No se puede hablar de los noventa sin hablar del máximo héroe de acción que fue Jean-Claude Van Damme.

Era la época del VHS, del cassette, de los Videocentros y del verdadero apogeo del Canal 5. Existía Radioactivo, las cajitas felices rifaban juguetes invaluables, había Tazos, Hielocos y Pepsilindros. Era una época feliz de cultura popular alocada en la que floreció un género nacido en los setenta y los ochenta: las cintas de acción desmadrosa.

No hablamos aquí de películas con algo de acción, de grandes épicas de guerra o de reflexiones sobre la violencia. No. Hablamos de Steven Seagal arrancando una tráquea sin despeinarse, de Chuck Norris partiendo caras, de Wesley Snipes ligándose a Natasha Kinski, de Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone. Estamos hablando de la época que dominó el gran Jean-Claude Van Damme a punta de patadas, splits frontales y los bailes más épicos de Hollywood.

El gran madreador europeo que cambió nuestra forma de entender el muay thai sigue siendo una maldita leyenda. Y ahora que se ha convertido en una burla de sí mismo, que está a punto de estrenar su nueva serie en Amazon Prime y que se acerca peligrosamente a los sesenta años, es hora de que le rindamos un sentido homenaje.

Así que desde el ñoño y noventero corazón de la redacción de Código Espagueti les dejamos una selección cariñosa de nuestras películas favoritas de Jean-Claude Van Damme. Por supuesto, hay muchas cosas que dejamos fuera. Pero aquí tenemos concentrados los grandes clásicos que nos formaron como ciudadanos modelos mientras veíamos a un belga sacándole el mole a algún otro pobre paisano.

1. Bloodsport (1988)

Desde la década de los noventa he guardado un secreto que me comprime el alma y que hoy he de compartir con ustedes: vi todas las películas de Van Damme en VHS pirata y no me arrepiento de nada. Todo fue culpa de mi familia. No me dejaban ver cosas violentas a mis anchas y yo tenía que buscar la forma de saciar mi sed de sangre y peleas a las que ya me había hecho adicto el maestro Jackie Chan.

Cuando entré a la secundaria conocí a Ricardo Luna, alias “El Luna”, quien era bien fan de Van Damme (hasta intentaba peinarse como él) y tenía todas las películas –piratas– del actor. Como la Biblia del adolescente de los noventa dictaba en uno de sus puntos jugar Street Fighter, El Luna me topó jugando un día y me dijo: “Estás bien pendejito. Ven, te voy a enseñar de dónde salió esto”. Y que me pone Bloodsport. ¡Pum! Qué cosa más chingona.

La historia de Frank W. Dux es épica. Un blanco víctima del racismo en su adolescencia (porque no es asiático) es entrenado por el Sensei Tanaka para que ya no sea un vándalo callejero. Y a pesar de que nada más lo tienen como costal para golpear del hijo de su maestro, se va a haciendo bueno para los golpes y aprende la mejor lección que puede aprender un ser humano: lo que es el honor.

Para defender el honor del Sensei Tanaka, Frank toma el lugar de su hijo muerto en un torneo internacional –y clandestino– de artes marciales. Hay intriga, venganza, peleadores temibles, comedia entrañable, Ray Jackson, videojuegos y un villano que parecía invencible. Allí están las patadas largas (de helicóptero) de Van Damme y el split completo que lo hicieron famoso.

En Latinoamérica todos conocimos la película como Contacto Sangriento. La película fue tan popular que cuando salió Kickboxer, le cambiaron el nombre para que pareciera una secuela de Bloodsport, aunque la historia ya no hablaba de Frank Dux ni tenía nada que ver con la primera cinta.

Por: Edgar Olivares (@robotdice).

2. Kickboxer (1989)

Esta película estrenada en 1989 fue anunciada en México como Contacto sangriento 2, suponiendo una continuación de la inolvidable Bloodsport de 1988. Ya sabemos que los traductores en este país se visten solos para tergiversar las cosas y hacer de las películas lo que quieren. Sobre todo si lo que importaba era que las películas se rentaran en los distintos videoclubes del país.

Si el nombre todavía te es poco familiar, tal vez haciendo memoria llegue hasta ti la imagen de Van Damme sumergido en un tinaco y una voz diciendo “Tinacos, página 344. Todo lo que necesitas está en la Sección Amarilla. Sí funciona… y funciona muy bien”. Precisamente esa imagen pertenece a la que para muchos se volvió una película recurrente en nuestra infancia.

Y es que la historia de Kurt Sloan viajando hasta Tailandia para enfrentar al temible Tong Po (Michel Qissi) y vengar así la parálisis que el campeón tailandés provocó a su hermano Erick “El exterminador” Sloan, resume la épica de las películas de artes marciales de los venideros noventa. Kickboxer es, una vez más, “el viaje del héroe” pero aderezado con golpes, acción y reminiscencias de música de finales de los ochenta.

¿Cómo olvidar, por ejemplo, toda la parte del entrenamiento, donde Xian Chow (Dennis Chan) deja caer cocos sobre el abdomen de nuestro héroe? ¿O cómo no tener presente a Van Damme bailando y peleando borracho en un bar mientras en la rocola suena “Feeling so Good Today” de Beau Williams? Por eso y muchas cosas más, Kickboxer es un gran clásico que tiene un lugar especial en nuestra memoria.

Por: José Pulido (@RigoMortiz).

3. Universal Soldier (1992)

Universal Soldier es una de esas películas que no pudo existir más que en los benditos años noventa. Aquí tenemos una mezcla única de talento noventero de acción difícilmente repetible: Jean-Claude Van Damme como el héroe puro, tronado a muerte y de evidente acento francófono; Dolph Lundgren en su típico papel noventero de villano psicópata bajado de algún fiordo sueco; y el tremendo Roland Emmerich dirigiendo una película más de paranoia militarista.

Y, como muchas películas de Emmerich, esta cinta no tiene mucho sentido. La trama gira en torno a un militar que se pira en Vietnam y empieza a matar a todo el que se le cruce enfrente. Hasta que llega Van Damme, un soldado a punto de regresar a casa, y se entrematan. Pero una rama secreta de los militares los reviven y los pimpean para crear a los Soldados Universales. El problema es que los recuerdos regresan y sus viejos traumas empiezan a aflorar: el personaje maniaco de Lundgren empieza a coleccionar orejas cercenadas y el pobre personaje de Van Damme sueña con regresar a su familia.

Al final, la cinta es un viaje de pura diversión de acción sinsentido como sólo se podía lograr en los noventa. Ésta es la típica película palomitera de tarde de Videocentro: de esas cintas que rentabas por la portada y el actor, que confundías con tantas otras y que, sin embargo, sigue siendo única. Como una de las tres cintas de ciencia ficción que hizo Van Damme en los noventa, ésta es una imperdible en su repertorio de acción noventera con sueños futuristas. Y, además, Van Damme comiendo palomitas mientras se madrea a unos campiranos muchachos en un billar/cantina/restaurante es una de las secuencias más hermosas que se hayan filmado. Con disculpas a Tarkovsky.

Por: Nicolás Ruiz (@Pez_out).

4. Timecop (1994)

Timecop es por mucho una de las mejores películas en las que aparece Van Damme. Él nos regala una muy buena actuación (en serio), el guión es excelso, los villanos son creíbles (porque son políticos corruptos), las motivaciones de los personajes son razonables, la historia es redondita (literalmente) y aparece la hermosa Mia Sara.

Timecop es una gran película de ciencia ficción por la simple y sencilla razón de su premisa: no puedes estar jodiendo con el tiempo. Es lo que aprendí. Simplemente no puedes viajar en el tiempo chingándolo todo en tu beneficio porque te vas a joder tarde o temprano. Básicamente, si pudieras viajar al pasado, tendrías que quedarte oculto sin tocar nada para no joder tu presente (que es el futuro).

Además, esta película muestra algo muy real: si esta tecnología se inventara, los políticos la usarían en su beneficio.

Otra cosa destacable es la teoría mostrada en la trama que afirma que la misma persona puede estar dos veces en la misma línea temporal, pero no ocupar el mismo espacio. Es decir, tu puedes ir al pasado a decirte a ti mismo que no sigas comiendo donas porque en el futuro se va a poner bien gordo, pero no puedes llegar y zapearte así nada más porque se destruye el universo… ¡Qué frustrante!

Por: Edgar Olivares (@robotdice).

5. Street Fighter (1994)

En el cada vez más lejano 1993, por medio de la mítica revista Club Nintendo (todavía a cargo de los maestros Gus Rodríguez y Pepe Sierra), una generación de infantes y pre-adolescentes nos enteramos de que uno de nuestros sueños más anhelados se volvería realidad: Capcom y Universal Pictures habían llegado a un acuerdo para lanzar una película basada en Street Fighter, el rey de los juegos de peleas.

Cuando se anunció que Jean-Claude Van Damme sería el protagonista de Street Fighter (Street Fighter: La Última Batalla, en la traducción nacional), todos pensamos que nada podía salir mal. Y no era para menos, Van Damme nos había brindado en Contacto Sangriento lo más parecido que teníamos en el séptimo arte a Street Fighter.  ¡Ah! ¡Qué ingenuos éramos!

Es cierto que nadie esperaba una trama complicada de Street Fighter, el juego en ese aspecto es muy sencillo. Todo transcurre en un torneo se artes marciales en el que, sólo llegando hasta el final del juego, podíamos descubrir la motivación detrás de los personajes: ser el más fuerte de todos, vengar al mejor amigo, encontrar a la madre ausente o bailar la kalinka con Mijaíl Gorbachov. No era difícil trasladar esto al cine, por el contrario, todos los fans de los juegos sólo querían eso: ver a nuestros personajes favoritos peleando en la gran pantalla y usando sus técnicas reconocibles.

Pero no, la película se pasa por el arco del triunfo todo esto. Aquí nos cuentan una aburrida misión del ejército de la ONU que busca rescatar a unos rehenes del grupo terrorista Shadaloo, encabezado por el General M. Bison (así descubrimos que la M de Bison no era por Mayor), un villano sacado de las peores caricaturas de los ochenta que tiene como objetivo fundar un país que usará billetes con su rostro. El ejército internacional encabezado por el Coronel William F. Guile (Van Damme) busca detenerlo y, de paso, rescatar al soldado Carlos Blanka, que ha sido modificado genéticamente (en realidad fue pintado de verde con Kool-Aid de limón). Y para eso se alía con Chun-Li, una periodista china; Ryu y Ken, dos timadores que venden armas falsas; y otros personajes francamente intrascendentes.

La película es un golpe en los huevos para los fans del juego, que reduce a Ryu y Ken (los auténticos protagonistas del juego) a comparsas cómicos y usa a cuentagotas los poderes del juego. Pero, extrañamente, Street Fighter resulta muy divertida si se ve como lo que realmente es: una parodia sin pies ni cabeza que cuenta con una de las mejores sobreactuaciones de Raúl Julia, un excelente actor que, se nota, se divirtió en lo que resultó ser su último papel en el cine. 

Por: Sergio Hidalgo (@zerxhidalgo).

temas