Duncan Jones quiso hacer muchas cosas con Mute, pero al final sólo nos quedamos con una triste decepción.

Parece que la suerte se volteó para Duncan Jones. Después de dos grandes joyas de ciencia ficción, Moon y Source Code, el director británico se topó con un muro.

La muerte de su padre (ni más ni menos que David Bowie) y el cáncer de su esposa lo alejaron cinco años de la silla de dirección. De pronto, saliendo de ese hiato, Jones se topó con la responsabilidad de hacer Warcraft: una película basada en un universo vastísimo y complejo, con un presupuesto de 160 millones de dólares, y con la maldición pendiente de las adaptaciones de videojuegos.

Warcraft no fue una mala adaptación, pero tampoco fue una genialidad comprometida. Es una cinta mediana, bien hecha, con un gran potencial de desarrollo que se quedará, sin embargo, en un limbo de curiosidad momentánea. Por eso vivía la esperanza de Mute.

Y no era cualquier cosa: este proyecto de amor empezó siendo una cinta noir que no tenía un marco temporal preciso, pero que Jones quería convertir en la secuela espiritual de Moon. Todos los fanáticos que habían quedado al vilo con la suerte de Sam Bell se mordían las uñas…

Esta cinta podía consolidar a Jones como uno de los maestros contemporáneos de la ciencia ficción; le podía dar un puesto junto a Denis Villeneuve, Shane Carruth y Alex Garland; podíra crear una saga única en el intrigante universo de Moon… Pero nada de esto sucedió.

La nueva cinta de Duncan Jones no es tan mala como la pintan pero es muy inferior a lo que hubiéramos deseado. Mute deja un pésimo sabor de boca porque se siente como el resultado derivativo, flojo y mínimo de una creación que fue pensada por casi una década y que pudo crear un nuevo imperio de ficción.

La historia de un film noir

Mute cuenta la historia de Leo, un barman mudo en un Berlín futurista de la segunda mitad del siglo XXI. Leo perdió las cuerdas vocales después de que la hélice de un barco le rebanó la garganta en un accidente infantil. Como su familia era amish –y bastante ortodoxos–, se negaron a operarlo para que recuperara la voz y lo dejaron así al destino a Dios.

Años después, Leo tiene un noviazgo floreciente con una hermosa mujer de pelo azul. No vive en una comunidad amish pero respeta ciertas reglas de su religión. Se niega a tener aparatos electrónicos, se sienta de espaldas a las pantallas, repudia toda la tecnología… Pero, cuando su novia desaparece misteriosamente, tendrá que utilizar todas las herramientas a su alcance para encontrarla.

Como un hombre absolutamente desplazado, vemos a Leo recorriendo las calles de un Berlín futurista con una vieja fotografía impresa. Todo son hologramas y robots, todo está saturado de neón e imágenes aceleradas, pero él va mostrando una vieja fotografía.

Nadie quiere ayudarlo y todos lo tratan como un enorme imbécil. Su mutismo, el hecho de que sea un analfabeta tecnológico, de que esté enamorado y sea bueno y moral en un mundo corrupto y cínico, lo convierten inmediatamente en un paria.

Este es un esquema tratado, antes que la ciencia ficción y el contexto futurista, como una historia noir.

Y sí, adivinaron, este es un esquema tratado, antes que la ciencia ficción y el contexto futurista, como una historia noir: un hombre de otra época, agotado y con todas las probabilidades en contra, limitado y odiado, busca a una mujer con un pasado tormentoso que lo ama, pero que desapareció. Todo esto enmarcado por un mundo sórdido, cruel, cínico, oscuro y permanentemente sumido en la noche. Noir más clásico no se puede.

Hasta aquí todo marcha bastante bien. La idea brillante de este asunto es el de convertir al detective –fundamentalmente bueno pero cínico– del noir en un personaje de bondad pastosa que raya la estupidez. Añadido a esto, es ponerlo en la piel de un amish dentro de un futuro ultra tecnológico. Todo esto crea un contraste novedoso entre la premisa de ciencia ficción y la premisa dominantemente noir. Y eso es lo más original de la cinta.

Sin las habilidades del bajo mundo, sin un ápice de maldad, sin el uso de teléfonos, rastreadores o cualquier cantidad de otros gadgets, el personaje de Alexander Skarsgård está verdaderamente perdido en este mundo. Por su sinceridad amorosa, por la derrota absoluta de sus ideales y por su fuerza tosca, hubiera podido ser una renovación interesante del detective noir… Pero esto tampoco sucedió.

Un contexto fallido

El problema aquí, es que esta mezcolanza interesante no termina por cuajar y no termina por aprovecharse. El fundamento noir de la cinta se opaca de repente por el contexto futurista que le quiso dar Duncan Jones. Y esto no es porque el noir no funcione como género dentro de la ciencia ficción. Años de tributos a Blade Runner nos han demostrado lo contrario.

En realidad, el noir no funciona en este contexto de ciencia ficción porque simplemente no funciona. Algunos críticos alaban el hecho de que esta cinta no depende de su contexto para funcionar y que, en realidad, podríamos situarla en cualquier época . Y esto es cierto, pero no me parece positivo.

Me explico.

Los contextos de ciencia ficción sirven para mostrar algo dentro de la trama misma de la historia. No son, simplemente, un decorado bonito. El universo de Solaris tiene un contenido inquietante de nuevas reglas de comunicación; el de Do Androids Dream of Electric Sheep? nos habla de la entropía y el vacío que estamos dejando los hombres en el mundo; el de Dune cuenta otras reglas físicas, otras espiritualidades, una nueva vida nómada…

El hecho de que se tome a la ciencia ficción como una simple tela de fondo, que puede ser intercambiable por un fondo de western, de piratas o de cualquier tropo gastado, es simplemente reductivo. El caso con Mute es que Jones se obsesionó con relacionar esta cinta con el universo de Moon. Pero no puso, nada más, un easter egg o una pequeña pista escondida, sino que te martillea con los graffitis de “Free the 156” (Liberen al 156) cada vez que puede, como referencia al personaje de Sam Bell.

Moon está tan presente en esta cinta porque es casi la única cosa que justifica que la cinta esté basada en un ambiente futurista.

Pero, ¿qué añade a la trama esta relación con la gran ópera prima de Jones? ¿En qué contribuye para tener un lugar tan prominente? ¿Cómo se justifica fuera de una aclamación crítica que nada tiene que ver con la ficción?

En realidad, Moon está tan presente en esta cinta porque es casi la única cosa que justifica que la cinta esté basada en un ambiente futurista. Cierto, es interesante el contraste de un amish perdido en un futuro tecnológico. Pero, con el despliegue contextual que se hace aquí hubieran podido muy bien situar todo esto en nuestros días. No somos menos cínicos, menos decadentes, menos horrendos que lo que se muestra en estas calles del Berlín futurista.

La única otra forma en que se justifica es a través de una guerra continua en Afganistán y el contexto de los soldados desertores en un ambiente que recuerda a la Guerra Fría. Que recuerda tanto a la Guerra Fría que, incluso, podríamos pensar que se hizo en ese contexto y que después el director quiso meterlo con calzador en el universo de Moon.

Al final, nada en esta trama justifica que Mute sea una cinta futurista. Y muchas cosas podrían haber servido para justificar este lazo –más allá del punto mercadológico de Moon–. Se pudo hacer una reflexión sobre la comunicación, una reflexión sobre la mudez y la necesidad de comunicarse, obsesivamente, con nuevas tecnologías; se pudo hacer una reflexión sobre los límites morales de un universo sin religión para, por fin, darle algo de dignidad a la religión amish en las representaciones de cultura popular americana; se pudo hacer algo sobre la imposibilidad trágica de escapar a la tecnología…

Pero nada de esto se enarbola. Mute está absolutamente llena de potencialidades desperdiciadas y eso es lo que hace que esta cinta sea tan frustrante.

Un resultado frustrante

Lealtad militar, guerras eternas, religión y ciencia, tecnología y humanidad, límites morales, mafia, emprendedurismo en el bajo mundo, pedofilia, práctica ilegal de la medicina, amor, romance, paternidad, posesividad, carpintería, sueños frustrados, automatización, robótica, prostitución, prostéticos, clones, energía, decadencia… esta película tiene elementos de sobra para hacer reflexiones futuristas.

Sin embargo, nos quedamos con muy poco. Al final de la cinta, cuando el personaje de Leo vuelve a hablar, cuando los malos han sido castigados y el orden se ha restablecido, Leo vuelve a hablar porque un cirujano despechado quería una disculpa y una niña se va a caer de un puente.

Es decir que toda la película tuvimos a un personaje mudo y un problema de comunicación en un mundo hipercomunicado que termina con una operación por despecho y un grito de preocupación. No se trata el problema religioso de volver a hablar, ni la traición a sus raíces, ni el desperdicio de tanto tiempo en silencio cuando pudo decirle lo que quería a la mujer que amaba….

Este asunto de la comunicación al final de la cinta es tan importante, es tan molesto, porque el título de todo el asunto es, justamente, Mute. Es decir que el enfoque principal de la película está en una reflexión sobre la palabra que, al final, no desemboca en nada. Y este ejemplo es uno entre tantos otros: el retrato de la pedofilia en el personaje de Justin Theroux, la decadencia moral del futuro, el problema de la clonación, las prótesis, la práctica médica y las relaciones con Moon y los límites legales de la clonación, son tantas otras posibilidades de reflexión que no llevan a ningún lado…

Reseña-Mute-Reseña-Mudo-Netflix-Critica-Mute-Critica-Mudo-Mudo-Mute
El enfoque principal de la película está en una reflexión sobre la palabra que, al final, no desemboca en nada. 

Reseña-Mute-Reseña-Mudo-Netflix-Critica-Mute-Critica-Mudo-Mudo-Mute

¿Qué sensación queda, entonces, con todo esto?

Mute es una cinta que quiso abarcar demasiado, crear un universo nuevo y relacionarlo con algo ya existente. Una película que, además, quiso juntar el neo noir con la ciencia ficción de la manera más torpe; una cinta que, mientras trataba un sinnúmero de temas complejos, no logra llegar a ningún lado. Mute tiene un gran reparto (en el que destaca un fantástico Paul Rudd y sobra un aburrido Alexander Skarsgård), un director capaz y un buen diseño de producción… y, a pesar de todas sus ventajas, no logra crear personajes memorables, situaciones entrañables o reflexiones duraderas.

En general, esa es la sensación, que deja esta película: la de ser poca mantequilla embarrada sobre demasiado pan, la de proponer más de lo que puede tratar y de fallar en las cuestiones minuciosas a las que podría haberle dado importancia. El tono de la cinta queda totalmente desangelado en medio de todos estos errores de perspectiva y no podemos encontrar ningún motivo cómico, romántico, reflexivo o violento con el que anclar un interés.

Mute no es una pésima película pero es, simplemente, una cinta fallida. Esta película ha causado tanta indignación crítica porque es una producción que prometía mucho, que propuso mucho, que creó mucho pero que no pudo hacer nada con todos sus logros. Una verdadera lástima y, tal vez, el resultado más desangelado en la corta filmografía del talentoso Duncan Jones.

Lo bueno
  • La actuación de Paul Rudd, que es maravillosa.
  • El diseño de producción.
  • El cameo de Sam Rockwell.
  • La idea, de fondo, de un detective noir amish en un mundo tecnológico.
  • La violencia que puede ser brutal.
  • Las enormes posibilidades de la idea.
Lo malo
  • Todas las ideas terminan desperdiciándose.
  • Algunas actuaciones no están a la altura (sobre todo las de Skarsgård y Seyneb Saleh).
  • El trasfondo de ciencia ficción es forzado.
  • Duncan Jones nunca logra darle un tono certero a la cinta.
  • Todo el resultado es profundamente decepcionante.
  • No tenía por qué hacerse una secuela tan forzada de Moon.
Veredicto

Reseña-Mute-Reseña-Mudo-Netflix-Critica-Mute-Critica-Mudo-Mudo-Mute

Mute era una oportunidad única para consolidar a Duncan Jones como uno de los directores de género más emocionantes del momento; era una oportunidad para ampliar el universo íntimo de Moon; y una gran forma de renovar el gastado género del neo noir futurista. Pero ninguna de estas cosas se cumple.

Con Mute, el género del neo noir de ciencia ficción llega a un agotamiento creativo singular. Después de Altered Carbon y de Blade Runner 2049, esta cinta simplemente sobraba. Y sobran, también, sus reflexiones fallidas, su innecesario contexto y sus tristes personajes. Al final, a pesar de todas sus buenas intenciones y de sus logros certeros, la nueva obra de Duncan Jones es una triste decepción y una idea que, simplemente, voló demasiado cerca al sol.

Título: Mute.

Duración: 126 min.

Director: Duncan Jones.

Guión: Duncan Jones.

Elenco: Alexander Skarsgård, Paul Rudd, Justin Theroux, Seyneb Saleh, Robert Sheehan, Dominic Monaghan, Sam Rockwell.

País: Estados Unidos, Alemania.

Año: 2018.

Ver más
Otras reseñas