La nueva película de Alex Garland es una joya surrealista sobre la vida, la muerte y el miedo paranoico a lo ajeno.

Alex Garland trabajó en un guión para adaptar la primera novela de la trilogía The Southern Reach de Jeff VanderMeer, incluso antes del estreno de Ex Machina en 2015. Este proyecto llevaba cocinándose mucho tiempo y siempre estuvo pensado para verse en pantalla grande.

Entiendo que el modelo de Netflix, después de The Cloverfield Paradox, ha cambiado la forma en que se distribuyen las rarezas poco lucrativas en el extranjero. Entiendo que eso va a permitir, al mismo tiempo, que se graben más rarezas. Pero la verdad es que estaba emputado de ver esta película en mi computadora. Disculpen mi francés pero es que no estaba enojado, estaba emputado por una cuestión de respeto al formato.

En cualquier caso, Annihilation llegó directo a la pantalla chica y hay que agradecer que, siquiera, llegara. Porque esta película continúa una era dorada de ciencia ficción compleja que empezó hace más de diez años para seguir a Alex Garland y Sunshine (2007), Moon (2009), Inception (2010), Beyond the Black Rainbow (2010), Looper (2012), Interstellar (2013), Gravity (2013), Her (2013), Snowpiercer (2014), Ex Machina (2015), Arrival (2016), Blade Runner 2049 (2017) y tantas más…

Ésta es una adaptación que no depende del material original para desplegar su reflexión. Es, de hecho, algo absolutamente distinto al libro de VanderMeer: bajo una premisa común, las dos obras van en direcciones absolutamente diferentes. Mientras el primer libro es un misterio que necesita esclarecimiento en las dos continuaciones de la trilogía, la obra de Garland se cierra sobre sí misma proponiendo un nuevo pensamiento que continúa la veta paranoica de Ex Machina con singular aplomo y elegancia.

Un resplandor y un corazón roto

Lena (Natalie Portman) es una bióloga celular que da clases en la universidad John Hopkins. Pasó algún tiempo en una carrera militar antes de ingresar, de pleno, a la academia. Ahí conoció a su esposo, el sargento Kane (Oscar Isaac).

Después de años de vivir juntos en aparente felicidad, Kane se embarca en una misión absolutamente secreta. Lena se da cuenta de que su marido está guardando mejor el secreto de su misión que en otras ocasiones. Y algo le parece sospechoso…

Repentinamente, Kane parte sin despedirse con grandes aspavientos, y pronto sabemos que se había enterado de la infidelidad de Lena con un compañero de trabajo. Un año después, Lena está desgarrada por la culpa: su esposo, al parecer, desapareció durante esa última y misteriosa misión.

Lena entiende entonces que la misión de su esposo fue aún más extraña de lo que esperaba: un evento sucedió que está expandiendo una frontera.

Encerrada en su mundo, Lena no hace nada más que dar clases y sentirse miserable. Hasta que, de la nada, su esposo aparece en su cuarto. Al hablar con él, Lena se da cuenta de que está particularmente hermético y distante… y, de pronto, Kane se pone a toser sangre. Un grupo de hombres del gobierno lo saca a la fuerza de la ambulancia que lo lleva al hospital, sedan a Lena y se la llevan también.

Lena entiende entonces que la misión de su esposo fue aún más extraña de lo que esperaba: un evento sucedió que está expandiendo una frontera. La frontera es un especie de destello trémulo, un resplandor, una vibración que refleja la luz, las ondas de radio, todo. Lo llaman “The Shimmer”. Se puede atravesar, pero nada de lo que ha ingresado a sus confines (salvo el sargento Kane seriamente maltratado) ha regresado.

El destello empezó hace tres años y nadie entiende qué es o cómo pararlo. Lena se suma entonces, con la esperanza de salvar a su esposo, a otra expedición desesperada hacia lo desconocido. Lo que encontrará en esta extraña frontera cambiará para siempre su concepción del mundo y, tal vez, pondrá en peligro a toda la especie humana.

Autodestrucción

Una de las primeras diferencias evidentes con el libro de VanderMeer es que en esta película hay un principio de culpa que, rápidamente, forma el carácter de la protagonista. Claro, en el libro vemos que Lena cuestiona su papel en el matrimonio y que, tal vez, se culpa por haber empujado a su esposo a aceptar una misión suicida. Pero en el libro Kane muere antes de que ella entre al Shimmer.

Esto cambia completamente su relación de necesidad y de culpa; sus deseos de volver y de adentrarse más en la comprensión del fenómeno. Además de que, claro, es mucho más grave lo que le hace Lena a Kane en la cinta. La forma en que lo traiciona es muchísimo más violenta: al engañarlo con otro hombre, Lena se odia, profundamente, sin poder evitarlo. Es consciente y absolutamente incapaz de frenarse, porque está en un camino frenético de autoflagelo sin sentido.

Esto nos lleva a un tema central de la cinta: la autodestrucción como principio humano. En algún momento en el que están hablando Kane y Lena, la discusión gira en torno a Dios y a su perfección. La idea de Kane es que Dios no comete errores y la respuesta de Lena es particularmente extraña. Como bióloga, le responde que las células tienen la capacidad de vivir eternamente pero que un error de Dios en la codificación genética hace que se destruyan en un cierto tiempo.

Una de las primeras diferencias evidentes con el libro de VanderMeer es que en esta película hay un principio de culpa que, rápidamente, forma el carácter de la protagonista

La idea de Lena es que podríamos ser inmortales pero que un error de Dios nos lo impidió. Es una idea extraña para una bióloga, para alguien que estudia el ciclo mismo de la naturaleza, alguien que entiende la necesidad de la muerte para la vida. Lo que es interesante aquí es que Lena no quiere aceptar el carácter necesario de la desaparición como un acierto; en vez de esto, lo considera como un error del creador. Y si Dios es falible, podemos corregir su trabajo, podemos, finalmente, aniquilarlo.

Esta hibris científica es la que hace que Lena no entienda su propia necesidad de autodestrucción. Porque no puede aceptar que la autodestrucción de nuestras células y la necesidad de autodestrucción humana sea algo incorregible o insuperable. Es ahí en donde entra la Dra. Ventress (Jennifer Jason Leigh) para explicarle una diferencia fundamental:

“Pocos de nosotros tenemos el valor de matarnos, pero la mayoría de nosotros nos autodestruimos. Fumamos, bebemos, ponemos en peligro la estabilidad de un empleo, de un matrimonio… La autodestrucción está codificada en cada célula humana.”

Todos los integrantes de la expedición de Lena tienen alguna lucha contra su propia autodestrucción. Una de ellas es adicta, otra perdió a una hija, otra debe cortarse para sentirse viva y Lena se odia por engañar a su esposo. La única que sobresale aquí es Ventress: su cáncer la diferencia del grupo, pues sabe que su vida está perdida y entonces no teme la autodestrucción.

La única que sobresale aquí es Ventress: su cáncer la diferencia del grupo, pues sabe que su vida está perdida y entonces no teme la autodestrucción.

Cuando finalmente se enfrenta al ente de otro mundo, al extraño visitante que cayó en un meteorito directamente bajo el faro, Ventress dice un discurso hermoso y misterioso. En él, no sabemos si habla del cáncer o de la criatura de otro mundo:

“Es la última fase. Desaparece en la sombra. Mente inimaginable. Ahora faro, ahora mar. No es como nosotros. Es diferente a nosotros. No sé qué quiere o si quiere. Pero no va a acabar hasta absorberlo todo. Nuestros cuerpos y nuestras mentes quedarán fragmentadas en las partes más mínimas hasta que no quede nada de nosotros. Aniquilación.”

Aquí la imagen del cáncer toma la primera plana para explicar el interés de Alex Garland en esta historia. El primer libro de VanderMeer no nos dice nada, no explica nada, no llega a nada. Finalmente, es un diario que debe quedar incompleto. Pero, aquí, el director quiso concluir la historia en un sentido.

Y el primer sentido que encuentra parte de la imagen misma de un tumor maligno: la idea de destrucción y de construcción; de un dios que crea y un dios que destruye; del cáncer como vida proliferando y del cáncer como la extinción de la vida; de la vida potencialmente infinita de las células y de su muerte programada.

Inmortalidad

En un momento, Lena lee The Immortal Life of Henrietta Lacks. Así, entendemos la relación que quiere hacer Alex Garland con la idea del cáncer y la inmortalidad en este juego entre un nuevo creador y nuestro mundo.

Las células HeLa (diminutivo de Henrietta Lacks) han servido, en los últimos setenta años, para cambiar el curso de las investigaciones biomédicas. Fueron unas células tomadas del tumor de una paciente con cáncer de cérvix y son las células que vemos en la clase de Lena, duplicándose. Estas células formaron la primera línea inmortalizada de células humanas. Es decir que son células que no dejarán de reproducirse en ciertas condiciones específicas y que siguen existiendo hoy, mucho tiempo después de la muerte de Henrietta Lacks.

Una parte interesante de esta historia es que la familia de Lacks no supo, hasta los años setenta, que se seguían utilizando en todo tipo de investigaciones médicas, las células de su antepasada. Es una cuestión delicada que transformó también la manera en que entendemos la bioética. De alguna forma, se enteraron que se había experimentado con ella durante décadas sin que nadie les preguntara su opinión. También, se enteraron de que su cáncer es ahora inmortal, mientras que ella se desintegra en la tierra.

Pero ésta no es una cinta sobre la exploración humana de lo desconocido, sino sobre un Dios explorador.

Pero, ¿por qué es tan importante todo esto aquí?

Porque entendemos esta trama como la exploración de la humanidad que, con curiosidad, se acerca de manera científica y personal a un fenómeno inexplicable. Como humanos pasamos de la curiosidad a la exploración, de la obsesión a la agresión, rápidamente. Incluso entre científicos. Y, como humanos, los espectadores nos identificamos con la curiosidad de los exploradores.

Pero ésta no es una cinta sobre la exploración humana de lo desconocido, sino sobre un Dios explorador. Digo Dios porque es un ente absolutamente alterno, que no necesariamente nos ve, y que juega con nuestra presencia, duplicándonos, cambiándonos, explorándonos.

Un ente que tiene una forma inconcebible en las hermosísimas exploraciones visuales del final de la película: se trata, como con una cinta de Moebius y el Ouroboros, de una forma que se repliega en sí misma infinitamente, siendo, al mismo tiempo, adentro y afuera, contenido y envase, piel y su inverso.

No se trata aquí de una invasión, sino de un experimento, un experimento que se perfecciona a punta de repetición.

Esta cosa está aprendiendo a descifrarnos como los entes complejos encima de esta cadena alimenticia. Hace mezclas azarosas hasta encontrar la configuración perfecta. No se trata aquí de una invasión, sino de un experimento, un experimento que se perfecciona a punta de repetición.

Los ciervos duplicados que aparecen pastando y corriendo son idénticos y se mueven a la par con pequeños detalles que cambian en el pelaje. Kane es idéntico cuando sale pero sabemos que ya no es él, es una copia que muere rápido, un experimento fallido. Josie Radek se deja transformar en hojas, en planta, en otra vida. Lena se duplica para vivir de otra forma, para que el experimento cambie de faceta hacia una exploración más compleja de nuestra cultura.

Aquí tenemos el punto paranoico de Alex Garland, un director que tenía ocho años cuando se estrenó ese maravilloso clásico de Invasion of the Body Snatchers de 1978. Como con Ex Machina, en Annihilation se libera un ente al mundo sin que nadie pueda frenarlo ni saber, siquiera, que está ahí. La invasión no es espectacular, no es War of the Worlds, sino un sutil mimetismo. Como con Never Let Me Go, en Annihilation nada es lo que parece y los protagonistas que seguimos no son los dueños de su vida sino simples experimentos.

Aniquilación

Aniquilación quiere decir la absoluta extinción de algo. Es un término que relacionamos, inmediatamente, con una extinción humana al leer el libro, o al empezar a ver la película. Porque pensamos, inmediatamente, en lo absolutamente extraño como algo amenazante, porque pensamos en términos bélicos de invasión y defensa.

Pero también hay otra acepción. En física, la aniquilación sucede cuando una partícula y una antipartícula se unen para destruirse completamente y liberar uno o más fotones. La idea de la materia transformándose aquí es muchísimo más interesante porque cambia completamente el concepto de la ciencia ficción sobre invasiones alienígenas. No se trata aquí de un ataque o una agresión, no se trata de la desaparición de la humanidad, sino de la transformación de dos entes absolutamente opuestos por el contacto entre el uno y el otro.

Lena destruye a la criatura pero también se destruye en el proceso. Algo más resulta de esta mezcla, algo que no existía y que puede cambiar absolutamente las relaciones biológicas en el mundo. Al aniquilarse, Lena salva a su esposo y se salva a sí misma, paradójicamente desapareciendo y desapareciéndolo. Es un final feliz y absolutamente terrible; vida y muerte se juntan para hablar de la posibilidad de creación.

La complejidad de esta cinta está, entonces, en que es una verdadera reflexión sobre otredad y la capacidad que tenemos de asimilarla.

La complejidad de esta cinta está, entonces, en que es una verdadera reflexión sobre otredad y la capacidad que tenemos de asimilarla. Una reflexión que, como Solaris, plantea un problema filosófico-científico muchísimo más amplio que el marco mismo de sus protagonistas y sus conflictos internos.

Annihilation es tan interesante porque tomó el efectivismo algo soso del primer libro de Jeff VanderMeer y lo convirtió en una construcción que no necesita añadidos, que se completa como una serpiente comiéndose la cola, que muestra su propia imposibilidad mientras, de hecho, existe.

Esta cinta es un reflejo, un prisma, un eco de construcción y destrucción, de vida y de muerte, de lo comprensible y sus límites, de nuestra necesaria aniquilación por mano propia, por genética o por un evento inimaginable. De nuestro fin como el principio de algo nuevo; de lo que tuvo que destruir un Dios frágil y falible para que nosotros caminemos en esta tierra maravillosa.

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Lo bueno
  • La brillante adaptación de Garland.
  • La maravillosa actuación sutil y trastornada de Natalie Portman.
  • Las actuaciones del resto del elenco.
  • El score que es brillante, especialmente al final de la cinta.
  • La dirección implicada de Garland.
  • La genial reflexión que va mucho más allá del libro.
Lo malo
  • Que es una cinta que exige ser vista varias veces.
  • Que, por lo mismo, no siempre será entendida a la primera.
  • Que los efectos de CGI fallan por momentos (como con el hombre-oso-cerdo).
  • Que no pudimos verla en cine.
Veredicto

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Esta cinta no se limita a ser una reflexión intrigante sobre la vida y su incesante e improbable proliferación. También es un objeto artístico finamente construido. El esplendor visual se junta con la genialidad de un score impecable y actuaciones tan seguras como empáticas.

Al final, la sensación que produce esta cinta es exactamente igual a la que siempre debió producir el mundo de Lewis Carroll: cuando Alicia se mete al agujero de conejo nos lleva a un mundo maravillosamente hermoso y absolutamente inquietante. Porque no hay nada más terrorífico que la pérdida de sentido; porque no hay nada más hermoso que probar los límites visuales de nuestra imaginación.

Annihilation logra hacer ambas cosas con un fuerza única de paranoia que, probablemente, no se había logrado así, fuera de Alex Garland, desde los años setenta. Y es un deleite que seguirá planteando interrogantes durante muchos años más.

Título: Annihilation.

Duración: 115 min.

Director: Alex Garland.

Elenco: Natalie Portman, Jennifer Jason Leigh, Tessa Thompson, Gina Rodriguez, Tuva Novotny, Oscar Isaac.

País: Estados Unidos, Reino Unido.

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