Reseña: Godzilla vs Kong – Un digno final para la saga de Legendary

| 24 de marzo de 2021
Reseña: Godzilla vs Kong, la nueva película en la saga de los titanes de Legendary Pictures y Toho, es la digna conclusión de una tetralogía desigual.

Al empezar a escribir esta reseña, me di cuenta de que Godzilla vs Kong me sorprendió gratamente. La verdad, después del horrendo bodrio luminoso que fue Godzilla: King of the Monsters, me esperaba lo peor. No me malentiendan, disfruté mucho ver a encarnaciones respetuosas de Mothra (mi kaiju favorito porque soy un viejo hippie), de Rodan y de King Ghidorah. Disfruté mucho las peleas en contrastes de colores y todo el espectáculo montado a la rápida por Legendary y Toho. Sin embargo, me pareció que esa película denigraba lo que había hecho, con tanta pasión, Gareth Edwards.

Muchos fans casuales de las películas de kaijus (y que empezaron a notar que existían cuando Guillermo del Toro les hizo un homenaje) piensan que una cinta que hereda la tradición del tokusatsu tiene que ser un espectáculo vacío en donde monstruos gigantes destrozan, sin ningún sentido, alguna ciudad maquetera. Los mismos espectadores que salieron felices de King of the Monsters porque les dieron lo que querían: una excusa para ver peleas de kaijus. Con todo el debido respeto, me recuerdan al fandom tóxico y banal de Star Wars que se enoja por cómo murió Luke.

El asunto es que las películas de Toho siempre han tenido un elemento humano poderoso. Sobre todo en la época Shōwa en la que reinó la colaboración entre Ishiro Honda y el gran Eiji Tsuburaya. Las historias de Godzilla, de Rodan, de Mothra, de Ghidorah, de Megalon o de Mechagodzilla, eran profundamente humanas y hablaban de dramas reales como las condiciones de trabajo de los mineros, los frágiles balances ecológicos y, por supuesto, el miedo al autoritarismo impuesto a través de armas tecnológicamente avanzadas.

Quien crea todavía que una película de kaijus sólo necesita acción desmedida, que vea por favor el reboot de Toho que inauguró la era Reiwa: Shin Godzilla (2016).

Todo eso se perdió en King of Monsters, a pesar de que Edwards había creado una hermosa alegoría sobre la paternidad y el compañerismo en la primera cinta.

Con Godzilla vs Kong, no llegamos a las mismas sutilezas de la cinta de 2014. Y, sin embargo, esta película logra volver a crear el sentido de escala humana, vuelve a darle un rostro social interesante al MonsterVerse, y crea las mejores escenas de acción de la saga. Además, entiende muy bien la tradición de la que procede y juega con ella sin solemnidad, con placer, sin tomarse demasiado en serio.

Adam Wingard y el sentido de la escala

A Legendary le gusta experimentar con directores jóvenes. Siguiendo la tradición que los llevó a buscar a Jordan Voight-Roberts y Gareth Edwards para dirigir las primeras películas del MonsterVerse, siguen escogiendo a directores de poca experiencia con grandes presupuestos. Como ya habíamos dicho, lo que hizo Michael Dougherty fue bastante decepcionante, a pesar de que tiene por ahí varias películas de horror indie interesantes. Ahora, Legendary y Toho se inclinaron hacia otro director de películas indie de terror que, a diferencia de los anteriores, ya tiene cierta experiencia en reboots hollywoodenses.

Adam Wingard ha hecho varias cintas de bajísimo presupuesto que han cautivado a las audiencias de festivales indie de Estados Unidos. Me refiero a películas como Pop Skull y You’re Next (con la gran Barbara Crampton). Sin embargo, en los últimos años, su salto a las películas de horror más comerciales fue verdaderamente desastroso. Y sí, mis queridos amigos de lo geek, él fue el responsable del fallido reboot de The Blair Witch Project con Blair Witch (2016) y de la infumable adaptación live action de Death Note para Netflix en 2017.

Este pequeño background horrible dejaba muchas dudas sobre la capacidad de Wingard de dirigir una película de esta escala y de esta importancia. Sobre todo considerando que, en estas épocas inhóspitas para el estreno de blockbusters palomeros, esta cinta podría decidir el ulterior desarrollo del MonsterVerse. Pero Wingard hizo, a pesar de algunos tropiezos, un gran trabajo.

Por un lado, es evidente que la dirección de actores en esta escala no es lo suyo. Sobre todo ahí en donde le heredaron actores de películas anteriores que no tienen ya muchas ganas de participar en la saga. Me refiero, por supuesto, a Millie Bobby Brown y la nula química en pantalla que tiene con Kyle Chandler (un actor interesante absolutamente desperdiciado) y con sidekicks de alivio cómico Brian Tyree Henry (Atlanta, Joker) y Julian Dennison (Hunt for the Wilderpeople, Deadpool 2). Con todo y que Henry y Deninson tienen un talento probado para el timing cómico, todas las escenas con Millie Bobby Brown son terriblemente torpes y evidentemente buscadas.

En contrapunto, sin nunca llegar a los interesantes matices que logró Edwards con Brian Cranston y Aaron Taylor-Johnson, el grupo de actores que rodea la subtrama de Kong, compuesto por Rebecca Hall (Tales from the Loop), Alexander Skarsgård (Mute) y la encantadora Kaylee Hottle, funciona con carisma natural. Sobre todo por Hottle, una jovencísima actriz que, en su relación con Kong, crea un sentido de escala humano importantísimo para la trama tanto en la relación gráfica con el titán, como en la manera de humanizarlo.

Sin embargo, el verdadero logro de Winward está en las secuencias de acción. A pesar de ser un director poco experimentado en este tipo de desplantes faraónicos, en Godzilla vs Kong tenemos las más interesantes secuencias de pelea Kaiju de la saga. Sobre todo, ya lo verán, en la parte final de la cinta, en una pelea en Hong Kong que entiende perfectamente el trasfondo mítico de los personajes y que sabe, bajo complicados cambios de eje, hacernos sentir la escala de la devastación y guiarnos a través de trepidantes golpes telúricos.

La complejidad de estas secuencias y la soltura con las que las dirige Winward, a una velocidad pasmosa y siempre considerando el punto de vista del espectador, se demuestra, curiosamente, en escenas que no involucran peleas entre titanes. Me refiero, como ya habrán adivinado por las fotografías promocionales, a la visita a la Hollow Earth. El juego, en este universo escondido, entre lo que está arriba y lo que está abajo, la gravedad y las leyes invertidas de la física, es sumamente interesante. Y Winward se complace en utilizar los medios cinematográficos a su alcance para jugar con estos cambios de eje, de sentido, de ubicación espacial. El espectador, completamente confundido, siente, sin embargo, la espectacular falta de referencias y la maravilla física de vivir en otro mundo.

A partir de aquí lee bajo tu propio riesgo | Imagen: Código Espagueti

 

Godzilla vs Kong, una vieja tradición

Para continuar aquí hablando de esta película, tengo que pasar por unos cuantos spoilers. Así que, si no han visto la película y no quieren quemarse nada, no sigan leyendo.

Es importante recordar que el enfrentamiento de King Kong con Godzilla no es algo nuevo. De hecho, King Kong vs Godzilla (1962) es la tercera película de Toho sobre el mítico monstruo japonés. Tercera película que, por supuesto, dirigió Ishirō Honda con el maravilloso cuidado tokusatsu de Eiji Tsuburaya. En esa cinta, un ambicioso farmacéutico busca raptar a Kong para crear un stunt publicitario. La cosa, evidentemente, se le sale de las manos y todo acaba con varios enfrentamientos entre el ejército, Kong y Godzilla.

En esta nueva película, sesenta años después, la premisa es muy diferente. Y, de todas maneras, Winward mantuvo ciertos guiños a la producción de Honda. Hay una pelea submarina entre Kong y Godzilla, hay un momento en el que Kong revive por una descarga eléctrica, hay una gran escena de Kong adormilado transportado en un barco y, por supuesto, hay un momento de gloriosa referencia de Kong volando por los aires amarrado a unos helicópteros. Sin embargo, la más importante influencia de la película no está en ese gran clásico de Toho, sino en algunas películas posteriores. Y todo esto lo entendemos a partir del orden que, finalmente, le confiere esta cinta al MonsterVerse.

La representación que hace Winward de The Hollow Earth no nada más es impresionante visualmente, sino que muestra una cierta organización jerárquica del mundo que crea. Es decir que le da sentido a toda la mitología interna del MonsterVerse. No nada más explica cuál es la fuente de energía nuclear de Godzilla (esta recreación es, como debe ser, un dios antiguo), sino que explica su lugar en el mundo.

La necesidad alquímica del “as above so below” muestra que Kong y Godzilla pueden ser dos reyes simultáneos. Esto es porque los dos depredadores alfa tienen reinos distintos. En ese sentido, son complementarios y ambos tienen una relación peculiar con la humanidad.

Nosotros, claro, somos simplemente los que estamos en medio y los que, repitiendo eternamente nuestros errores, terminamos equivocándonos sobre la relación simbiótica que deberíamos tener con los titanes. En King of Monsters, se dan algunas pistas sobre la destrucción de la Atlántida y de la relación entre humanos y titanes. En algún lejano pasado, tratamos de utilizarlos como armas y se rompió un equilibrio. Ahora, justamente, ese hubris humano regresa para causar más devastación con el personaje de Damián Bichir, Walter Simmons.

Para los más clavados, el nombre del villano de esta película ya debería decirles algo. Por supuesto, es una referencia a Kuronuma y Mogul, líderes de los aliens del planeta 3 del agujero negro, también conocidos dentro de la mitología de Godzilla, al final de la era Shōwa, como los “simians”. De hecho, todo el plan de Apex para crear a Mechagodzilla es una adaptación de lo que vimos en Mekagojira no Gyakushū (Terror of Mechagodzilla) de 1975 (la última película de Godzilla del gran Ishiro Honda). En efecto, el plan de Mugal de recrear a Mechagodzilla para dominar al mundo, se convierte aquí, mezclado con el lore propio del MonsterVerse, en un nuevo intento de dominación mundial mezclado con autoritarismo.

En esta reelaboración, hay algo profundamente interesante que se relaciona mucho con la primera película de Godzilla de 1954. Me refiero, por supuesto, a la relación ética con la tecnología que aquí sigue la tradición del de Serizawa. En la cinta anterior, en uno de los pocos detalles que valieron la pena, vemos a Ishirō Serizawa sacrificándose para salvar a Godzilla. Eso hacía referencia, claro, al sacrificio ético de Serizawa en la película de Honda y cómo, al detonar la bomba de oxígeno, decide no dejar que nadie más la utilice. Algo que ni Oppenheimer, ni Einstein, ni ninguno de los responsables del proyecto Manhattan se atrevieron a hacer.

Ahora, el hijo de Ishirō, Ren Serizawa (Shun Oguri), está del lado de Simmons en la creación de Mechagodzilla. También, como la hija de otro científico (Katsura Mafune) es el que tiene el control -temporal al menos- de la bestia robótica. La idea, por supuesto, es mostrar una oposición entre los científicos éticos y los científicos que quieren romper el balance natural con su orgullo desmedido.

Mientras Ishirō Serizawa aceptó sacrificarse con la misma bomba que mató a sus padres, su hijo Ren quiere dominar al mundo con un avance tecnológico monstruoso, robando la energía de los titanes y aprovechándose de los vínculos telepáticos de Ghidorah (vínculos que vimos también, en otro sentido, en la convulsa historia de Godzilla vs. Mechagodzilla II de 1993).

Así, esta cinta entiende muy bien el meollo humano y ético de las producciones de Toho. Puedes tener una premisa completamente demente, llena de explicaciones pseudocientíficas a medias; puedes hacer una película de acción sin sentido; y siempre mantener una interesante premisa humana en el centro de la trama.

Aquí, el fundamento ético y la escala humana de la lucha titánica está en la idea ecológica del balance de la naturaleza. Una vieja idea que toma algo de la filosofía hermética, de los viajes al centro de la tierra de Otto Lidenbrock en la novela de Julio Verne, y que llega a los fundamentos ecológicos de los sesenta. Pensemos, nada más, en el clásico ensayo Silent Spring de Rachel Carson y su lucha contra el DDT.

La idea, pues, es que Kong y Godzilla pueden encontrar un balance entre sus mundos. Kong en el reinado de Hollow Earth que siempre le perteneció; Godzilla en nuestra tierra, siempre protectivo, siempre paternal. Este balance podría ser perfecto si los humanos no intervinieran tratando de ser los predadores superiores en un ecosistema complejo. Ese es el fundamento de la creación de este nuevo Mechagodzilla por Apex y ese es todo el punto de la historia.

En un momento, los humanos casi exterminamos la vida en la tierra con el DDT. De la misma manera, jugando a cantarle tiro a los titanes para dominar la tierra sólo puede traer destrucción, arruinar el balance y, de paso, presentar una amenaza autoritaria. Simons, como los alienígenas del planeta 3, es finalmente un villano megalómano con vistas en la conquista absoluta de la tierra. Conquistar a los titanes no se hace, como dice, por el bien de la humanidad, sino por el bien de quien controle a Mechagodzilla.

En este sentido, Godzilla vs Kong es el final ideal para una saga que se estaba desperdiciando en espectáculos banales. No porque sea menos espectacular, sino porque entiende mejor la tradición que hereda. En esta película demencial, sin sentido, trepidante, surreal, que nunca se toma en serio y que no se detiene a ser solemne, está contenido todo lo que nos gusta de la vieja tradición de Toho. Poder verla en pantalla IMAX, a pesar de la pandemia, fue algo por demás hermoso.

Todo para decir que, en la tradición de los kaijus, el complejo traslado cultural a Hollywood todavía puede darnos algunas buenas sorpresas. Podemos esperar muchas enseñanzas más de Godzilla y el hermoso panteón que habita sus universos.

Lo bueno
  • La dirección de las escenas de acción que son apabullantes.
  • La creación del mundo de Hollow Earth.
  • Que la película acierta en el tono y es mucho menos solemne que la anterior.
  • Que no sale más tiempo en pantalla Millie Bobby Brown.
  • La maravillosa presencia de Kaylee Hottle y la química filial que tiene con Rebecca Hall y King Kong.
  • El respeto a la tradición de Toho.
  • Todo en la batalla final de Hong Kong.
Lo malo
  • Todo lo que toca Millie Bobby Brown.
  • Incluyendo a Kyle Chandler.
  • Y a los alivios cómicos de la cinta.
  • El guión convulso y sin sentido (que finalmente se realiza en algo divertido).
  • Las secuencias explicativas de créditos.
  • Millie Bobby Brown de nuevo.
Veredicto

En esta mezcla de influencias que reúne la tradición de Toho para darle un sentido jerárquico a la mitología del MonsterVerse, Wainward logró cerrar la trilogía de Godzilla y la tetralogía de los Titanes con singular acierto. No estoy diciendo que la cinta no tenga sus problemas. Hay desarrollos de personajes torpes, actuaciones completamente fallidas, y todo es un espectáculo algo burdo. Sin embargo, esta película tiene todo lo que un fan de la vieja escuela de Toho puede desear: una de las peleas más majestuosas jamás montadas sobre la bahía de Hong Kong; muchos guiños de amor a kaijus que no habíamos visto en pantalla; acción tremendamente dirigida; y una historia que, comprendiendo de dónde viene, no trata de ser algo más de lo que es.

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