Una escena de Jurassic World: El reino caído

Jurassic World 2, Fallen Kingdom es una cinta ambiciosa que no logra todo lo que se propone.

Jurassic World: Fallen Kingdom es una película divisiva. Es mejor y peor que Jurassic World; es una cinta que persigue la originalidad, pero que repite viejos patrones; es espontánea, por momentos, y terriblemente predecible en otros. Por eso, es difícil decidir qué pensar sobre el nuevo trabajo de J.A. Bayona.

He escuchado opiniones muy diversas sobre esta cinta, y he leído otras tantas controversias. Al final, tengo que decidirme sobre lo que yo mismo sentí, como fanático irredento de la primera película de Spielberg. Y lo que sentí fue también paradójico: un enorme reconocimiento hacia una cinta valiente, que tiene grandes momentos, y un terrible cansancio hacia la idea misma de las franquicias que abarrotan nuestro horizonte cultural.

Entre la arriesgada propuesta creativa de la cinta y sus más desatinados momentos, podemos decir que esto es el principio del fin de una saga que, de tanto intentar sobrevivir, se está abalanzando hacia su propia extinción.

(Imagen: Universal Pictures)

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Una estructura conocida

Jurassic World: Fallen Kingdom empieza tres años después de la destrucción del nuevo Parque Jurásico en la Isla Nublar. En el sitio del antiguo parque, vemos a un grupo de mercenarios tratando de recuperar una muestra de ADN del temible Indominus Rex que conocimos en la entrega anterior.

Paralelamente, Claire, la antigua gerente general del parque, interpretada por Bryce Dallas Howard, se ha convertido en una activista por los derechos de los animales antes-extintos. Y, entre todo esto, el volcán que descansa en el centro de la Isla Nublar está a punto de estallar, causando una segunda extinción masiva de dinosaurios. Grupos parlamentarios se pelean, preguntándose si deberían o no, salvar a los animales del volcán; mercenarios se pelean los secretos genéticos de los animales abandonados; intereses extranjeros negocian sobre estatutos internacionales.

Finalmente, el congreso de Estados Unidos decide dejar que los dinosaurios se extingan por segunda vez, siguiendo el consejo del afamado pero todavía excéntrico Dr. Ian Malcolm (Jeff Goldblum). Por supuesto, Malcolm habla de los peligros del mal uso de los experimentos genéticos, y del riesgo de propagación de especies extintas en un mundo moderno. También, como siempre, logra ser bastante elocuente.

(Imagen: Universal Pictures)

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Claire, desesperada, intenta salvar a los dinosaurios sin la ayuda de una intervención gubernamental. Y es entonces cuando aparece Lockwood Industries, una compañía que creció en paralelo a InGen (la compañía genética que hemos visto en toda la saga). Dirigida por el amigo íntimo y compañero de labores de John Hammond, Sir Benjamin Lockwood, Lockwood Industries planea salvar la integridad de las compañías tecnológicas de modificación genética.

Así, pensando en el mundo que heredará a su joven nieta, en los errores del pasado y en su propia trascendencia, Lockwood decide contratar a Claire y a un poco motivado Owen (Chris Pratt) para llevar a los dinosaurios en peligro a un santuario natural. Después de algunos chantajes y negociaciones, el grupo finalmente se encamina hacia la Isla Nublar para una espectacular misión de rescate en medio de una explosión volcánica. Pero, como ya se imaginarán, las cosas no salen exactamente como las planearon.

En la trama que acabo de presentar es inevitable ver viejos esquemas que se repiten en toda la saga -por momentos innecesaria- de Jurassic Park. Tenemos a los héroes que son engañados para regresar a una isla plagada de dinosaurios libres; tenemos una empresa ambiciosa que quiere aprovechar el potencial monetario de los dinosaurios sin considerar las consecuencias; tenemos a una pareja distanciada que se une bajo la adrenalina de las corretizas; los raptores y el T-Rex cumplen más un papel de aliados que de villanos; y, como sucede en las últimas dos películas, hay un nuevo monstruo, dinosaurio o depredador alfa que amenaza con romper el frágil orden de la cadena alimenticia.

(Imagen: Universal Pictures)

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El hecho de que reboots utilicen viejos esquemas para revivir una franquicia es bastante común hoy en día. En algunos casos, se mezcla bastante bien el cinismo de la nostalgia con una eficiente modernización del contenido: sucedió así, de la mano de J.J. Abrams en The Force Awakens; sucedió, también, de la mano de James Wan en The Conjuring -que no es exactamente un reboot, sino una renovación de género- y sucedió, también, con Colin Trevorrow en Jurassic World.

El problema de esta cinta, comparada con los anteriores ejemplos, es que J.A. Bayona trató de abarcar demasiado. Sabemos que Bayona tiene un amplio espectro de géneros en su experiencia, pasando del horror gótico de El Orfanato a la fantasía familiar alegórica de A Monster Calls, y el drama de acción catastrófica de The Impossible. Y aquí hay un poco de todo este bagaje. Pero eso hace de Jurassic World: Fallen Kingdom un producto tan extraño, tan híbrido y, por momentos, tan incómodo que confunde antes de empezar a convencer.

(Imagen: Universal Pictures)

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Viejos seres para nuevas generaciones

Juan Antonio Bayona parece estar muy consciente del legado que le fue entregado. Por supuesto, este legado fue trabajado desde Jurassic World por Colin Trevorrow (quien aquí también es co-guionista y productor ejecutivo). Lo que quiso hacer Trevorrow en la cinta anterior fue retomar la emoción de Jurassic Park, el enorme sentimiento de asombro que lograba Spielberg al mostrar a braquiosaurios parándose en patas traseras, el miedo de un vaso de agua agitándose, y el horror de niños en peligro, para entregarlo a nuevas generaciones.

En este cambio para las nuevas generaciones, el parque se modernizó con vehículos más impresionantes y Jimmy Fallon reemplazó a una noventera animación que recordaba al viejo Clippy de Word. También, en vez de hermosos braquiosaurios en la naturaleza, hay un sentido más comercial de niños montando triceratops, y espectáculos acuáticos con Mosasaurios salpicando al público mientras se botanean un tiburón.

Pero, más allá de las actualizaciones, el esquema de la cinta seguía siendo el mismo: una falla no prevista en una manipulación genética causa un desastre que libera toda la furia de la caótica naturaleza. Trevorrow también quiso dar un giro para la hiperactividad de las nuevas generaciones en el sentido del horror, que tan bien consiguió crear Spielberg en la cinta de 1993: ya no bastaba revivir viejos miedos con el T-Rex y los Velociraptors (ahora más conocidos por ser filósofos de memes, que por despanzurrar gorditos burlones), sino que había que vender un nuevo miedo, más grande, más terrible, como el Indominus Rex.

De hecho, desde la primera película de Jurassic Park, el mecanismo para amplificar el miedo ha sido el mismo: encontrar algo más que el T-Rex y los raptores, traer nuevos monstruos y convertirlos en un nuevo eslabón superior de la cadena alimenticia. En la segunda parte, se multiplicaron los dinosaurios y, para efectos de desfamiliarización muy a la King Kong, llevaron al T-Rex a San Diego. En la tercera parte invocaron, medio de la nada, al gigantesco y despiadado Spinosaurus. En Jurassic World fue el Indominus y, ahora, en esta nueva entrega, es el Indoraptor.

(Imagen: Universal Pictures)

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Sin embargo, ninguna de estas cintas logra evocar el suspenso angustiante de la primera. Ninguna pudo, tampoco, crear una compleja reflexión en torno a la clonación, y el dilema ético que implica integrar criaturas extintas a ecosistemas contemporáneos. Y, finalmente, ninguna logró la conexión emocional que tuvimos con los personajes de Spielberg. Digo, si todavía nos acordamos de Nedry y su escritorio desordenado, del brazo cercenado de Samuel L. Jackson y del cuidador de velociraptors más carismático que ha pisado la Isla Nublar (lo siento Chris Pratt), es porque hasta los personajes secundarios de la primera cinta son entrañables.

Bayona trató de remediar todo esto. Su película retoma los esquemas de las secuelas sin traicionar la esencia de la primera película. Es por eso que, fuera de los tropos repetitivos y las figuras caricaturescas, tenemos una reflexión totalmente nueva sobre la clonación en esta cinta y una estética renovada de horror gótico… ¿Pero fue suficiente el esfuerzo evocador de Bayona?

(Imagen: Universal Pictures)

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Campechaneo jurásico

En una conversación con un compadre, hablábamos de los aspectos de novela gótica que evocaba la cinta original de Spielberg… y, en verdad, son impresionantes. Mucho más allá del gótico decimonónico y la figura del científico loco, lleno de hubris, peligroso; tenemos la idea misma de los dinosaurios como fantasmas en una mansión embrujada.

Piénsenlo, los dinosaurios son una remanencia del pasado que regresan bajo el signo de nuestros miedos contemporáneos; viven prisioneros en un lugar confinado, del cual es imposible escapar, y se evocan mediante ciertos ritos científicos; sus vestigios genéticos son una maldición, la maldición misma de la vida que encuentra su camino.

Todo en la primera película hace, entonces, alusión a un horror gótico matizado con ciencia ficción y acción familiar. Es la fórmula perfecta de blockbuster que Spielberg creó en Jaws: acción, familia y horror en dos horas compactas de esplendor técnico.

(Imagen: Universal Pictures)

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Y esta fue exactamente la idea que quiso continuar Bayona, creando un nuevo campechaneo jurásico en el que se reflexiona sobre las premisas de ciencia ficción de la novela de Michael Crichton, se crea una maravillosa sensación de horror gótico y se empaqueta la mezcla en dos horas de acción trepidante, con momentos de profunda sensibilidad emocional.

Lo más destacado de la cinta de Bayona está en estos momentos; está en el guiño genérico de la casa embrujada con sótanos que guardan secretos oscuros; está en las traiciones al linaje familiar que causan maldiciones y que recuerdan a los traumas aristocráticos de las primeras novelas góticas; está en la reflexión sobre los límites de la clonación y el impacto de la tecnología en el medio ambiente; está en persecuciones trepidantes con manadas de dinosaurios y ríos de lava; está, finalmente, en la muerte de un braquiosaurio que recuerda la cinta de 1993 con un profundo impacto emocional.

(Imagen: Universal Pictures)

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Todos estos detalles, estos guiños con los que Bayona hizo su película son, sin duda entrañables. La pareja dinámica de Pratt y Bryce Howard es encantadora y los personajes caricaturescos funcionan en el esquema genérico de la cinta. Con todo esto, podríamos decir que Jurassic World: Fallen Kingdom funciona.

Pero, justamente, hay algo en este campechaneo que no acaba de cuadrar; que no puede unir todos los elementos en algo que se sienta más coherente que una película de transición en otra franquicia agotada.

Por eso, lo peor de esta cinta está también en la necesidad de abarcar todos los aspectos de la saga en una sola cinta. Bayona quiere hacer un homenaje al blockbuster de acción mientras introduce reflexiones más sesudas sobre clonación y un ambiente absolutamente entregado al horror gótico. Así, a pesar de que su cinta es mucho más ambiciosa, mucho más interesante que la anterior, Fallen Kingdom no logra cuajar todos sus elementos dispares. Y todos estos intereses terminan funcionando, solamente como un engranaje de franquicia; un engranaje que sólo hace sentido en una trilogía y que, aún así, estira demasiado la buena voluntad del público para empujar esquemas narrativos gastados.

(Imagen: Universal Pictures)

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Es algo cansado saber hacia dónde va una película en los primeros quince minutos; es cansado ver cómo se repiten los mismos esquemas gastados; y es agotador ver que ya no hay blockbusters originales, que rara vez veremos un producto espectacular de Hollywood fuera de la lógica de franquicia. Jaws está en el pasado, E.T. está en el pasado, Jurassic Park está en el pasado. Y esta franquicia va a continuar en una tercera parte cercana al espíritu de Planet of the Apes, en donde todo se va a tornar global y apocalíptico. Sumando más y más temas, más y más tropos gastados, la franquicia de Jurassic Park parece que sigue prefiriendo la cantidad a la calidad compacta de los blockbusters de antaño.

No hay ningún paso lógico para continuar esta franquicia más que el camino que la llevará a terminar en algo como “Clones humanos contra dinobots del futuro”. Y, por más que eso suene increíble, esto muestra una tendencia rara. En Fallen Kingdom no se privilegia la reflexión de ciencia ficción (como en la primera), no se privilegia el aspecto de acción y horror del blockbuster (como en la tercera), sino que se trata de evocar todo lo que fue la primera cinta en una nueva lógica de marketing de franquicia.

Y creo que hay un agotamiento de las franquicias; creo que Marvel sigue vendiendo tan bien sus cintas porque augura un final en puerta; creo que Solo: A Star Wars Story mostró que no se puede explotar una saga sin acabar por cansar a la audiencia. El juego narrativo tan interesante de las franquicias está colapsando bajo el peso de la repetición, de la exigencia de conocimiento previo, de la enorme industria que nos martilla una y otra vez con las mismas premisas. Por eso, finalmente, creo que todo este agotamiento se refleja de manera perfecta en esta cinta. Jurassic World: Fallen Kingdom es tan paradójica porque, teniendo todo lo necesario, le falta algo esencial: ser más que la suma de sus heterógenas partes.

(Imagen: Universal Pictures)

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Lo bueno
  • La dirección de Bayona. Ese muchacho va para cosas grandes.
  • La química de los protagonistas en pantalla.
  • La estética buscada de horror gótico.
  • El intento de buscar la originalidad en medio de esquemas repetitivos.
  • Que aparezca Jeff Goldblum.
  • La desgarradora muerte del braquiosaurio en el muelle.
  • La acción trepidante.
  • Que es, finalmente, una cinta divertida.
  • Que puede ser interesante la idea que propone el final de la cinta.
Lo malo
  • Que todos sus elementos dispares no acaban por cuajar en un conjunto coherente.
  • Que los esquemas repetitivos de las anteriores cintas se reproducen sin mucho chiste.
  • Que no se exploren más las posibilidades de reflexión sobre ciencia y tecnología.
  • Que se siente demasiado como la película engranaje en una secuela.
  • La música es terrible, por mucho que le metan el leitmotiv de John Williams.
  • El villano caricaturesco.
  • El otro villano caricaturesco: un dinosaurio -¿Se le puede llamar dinosaurio?- que no tiene sentido.
  • Que el futuro de la saga apuesta por la cantidad más que por la calidad.
  • Que esta película es demasiado desigual y está plagada de inconsistencias narrativas.
  • Que si los Velociraptors siguen creciendo en inteligencia, van a acabar dando clases en Stanford.
Veredicto

(Imagen: Universal Pictures)

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Con esta reseña me va a suceder lo mismo que me ha sucedido con tantas otras: voy a decir que me decepciona la película para que alguien responda “si sólo es para divertirse, ¿por qué se clavan tanto?”. Y bueno, respondo de una vez, nos clavamos tanto porque Jurassic Park es un hito cultural de la ciencia ficción dura. Me encantan los grandes blockbusters y me encanta divertirme viendo dinosaurios feroces en pantalla. Pero también me encanta algo cada vez más raro en Hollywood: una gran producción divertida e inteligente de ciencia ficción.

Esta cinta tiene sus aciertos, no lo dudo; y logra emocionar en distintos niveles, estoy de acuerdo. Sin embargo, acaba siendo un engranaje más para completar una trilogía que se puede extender, hasta la locura, mediante la ambición de productores insaciables.

Tal vez, en algún momento, sería hermoso que se detuvieran a pensar sobre la necesidad de estas producciones. Tal vez, se podría dejar de renovar esta franquicia y tratar de crear otras formas de soñar con dinosaurios. Tal vez, deberíamos de escuchar el consejo de Ian Malcolm y pensar si tenemos la responsabilidad para jugar a ser dioses reviviendo, una y otra vez, aquello que, por algo, ya estaba muerto.

Título: Jurassic Park: Fallen Kingdom.

Duración: 128 min.

Director: J.A. Bayona.

Elenco: Bryce Dallas Howard, Chris Pratt, Rafe Spall, Justice Smith, Daniella Pineda, James Cromwell, Ted Levine, B. D. Wong, Isabella Sermon, Geraldine Chaplin, Jeff Goldblum..

País: Estados Unidos.

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