.

Salud y riesgos

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Foto: Elad abraham.

¿Qué sabemos de beneficios y perjuicios de Cannabis en la salud personal?

Primero pensemos qué tiene de atractivo su consumo. Por el lado recreativo, hace que el consumidor se sienta bien y se relaje. Esto se debe al THC o delta-9-tetrahydrocannabinol, el principal activo de la marihuana, que puede provocar risa, euforia, sueño y apetito, así como aumentar la percepción sensorial y distorsionar la del tiempo. La cosa es que no todo es diversión. Se ha descubierto que el THC, dependiendo de los usuarios, puede generar pánico, desconfianza, depresión, temor e incluso ansiedad.

Todos tenemos receptores de cannabinoides en el cerebro, ya sea en la corteza cerebral, el cerebelo, los ganglios basales o el hipocampo. Éstos, cuando el THC se les adhiere, son estimulados, lo que puede llevar al entorpecimiento de la coordinación y el equilibrio del consumidor, así como efectos más drásticos como la incapacidad de generar memorias nuevas y dificultad para concentrarse, así como una psicosis aguda que puede derivar a delirios y alucinaciones.

Principalmente, en algunos estudios, uno de los efectos más negativos y graves que se le ha encontrado a la marihuana es que su consumo se ha ligado a la pérdida de memoria y la habilidad cognitiva, así como una reducción del coeficiente intelectual. Y no sólo eso, sino que se cree que el THC presenta riesgos de enfermedades mentales en algunos de los usuarios.

Hay que tener en cuenta que no existen muchos estudios, así que generalmente, lo que puedan encontrar o escuchar sobre la marihuana y sus efectos a largo plazo suelen contradecirse con otras investigaciones y casi nunca son definitivos. Sin embargo, vale la pena retomar algunos de los estudios que se han hecho. Por ejemplo, la Universidad de Bristol fue la que llevó a cabo el experimento en el que vieron que el consumo de la marihuana reduce el coeficiente intelectual. Además, se ha estudiado que el consumo de esta droga en menores puede llevar a problemas mentales, dado que el cerebro sigue en desarrollo a esa edad.

Pero no todo es negativo.

Por el lado medicinal, en otro estudio realizado en Harvard, encontraron que el consumo de esta droga puede disminuir el ritmo de crecimiento de los tumores cancerígenos. Con esta misma aplicación existen varias bondades atribuidas a la marihuana, como su uso analgésico en pacientes terminales o con fuertes padecimientos físicos y mentales. Con pacientes  de cáncer que se someten a quimioterapia, esta droga reduce la náusea y vómito, y en el caso de pacientes de VIH-SIDA se puede usar para aumentar el hambre.

La relatividad del asunto

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Foto: Circuito Fora do Eixo.

Ahora, si la discusión de la legalización no sólo para uso medicinal la centráramos en “¿hace daño la marihuana?” sería una breve. Toda droga hace daño y la marihuana no es ninguna excepción. Pero ahora vayamos al trillado giro de relativizar el daño.

No existe ninguna sola muerte registrada que haya sido provocada por una sobredosis de “mota”. Por el otro lado, un informe de la ONU calcula alrededor de 250,000 muertes al año debido al consumo de drogas, teniendo como principal causante a los opiáceos (sustancia presente en el opio y las drogas que se derivan de esta, como la heroína).

También tenemos drogas reguladas, principalmente el tabaco y el alcohol. La marihuana, a diferencia del alcohol, tiene un efecto que no exacerba al consumidor. Según la OMS, al año mueren 3.3 millones de personas alrededor del mundo a consecuencia del consumo “nocivo” de alcohol, debido a cirrosis hepática, accidentes de tráfico, entre otras causas.

En cuanto al tabaco, se estima que cada año su consumo lleva a la muerte de 6 millones de personas a nivel mundial, de las cuales más de 5 millones son fumadores activos. Un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association descubrió que la marihuana es menos dañina para los pulmones que el tabaco.

Legalizar no es sólo un problema de salud

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Foto: Wikimedia Commons.

Todos entendemos el punto de relativizar el daño de la marihuana. Por un lado unos podrán decir “no hace tanto daño como el alcohol o el tabaco”. Otros dirán “no importa, es una droga y hace daño”, ya sea que se refieran a una cuestión moral, de salud o social. Entonces nos encontramos con un debate en torno a la legalización de la marihuana que no se debe limitar a la salud personal, como lo fue con la legalización del alcohol en Estados Unidos en 1933.

Aprovechamos la oportunidad de hablar con Gabriel Soma, quien se especializa en el debate de reducción de daños, política pública encaminada a la educación sobre drogas, para preguntarle un poco sobre la naturaleza del debate de la legalización de la marihuana, así como las medidas y consecuencias de que se lleve a cabo la legislación. Esto nos comentó:

“El problema de la ilegalidad hace pasar a la marihuana de ser sólo un problema de salud, a convertirse en todos los demás problemas. La legalización de la marihuana es un problema de salud, que se ha convertido en un problema político, social, económico, educativo y de seguridad.”

Entonces, ¿por qué nos dice Soma que este asunto va más allá de un problema de salud? El consumo de cualquier sustancia por parte de una sociedad ha sido siempre incumbencia de las instituciones encargadas de la salud”, comenta el consultor que trabaja con la organización Espolea, la cual se dedica a debates y difusión de información para este tipo de temas. Sobre lo mismo agrega que esto se hace conflictivo por la prohibición, pues esta genera “corrupción en los intereses políticos, las posiciones extremistas sociales, los intereses económicos generados por el mercado negro organizado, la falta de acceso a políticas de reducción de daños universales en los sistemas educativos y la aparición de intereses criminales que conduzcan al mercado negro hacia ámbitos de inseguridad”.

Recientemente El Universal habló con académicos y expertos en la materia para el debate. Estos consideran que se deberían de reformar al menos 5 leyes federales, además de modificar reglamentos y normas en diferentes ámbitos: “no se puede dejar todo en una ley general” dice Gerardo Rodríguez, coordinador académico del Centro de Estudios sobre Impunidad y Justicia de la Universidad de las Américas (UDLA). “El primer paso es legalizar la parte medicinal” comentó también Rodríguez, pues considera que es lo más rápido gracias a las instituciones, como la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), que podrían trabajar con los cambios.

Además, comentó Rodríguez, la Cofepris tendría que establecer “quiénes van a ser los distribuidores de medicamentos avalados”, lo cual daría pie a “pasar de la ilegalidad a la legalidad”, como ocurrió en algunas partes de Estados Unidos.

Garbiel Soma comentó sobre los primeros impactos que veríamos en el caso de la legalización. Uno de los puntos que tocó es justamente el paso de la ilegalidad a legalidad. Esta generaría “la enorme reducción en el encarcelamiento por portación de marihuana.”

En México, del 2011 al 2014 más de 8,000 personas fueron detenidas en el Distrito Federal por posesión de dosis de drogas para consumo personal. La droga que se les encontró en la mayoría de los casos fue la marihuana. Aunque no se les ejerció acción penal en su contra, son víctimas de extorsión, según Vidal Llerenas, quien agrega que las personas con dosis personales son una muestra de cómo se criminaliza a los consumidores: “En otros casos [además de la extorsión] el sistema de procuración de justicia se activa para atender sus casos, gastando recursos y tiempo que deberían destinarse a delitos que de verdad impactan a la sociedad”.

En ese sentido, Soma nos comentó:

“[La legalización de la marihuana] permitiría la formulación de los derechos individuales de las personas a consumir lo que les plazca, sin intervención del Estado, generando nuevas posibilidades en el debate de la regulación, la libre determinación y ampliando la perspectiva de derechos humanos en torno al debate de las drogas.”

Recientemente legisladores de Morena y Movimiento Ciudadano impulsaron una iniciativa para liberar a cerca de 60,000 condenados por consumo o posesión de marihuana. En la misma iniciativa se aseveró que las cárceles están llenas de jóvenes pobres que portaban pequeñas cantidades.

El sector salud y educativo

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Foto: Amigosdelcannabis.

En el tema de la legalización n so sólo entrarían en el debate las materias penales y de derecho, sino que, como dijo Rodríguez, el sector salud tendría un importante papel en el juego. Con la regulación de las instituciones de este sector, nos dice Soma, se podría controlar la calidad de la marihuana, descartando la adulterada, prensada y de mala calidad que se puede encontrar hoy en el mercado negro.

Esto se complementa con lo que Miguel Carbonell, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, dijo para El Universal: “La idea de buscar una alternativa en términos de salud pública creo que es lo más viable; el punto de hoy respecto al consumo personal de drogas se tiene que atender desde el punto de vista de salud y no penal“.

“Cualquier sustancia psicoactiva –incluyendo el alcohol y el tabaco– debe de estar sometida a un estricto sistema de reducción de daños.” Las políticas de reducción de daños utilizan “información 100% científica para educar sobre los riesgos objetivos de cada sustancia, desestigmatizando a las personas usuarias y generando plataformas de educación y concientización sobre los distintos tipo de prácticas de prevención de daños y dependencias”, declaró sobre el tema.

Otras nuevas prácticas educativas deberán implementarse en el caso de la regularización de la marihuana. Una de las más importantes es la concientización sobre los riesgos a la salud de ciertas personas”, refiriéndose a aquellos con antecedentes psiquiátricos. Además, según el consultor, se tendrá que advertir también sobre los riesgos de la mezcla de marihuana con alcohol, así como los daños a pulmones y garganta.

En cuanto al tipo de prácticas y riesgos que se deben tomar en cuanto para el caso de la marihuana, Gabriel Soma concluyó que justamente en ese ámbito “no hay mucho”:

“En el caso de la marihuana, muchas de estas prácticas están ya delineadas en las leyes sobre el tabaco y el alcohol, tales como no fumar en lugares públicos o no conducir en estado de ebriedad.

Cualquier estudio de drogas es complejo porque son ilegales, porque no se pueden hacer grupos de control, y no es fácil distinguir cuáles son los daños en usuarios que utilizan muchas drogas al mismo tiempo.”

Entonces, con todo lo anterior en mente, considerando que la marihuana sería una droga más bajo la regulación del Estado, no debemos de pensar únicamente en el daño que cada quién se haría consumiéndola. Eso es un problema de cada uno. Sin embargo, si se comienza por enseñar sobre los riesgos de su consumo, como se hace con el alcohol y el tabaco, así como desestigmatizar a la marihuana y permitir la integración de consumidores –responsables o no– cambiaría el acercamiento a esta droga cambiaría.

O ¿ustedes qué opinan? ¿Qué más se debe de considerar para el debate sobre la legalización de la marihuana?

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