Esta es la quinta ocasión que se entrega el premio en México a los innovadores menores de 35 años.

Una mujer y nueve hombres fueron seleccionados entre los 300 candidatos postulantes al reconocimiento que la revista MIT Technology Review en español entrega a los innovadores mexicanos menores de 35 años cuyo trabajo ha impactado a la sociedad. Los ganadores, cuyas edades oscilan entre los 26 y 33 años, son informáticos, biomédicos, arquitectos e ingenieros cuyo trabajo se ha visto reflejado en los campos de la salud, la investigación, la banca y los negocios.

A continuación, te dejamos con los 10 ganadores mexicanos, a quienes habrá que seguirles las pista de cerca con sus distintos proyectos.

César Esquivel (29)

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César es un ingeniero biomédico que creó una plataforma web (Blooders.org) en la que los pacientes que necesitan una transfusión de sangre pueden encontrar donantes más rápido. De acuerdo a datos del IMSS, sólo el 3% de los mexicanos son donantes de sangre altruistas, el resto se consigue mediante los familiares de los enfermos y donaciones remuneradas, lo que limita mucho el volumen de sangre disponible. Allí radica la importancia de su proyecto.

La web permite acceder a una comunidad de potenciales donantes y de centros de salud. Entre sus beneficios, se reduce el tiempo de espera y se hace más fácil el proceso de donación.  Su creador detalla: “Somos aliados de los hospitales. Aportamos el valor de la rapidez y facilidad”.

Desde que Blooders.org arrancara en 2015, ya se han realizado 2 mil procesos de donación a través de su web. Y se estima que cada donación impacta en tres personas, por lo que su ayuda ya ha llegado a cerca de 6 mil pacientes. En la actualidad, la plataforma trabaja con 20 hospitales en cuatro ciudades mexicanas: Monterrey, Puebla, Villahermosa y Ciudad de México. Recientemente, Blooders.org ha sido escogida por el Banco Interamericano de Desarrollo como una de las 14 organizaciones más innovadoras en el tema de salud.

Adrián García (29)

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Adrián es doctor en biotecnología por la Universidad Autónoma de Querétaro (México) y creador de INFOOD, una plataforma virtual a través la cual los pequeños agricultores pueden maximizar sus beneficios al contactar directamente con consumidores.

La idea es que los productores que se dan de alta en la página aporten los datos más importantes sobre su producto. Entonces INFOOD visita a cada productor y ofrece un servicio para certificar el origen y otros detalles sobre el cultivo mediante una etiqueta con código QR. “Estas etiquetas permiten al consumidor descargarse toda la información sobre el producto, sin necesidad de instalar ninguna app”, aclara.

Los consumidores también pueden acudir a INFOOD para buscar el producto que desea comprar. Solo deben rellenar un formulario para qué productores ofertan la mercancía en cuestión. Con esta información ya es el comprador el que decide contactar con el que más le interese y realizar la transacción. “De esta manera se reduce el número de intermediarios, lo que aumenta el margen de beneficios para el agricultor”. Pero García encuentra más ventajas a su plataforma: “También permite al consumidor dar feedback al productor, lo que le beneficia para adaptarse a lo que solicita el mercado”.

Desde que la plataforma arrancara este mismo año, ya se han registrado 100 productores mexicanos y dispone de varios compradores recurrentes.

Enrique González (28)

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Cuando Enrique González tenía 15 años recibió la noticia de que, si no cuidaba su dieta, podría desarrollar diabetes, como su padre y sus tíos. Por eso, su primera empresa, Naturalight, se centró en el desarrollo de conservas de frutas con alto contenido en fibra y un índice glucémico bajo. Pero cuando visitó las plantaciones del estado de Michoacán, descubrió la enorme cantidad de alimentos en perfecto estado que se desperdiciaban por razones como la estética. Por ello, decidió diseñar un método para recuperar las partes de las frutas y vegetales que se tiran a la basura y convertirlas en aditivos más sanos y con mayores nutrientes.

A través de su empresa, Genius Foods, recoge las semillas, tallos y cáscaras de las frutas y vegetales desechados por la industria alimentaria y les extrae fibra, las proteínas y los antioxidantes. El resultado es un polvo hipoalergénico capaz de imitar la función de otros ingredientes más perniciosos de los alimentos procesados. Por ejemplo, sirve para sustituir compuestos más grasos, mejorar el sabor de un producto y facilitar la emulsión de algunos elementos a un bajo coste.

“Con esta tecnología podemos obtener valor de cualquier cosa que se considera un desperdicio”. Asegura que el proceso “aprovecha tanto la parte de alimento como sus nutrientes”.

Fernando Mier-Hicks (27)

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Mier-Hicks es el ingeniero responsable de las pruebas de los propulsores y del desarrollo de la electrónica de los satélites en el Laboratorio de Propulsión Espacial del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Desarrollo un laboratorio de pruebas específicamente diseñado para hacer levitar a pequeños satélites permitirá saber cómo se comportarán en el espacio. Gracias a su trabajo ya no hace falta salir al espacio para comprobar el empuje de los nuevos diseños de un modo seguro y más económico.

Pero las ventajas de su avance no acaban aquí, ya que algunos de los conocimientos electrónicos generados para desarrollar el banco de pruebas han podido aplicarse a los propios satélites que intenta poner en órbita. De esta forma, se ha logrado “una reducción de hasta un 30% en su tamaño”, afirma el joven creador. Y también presume de que sus avances ya han viajado al espacio:

“En 2015 se lanzaron dos (satélites) CubeSat que incorporaban esta tecnología y este mismo año se han lanzado otros dos con las mejoras introducidas.”

Maurits Montañez (30)

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En sólo dos días, 22 mil personas descargaron la aplicación creada por Montañez (a través de su estudio, Kernaia). Se trataba de una app destinada a conservar las lenguas indígenas latinoamericanas e introducen a sus hablantes en el mundo digital.

Kernaia desarrolla contenidos multimedia en lenguas indígenas de América Latina. Su objetivo es doble: por un lado intenta evitar que estos idiomas caigan en el olvido, y por el otro, lucha por que las personas que los hablan no queden excluidas del entorno digital. El usuario puede utilizar la plataforma para subir su contenido en lengua indígena y también para colaborar con otros en sus proyectos, además, contacta con comunidades locales y pone a disposición sus herramientas, en un proceso de open innovation, para generar, distribuir y promocionar, por ejemplo, una aplicación para aprender uno de estos idiomas o un libro interactivo.

Kernaia, que también ha sido premiada como una de las startups más innovadoras de América Latina por el Banco Interamericano de Desarrollo, es “una plataforma que facilita un ecosistema de creación y transmisión digital de las lenguas originarias de América Latina”, explica su creador. Aunque algunas de ellas, como maya-yucateco, son utilizadas por más de un millón de personas, otras muchas están condenadas al olvido por causas como la emigración de sus hablantes a zonas urbanas, la globalización y la estigmatización.

Octavio Novelo (32)

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Octavio es el creador de Zave App, una aplicación que fomenta el ahorro a través de nuestro smartphoneLa idea la siguiente: Los usuarios descargan la aplicación, definen una “meta” (para qué se ahorra, cuánto dinero y en cuánto tiempo) y vinculan la app con su tarjeta de débito o crédito. Después, cada vez que se pague con tarjeta, la app permite redondear el importe y enviar la diferencia a la alcancía. También se puede seguir engordando la hucha móvil con aportaciones periódicas y un porcentaje fijo de cada compra.

“Recomendamos al usuario lo que debería hacer para cumplir la meta que se propuso, y ya es su decisión si lo hace o no”.

Durante el ahorro, el dinero permanece en una cuenta común de Zave App con la que, asegura Novelo, no operan. El negocio llega cuando se rompe la alcancía, por dos vías distintas. El importe ahorrado puede gastarse directamente en plataformas de comercio electrónico asociadas, en cuyo caso, Zave App recibe comisiones de dichos establecimientos. Pero el usuario también puede transferir el dinero a su cuenta para usarlo como prefiera, para lo cual deberá pagar una cuota fija de 79 pesos más un 4.4 % de la cantidad ahorrada.

Luis Pacheco (26)

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Este arquitecto busca fomentar el uso de la impresión 3D con su software, llamado ScratchyCAD, que enseña a diseñar modelos propios de forma sencilla. Para Pacheco, el problema es que “los profesores se descargan plantillas pero no enseñan a los niños a generar otras nuevas, no se desarrolla su creatividad”.

Pacheco se planteó hacer algo similar a Scratch, un entorno para enseñar a programar a niños, pero adaptado a la impresión en 3D.  Así nació ScratchyCAD, que utiliza una metodología de programación en bloques para que los niños aprendan a construir objetos y operar con ellos de una forma visual y sencilla.

“El objeto se puede imprimir o los pequeños pueden ir más allá y crear su propio modelo de sistema solar visualizable utilizando unas Google Cardboard, por lo que también sirve para aprender otras materias”, explica orgulloso Pacheco.

Christian Peñaloza (33)

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Peñaloza trabaja en la Universidad de Osaka (Japón) y en el Advanced Telecommunicatios Research Institute y es presidente del grupo de Japón de la RedGlobalMX. Diseñó un módulo de interfaces cerebro-máquina (BMI, por sus siglas en inglés) que aprende a reconocer las órdenes de una persona, a través de una inteligencia artificial, y que está siendo usado para mejorar la asistencia de los pacientes con parálisis motriz.

El procedimiento es el siguiente. Una gorra con electrodos recoge las señales cerebrales y las envía a un ordenador que las interpreta. El sistema no capta mensajes complejos, como “abrir la ventana”, pero “sí reconoce acciones básicas como la intención de mover un brazo” y atribuye a cada pensamiento una acción. Si en el código morse tres golpes cortos representan una “S”, en el lenguaje del investigador mexicano la señal cerebral de mover la mano izquierda significaría “abrir la ventana”.

Una vez construido este alfabeto, el sistema de Peñaloza incorpora la verdadera innovación: el aprendizaje automático. Cuando por ejemplo el usuario está cansado, quiere apagar la luz y manda la orden correspondiente, el sistema aprenderá el código de esa orden para usarlo en el futuro. Así, la próxima vez que el BMI detecte el cansancio, apagará la luz automáticamente.

El sistema combina los comandos aprendidos con información de sensores en la habitación para ajustar los deseos del usuario al ambiente. Pero si el sistema se equivoca, dispone de un mecanismo de corrección de errores. Si el módulo ejecuta un comando aprendido como el de apagar las luces automáticamente, pero el usuario se siente molesto porque no es lo que quería, este lo detecta y revierte la acción a la espera de recibir la orden correcta.

Actualmente Peñaloza está colaborando con pacientes para crear mejores patrones cerebrales y ampliar las posibilidades de su interfaz al manejo de sillas de ruedas y brazos robóticos.

Dariana Rodríguez (33)

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El trabajo de esta doctora en Biotecnología por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) ha logrado recupera toneladas de desechos de aguacate y convertirlos en aditivos que protegen la comida frente a bacterias. México es el mayor productor de aguacates del mundo con una producción superior al millón de toneladas anuales. Una industria de este tamaño genera una importante concentración de residuos que necesitan una salida económica viable, sostenible y que contribuya positivamente a la sociedad.

“Este proyecto contribuirá a la sociedad al generar puestos de trabajo y mejorar la calidad de vida con un producto alimenticio seguro, limpio y saludable”

La solución que plantea Rodríguez es usar unos derivados de los ácidos grasos, las acetogeninas, que solo se encuentran en el fruto del aguacate, como aditivos antibacterianos. Las moléculas de acetogenina tienen una alta especificidad contra bacterias gram positivas, como la Staphylococcus aureus, causante de intoxicaciones alimentarias y graves afecciones como la endocarditis.

Gracias a un tratamiento adecuado, la investigación ha generado varias patentes para usarlas como inhibidor bacteriano en productos alimenticios, productos de limpieza de superficies industriales y en áreas quirúrgicas. En hospitales puede usarse contra las bacterias presentes en ropa, camillas e instrumental médico.

Un aspecto fundamental de la investigación es la valoración sensorial. El aditivo extraído de los residuos de aguacate debe incorporarse a los alimentos sin cambiar su sabor y sin perder sus propiedades antibacterianas.

Daniel Vogel (30)

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Sólo el 40% de los adultos tiene una cuenta bancaria y el acceso real a un crédito baja hasta el 20% de la población adulta; en contraste hay 100 millones de teléfonos móviles, de los que el 80% son smartphones. Con estas cifras en mente, Vogel creó Bitso, una app que ayuda a los mexicanos a bancarizarse mediante su plataforma basada en Bitcoin.

Toda la fiabilidad y seguridad se debe a la propia tecnología de Bitcoin, basada en la cadena de bloques, o blockchain. Gracias a ella, Vogel asegura que “ahora se pueden hacer diversas transacciones que antes hubieran resultado imposibles”. Vogel detectó que la divisa estaba siendo cada vez más utilizada en Estados Unidos, Europa y Asia, pero que no había nadie en América Latina que intentara algo parecido.

Hasta la fecha, Bitso ha cerrado acuerdos con la banca mexicana y ha conseguido una vinculación directa para entregar fondos a las cuentas de banca móvil. “Los usuarios de banca ligera pueden recibir remesas directamente en bitcoins”, afirma el joven, quien también estudió Ciencias de Computación en la Universidad de Stanford (EE. UU.). Así Bitso se ha convertido el puente del mexicano con las divisas digitales como Bitcoin y, según su fundador, no existe otra empresa en México que ofrezca el servicio, la tecnología y los precios como Bitso.

fuente MIT Technology Review

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