Blade Runner 2049, reseña, critica, opinion, pelicula, calificacion

La secuela de Blade Runner nunca será mejor que la cinta original… pero no por eso deja de ser un maldito peliculón.

Empezando todo este asunto en un tono personal, déjenme decirles que me cuesta mucho escribir esta reseña. Blade Runner 2049 es la película que más he esperado en el año y es, de alguna manera, la película que más temí ver después de enamorarme del clásico de Ridley Scott.

Blade Runner es una cinta irrepetible, maravillosa en su complejidad, única y terrible. Siempre sentí que verla era como estar en un malviaje onírico de fiebre. Y al mismo tiempo la adoro tanto que no quiero que nadie la toque. Como en muchos romances, en mi amor a la cinta de 1982, hay algo de sufrimiento en el placer y celos posesivos en el goce.

Mis celos podrían estar desplazados: esta película tiene, al menos, siete versiones diferentes y parece difícil amarla como algo inalterable. Pero eso es justamente lo que la hace tan única en su multiplicidad y que, a pesar de las variables, la mantiene como un monumento.

¿Cómo aceptar entonces una nueva versión? ¿Cómo aceptar que alguien toque ese maravilloso clásico que encanta todavía nuestros viejos recuerdos?

La respuesta, sencilla e inesperada, se esconde en el nombre de una de las voces jóvenes más emocionantes de la cinematografía mundial: Denis Villeneuve. El director canadiense se tomó a pecho la misión en puerta y rifándose cada toma como si el mundo dependiera de ello –cosa que, de alguna manera, es cierta– hizo una de las secuelas más comprometidas y entrañable en la historia de la ciencia ficción.

Con eso no quiero decir que Blade Runner 2049 sea perfecta. No. Pero, independientemente de gustos y estimaciones, de errores y narrativas evidentes, esta cinta no me hizo sentirme como amante celoso, dispuesto a matar por el honor mancillado. Al contrario, me hizo recordar que el amor no es excluyente y que, apreciando nuevas caricias visuales, podemos regresar, con el cariño renovado, a nuestras grandes pasiones clásicas.

Una historia de la Historia

No puedo contarles toda la trama de esta película. Antes de empezar la cinta nos dieron, como prensa, el mensaje claro y alto de Villeneuve pidiendo, alrededor del mundo, que no escribiéramos spoilers. La razón me parece justificada: esta película es deliciosa de ver cuando llegas y no sabes nada de su trama.

Aún así, hay elementos de contexto que conocemos por los cortos que se realizaron antes del estreno. Dirigidos por Shinichiro Watanabe y Luke Scott (hijo de Ridley Scott), estos cortos nos dan un vistazo a la historia de un mundo que nació con la cinta de 1982.

Años después del 2019, en donde Deckard vio morir a Roy Batty en un tejado y escapó a su suerte con Rachael, las cosas cambiaron para los androides. El constante surgimiento de revueltas como la de Batty y compañía, llega a un punto crítico con la creación del Nexus-8, la nueva generación de androides de la corporación Tyrell.

K (Ryan Gosling) es un Blade Runner como alguna vez lo fue Rick Deckard (Harrison Ford).

El último invento del fallecido dios de la robótica es de inteligencia superior y vida ilimitada. Entendiendo las privaciones de su esclavitud, los robots se rebelan en el 2022 creando un apagón masivo que borra todos los datos y los libera de cualquier rastro. Libres al fin, los androides se ocultan para vivir una vida más o menos normal.

Pero el apagón causa grandes estragos. Toda la información se corrompe o se borra, el mundo queda al vilo y la corporación Tyrell cae en bancarrota. También se desconectan los servicios y la humanidad terrícola, maltrecha y deforme, corre el riesgo de extinguirse por una hambruna generalizada.

En medio de ese caos aparece Niander Wallace (Jared Leto), un visionario genio de la agroingeniería que logra salvar a la humanidad con novedosas granjas sintéticas de proteínas –una forma linda de decir granjas de gusanos. Millonario de súbito, Wallace compra lo que queda de la golpeada corporación Tyrell y continúa con las últimas investigaciones en robótica. Para entonces, los androides están completamente prohibidos. Pero Wallace tiene otros planes.

Wallace compra lo que queda de la maltrecha corporación Tyrell y continúa con las últimas investigaciones en robótica.

Al crear un nuevo tipo de androide absolutamente servicial y sin posibilidad de revuelta o descontento, los legisladores del mundo le permiten volver a crear una fuerza de esclavos sintéticos para colonizar otros mundos. Para el 2049, los humanos ya habitan más de nueve planetas gracias a las innovadoras creaciones de Wallace. Y los replicantes de nueva generación están integrados a la cada vez más escasa población humana en la Tierra. Es exactamente en este futuro distópico en el que comienza la cinta de Denis Villeneuve.

K (Ryan Gosling) es un Blade Runner como alguna vez lo fue Rick Deckard (Harrison Ford). En las primeras escenas de la cinta, lo vemos investigando unos cultivos sintéticos de gusanos y persiguiendo a un viejo Nexus-8 fugitivo que va por el nombre de Sapper Morton (Dave Bautista). En los alrededores de la granja, K va a encontrar un baúl enterrado que contiene un secreto de dimensiones catastróficas: un secreto tan único, tan importante, tan violento, que puede cambiar para siempre la relación entre replicantes y humanos.

En su búsqueda para desentrañar las raíces de este misterio, K tendrá que buscar viejas pistas, encontrarse con Deckard y enfrentarse a los designios oscuros de la enormemente ambiciosa y voraz corporación Wallace.

Hipnótica independencia

Lo que es tan impresionante de la cinta de Villeneuve es cómo logra conquistar una envidiable independencia. No nada más no comete los horrendos errores de muchas otras secuelas sino que se conforma como una obra única y de valía propia.

No es necesario ver los cortos anteriores y ni siquiera se necesita conocer la primera cinta para entender los meandros narrativos de Blade Runner 2049. Y recordemos que esto es esencial. Sobre todo después del bodrio complaciente que fue Alien: Covenant, en donde nada tenía sentido sin las introducciones cortadas de la cinta y una comprensión, al menos estética, de la turbulenta historia de Alien en el cine.

La historia de Blade Runner está, claro, íntimamente relacionada con la trama de la cinta de Villeneuve. De hecho, el guionista de la primera, Hampton Fancher, regresa a escribir la segunda. Y lo que hace es bastante interesante. Al retomar los misterios de la primera película, le da un giro único a las preguntas sobre robótica, sobre humanidad, sobre el amor y, en particular, sobre la relación de Deckard y Rachael.

Villeneuve tiene la posibilidad de tejer un misterio completamente nuevo en un mundo viejo que se reinventa.

Así, Villeneuve tiene la posibilidad de tejer un misterio completamente nuevo en un mundo viejo que se reinventa. Porque éste no es exactamente el mundo que filmó Scott. Aquí todo es espacio y luz –incluso en lo más sombrío y gris. Este mundo está plagado de enormes extensiones deshabitadas y en ningún momento se siente la misma claustrofobia que es una constante en la película del 82 (si no, recuerden la persecución de Zhora en los atiborrados callejones de Los Ángeles).

La increíble fotografía de Deakins muestra una enorme panoplia de iluminaciones en locaciones muy diversas y en contraste con diferentes espacios. Pero todos los sets tienen en común la desproporción de las construcciones faraónicas frente a la pequeñez de los personajes. Incluso en las escenas repletas de extras –que son pocas– se siente la posibilidad de una fuga hacia arriba, de otros escapes, de otras extensiones. Con todo esto, la enorme escala de los escenarios y el tiempo dado a la observación de este mundo abandonado recuerdan las tomas que celebran, como un contrario naturalista, la vida en ebullición de Koyaanisqatsi.

Todos los sets tienen en común la desproporción de las construcciones faraónicas frente a la pequeñez de los personajes.

En la novela Do Androids Dream of Electric Sheep?, los humanos están abandonando la Tierra para irse a las colonias y los habitantes de nuestro planeta son los enfermos (como J.F. Sebastian) o los deformes (como las hordas de enanos que habitan las calles en la cinta de Scott). Como resultado, y porque Villeneuve también se basó en el increíble texto de Dick tenemos, tres décadas después, en 2049, un mundo menos poblado, con pequeñas concentraciones de humanos que huyen al polvo entrópico y radioactivo que coloniza, poco a poco, el espacio continental.

Así, podríamos decir que la razón de ser de la espléndida fotografía de Deakins es la fría observación de un mundo muerto y progresivamente abandonado. Las tomas largas, espléndidas y pacientes nos muestran con mirada curiosa un mundo que se vacía, poco a poco, de sus componentes humanos. Todo es geométrico, matemático, eléctrico, plano, muerto.

Aquí tenemos una perspectiva que se vacía de humanidad y se llena de la frialdad curiosa de aquellos que nacieron adultos en un mundo heredado. Si Blade Runner es la visión de un universo humano en dacadencia, Blade Runner 2049 es la representación de una perspectiva androide vital y extrañamente fría. Si Blade Runner fue un cuento desesperado sobre el hombre abandonado en la Tierra, atrapado por los eternos demonios de la vida y de la muerte; Blade Runner 2049 es una historia esperanzada sobre las posibilidades de una nueva evolución, del siguiente paso de la humanidad en futuro de los androides que creó como dios degenerado. 

Vida, compasión y muerte de la réplica

En medio de su independencia hipnótica, la nueva cinta de Denis Villeneuve retoma con singular cariño los temas que fundaron la reflexión de Blade Runner. Porque el director de la secuela entendió muy bien que, tanto la novela de Dick como la cinta de Scott, son dos obras sobre la idea de la compasión.

El final de Blade Runner nos muestra la muerte de Batty como un gesto de enorme compasión. El replicante no tenía ningún motivo para salvar a Deckard, pero lo salva por aprecio a la vida… a cualquier tipo de vida. Al final de sus contados segundos, Batty entiende que sus memorias lo hacen único. Y no se trata de las memorias impostadas que tanto desprecia en las “preciosas fotografías” de León, sino de las memorias inalcanzables, las memorias de los límites espaciales, de lo que los ojos fabricados del replicante pudieron ver y que lo hicieron más humano que el hombre.

Batty encuentra su humanidad al mismo tiempo que encuentra su trascendencia. Porque los recuerdos que se pierden como lágrimas en la lluvia tienen un testigo que los porta más allá de la muerte. Y ese testigo se llama Rick Deckard. En Blade Runner 2049, Deckard porta el recuerdo de una rebelión que vio pasar y extinguirse. Ahora, en la gestación de un nuevo mundo, las semillas de esta rebelión regresan con la insistencia de las mismas preguntas.

Esta película trata, entonces, los mismos temas de compasión, humanidad, vida y muerte que dieron tanta consistencia filosófica a la cinta de Ridley Scott y a la maravillosa novela de Dick. Pero, si en la primera cinta todo se enfoca en la perspectiva de los hombres, aquí prima la perspectiva de los androides. Los humanos están torcidos, golpeados, destruidos, minimizados. Y los androides ocupan la mayor parte del tiempo en pantalla.

Si en la primera cinta todo se enfoca en la perspectiva de los hombres, aquí prima la perspectiva de los androides.

Frente a la omnipresencia de los androides nace otra ilusión digital de vida: la de los hologramas de inteligencias artificiales. De pronto, los hombres son a los replicantes lo que los replicantes son a las representaciones holográficas. Y en esta escalonada forma de relaciones de poder se invierten, también, relaciones afectivas. Como Deckard se enamoró de un androide, el personaje de Gosling se enamora de un holograma llamado Joi (Ana de Armas).

El deseo en el hombre no viene solo: es el resultado de una voluntad de la especie. Si podemos optar por no reproducirnos, el deseo nos encamina siempre a hacerlo. Somos conscientes pero, no por ello, somos menos animales al servicio de la especie que un perro o una liebre.

Si los robots desean es en un plano muy distinto porque ¿dónde se encuentra su vida como especie? ¿Cómo se reproducen si no es a través de un creador más poderoso? ¿Cómo piensan en los suyos si suya no es la trascendencia?

Estas preguntas regresan apremiantes y crean una de las escenas de sexo más increíblemente bien logradas de la ciencia ficción (con Mackenzie Davis, Ana de Armas y Ryan Gosling en un trío demencial, para que se den un quemón). Pero, más allá de las espectaculares representaciones de este deseo androide y de las relaciones de poder que conlleva, la cinta trata el tema con la perspectiva de la trascendencia de la especie.

Formar parte de una especie animal es jugar el juego de la evolución, de la permanencia o la extinción, la adaptación o la desaparición. Y estos temas parecen obsesionar tanto a hombres como a replicantes en 2049. Una obsesión que se manifiesta, literaria, con el guiño a un poema.

Una fuente blanca sobre la oscuridad

En un lugar muy evidente, vemos que se hace una referencia intertextual a la enormemente influyente novela de Vladimir Nabokov, Pale Fire, cuando Joi le dice a K que odia ese libro. En un lugar menos evidente, encontramos la maravillosa lectura de unos versos de John Shade (el autor del poema de 999 versos que compone la columna vertebral de la novela de Nabokov).

Como un test para saber si las modulaciones afectivas del androide están en orden, ponen a un replicante a repetir las palabras que componen lo versos 704 a 707 del canto 3 del poema de Shades. Los versos dicen así:

And blood-black nothingness began to spin
A system of cells interlinked within
Cells interlinked within cells interlinked
Within one stem. And dreadfully distinct
Against the dark, a tall white fountain played.

Desconectados de su contexto pueden no querer decir mucho estos bellos y resonantes versos, pero en el contexto mismo del poema encontramos la textura del texto de Villeneuve.

El canto 3 de Pale Fire se centra en la exploración del poeta en las posibilidades de la vida más allá de la muerte y lo que puede representar después del suicidio de su hija. Un año después del trágico suceso, el poeta muere, por unos segundos, tras dar una conferencia. Y lo que ve, en una espesa oscuridad de sangre, es justamente este sistema de células interconectadas en un mismo ramo y la fuente blanca sobre la oscuridad.

La idea aquí es que los robots no pueden crear como los humanos crean.

Así, estos versos representan la idea de un más allá inexplicable. El más allá que el poeta no puede volver a describir ni entender y que jamás entenderá mientras esté de este lado del velo de la muerte. El poeta se siente atrapado en el juego de mundo de unos dioses que se divierten con el significado de las cosas. Y él solo puede responder a estos juegos de construcción de mundo jugando con sus propias palabras.

La idea aquí es que los robots no pueden crear como los humanos crean: tienen prohibido ese acceso a un mundo más allá, no les es posible perforar el velo que los llevarían a ser como los dioses que los crearon.

Los androides son utilizados como una fuerza laboral de esclavos obedientes a los que no se les debe nada. Y funcionan mejor sintiendo cierta humanidad, teniendo recuerdos, siendo confusamente cercanos a los hombres. Pero esta humanidad los hace soñar con otra cosa… Al pararse a preguntar sobre lo que significa la fuente blanca, los androides podrían empezar a imaginar, podrían pedir derechos, podrían intentar replicarse o reproducirse. ¿Quién sabe? Tal vez podrían, incluso, tener pesadillas con ovejas reales.

Lo bueno
  • El enorme diseño de producción.
  • La fotografía nivel dios del veterano Roger Deakins.
  • La apasionada y minuciosa dirección de Villeneuve.
  • El score de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch con reminiscencias de Vangelis y guitarrazos ominosos que te parten el alma.
  • El casting que es perfecto.
  • La actuación de Ryan Gosling, impecable mezcla de Drive y Blue Valentine.
  • La actuación de Harrison Ford, controlada y desgarradora.
  • La enorme actuación y el enorme personaje de Ana de Armas.
  • Mackenzie Davis en todo, por todo, siempre infinito más uno.
  • La forma de hilar un guión con otro con la genialidad de Hampton Fancher.
  • La continuación de la historia y la independencia de la trama.
  • La relación de una visión androide como respuesta a la humanidad de Blade Runner.
  • Que no la dirigió Ridley Scott
Lo malo
  • Por más que es increíblemente interesante que sea, esta cinta no llega a la profundidad de la película original.
  • Que su éxito puede llevar a una franquicia malbaratada.
  • Que la gente ya no aguanta una película de tres horas
  • Que la esperanza de esta película contrasta con la oscuridad del tema original.
  • Que ahora Jared Leto sale en todo.
  • Que en vez de Jared Leto iba a estar David Bowie. Snif.
  • Que no puedo decirles más sin decir spoilers.
Veredicto

Harrison Ford y Ryan Gosling peleando en un salón vacío de conciertos en Las Vegas mientras se prende y se apaga un holograma malogrado de Elvis; proyecciones de mujeres desnudas del tamaño de un edificio; compañías femeninas disfrazadas de chica pinup para maquillar malas comidas sintéticas con imágenes de bisteces recién hechos. El futuro gris de Blade Runner 2049 pinta un mundo de relaciones holográficas, de apariencias, de nostalgia por las relaciones familiares de los años cincuenta, por la reproducción, por la especie saludable. Una especie que necesita de otra para asegurar su trascendencia mientras sueña con viejas suficiencias.

Los hombres fríos y distantes. Los robots nostálgicos y cariñosos. El mundo cambiando para el fin de la humanidad y los hijos del hombre rebelándose contra dios. Todo en esta cinta es un intrigante misterio que hay que analizar a fondo. Un misterio que nos entrega otras llaves especulativas pero que no nos dice nada concreto. La cinta de Villeneuve logra ser un secreto intrigante mientras se vanagloria en su estilo frío y distante. Es una gran cinta que no necesita compararse con la película anterior: pocas cosas son mejores que Blade Runner y el logro de esta cinta no es superarla sino hacer que nos enamoremos de nuevo de sus sucios callejones. Por eso, vuelvan a maravillarse… y nunca dejen de soñar con unicornios.

Título: Blade Runner 2049.

Duración: 163 minutos.

Director: Denis Villeneuve.

Elenco: Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, Jared Leto, Sylvia Hoeks, Robin Wright, Mackenzie Davis, Dave Bautista.

País: Estados Unidos.

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