Aprovechando los 100 años del ídolo del pueblo, recordamos su faceta como estrella de los cómics.

El mundo de la historieta mexicana es enorme, abarca todos los géneros y ha incluido a todas las figuras representativas de nuestro país, desde Chabelo o Juan Gabriel hasta Octavio Paz. Por eso, era imposible que Pedro Infante, el ídolo popular más grande de México, no hubiera tenido una participación dentro del medio. De hecho, el ídolo de Guamuchil tuvo varías incursiones en el mundo de los cómics, desde la famosa serie de fotonovelas La Vida y los amores de Pedro Infante, hasta El Jorobado, historieta basada en El Museo de Cera, la película que no alcanzó a rodar Infante, en la que habría dado vida a incontables personajes, incluyendo a Jesucristo y Benito Juárez.

Pero, dentro de todos los cómics relacionados con el intérprete de Yo no fui, destaca La Vida de Pedro Infante, un enorme proyecto de Editorial Proyección (una subsidiaria de Editorial Ejea) que se publicó sin interrupciones durante casi toda la década de los ochenta y hasta inicios de los noventa, alcanzando casi 4 centenares de números, con una periodicidad que llegó a ser semanal, y que se vendían sin problemas entre los incontables fans del actor.

Las portadas de La Vida de Pedro Infante eran increíbles

El cómic se lanzó en mayo de 1984 (de acuerdo con su fecha de portada, así que podría haber llegado a los puestos de revistas en abril), como un proyecto de Manuel Gamiño (guiones) y Felipe Hernández Arcos (dibujos). Gamiño, que escribió los primeros 20 números, estableció el tono de la serie, y sentó las bases para el resto de las historias, en las que siempre veíamos al inicio y al final a Pedro Infante como la estrella que todos conocíamos, relatando las aventuras que formaron su carácter. Es decir, para los millennials, era una especie de Ghotam o Smallville, en la que Infante rememoraba sus anécdotas de infancia, adolescencia y juventud que explicaban las acciones que el público conocía de Pedrito a través de la prensa del corazón.

En los primeros números, para intentar atraer a los compradores, se incluía de regalo alguna otra de las revista populares de Editorial Proyección, incluyendo Sensacional de Policías, Sensacional de Vaqueros, Yo acuso, Sensacional de Terror, Desastres, o Secretos del alma. La revista tuvo gran aceptación y se pudo dar el lujo de incluir publicidad pagada, que iba desde Café Legal hasta un aparato que agrandaba los senos.

Pedro Infante desde que era niño, pasando por su adolescencia, su juventud, hasta llegar a su madurez.

Los primeros 20 números son una joya, en los que el narrador, el mismo Pedro Infante, cuenta la historia de su infancia en Guamuchil, demostrando que desde niño siempre tuvo un objetivo: sacar a su madre de la pobreza y los apuros económicos en los que metía a la familia su padre, Delfino Infante, representado como un ser noble, pero muy malo para los negocios, que sobrevivía tocando en una orquesta itinerante que casi no le permitía convivir con su familia. En los ejemplares que relatan la niñez de Infante vemos sus habilidades innatas para la carpintería, que le permiten arreglar la guitarra de su padre, e incluso conseguir un trabajo como carpintero antes de los 8 años.

Pedro es descrito como un niño sonriente, que tiene claro que quiere ser cantante “como su apá”, a pesar de que su maestra lo trata con desprecio, y lo llama “muerto de hambre”. Además, desde sus primeras aventuras, vemos la cualidad que lo saca de todos los enredos en los que se mete: su labia y su carisma. También se nos deja ver una cualidad de Infante que explota Gamiño como elemento cómico durante su paso por el título: a Infante se le enreda la lengua cuando se pone nervioso.

“No se enoje don taburete, digo, don banco, orita le pongo sus patas chuecas al Jeronimo” o “traigo un señor peluquero para el encargo, digo que traigo un encarpelo para el pelucargo”.

Veíamos la primer ocasión que Infante se enamoraba.

Las historias se aderezan con incontables momentos en los que se usa el estilo de hablar de Pedrito, e incluso de la época. Así es común encontrarnos con diálogos en los que leemos frases como “mi vieja”, “apá”, “madrecita”, “eres bien águila”, “ah, chirrión”, “jijos”, “azotó la res”, “te crees muy salsa”, “para que no andes de sabroso”, “catrincito”, “señora encopetada”, “pelangoche”, “manito”, “morrita”, “chamaca”, “en la pura chapa”, “ni qué ojo de hacha”, “a lo mero macho”, “no seas chocante”, “vaciladora”, “pelado”, “me calzonié”, “harta feria”, “yo merengues” o “ya sábanas”.

El cómic está lleno de enredos y malos entendidos, al estilo de las películas de Pedro Infante, y con la inclusión de José Herrera H., el argumentista que se encarga del título desde el número 25 y hasta el final de la serie, vemos como poco a poco se colocan más pistas del futuro de Pedro.

Posteriormente, ya con un Infante adolescente, vemos sus primeros escarceos amorosos. El ídolo es presentado como un chico aventado, que no teme besar intempestivamente a una muchacha, primero en la mejilla, pero cuando ella se ríe del acto, la besa “de a deveras”.

A lo largo de las historias, al igual que en el grueso de las cintas de Infante, los villanos son los ricos del pueblo, y posteriormente de la ciudad, ya sea el licenciado Alcocer (un prepotente abogado) o Luis Cortina, el niño rico del pueblo (que aparece con peinado relamido y corbata de moño), aunque todos, invariablemente, terminan por volverse amigos de Infante cuando lo conocen mejor. Lo mismo ocurre con Pilar, una adolescente rica que no entiende porque su amiga María Luisa se enamora de un “pelado” como Pedrito, pero termina por caer enamorada del futuro ídolo luego de varias situaciones que los acercan.

El cómic perdió tamaño y calidad en sus portadas. (La segunda parece un homenaje a la portada más famosa de Crisis en las Tierras Infinitas)

El otro elemento característico de la serie, también siguiendo los pasos de las películas de Infante, es el humor, con grandes joyas como la que ocurre cuando Pedro reta a golpes a Luis Cortina para ver quien se queda con el amor de Lupita:

“Lupita: No le hagas, su tío era boxeador y le enseñó a pelear.

Pedro: ¡Pues mi tío era repartidor de leche y me enseñó a repartir trancazos!”

O, cuando demuestra su habilidad en la batería:

“-¡Qué ritmo tiene en las manos!

-Es que no me las amarraron de chiquito”

Infante demuestra su estilo de romance, acorde a la época, cuando conoce a Teresa, una bella mesera:

“-No está mal Teresa ¿verdad?

-¡Pues aunque fuera tamal! Me la comería con todo y hojas”

O soltando pláticas increíbles como:

“-¡No la…!-

-¡Sí la…!-

-¡Pos ya la…!”

Y frases dignas de cualquier compendio de citas celebres:

“¿Y no les da vergüenza? Pues sí… pero nos la aguantamos”

“No te esponjes guajolote, porque yo soy gavilán”

“Mejor te vas tú sólo… ¡Pero al demonio!”

“Con ladinos ni a bañarse, porque esconden el jabón”

“Ella está muy crecida, y hasta se le hace chico el mar pa´echarse unos buches de agua”

Un gran acierto de los guiones de Gamiño y Herrera es que todos los números, invariablemente, terminan con un cliffhanger que volvía inevitablemente querer saber que ocurrirá a continuación, logrando enganchar a la audiencia. A pesar de que puede parecer un recurso tramposo, era muy bien utilizado y lograba dejar al lector con ganas de enterarse “del chisme”. Sin duda un recurso nada fácil de usar, sobre todo en más de 300 números.

Al final siempre nos dejaba con ganas de más

En el transcurso de la historia vemos varios paralelismos entre la vida del joven Pedro y algunos aspectos de sus películas, incluyendo a su palomilla de amigos, formada por La mosca, la pulga y el piojo (sin duda una referencia a su icónica canción El casamiento del Piojo y la Pulga), sus orígenes como carpintero, repartidor, peluquero, y sus inicios en el arte del box, la historia de cómo aprendió a cantar o, mientras está absorto viendo el cielo en la rueda de la fortuna con su novia en turno, soltando la gracejada de que tiene “complejo de pájaro” y que le encantan las alturas, adelantando su obsesión por volar, la cual terminará con su vida.

En los primeros 100 números vemos un arco de personaje completo, conociendo al niño que quiere ayudar a su madre a completar el gasto, al adolescente que se enamora por primera ocasión, y se enfrenta a su primer rival de amores, con el que llega a los golpes, sólo para descubrir un amigo detrás del odio inicial. También vemos que los líos de faldas lo llevan a aventurarse a la cosmopolita Ciudad Juárez, regresar a Guamuchil a forma la orquesta La rabia, y, después de varios enredos, lograr entrar a La estrella, la orquesta en la que trabaja su papá.

La historieta también sirve para ver un panorama del mundo editorial de la época. Durante varías semanas nos anuncian que pronto publicarán, dentro de la revista Yo acuso, “la vida de Caro, el traficante más grande de México”, una adaptación en 6 partes de la vida de Caro Quintero, el narcotraficante más famoso de ese momento, también vemos el anunció, con bombo y platillo, del cambio de enfoque de Sensacional de Luchas, que comenzará a publicar aventuras de “auténticos luchadores reales”, o el nacimiento de Sensacional de Vacaciones, Reventones y Cotorreos, una historia que se promociona con albures.

La revista dio un giro cuando Infante comienza su carrera en la Ciudad de México, en ese punto se apoyó en las auténticas historias de Pedro Infante, que se conocían por las revistas y películas biográficas, y perdió mucha de su originalidad. Además, cuando Ejea desapareció a Editorial Proyecciones y comenzó a editar el cómic desde el sello matriz, cambió al portadista (el genial Beton) y redujo el tamaño de la publicación, restando espectacularidad a los hermosos dibujos interiores.

A pesar de no ser tan apreciada como otras revistas de la época, como Simón Simonazo, Video Risa o Así soy ¿Y qué?; La vida de Pedro Infante es un cómic de gran calidad que, aprovechando los 100 años del ídolo del pueblo, debería volver a ser editado.

temas