Antes de que existiera el photoshop las fotos ya se manipulaban, aunque en algunas ocasiones con fines distintos a simplemente embellecer al retratado.

El siglo XIX fue un momento histórico en el que la gente comenzaba a interactuar con nueva tecnología en su vida cotidiana, además durante esa época se vivió un auge del espiritismo, un movimiento religioso que postulaba que las almas siguen existiendo sin el cuerpo y por ello puede haber formas de comunicarse con ellas. Ante esto, no es de extrañar que en esa época surgieran charlatanes que afirmaban poder hablar con los espíritus a través del telégrafo o, como el caso que veremos, usar las cámaras fotográficas para ver espíritus de muertos.

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William H. Mumler ganó fama y respeto a mediados del siglo XIX debido a que aseguraba, con pruebas en la mano, que contaba con poderes de médium que le permitían tomar fotos de fantasmas y con ello se gano el título de “el fotógrafo de los espíritus”. Mumler aseguraba que, mientras el ojo humano no puede ver espíritus, la cámara si podía, y mucha gente le creía.

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Las fotos de Mumler hoy nos pueden provocar risa pero este abuelo espiritual, nunca mejor dicho, de Carlos Trejo ganó fama y fortuna por sus trucos de manipulación de fotos. En su mejor momento vendía sus imágenes en diez dólares, que era mucho dinero en ese tiempo.

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Su clientela habitual eran las viudas  de los soldados que participaron en la guerra civil norteamericana, que pagaban las altas cuotas de Mumler con tal de tener un recuerdo de sus esposos fallecidos en el conflicto bélico.

Para montar su fraude el fotógrafo espiritista utilizaba su ingenio para obtener fotos de los difuntos, o disfrazar a alguien que se pareciera al muerto y, si no conseguía a nadie similar al occiso, simplemente volvía muy borrosa la imagen del supuesto fantasma para que no se pudiera diferenciar que ente era el que aparecía al lado de la incauta victima de su engañifa.

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Mumler fue acusado de fraude en múltiples ocasiones, pero, a pesar de muchos testimonios de sus víctimas y de que algunas de ellas lo acusaban de robarse las fotos de sus seres fallecidos, el nunca piso la cárcel.

vía The Atlantic

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