Deadpool 2 es demasiado… y así es como debe ser una película sobre este personaje.

Máximo esfuerzo, muchachos, máximo esfuerzo. No es sencillo que una secuela funcione. Necesitas algo de chispa original, un cierto cambio de rumbo, una idea única para mantener vivo el recuerdo sin arruinar la sorpresa. Es lo que pasó, en dos ocasiones, con James Cameron (T2: Judgement Day y Aliens); lo que logró Tim Burton en Batman Returns; o lo que hizo George Miller en Mad Max 2.

Pero Deadpool 2 siempre causó dudas. No nada más por la dificultad de llevar a un personaje tan complejo y extraño a la pantalla sino porque la primera cinta fue tan maravillosa, tan sorpresiva y se sintió tan disruptiva que parecía difícil superarla. Se podía dejar ahí ese legado y evitar acusaciones sobre productores ávidos de dinero aprovechándose de los cariños ñoños.

Por suerte, no fue el caso.

Deadpool 2 es una digna continuación a la anterior cinta y una hermosa manera de acabar con el legado en solitario del personaje encarnado por Ryan Reynolds. Esta cinta tiene más de todo: es más ambiciosa, más atascada y más irreverente. Por eso, a pesar de empujar los límites de lo soportable, logra expandir el legado de Deadpool más allá del papel y más allá de lo creíble.

Si la primera película sigue siendo superior como verdadero parteaguas, esta cinta es tan divertida como imbécil. Y, por eso, es digna de un imbécil tan divertido.

Un corazón tierno y maltrecho

No quiero arruinarles las más grandes sorpresas de esta película, porque en verdad que hay algunos momentos hermosos por descubrir. Pero sí puedo contarles algo más del argumento para que vayan abriendo apetito.

Deadpool 2 comienza algunos meses después de la primera cinta. Para esta altura, Vanessa ya cumplió la promesa que le hizo a la cruza de shar pei con Ryan Reynolds: “Después de un tiempo y mucho alcohol, estaría feliz de sentarme en tu cara”.

El romance se reanimó, pues, a pesar de la fealdad rampante de Wade Wilson y todo parece sonreírle a la extraña pareja: hay strapons, proyectos de tener hijos y el mercenario hocicón está más ocupado que nunca. De hecho, al principio de la película vemos algo que no se había visto antes: a Deadpool haciendo trabajos de mercenario, como forma de ganarse el pan, para regresar con su esposa en la noche.

Esta imagen del Deadpool mercenario cimenta la idea de una normalidad que se va a romper muy pronto cuando, en un acto iracundo de venganza y por una torpeza de Wilson, unos mafiosos atacan su hogar. Cuando se fractura la normalidad de Deadpool, el antihéroe queda destanteado y trata de encontrar algún nuevo anclaje para guiar su demencial vida.

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Los X-Men, apiadándose del pobre Wade, lo reciben como un trainee del grupo mutante. Y no hay nada más glorioso que ver a Deadpool en acción con una ombliguera de entrenamiento de los X-Men. Claro, por cuestiones de presupuesto, no hay más que algunos mutantes que ya vimos: el tierno y responsable Colossus, Negasonic Teenage Warhead con una nueva novia adorable y, también, unos cameos espectaculares…

En una de sus misiones de entrenamiento con los X-Men, Deadpool se encuentra con un adolescente neozelandés con sobrepeso y poderes irascibles. Se trata, nada más y nada menos, que de la primera encarnación fílmica de Russell “Rusty” Collins, AKA Firefist.

A diferencia del Rusty Collins de los cómics, este pobre morro es un rechazado por sus poderes mutantes y por su apariencia física. Toda su vida lo han torturado, minimizado, bulleado. Con el clásico resentimiento de los X-Men, Russell es el producto del miedo de los humanos hacia lo extraordinario. Y es normal: ha pasado su vida encerrado en un asilo para enderezar mutantes con torturas sádicas que recuerdan mucho los campos católicos de “cura de la homosexualidad”.

Cuando Deadpool llega al asilo, Collins está a punto de masacrar a todo el sádico personal y, en particular, al horrible director del centro de tortura (el tremendo Eddie Marsan que también vimos en Atomic Blonde). Pero el mercenario hocicón ve algo único en la vulnerabilidad de un niño insolente, indómito y ultraviolento. De alguna forma lo entiende y nace en él un instinto protector.

El problema es que sus métodos siguen siendo poco convencionales para los X-Men… Así que, en vez de salvar al niño acaba encerrado, con él, en una cárcel de máxima seguridad para mutantes. Ahí, un guerrero que viene del futuro intenta matar a Rusty. Y Deadpool, en medio de todo esto, sin entender qué es lo que sucede, se pone a defender Rusty con su vida… o, bueno, con su inmortal y marchito cuerpo.

Cuidar a este niño se convierte en una misión, una guía única en un mundo sin sentido. Deadpool es, por primera vez, responsable de alguien como padre. Y ese sentimiento llena el vacío hiperactivo de un corazón tierno pero maltrecho.

Lleno de significado con su nueva misión, el mercenario bocazas empieza a reunir un nuevo equipo para impedir que Cable cumpla su terrible designio… y en el camino se dará cuenta de que no todos los que parecen enemigos tienen malas intenciones y que hay ciertos villanos que es mejor no despertar.

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Rojo siempre pierde

En la conferencia de prensa que dio en la Ciudad de México, Ryan Reynolds nos explicó por qué no va a haber una tercera película de Deadpool. El asunto, según el actor, es un acto de compasión:

“No hay Deadpool 3 y no sé si habrá Deadpool 3 por el simple hecho de que para hacer una película de Deadpool que funcione con méritos propios, debes quitarle todo lo que quiere al personaje. Y lo hicimos en las dos primeras cintas pero hacerlo en una tercera me parece simplemente cruel.”

En la visión de Ryan Reynolds (porque, finalmente, él es el alma creativa de este proyecto, como se demostró con la salida de Tim Miller) Deadpool debe sufrir para poder aparecer en una nueva aventura. El mercenario de la primera cinta, en efecto, es mucho menos oscuro que el de algunas interpretaciones del cómic: es más tierno, más moralmente anclado y menos demente.

El Deadpool de Reynolds es grosero, impulsivo, inmaduro y extremadamente violento, pero finalmente no es malo. Aquí no tiene secuestrada a Blind-Al ni mata a héroes inocentes (queriendo, pues). Es simplemente un idiota disfuncional que busca la redención personal. Y es por eso que sentimos empatía hacia el personaje.

Por eso, también, Deadpool debe sufrir más allá de sí mismo. Es en sus amores y sus aspiraciones que Wade Wilson no puede regenerarse ni salir rampante entre una lluvia de balas. La pérdida de los que quiere, la tragedia de los que lo rodean es el verdadero motivador de un personaje tan cínico que no cree en nada y tan invencible que no sufre el mal cotidiano de nuestros cuerpos frágiles.

Como en la primera película, en Deadpool 2 el personaje central sufre y debe paliar ese sufrimiento con alguna misión trascendental que le dé sentido. Sus metas son pequeñas y egoístas. Y ahí está, justamente, el hermoso contraste con Cable.

Lejano al convulso origen del personaje en el cómic, el Cable de Josh Brolin busca venganza para su familia: una esposa y una hija que tuvieron un fin trágico. La hija es una pelirroja adolescente que se llama Hope, y quien entendió esa referencia entenderá que el universo que abre esta nueva encarnación de Cable tiene mucho hilo de dónde coser.

En cualquier caso, las metas de Cable pasan por una reestructuración del futuro a través de un viaje hacia el pasado. Es una misión que cambia al mundo, que salva vidas, que implica sacrificios inimaginables. Cable es un ser abnegado, un soldado solemne que no ha conocido las alegrías y desprecia los placeres terrenales. Frente a esto, las ambiciones personales y psicopáticas de Deadpool son absolutamente risibles.

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Como en los cómics, la seriedad de Cable contrasta con la desfachatez de Deadpool: la implicación del mutante en su universo se enfrenta a la poca importancia que le da el mercenario a una realidad que sabe ficticia. Deadpool sufre en otro nivel que Cable y es por eso que la pareja funciona tan bien como un dúo cómico: Cable representa la importancia solemne y trascendental de los X-Men y Deadpool todo lo contrario.

La química entre Reynolds y Brolin es simplemente perfecta y, por eso, encarnan tan bien a sus contrapartes de los cómics. La mitad del tiempo que pasan en pantalla, Deadpool está intentando humillar a Cable y el personaje de Brolin está castigando físicamente al mercenario hocicón.

A pesar de tener más presupuesto que la primera cinta, esta película sigue manteniendo la humildad de su antecesora. Deadpool 2 tiene una trama absolutamente lineal y sencilla: aquí el héroe no vence a villanos sino que, más bien, intenta todo para evitar que un niño inocente se convierta en uno. Es una cruzada mínima, a la altura de este loco que quiere codearse, de pronto, con la moralidad santurrona de los X-Men mientras se burla de todo lo que es sagrado.

Así, Deadpool 2 es una exploración que roza lo barroco; una secuela que continúa las virtudes de la primera quemando todos los puentes. Esta película es tan irreverente que vuelve imposible que haya una tercera entrega en solitario de Deadpool.

Dicen que no hay llama más luminosa que la del fuego que se extingue… pues Deadpool 2 brilla tanto porque es el último destello de una franquicia que se apaga.

El barroco autodestructivo

La experiencia de ver Deadpool 2 fue tremendamente divertida. Cuando la vi, el cine estaba lleno de críticos de cine (lo cual no es particularmente simpático… los críticos son de hueva y uno reconoce a los suyos). Pero muchos de ellos eran fanáticos reales del personaje en viñetas. También, muchos de ellos tenían mi rango de edad y reconocían las –algo rucas– referencias obsesivas de Deadpool sobre la cultura popular ochentera y noventera.

Por eso, toda mi experiencia en el cine fue de gritos y sobresaltos. Todo mundo se carcajeaba, saltaba y se divertía; cada dos segundos había una referencia, una burla ñoñísima y una mentada que rompía la cuarta pared. Después de una secuencia de créditos aún más burlona que la anterior, después de que en la primera escena de la película Deadpool se burla de la muerte de Logan, las cosas se aceleran tanto que quedas mareado.

Esta película no se guarda nada: en Deadpool 2 Reynolds toma absoluto control creativo y se da cuenta, al hacerlo, de que no tendrá otra oportunidad de volarse todas las bardas con el personaje. Por eso la cinta tiene más de todo, más acción, más violencia, más chistes obscenos, más incomodidades, más bromas internas, más referencias que rompen la cuarta pared, muchas más escenas post créditos, más homoerotismo, más villanos, más superhéroes, más muerte y más vida.

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En todo lo que concierne a las dementes secuencias de acción de la cinta, es evidente quién es el mero responsable: por algo escogieron a David Leitch (John Wick, Atomic Blonde) para dirigir esta secuela. Las coreografías tienen aquí una personalidad definida para cada batalla y cada oponente: la fuerza física de Colossus no representa lo mismo que los movimientos acrobáticos e imprevisibles de Deadpool o el estilo militar de pelea con armas y escudo de Cable (porque, claro, sale su escudo de energía). Las secuencias de persecución son una verdadera locura y no sobran las decapitaciones, mutilaciones, disparos en la cara, tabicazos y las muertes más maravillosamente arbitrarias de superhéroes que hemos visto en pantalla.

Si pensabas que Avengers: Infinity Wars era una masacre… espérate a ver esta belleza.

Por el lado de los personajes, tenemos el regreso de viejos conocidos: Blind-Al sigue siendo la ayuda confiable, insolente y adicta; Weasel es maravilloso con el inevitable T. J. Miller; Negasonic Teenage Warhead sigue siendo gruñona y ahora presume a una nueva novia que tiene una relación totalmente kawaii con Deadpool; regresa Colossus con su siempre carismática santurronería y extrañísima relación de amor-odio con el mercenario…

Pero también tenemos muchos nuevos personajes: aparece Domino con una encarnación apantallante, confiada y sensual por parte de Zazie Beetz (Atlanta); aparece un nuevo equipo para conformar X-Force con Zeitgeist (Bill Skarsgård) y su vómito corrosivo, Bedlam (interpretado por el genio del desodorante, Terry Crews) y su manipulación de energía, y dos de los mejores personajes que se han inventado para un equipo de superhéroes: el hombre que no está ahí y Peter.

No puedo hablar mucho del hombre que no está ahí porque nunca aparece. De hecho, no sabemos a ciencia cierta quién es el actor que lo interpreta… Y Peter es un oficinista normal de mostacho prominente que gusta de cuidar abejas y es interpretado por el gran comediante Rob Delaney.

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Este hombre normal es enrolado en el equipo de Deadpool por capricho demente y, con él, vemos la faceta más aleatoria y disparatada del mercenario. Nunca se había mostrado tanto la locura real de Deadpool como en la secuencia de reclutamiento, preparación y brillante primera misión de su nueva X-Force. Digo, por algo tomará eventualmente las riendas Cable, como en el cómic…

En el apartado de los villanos no les quiero decir mucho. Porque por ahí aparecen grandes antagonistas clásicos… Uno de ellos tiene cierto acento irlandés y el otro me hizo saltar de la emoción. En serio, desde niño siempre soñé verlo así en pantalla y no en alguna otra rendición chaqueta: una verdadera sorpresa que nunca pensé que pudiera realizarse. Increíble. Y, por ahí también, hay un par de cameos que son tan improbables como maravillosos… no digo más.

Finalmente, en el aspecto de la comedia, esta película es un absoluto exceso. De hecho, Deadpool 2 es tan excesiva que aquellos que no son verdaderos fans del personaje pueden llegar a cansarse. A eso me refería con que esta película quema todas las naves: la fórmula de comedia se repite tanto y llega a extremos tan dementes que sería imposible sostener otra película de Deadpool entera. Y está bien que así sea.

La sensación que da, cuando llegas a las más geniales escenas post-créditos que se han hecho en todo el universo Marvel (lo digo en serio), es que a Reynolds y compañía ya no les importó la lógica narrativa, la lógica universal, temporal o real, para apropiarse completamente de la trilogía del asesinato de los cómics (Deadpool kills the Marvel Universe, Deadpool Killustrated y Deadpool kills Deadpool) e ir más lejos de lo que cualquier personaje de este universo ha ido.

Por eso, Deadpool 2 no es para todos. Los que dudan de este personaje y de esta franquicia van a acabar odiando una cinta que no tiene ni el más mínimo respeto por las sutilezas y los matices. Los que, en cambio, saben apreciar el humor excesivamente corrosivo del mercenario bocazas van a sentir que vieron algo único. Porque esta cinta, por su misma naturaleza, es irrepetible. Y, claro, en una época en donde la repetición va de la mano con la nostalgia, ver algo tan arriesgado, tan valemadrista, tan asquerosamente confiado de sí mismo, tan autorreferencial como esta cinta no nada más es único, sino que es loable.

Le cueste a quien le cueste, la saga de Deadpool en solitario acaba como lo merecía el personaje: de la manera más liberadora, violenta, calenturienta, cocainómana, épica e imbécil posible.

Máximo esfuerzo.

Lo bueno
  • Los dos villanos y, sobre todo, un personaje que me hizo recordar lo que era leer cómics en mi niñez.
  • El brillante cameo del principio.
  • La trama sencilla de la cinta y su apego al personaje central.
  • La brillante química en la encarnación de Cable.
  • Domino y su presencia magnética.
  • Dopinder, siempre Dopinder.
  • Las duplas cómicas de Deadpool con Colossus, Domino, Negasonic, Dopinder, Weasel, Blind-Al y Cable.
  • Toda la secuencia de reclutamiento y la primera misión de X-Force que es simplemente genial.
  • Una escena de regeneración grotesca.
  • Las escenas postcréditos más irreverentes y geniales que haya hecho Marvel.
  • El valemadrismo sin concesiones de la cinta.
  • Que la película crea sus condiciones de existencia y luego las destruye sin temor ni vergüenza.
  • Que el futuro de X-Force y la historia de Cable son tremendamente emocionantes.
Lo malo
  • Que la cinta es demasiado en todo y, por eso, no es para todos.
  • Que, no hay de otra, ésta es la última cinta en solitario de Deadpool.
  • Que, durante tanto tiempo, Ryan Reynolds hubiera desperdiciado su tiempo en cosas horribles.
  • Que Logan no está vivo para que Deadpool le restriegue su éxito en la cara.
Veredicto

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Esta película es un absoluto exceso. Nada en ella es moderado, nada es modesto, nada está matizado. Por eso es la más digna continuación a la primera locura de Deadpool; por eso es tan improbable; por eso es tan insoportable y tan disfrutable. Ésta es una montaña rusa de comedia inapropiada y grotesca, una burla constante a la idea misma de los superhéroes y un canto de amor a la metanarración más ñoña.

Algunos, como yo, amarán el desparpajo sin sentido de Deadpool 2. Muchos otros la van a odiar. Pero nadie, nadie, podrá quedarse indiferente frente al magnético poder de ese hermoso trasero rojo en spandex.

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Título: Deadpool 2.

Duración: 119 min.

Director: David Leitch.

Elenco: Ryan Reynolds, Julian Dennison, Zazie Beetz, Josh Brolin, Morena Baccarin, T.J. Miller, Brianna Hildebrand, Jack Kesy, Eddie Marsan.

País: Estados Unidos.

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