Reseña especial SXSW – El documental que narra la estrepitosa caída de WeWork

| 19 de marzo de 2021
En este documental sobre WeWork, Jed Rothstein cuenta la historia del ascenso y la caída del carismático e infame Adam Neumann.

El Documental WeWork Or the Making and Breaking of a $47 Billion Unicorn explora el ascenso y la caída de una de las más importantes startups del siglo XXI.

En 2017, recibí el correo de una encargada de relaciones públicas que me invitaba a conocer las nuevas oficinas de WeWork en el piso 42 de una torre de Reforma. No tenía idea de qué era WeWork, no tenía idea de lo que me iba a encontrar, no tenía idea de que acabaría entrevistando, entre tragos de infinita cerveza gratuita, al General Manager de WeWork México, Colombia y Perú, Pepe Villaltoro.

Cuando llegué, me sucedió lo mismo que a todos les ocurre entrando a un espacio de WeWork: quedé impresionado. Todo parecía demasiado bueno para ser real. Mi entusiasmo, no lo oculto, quedó impreso en un breve reportaje:

“Algunos dicen que la empresa tiene sus fragilidades. En particular porque la mayoría de sus clientes son compañías tecnológicas chicas y que la burbuja digital puede estallar, dejándolos sin fondos. Pero estas son suposiciones: la realidad es que el tamaño de WeWork es bastante impresionante. Y la imagen que transmite es de absoluta transparencia y voluntad de reformar la cultura laboral del mundo. Tal vez esto sea apenas una ambición de inicio. Pero, posiblemente, este ecosistema de startups sea lo que se necesitamos para fomentar el crecimiento de los emprendedores mexicanos.”

En la entrevista con Pepe Villatoro, en el tour y las demostraciones tecnológicas, se confirmaba mi entusiasmo. En algún momento pensé, incluso, rentar un hot desk para trabajar ahí y alejarme de las tentaciones del freelanceo casero. Capacidad de interconexión constante, café gratuito, aguas frescas de sandía en la mañana, cerveza todo el día, un escritorio soleado, en las nubes, con una vista única de la ciudad… Todo parecía demasiado bueno para ser real. Y eso es porque, finalmente, lo era.

En enero de 2019, WeWork era una de las startups mejor tasadas del mundo. Su valoración estaba estimada en 47 mil millones de dólares. Una verdadera locura. Unos meses después, tras un desastroso intento de volver la compañía pública, esta cotización cayó a 10 mil millones de dólares. WeWork despidió a su carismático CEO Adam Neumann y a más de 5 mil empleados. Tuvieron que reformular todo el sistema de negocios y, muy pronto, el mundo empezó a conocer la realidad de una compañía que no sacaba ningún provecho, que se expandía de manera caprichosa y que, finalmente, sangraba dinero cumpliendo los caprichos de un CEO errático (como varios jets privados por 60 millones de dólares cada uno).

Tan rápido como había crecido, el sueño de WeWork se desmoronó.

¿Pero qué fue lo que sucedió? ¿Cómo se desmorona un negocio de 47 mil millones de dólares? ¿Qué le sucedió a este unicornio que vendía sueños irreales de oficinas luminosas y cerveza gratuita?

¿Un documental sobre WeWork?

Jed Rothstein lleva años haciendo documentales. Las películas que le valieron un reconocimiento internacional fueron, sobre todo, dos investigaciones en torno a Medio Oriente (Killing in the Name, nominada al Oscar en 2010, y Before the Spring: After the Fall de 2013), además de una trepidante explicación sobre uno de los más grandes fraudes financieros de la historia contemporánea en The China Hustle (2017).

A partir de su trabajo con The China Hustle, Rothstein siguió indagando en historias financieras. De alguna manera, estas terribles historias de grandes sociópatas de Wall Street enfrentados al pequeño inversionista estadounidense tenían sentido en su búsqueda política. En el corazón de Estados Unidos estaban ocurriendo desfalcos inhumanos que mostraban la fragilidad del capitalismo tardío.

Entre esas historias, Rothstein se encontró con la carismática figura de Adam Neumann. Al principio, Neumann era un ciudadano israelí completamente inocuo y desconocido de espeso acento al hablar inglés. Había estado en el servicio militar de su país, como la mayoría de los jóvenes en Israel, era alto y fornido. Carismático, con una sonrisa inigualable, Adam portaba el pelo medio largo y parecía un cristo millennial lampiño. El apelativo era evidente, pero Adam no tenía donde caerse muerto.

En algún momento, empezó a tratar de vender protecciones para las rodillas de los bebés que aprenden a gatear. Y este ridículo negocio, como es de esperarse, no iba a ninguna parte. Hay que notar, también, que cuando hablé con el gerente general de WeWork en México, me dijo que Adam tenía “un exitoso negocio de ropa para bebés”. Al parecer, estaba en el ADN de la compañía mentir sobre cualquier ridículo de su amado líder. En cualquier caso, Adam sentía que podía hacer mucho más, que el mundo era su reino, que él era el elegido.

En 2008, se juntó con Miguel McKelvey para crear un primer concepto de coworking. La idea era buena y funcionó, vendieron su negocio y crearon el primer espacio de WeWork en SoHo. Diez años después, eran una de las compañías mejor valoradas del planeta. En medio de esto, ocurrió una historia única de megalomanía millennial. Una historia trágica que Jed Rothstein cuenta en un documental que se acaba de estrenar en SXSW: WeWork: Or the Making and Breaking of a $47 Billion Unicorn.

Un formato conocido

El documental de Rothstein no trata de innovar en nada. El punto aquí es mucho menos la forma que el contenido. Esta película está construida con un esquema cada vez más tradicional: el modelo impuesto por Netflix en sus interminables historias de crimen verdadero. Así, adaptando un esquema detectivesco, Rothstein utiliza los testimonios de talking heads puntuales que vivieron el auge y la caída de WeWork y los intercala con reels noticiosos, entrevistas reales con Adam y Rebekah Neumann, animaciones sencillas y montajes trepidantes.

El resultado es, como sucede con los documentales de crimen verdadero, una película de ritmo frenético, con una gran densidad de información, pero contada con sencillez y un alto valor de entretenimiento. Para decirlo de otra manera, Rothstein logra hacer con los documentales de crimen verdadero lo que Adam McKay hizo con las heist movies en The Big Short: convertir una compleja explicación financiera, en una historia fascinante de misterio y traición.

El enfoque, por supuesto, se adecúa perfectamente bien. Un drama financiero se presta al formato detectivesco y la construcción de un misterio ayuda, como nada, a subvertir la aridez de números, acciones y potenciales salidas en la bolsa de valores. Esto le da más relieve a lo que verdaderamente importa, según Rothstein, en la construcción de este documental: la humanidad detrás de la tragedia millennial. Y ahí es donde, WeWork: Or the Making and Breaking of a $47 Billion Unicorn llega a ser verdaderamente original.

“Esta historia personifica las esperanzas y los sueños de su generación.” Me explica Rothstein en entrevista. “Las esperanzas de la generación millennial que quiere insistentemente ser parte de algo más grande que ellos mismos. Adam construyó algo real, las personas que estuvieron ahí vivieron verdaderas experiencias de vida en WeWork. Pero, al final, se quedaron también con la sensación de haber sido profundamente traicionados. Entonces, hay un arco dramático en esa historia y creo que, en ese arco, viendo cómo las cosas crecieron y se desmoronaron, podemos aprender mucho de cómo tratamos al otro, de cómo tratamos de unirnos para crear comunidades.”

La superación del tema

Adam Neumann empezó con una idea que parece oxímoron: crear un kibutz capitalista. Él mismo fue criado en un kibutz en Israel y Miguel McKelvey participó en la vida comunitaria de las granjas colectivas de Oregon. Así que para los dos fundadores de WeWork la idea no sonaba tan descabellada. ¿Por qué tendrían que seguir la adoración meritocrática de los Gen Xers hacia el trabajo? ¿Por qué tenían que seguir la locura del individualismo a rajatabla que tantos problemas nos ha causado?

De pronto, Neumann se dio cuenta de que tenía algo poderoso entre manos: la posibilidad de crear un nuevo modelo de negocios de bienes raíces, mezclándolo con el auge de las startups y una filosofía altamente apelativa para los millennials desamparados. En un mismo movimiento, podía volverse rico y crear una nueva forma de vida comunitaria centrada alrededor de la camaradería en los negocios. Vaya idea, kibutz capitalista.

El concepto, por supuesto, corrió como fuego. El documental de Rothstein no nada más muestra el gran carisma y la capacidad de convencer de Neumann, sino la enorme voluntad que tuvieron, los primeros involucrados en WeWork, por cambiar al mundo. No nada más se necesita un mesías, sino un pueblo que lo adore.

En contra del individualismo consumista y desechador del concepto de “I” de Apple, Neumann proponía un mundo para todos, compartido, en el que cada persona se entregara a una causa superior. “We”, más que un apelativo, era una filosofía. Como bien muestra Rothstein, esta mezcla de pensamiento new age con practicidad financiera y espíritu de spring break, fue ideal para muchos millennials deseosos de creer en algo.

Para el documentalista es sumamente importante ridiculizar, por una parte, al creador de WeWork con todas sus habladurías vacías y complejo de protagonismo. De paso, también, mostrar la perversa figura de su esposa en la ampliación de la idea de comunidad a una locura elitista que quería reformar, incluso, el sistema escolar estadounidense. Sin embargo, a pesar de lo ridículo que puede parecer todo, Rothstein no se deja llevar por la facilidad del juicio y el encanto del personaje de Neumann.

Este documental, finalmente, quiere ponerse del lado de las víctimas de Nuemann, de los que sintieron, desde el principio, que eran parte de un culto, de los que se creyeron las promesas de este iluminado, los que acabaron siendo despedidos y traicionados cuando, al renunciar, se llevó un payoff de más de mil millones de dólares.

Un documental que pudo construirse como el complejo perfil del megalómano que creó al unicornio más increíble del siglo XXI, se convierte así en un cuestionamiento sobre el futuro. Porque a Rothstein no le basta poner a las víctimas de Neumann en el centro de la narrativa, sino que los retrata con empatía. Ellos no tuvieron la culpa de este debacle y, sobre todo, no tuvieron la culpa de creer en las premisas iniciales de WeWork. Importa, pues, soñar con un mundo más justo, una comunidad posible entre individuos, un trabajo que no sea absolutamente enajenante en el capitalismo tardío.

La importancia del documental de Rothstein está en sus lecciones y en su rechazo de lo maniqueo. La debacle de WeWork muestra una de las más tristes historias de entusiasmo millennial. Pero también nos previene sobre los frágiles pilares de la economía mundial, sobre la construcción de fortunas hechas de humo, sobre nuestra necesidad de creer en algo que nos supera, y el entusiasmo que podemos mostrar si creemos en la posibilidad de cambiar al mundo.

Lo bueno
  • El retrato despiadado de Adam Neumann.
  • La construcción del documental con la forma del true crime.
  • La importante consideración de las víctimas de Neumann.
  • La reflexión final que pondera los aciertos de WeWork.
  • El montaje trepidante.
  • El uso pertinente de material de archivo.
  • La claridad, incluso, en cuestiones particularmente complejas.
Lo malo
  • No es una forma particularmente original de documental.
  • Que sólo está en Hulu y tardará un rato en llegar a México legalmente.
  • Que muchos desconocen el contexto real de este horror financiero.
  • Que Neumann sigue viviendo en el mayor de los lujos.
Veredicto

WeWork no ha desaparecido. Después de despedir a cinco mil personas, de correr a Adam Neumann con una indemnización multimillonaria y un salario anual de más de 40 millones de dólares, la compañía está en vías de reconstrucción. Probablemente, siga siendo una gran compañía y siga generando carretadas de dinero. Lo que definitivamente cambió fue la narrativa de una startup que iba a revolucionar la manera en que concebimos el trabajo. La cerveza gratuita, por ejemplo, ya no existe. WeWork cada día se parece más a un negocio como cualquier otro. En ese sentido, el valor de este documental, más allá de un formato artesanal, está en superar lo evidente y rescatar los valores que dieron vida a una compañía distinta. Rothstein hizo una película que propone un cuestionamiento y contiene una esperanza. El cuestionamiento de un mundo de finanzas mentirosas y frágiles; la esperanza de un espíritu hambriento de cambio.

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