Reseña, Atomic Blonde, Atomica, Charlize Theron

Intrigante, encantadora, violenta y seductora, Atomic Blonde es una excelente adaptación de la novela gráfica The Coldest City de Anthony Johnson.

Atomic Blonde pertenece a un esfuerzo de renovación genérico en Hollywood. Porque algunos idealistas, amantes de viejos placeres frívolos, no quieren dar por muerto el género de acción. Un género que tuvo un auge en los ochenta y los noventa y que decayó drásticamente en las desgracias de xXx, las confundibles The Transporter y The Mechanic de Jason Statham, y los eternos remakes de Mision: Imposible en los dosmiles.

Siempre he sostenido que, después del 11 de septiembre, se acabaron las películas de acción: ya no era posible volar edificios con la misma facilidad, ni hablar de terrorismo, ni mostrar a un héroe desgastado que acababa siendo más eficiente que toda la élite militar norteamericana. No podría existir un Steven Seagal, un Jean-Claude Van Damme o un Chuck Norris en estos violentos tiempos actuales de corrección política y paranoia tecnológica. Claro, hay otro tipo de acción… pero nunca ha representado lo mismo.

En ese sentido, los esfuerzos de Chad Stahelski y David Leitch en John Wick fueron, justamente, para revivir este problemático género que agonizaba. La cuestión no era repetir los mismos esquemas gastados de los noventa, ni aprovecharse de un remake o un reboot –de los que ahora abusa Hollywood–, sino de crear una nueva forma de acción acorde a este tiempo. Y el resultado fue una maravilla coreográfica que fundó un estilo único. Este estilo no nace del concepto sino de los stunts, de los stuntmans y de los directores de segunda unidad. Es un estilo que inicia en la acción pura y se desarrolla en un argumento lineal de venganza con trasfondos de superhéroes comiqueros.

Ahora, David Leitch se separó de la segunda parte de John Wick para realizar un proyecto que enamoró a Charlize Theron. Se trata de la adaptación de la novela gráfica de espionaje y paranoia The Coldest City de Anthony Johnson. Esta elegante novela, que toma mucho del estilo de Frank Miller en Sin City, es una carta de amor a las viejas narraciones de espías de los años cincuenta.

Y la adaptación de Leitch logra hacer con ella un balance perfecto de acción, misterio, narrativa enredada de espionaje y golpes a la yugular. El resultado, en un mundo que ya no recuerda la Guerra Fría y que ya dejó atrás la acción noventera, es sorprendente… e inesperadamente bueno.

Una vieja trama de espías con regusto noventero

Atomic Blonde comienza con una persecución acelerada en Berlín del Oeste. Un hombre corre, despavorido, mientras se pautan sus pasos al ritmo de la mítica Blue Monday de New Order. Se trata del espía John Gascoigne, uno de los dos hombres de MI6 en la Alemania dividida de los últimos años de la Cortina de Hierro.

Finalmente, un agente de la KGB lo acorrala y lo mata quitándole un precioso artículo: una lista, oculta en un reloj suizo, que tiene los nombres y la verdadera identidad de todos los agentes secretos emplazados en Berlín. Franceses, ingleses, rusos y estadounidenses: todos aparecen en la valiosísima lista. Pero el matón de la KGB no se la entrega a sus jefes: es el fin de la Guerra Fría y hasta los más convencidos empiezan a probar las mieles del capitalismo.

Este asesinato y la pérdida de la lista fuerza la mano de MI6: ahora tienen que mandar a alguien externo, un desconocido de la escena de Berlín, un agente que sepa ruso y se sepa defender, alguien efectivo, frío y de lealtad probada. Y es ahí en donde entra en escena Lorraine Broughton (Charlize Theron).

Broughton deberá abrirse paso entre traiciones, agentes de la KGB y policía de los dos lados del muro.

Junto al otro agente de MI6 de Berlín, David Percival (James McAvoy), Broughton deberá abrirse paso entre traiciones, agentes de la KGB, policía de los dos lados del muro y toda clase de obstáculos para regresar la lista a manos seguras… y descubrir al misterioso traidor “Satchel” que parece ser el origen perverso de las mayores fugas de información en la historia de la inteligencia británica.

Como pueden ver, tenemos aquí todos los elementos clásicos de una cinta de espías. Empezando porque todo el argumento se establece en la rivalidad ideológica de los dos lados de la Cortina de Hierro. A pesar de que el muro está a punto de caer, la guerra política sigue teniendo un valor simbólico en las historias de espías ochenteras. También, aparecen todos los aspectos necesarios de una trama de este tipo: micrófonos escondidos, dobles agentes, seducción y engaños, muertes discretas, traiciones y mensajes en código.

Y todo esto está puesto, por supuesto, en un marco temporal muy particular que se articula como nostalgia. Todo aquí habla del fin de los años ochenta en Berlín: música tecno y experimentaciones electrónicas, pop ecléctico y punks, luces de neón y Boy London, un soundtrack encabezad por los 99 Luftballons de Nena y un vestuario acorde a la situación con abrigos largos de piel y lentes oscuros enormes.

David Leitch crea un ambiente peculiar de nostalgia que, sin embargo, anuncia el fin de una era y el principio de otra.

Reseña, Atomic Blonde, Atomica, Charlize Theron

Con esto, David Leitch crea un ambiente peculiar de nostalgia que, sin embargo, anuncia el fin de una era y el principio de otra. La nostalgia aquí no viene nada más como un recuerdo del fin de los ochenta, sino como una introducción al principio de los noventa y su gusto por el entretenimiento de pura adrenalina violenta. Así, esta película pasa, con soltura, de la vieja nostalgia ochentera y de la tensión de la Guerra Fría a la lógica lineal de las grandes películas de acción noventera. Atomic Blonde no es pura nostalgia y no es pura inovación: es, cosa que le falta mucho a Hollywood, un caso de buen sampleo.

Los héroes de acción también sangran

La idea detrás de John Wick y Atomic Blonde es la de un respeto único por la coreografía de acción. Y este tipo de secuencias han sido practicadas una y otra vez por David Leitch: fuera de ser doble de acción, ha dirigido la segunda unidad de una buena cantidad de películas. Él fue el responsable de segunda unidad de The Mechanic, The Wolverine, Jurassic World y Captain America: The Winter Soldier. Esta experiencia le confiere una visión única de la manera en que debe filmarse una secuencia de acción. Y, después de ver Atomic Blonde, parece evidente que nadie lo hace como él.

Y no es una exageración. La escena central de pelea de Atomic Blonde es un plano secuencia truqueado de 10 minutos que es, sin duda, una de las mejores escenas de acción que he visto en años. Se trata de una secuencia que componen más de cuarenta tomas pero que transcurre como una sola filmación fluida e impactante: una pelea interminable entre Broughton y agentes de la KGB en un viejo edificio semiabandonado. Y en la pelea se usa de todo, armas, armas sin munición, patas de mesa, destapacorchos, ornillas eléctricas, coches y puño limpio.

La escena central de pelea de Atomic Blonde es un plano secuencia truqueado de 10 minutos que es, sin duda, una de las mejores escenas de acción que he visto en años.

El resultado es coreográficamente apabullante. Porque la originalidad de las secuencias de Leitch está en que el estilo de pelea de la protagonista no tiene una sola floritura innecesaria, no necesita embellecerse, no busca impresionar. Se trata de un estilo de pelea depurado, práctico, extremadamente violento y efectivo. Y, a diferencia de muchos héroes de acción noventeros, cuando Broughton pelea, los golpes se sienten, dejan marcas, crean un mapa de dolor en un cuerpo que existe. Esta es una secuencia de pelea de crudeza inigualable en la que se siente la real corporalidad de la protagonista. Y, como en John Wick, el principio coreográfico de la acción es lo que permite construir al personaje.

A partir de las secuencias de pelea, el personaje frío de Charlize Theron toma forma y consistencia, se vuelve un cuerpo palpable, algo real, de carne sufriente y hueso. Las secuencias de la bañera con hielo se reflejan en la bebida de la protagonista y la representan: el Stoli en las rocas, bebida translúcida, fuerte y fría en contraste con el cuerpo de Broughton, magullado, vivo, cálido. Si la protagonista está constantemente sumergida en el agua fría –del río, de la bañera o de la charola con hielos en donde esconde un arma– es porque este constante contraste con la frialdad nos muestra la disciplina de un entrenamiento y la realidad de su cuerpo.

Cuando la seductora espía francesa Delphine Lasalle (Sofia Boutella) le dice a la protagonista que sus ojos son diferentes cuando dice la verdad, ella responde: “Gracias por advertirme, eso puede matarme un día.” La crudeza de esta respuesta esconde una verdad: Broughton se entrena constantemente para ser fría, despiadada, pragmática como su estilo de pelea. Se entrena porque, en principio, no lo es.

Así, lo que este entrenamiento demuestra es que ella misma no es necesariamente despiadada, que disfruta de su intimidad, que piensa en su casa, que siente, desea y sufre. La fachada de frialdad necesaria del personaje está contrastada entonces, constantemente, por una parte sensible, calurosa, corporal y deseante que hace de la protagonista un gran personaje de acción.

El mecanismo recuerda, un poco, a lo que hizo Martin Campbell con la primera película de Bond protagonizada por Daniel Craig, Casino Royal. La película muestra a un Bond frío, pragmático y brutal que debe asesinar con sus propias manos y ensuciarse en todo momento. Atrás quedó el glamour condescendiente de épocas pasadas. Y, con eso, Bond tuvo de pronto un cuerpo.

A partir de las secuencias de pelea, el personaje frío de Charlize Theron toma forma y consistencia, se vuelve un cuerpo palpable, algo real, de carne sufriente y hueso.

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En la secuencia de la tortura, al final de la cinta, el personaje de Mads Mikkelsen golpea, una y otra vez, a un bond desnudo en los testículos. Siempre habíamos intuido la intimidad genital de Bond como una fuente inagotable de placer y provecho: es, finalmente, una de sus herramientas para seducir y avanzar en sus designios. Pero nunca lo habíamos visto como una debilidad, como algo que puede ser magullado, lastimado, destruido.

Ese Bond capaz de sufrir, que se tiene que recuperar en un hospital, es la imagen misma de un héroe de acción que se adapta a los tiempos. Y eso lo entendió perfectamente David Leitch al crear a una protagonista que sufre, ama y desea bajo una fachada constante de frialdad y desprendimiento. Todo esto hace que la película, desde sus escenas de acción brutales, cree una personalidad única para una heroína que salta de la pantalla y llena de fulgor misterioso la imaginación del espectador.

Un director con estilo

A diferencia de muchas recreaciones actuales de nostalgia (desde la innumerable cantidad de reboots –como Ghostbusters hasta mashups producidos con ojo mercadológico –como Stranger Things–), Atomic Blonde logra mantener un estilo propio. Y este estilo proviene, principalmente de la experiencia de su director, David Leitch.

Mucho antes de revivir el extinto cine de acción hollywoodense con John Wick, David Leitch fue un exitoso stuntman. En su trabajo como doble de acción, Leitch fue suplente en dos ocasiones para Jean-Claude Van Damme, alguna otra para Brad Pitt y otra más para una cinta de Wesley Snipes. No es cualquier currículum: Leitch vio, con sus propios ojos, la muerte del cine de acción en los dosmiles. Y estuvo ahí para enterrarlo.

La forma de filmar de Leitch es siempre curiosa con los encuadres, siempre novedosa y original. Nos encontramos con movimientos de cámara continuos, introducción a tomas de cabeza que van girando, movimientos de grúa, secuencias filmadas desde el interior de vehículos, POVs, cámaras lentas y plano secuencias truqueadas. Todo esto da agilidad y vivacidad a una película de espías que tiene un argumento retorcido y complejo.

La novela en la que se basa la película está lejos de ser un argumento para una película de acción. Es, de entrada, una novela de espías de paso lento, de conversaciones llenas de doble sentido, de asesinatos por la espalda. Pero Leitch le dio la vuelta completamente a la forma de la novela de Johnson para lograr inyectar, en la lógica de espías, la soltura narrativa lineal de las cintas de acción noventeras.

Y con un último giro maravilloso al final de la cinta, Leitch entendió de manera excelente la lógica del fin de la Guerra Fría. En ese momento, con el derrumbe del muro, ya no quedan buenos o malos, y todo esquema maniqueo se derrumba. Lo que queda, después de la caída de la URSS, son oportunistas y oportunidades; lo que queda es la victoria de los estadounidenses a través de un pragmatismo cruel, frío y deshumanizante.

Leitch le dio la vuelta completamente a la forma de la novela de Johnson para lograr inyectar, en la lógica de espías, la soltura narrativa lineal de las cintas de acción noventeras.

Reseña, Atomic Blonde, Atomica, Charlize Theron

Las ideas de la novela se conservan aquí pero dan un giro enorme para adecuarse al esquema de entretenimiento, estilo visual y acción desparpajada de Leitch. El resultado es fascinante y enérgico. Ahí en donde Bourne se quedó sin gasolina, ahí en donde todas las películas con lógica noventera han fracasado en nuestro siglo, Atomic Blonde logra mezclar los géneros de espionaje con lo mejor de una acción renovada. La sangre derramada sobre este brillo neón era justo lo que el cine de acción necesitaba.

Lo bueno
  • Las perfectas secuencias de acción.
  • El soundtrack (a pesar de sus clichés).
  • La forma original de filmar de Leitch.
  • El magnífico papel de Charlize Theron.
  • Que Charlize Theron, después de Mad Max, es el gran nuevo ícono de acción.
  • Las excelentes actuaciones de reparto de Mcavoy, Goodman y Botella.
  • El impecable diseño de producción.
  • Lo enormemente divertida que es la cinta.
  • Que el género de acción, por fin, revivió en Hollywood.
Lo malo
  • Las evidencias del soundtrack que pueden molestar a algunos.
  • La complejidad de la trama que puede despistar a otros.
  • Que puede pasar desapercibida en México.
Veredicto

En algún momento de la cinta, un presentador de televisión habla de una nueva moda, “El Sampleo”. Y se pregunta si se trata de una forma de producir algo original o si es, simplemente, un robo. Es interesante que Leitch dejara este pequeño momento en el noticiario del pasado porque parece estar señalando a su propia obra: Atomic Blonde es un ejemplo de sampleo audiovisual, lleno de referencias (desde Tarkovsky hasta Bond), guiños y nostalgia por el pasado. Al mismo tiempo, como todo sampleo, es una obra absolutamente original y fuerte en su originalidad.

Así, Leitch logró continuar con la renovación del género de acción con una secuela espiritual perfecta a John Wick. Aquí, la complejidad de la trama no evita el desparpajo disfrutable de la acción. Y, entre estos golpes sinceros y el regreso explosivo de una nueva acción inteligente, no queda mucho más que pedir. Las buenas cintas de acción están de regreso… y, como no había sucedido en los testosteronosos noventa, regresan de la mano de una imprescindible protagonista femenina.

Título: Atomic Blonde.

Duración: 115 minutos.

Director: David Leitch.

Elenco: Charlize Theron, James McAvoy, Sofia Boutella, John Goodman, Til Schweiger, Eddie Marsan, Bill Skarsgård.

País: Estados Unidos, Alemania y Suecia.

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