Los Hanwha Eagles, un equipo con historial perdedor de la liga de beisbol de Corea del Sur, decidió combatir la inasistencia a su estadio por medio de llenar las tribunas con unos extraños robots que se han convertido en un fenómeno.

Desde hace varios años, con sigilo, sin despertar demasiadas sospechas, una invasión robótica se lleva a cabo, desplazando poco a poco a los seres humanos de muchas tareas que realizaba nuestro género con eficiencia. Esta guerra fría entre los humanos y las máquinas ha pasado por varias fases, incluso en el imaginario colectivo, donde la percepción que teníamos de los cachivaches mecánicos avanzados ha pasado de ser cercana a visualizarlos como unos esclavos asistentes, a convertirse en una verdadera competencia en prácticamente cualquier actividad que pensábamos sólo era propia de los hombres.

El punto de inflexión en esta batalla humanos-robots ocurrió en 1997, cuando Deep Blue derrotó a Gari Kaspárov en un juego de ajedrez. Desde entonces los petulantes mecanismos cibernéticos se han dedicado a restregarnos en la cara que son mejores que nosotros (a pesar de alguna pequeña victoria pírrica),  ya sea rompiendo récords en actividades que requerían el uso del ingenio y el cálculo matemático, seduciendo a nuestras parejas, desplazando a los periodistas o dirigiendo empresas multinacionales.

Ahora, nuestros enemigos robóticos se han metido a una actividad que hasta hace muy poco era 100% humana: ser villamelones en un partido de beisbol. Lo anterior se lo debemos al nefasto equipo Hanwha Eagles de la liga coreana, cuya directiva tuvo la “brillante idea” de llenar algunas de las tribunas de su estadio con robots para que crearan ambiente.

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Los malos resultados del equipo (400 derrotas en 5 años) habían alejado a la afición del estadio, de manera similar a lo que ocurrió cuando las Chivas llegaron al Omnilife, dejando sólo a un puñado de coreanos que no provocaban demasiado barullo, ni motivaban con enjundia al equipo (de igual forma que los fríos fans del Cruz Azul). Los dirigentes de los Eagles pensaron que, en lugar de importar una barra sudamericana (como el Pachuca), era mejor invertir en construir aficionados mecánicos a la carta, que nunca dejarían de apoyar al equipo y organizar los cánticos sin importar qué tan aburrido o mediocre juegue el equipo.

Los robots porristas cuentan con bocinas desde los que gritan el equivalente coreano al “¡Goya, Goya, Cachun Cachun rara!”, además de tener brazos mecánicos con los que también pueden hacer la infaltable ola. La mayor adición tecnológica de estos aparatos es que, gracias a que cuentan con conexión Wi-Fi, cualquier aficionado del equipo puede estar en el estadio de manera virtual “transplantando” su cara a la pantalla que sirve como rostro al robot, además de dictarle los mensajes de aliento que se proyectan en unas pancartas hechas de LEDs que sostienen los armatostes. Por el momento la idea ha sido un éxito, llevando a las tribunas a más villamelones de los que lleva el América o los Pumas cuando llegan a las finales.

Si nos descuidamos, es probable que incluso en la batalla por las tribunas de un estadio los robots nos superen, insultando con más ingenio a los árbitros, aventando con mayor tino el agua de riñón (o en su caso el aceite) a la tribuna, o copiando con más ingenio los cantos argentinos que la Rebel y la Monumental juntas. A este paso, no me extrañaría que la auténtica batalla de John Connor y Terminator se de, no en una carretera, sino en un campo deportivo.

vía TIME

fuente BBC

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