“Sueño lúcido” es aquel en el que el soñador tiene consciencia de que está soñando. Un laboratorio alemán descubrió que las ondas gamma a 40Hz son las causantes de este tipo de experiencias.

Estamos cayendo. Sentimos una corriente de aire y vemos distintas imágenes frente a nuestros ojos; un segundo antes de tocar el suelo, nos damos cuenta de que todo era un sueño. O puede ser que nos elevemos; vemos nuestros brazos y nos damos cuenta de que somos un ave, o un murciélago; sabemos que no es real, pero podemos seguir remontando el vuelo el tiempo que queramos. También puede ser que la toma de consciencia sea demasiado intempestiva, demasiado brutal, y nos ordenemos despertar inmediatamente.

Los llamados “sueños lúcidos” siempre han sido fascinantes por su naturaleza extraña y reveladora, y porque son lo más cercano que conocemos a tener posibilidades infinitas. Estas experiencias suelen estar relacionadas con el proceso de maduración del cerebro, y son más frecuentes entre los 6 y 7 años. Después de los 17 pocas personas pueden seguir teniendo sueños lúcidos, aunque en realidad se trata de una capacidad al alcance de todos, simplemente requerimos “entrenar lo suficiente”.

"El Sueño y su medio hermano la Muerte", John William Waterhouse, 1874
El Sueño y su medio hermano la Muerte, John William Waterhouse, 1874

Se sabe que los sueños lúcidos están relacionados con las ondas gamma en el cerebro, en concreto a una frecuencia de 40Hz. Un estudio de 2012 realizó diversas pruebas en pacientes que aseguraron experimentaban este tipo de sueños. La investigación incluía la técnica de tomografía de resonancia magnética; gracias a lo cual fue posible explorar la actividad cerebral durante la lucidez onírica.

Resultó que los sueños vívidos se relacionan con la actividad de las ondas gama en distintas partes del cerebro, incluyendo los frontopolares y el precúneo, partes del lóbulo parietal superior del cerebro, las cuales han sido asociadas con la autopercepción. En palabras de Ursula Voss, investigadora de la Universidad Johann Wolfgang Goethe, de Frankfurt, Alemania:

“El sueño lúcido es un estado híbrido en el que estas partes fronto-temporales se comportan de manera similar a su estado en vigilia, mientras que las partes posteriores permanecen en fase REM (una etapa de sueño con movimientos oculares rápidos).”

De manera que este tipo de experiencias literalmente implicarían la combinación del sueño y la vigilia a nivel cerebral. Voss participó en una intensa investigación que se proponía averiguar el papel que jugaban las ondas gamma en todo este proceso. Es decir, ¿son las causantes o los resultados de los sueños lúcidos? Para indagar al respecto, monitorearon la actividad cerebral de 27 personas con experiencias de este tipo. En el momento en que entraban a una fase REM ininterrumpida de tres minutos, se les aplicaban corrientes gamma de distintas frecuencias en las zonas frontales y temporales.

"Our Lucid Dream", rodricg
Our Lucid Dream“, rodricg

Los resultados de la investigación sugieren que sólo las corrientes de 40Hz (y en menor medida las de 25Hz) provocan sueños lúcidos. Los voluntarios que recibieron estas corrientes aseguraron que se reconocían dentro del sueño, eran capaces de controlarlo, o podían disasociarse (“salir de su propio cuerpo”) dentro del mismo.

Cómo entrenar a tu cerebro

Los sueños lúcidos pueden ser una terapia positiva para los pacientes postraumáticos que encuentran problemas para dormir o sufren pesadillas, pues nos mantienen en la fase REM y por lo tanto nos ayudan a recuperar la energía. Para el resto de nosotros estas experiencias pueden ser pura diversión, o un viaje de autoconocimiento o una proyección vívida de nuestros deseos; básicamente lo que nosotros queramos.

Desde la antigüedad se han desarrollado numerosas técnicas para provocar sueños lúcidos. En su libro Los sueños y cómo controlarlos, León d’Hervey de Saint-Denys (en donde, por cierto, se introduce el término “sueño lúcido”) nos sugiere un par de métodos de entrenamiento bastante sencillos y asequibles. El primero de ellos consiste en preguntarnos varias veces al día si estamos soñando o no, de manera que el hábito se transporte a nuestros sueños en donde finalmente podremos responder “sí” y tomar el control.

Inception, de Christopher Nolan
Inception, de Christopher Nolan

Otra técnica consiste en atender con cuidado el contenido de lo que soñamos. Para esto debemos tener un diario de sueños que debemos alimentar inmediatamente después de despertar, para que no se nos olvide. La idea es estar cada vez más conscientes de nuestros sueños con el fin de poder identificar exitosamente cuando estamos dentro de uno de ellos.

Existen muchas otras técnicas, algunas involucran un tipo especial de meditación o lentes que emiten diversos patrones de luz mientras dormimos (estos lentes se tomaron demasiado literal la expresión “sueños lúcidos”). Otras formas populares de inducir los sueños vívidos están relacionadas con el autocontrol y algunas nemotecnias. El autocontrol sugiere dormirnos con la máxima consciencia corporal posible, esto se logra mediante ejercicios de control de respiración o de latidos del corazón. Por otra parte, algunos aseguran que basta con recordarnos que “debemos estar conscientes” cada vez que salimos de un sueño o minutos antes de dormir; el objetivo que una suerte de memoria automática guarde la nemotecnia y la haga salir dentro de una experiencia onírica.

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A Nightmare on Elm Street, de Wes Craven

A menos que puedas mandarte corrientes gamma a 40Hz a tu corteza cerebral, puedes intentar alguna de estas técnicas y contarnos cómo te fue. Felices y productivos sueños para todos.

*Imagen principal: Lucid Dream, de Kamelia Snowfield

vía Tendencias 21

fuente Agencia Sinc

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