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Escalera al plagio: Stairway to Heaven y la originalidad

Nuestro amigo, Jorge Luis "Coy" Ringenbach regresa, ahora para hablar sobre el plagio en Stairway to Heaven.
(Foto: JIM MARSHALL PHOTOGRAPHY)

Dos vidas tiene una obra intelectual, una prehistórica, si se quiere, que consiste en el proceso creativo que le da origen, esa erupción de ideas que no viene de la nada sino que nace del sustrato de lo que el autor ha visto, oído y vivido y la otra, la que le acontece cuando, liberada, vive su propia hazaña más allá de las manos que le dieron origen. Algunas obras constituyen leyenda no sólo por su calidad estética, intrínseca, sino por la vida que llevan, sus avatares, sus transformaciones y también las controversias que despiertan. Obras llamadas al escándalo o a la gritería desaforada, ellas dejan también huella distinta de la idea para la que fueron concebidas.

En 1971, la canción “Stairway to Heaven“, de Jimmy Page y Robert Plant, era el número principal de la grabación que ofrecía Led Zeppelin; con los años, esta canción se volvió un himno generacional, produjo ingentes beneficios y se volvió tanto un ícono de su época como un hito en la historia del rock norteamericano; el hecho es que la canción se ha visto envuelta por años, en un espinoso asunto de reclamaciones de derecho de autor; el debate se centra en los acordes iniciales de la canción y de quién son obra, si de Page y Plant, o bien de Randy Wolfe quien dice haberlo creado como parte de la canción Taurus, escrita para el grupo Spirit en 1968 y, en el fondo, el debate se centra en uno de los aspectos fundamentales de la idea del derecho de autor, la originalidad.

Los juicios se han sucedido, Page y Plant lo ganaron en 2012, pero el debate continúa y si se suma a otros juicios célebres en la materia, en México, por ejemplo no sólo en materia musical sino en la literaria, no se olvida el reclamo contra Carlos Fuentes por su libro El Naranjo o los círculos del tiempo y su cuento “Diana o la cazadora solitaria”, el asunto no es menor y podríamos esperar que la Corte de Apelaciones del Noveno Distrito de los Estados Unidos arroje una luz sobre lo que podemos entender como idea original o bien sobre los aspectos protegidos de una obra.

Randy Wolfe, el supuesto padre de Stairway to Heaven (Getty Images)

El derecho de autor y la cultura occidental rinden culto a la originalidad; nuestra idea de progreso está ligada a la descubrimiento, innovación y diferencia; no todas las culturas lo comparten, la japonesa, por ejemplo, tiene en alta estima el trabajo colectivo y la desaparición de la individualidad creativa; en el caso de “Stairway to Heaven”, hay una discusión de fondo que es deslindar hasta dónde puede un creador considerar original su trabajo, si no existen elementos comunes, una especie de ABC sonoro sobre el cual se pueden edificar nuevas melodías y si la intencionalidad en el conjunto de la creación puede ser la nota determinante de la creación; en literatura, por ejemplo, en todos los idiomas conservan una colección de frases hechas, de soluciones semánticas y gramaticales y aún de fórmulas compositivas que sirven para expresar conceptos comunes; desde que Guido D’Arezzo inventó la notación musical hay claves y secuencias que dan efectos definidos y que podemos considerar el silabario musical sobre el que obras muy complejas pueden ser escritas. Tal vez el camino técnico sea el menos indicado para identificar cuando una obra es original y cuando no lo es. Se trata pues, no sólo de creatividad ex nihil, si es que eso existe, sino de lo que podemos llamar la oportunidad de la expresión y que consiste en el hecho de que quien ha creado la obra en su momento era el único que disponía de los elementos para hacerla, es decir, fijar el acento interpretativo de las leyes en los elementos del proceso creativo y no en la cantidad de los compases o en la apreciación subjetiva de las similitudes.

El juicio de Plant y Page contra los herederos de Wolfe, quien murió antes de saber si tenía la razón, está salpimentado con notas de escándalo que no ayudan mucho a serenar los ánimos, el tiempo que se tardó en reclamar sus derechos, la forma en que lo hizo, su relación con otros músicos y también, del lado de los miembros de Led Zeppelin su no muy claro pasado de autores originales. Para ser estrictos, el punto de la solución camina más bien sobre los criterios de la apreciación que hagan los jueces, estudiar si quien afirma haber creado una obra original dispone de los elementos para exhibir que así fue, que existe en su obra una expresión, algún elemento que los separe de aquella otra que se presume fue escrita primero y sobre todo, considerar que no estriba la originalidad en la creación de la nada, sino en la expresión nueva que ha nacido de donde otros nos habían dejado.