La película es sin lugar a dudas la peor secuela del año.

Hace poco David Fincher arremetía contra las películas de superhéroes argumentando que “existe la posibilidad de hacer algo que no esté medido milimétricamente ni montado en tres actos”. Pero la reflexión del director podría extenderse a ese fenómeno de Hollywood que se caracteriza por producir secuelas de manera inagotable, con fórmulas probadas para asegurar un blockbuster.

La vorágine de remakes, reboots y secuelas innecesarias no deja de invadir las salas de cine. Desafortunadamente, este fenómeno termina por saturarnos para, finalmente, acostumbrarnos a la homogeneización de sentidos e interpretaciones. Como señala el teórico Jerónimo León Rivera-Betancur:

“Estos dos efectos, saturación y acostumbramiento, invisibilizan las imágenes y su significado, configurando algo así como un ‘efecto paisaje’ en el se ve sólo la forma pero se pierde por completo la esencia y el contenido”.

Tomo en consideración estas ideas a propósito del reciente estreno de Flatliners (2017), pero sin duda puede extenderse a muchas de las películas actuales.

Al principio, recordaba la versión original de 1990 con cierto decoro. La premisa: “¿Hay vida después de la muerte?” siempre es atractiva. En aquella ocasión la película fue dirigida por Joel Schumacher (responsable de películas tan dispares como The Lost Boys o Batman & Robin), y protagonizada por Kiefer Sutherland, Julia Roberts, Kevin Bacon, William Baldwin y Oliver Platt: pura joyita del cine ochentero. Flatliners (1990) cuenta cómo un grupo de pasantes de medicina decide realizar un experimento que consiste en llevar a uno de ellos hasta un estado inanimado (clínicamente muerto) para, posteriormente, traerlo de vuelta al mundo de los vivos.

Los desaciertos de esa película son muchos, pero al final, podemos verla sin prestar mucha atención y pasarla bien. Además, vista a la distancia, la cinta goza de cierto efecto sobre los espectadores que nacimos viendo películas noventeras donde luces de neón, humo saliendo de las alcantarillas y protagonistas con gabardinas forman el ambiente propicio para un thriller de terror de este tipo.

Al límite del bostezo

En 2015 se anunció la producción de un remake de Flatliners con Ellen Page en el lugar central en la historia. Posteriormente supimos que Diego Luna se uniría al reparto y luego que Kiefer Sutherland repetiría el papel del Dr. Nelson, por lo que inmediatamente la cinta se convirtió en una secuela, aunque de continuación no tenga nada. Flatliners llegó finalmente este año sólo par encontrarnos con una película que se aprovecha de los efectos especiales para contar una historia simplona, llena de equívocos y sosa.

La premisa es la misma que la película de 1990, pero con esa falsa moral que caracteriza a Hollywood, aquí la protagonista es una mujer. Así nos encontramos con una mal maquillada Courtney Holmes (Page) años antes de estudiar medicina, conduciendo un auto con su pequeña hermana como copiloto. Luego ocurre un accidente y la hermana de Courtney pierde la vida. Al parecer, era necesario que en esta ocasión existiera un pretexto más allá del ego, para que Page quisiera probar suerte con la muerte clínica.

Ellen Page experimentando con el más allá.

Muchos años después, ya como pasante de medicina, Courtney incita a sus amigos para que la ayuden con el consabido experimento de matarla y traerla de regreso con ayuda de la ciencia. Así, como en la primera cinta pero sin tanta imaginación en los recursos fílmicos, uno a uno todos los amigos toman su lugar en la cama para dejarse morir. Marlo (Nina Dobrev), Jamie (James Norton) y Sophia (Kiersey Clemons) circulan por el cadalso científico para revivir sus más oscuras, lelas, moralinas y tormentosas pesadillas. Todos excepto Ray (Diego Luna), el héroe venido a menos por su condición económica, prueban suerte jugando a los dados con la Muerte.

La trama pierde el norte al igual que la primera película –pero peor– y una vez más el elenco lleno de estrellas es lo que invita a jóvenes y adultos a pasar 110 minutos pegados a la pantalla, sólo para tratar de entender si se trata de una película de terror donde los resucitados mantienen una conexión con el mundo de los muertos, un drama psicológico en el que nuestros peores actos nos visitan en forma de espectros, o un drama adolescente (con personajes bastante grandecitos) que podría solucionar un niño de secundaria con una mano atada a la espalda.

Flatliners está mal contada. Si no intentas descifrar que está pasando, no sucede nada. Al final lo que importa es que entiendas que arrepentirse de todo lo que has hecho es lo que está bien. Esta moralina pata llega a nosotros justo cuando parecería que nadie iba a ganarle a la charlatanería moral de Schumacher en la primera entrega.

Diego Luna y la cuota de moralidad

Ray, el personaje interpretado por Diego Luna, pude resultar el más complejo junto con Courtney, pero lo cierto es que sólo podemos concebirlo así a partir de todos los clichés existentes para un personaje de este tipo. En primer lugar, se trata de un pasante al que le ha costado mucho llegar hasta donde está, hecho que lo vuelve sumamente competitivo y –por alguna extraña razón– un maestro en el arte de la resurrección. En este sentido sería el Kevin Bacon de la película, aunque la rebeldía del segundo se ve mermada por las “honrosas” intenciones de Luna en esta entrega.

Por si fuera poco, Ray sabe que con la muerte no se juega, y lo sabe porque antes de ser doctor era bombero. Por lo tanto ha tenido sus escarceos con la muerte. De todas formas no es capaz de persuadir a todos sus amigos de que “juego de manos es de villanos” y más bien trata de ayudarlos a llevar el experimento hasta las últimas consecuencias, lo que hace que uno de ellos se enfrente a un destino trágico.

Nadie nunca en la película dice que Diego Luna es de origen latino, pero tampoco hace falta, pues todo lo anteriormente señalado nos hace pensar en que está implícito, aunque no sea cierto.

No abras puertas que no puedas cerrar

Hemos escuchado esa frase hasta el cansancio, como cuando queríamos jugar con la Ouija. Lo cierto es que, si bien no hay espíritu chocarrero que ande atrás de nosotros todo el tiempo, Hollywood debería aprenderlo todo de esta frase. Flatliners llegó en un momento en el que nadie lo pidió. Es más, de todos los remakes, reboots y secuelas que inundan las salas de cine, éste es el menos necesario.

Flatliners llegó en un momento en el que nadie lo pidió.

Si la primera entrega de Flatliners gozó de cierta fama, es porque la obsesión con la muerte por parte de la industria cinematográfica era un poco más latente. Desde películas como Ghost (1990), The Frighteners (1996), What Dreams May Come (1998) o The Crow (1994), el cine que acariciaba el tema de la muerte gozo de popularidad. Es ahí donde la película de Schumacher encuentra eco, pero ahora , la saturación y el acostumbramiento apuntalan hacia otros derroteros.

Afortunadamente para nosotros, no todo está perdido. Algunas secuelas que no tienen su razón de ser, sobresalen de entre todo este oscuro mar. Como por ejemplo, Blade Runner 2049 de Denis Velleneuve, que a pesar de contar con algunos desaciertos, es una película que quiere devolvernos algo de esa esperanza perdida.

Lo bueno
  • Ver a Keifer Sutherland con canas.
  • A pesar de tener todo en su contra, la actuación de Ellen Page no es tan mala.
  • Goza de cierto humor involuntario que provoca que uno no se la pase tan mal.
  • Nos hace pensar en lo precario que es el cine actualmente.
Lo malo
  • La historia está mal contada.
  • El guión pierde el rumbo luego de los primeros 50 minutos.
  • Puede volverse repetitiva.
  • La trama desaprovecha el tema para jugar a su favor.
  • No existe ningún misterio sin resolver más allá de los que ya son obvios.
  • Es una película innecesaria, con un presupuesto y elenco que terminan por inflarla tanto que, basta un pinchazo para que reviente.
Veredicto

Flatliners pone énfasis en la diferencia entre una buena película y un contenido innecesario, de naturaleza efímera que sólo existe para satisfacer las necesidades del cine como una industria, indolente, de naturaleza salvaje y que sólo sirve para “pasar el rato”. Al final, puedes esperar tranquilamente a que llegue a Netflix y ahorrarte esa hora y media en el cine.

Título: Flatliners (2017).

Duración: 110 minutos.

Director: Niels Arden Oplev.

Elenco: Ellen Page, Diego Luna, Nina Dobrev, Kiefer Sutherland, Kiersey Clemons, James Norton.

País: Estados Unidos.

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