Foto: Mack Male

Antes de comenzar, es necesario explicar que juego en Xbox desde que salió su primera versión, después del primer PlayStation nunca regresé a Sony, así que este artículo de opinión va por ahí.

El 22 de noviembre del 2013 Microsoft lanzó su consola de nueva generación: el Xbox One. ¿Valía la pena comprarlo en ese momento? No. Yo lo compré y la utilidad más grande que le di fue para usar Netflix y hacerle al mamón porque ya era next-gen, sin embargo, seguía jugando Grand Theft Auto V y Ultra Street Fighter en 360.

Los primeros meses que uno jugaba al One, no se sentía como si estuviera en un peldaño más alto al de 360. La interfaz se sentía torpe, había tres juegos y todos me parecían muy aburridos, muchos detalles que hacían de la 360 una consola social se perdían en la nueva generación, ¿no avisarte cuando se conecta un amigo? ¡Eso es un pecado para mí!

Forza-Motorsport-5
Forza Motorsport 5, uno de los juegos de lanzamiento de Xbox One

Soy un jugador extremadamente social, todas las noches me junto con una bola de amigos para jugar a lo que está de moda o Call of Duty (CoD), y cuando intenté mudarme a la next-gen, fue muy complicado jugar solo, o tratar de coincidir con alguno de ellos. No había nada en Xbox One para mí… al menos por el momento.

Pasaron los meses y los errores que cometió Adam Orthy, el señor “siempre en línea”, el “que coman pastel” de los gamers, fueron solucionados uno a la vez con una serie de actualizaciones mensuales que Larry Hyrb nos explicaba en su blog, y que con gran estrategia, nos hacían esperarlas mes a mes, cuando de principio, nunca debieron de ocurrir, pero dejaban ver luz.

Para marzo llegó Titanfall y muchos de los detalles que hacían del Xbox One una consola menos social, se comenzaban a arreglar, al menos ya sabías cuando uno de tus amigos se conectaba. El juego de n prometía la experiencia multiplayer que CoD había perdido, pero al final se quedaba hueco, como una beta permanente, plano. Mis amigos y yo lo compramos, solo le dimos una vuelta y lo terminamos botando.

Destiny
Destiny llegó a cambiar el panorama del Xbox One

A 6 meses de que Xbox One estuviera a la venta, otra vez el mío se convirtió en una acumuladora de polvo y seguíamos jugando al 360. Para entonces, casi todos mis amigos tenían un One, pero nadie lo prendía. Algunos se quejaban amargamente de que no valía la pena y estaban por venderlo. Hasta que… Destiny.

Todas las mejoras que hicieron con la interfaz quedaban completamente aisladas si no había algo que realmente nos pegara a todos juntos al Xbox One, y entonces Destiny lo logró. Por primera vez en casi un año, estábamos todos juntos pegados al mismo juego, hablábamos de él en el chat de WhatsApp y lo jugábamos por las noches. Todo era felicidad, y apenas era el comienzo.

Un poco más tarde llegó nuestro mero mole, como dicen las mamás, Activision lanzó Advanced Warfare y, que a diferencia de Ghosts, se sentía como un juego de nueva generación y no un simple port. El primer Call of Duty de nueva generación nos reunió a todos de nuevo.

La cantidad de juegos que vienen para la nueva consola de Microsoft son muchos y apetitosos. El futuro resulta prometedor y hasta mi amigo más rejego a la next-gen, no pasa una noche sin que se conecte al Destiny.

Advanced-Warfare
Advanced Warfare se sentía como un juego next-gen y no un simple port

Así pues, desde hace un par de meses no he prendido el 360, el One es ahora la consola principal y todavía hay mucho por delante. Yo, un jugador principalmente social, he dado el siguiente paso, llegué a la siguiente generación, y si alguien me pregunta ahora si vale la pena hacerse de un Xbox One, la respuesta es simple: sí. Deja ir ya a tu 360, múdate, porque se está poniendo bueno y viene mucho, muchísimo por delante.

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