En estas épocas de nostalgia, Ghostbusters es una película que intenta revivir la espontaneidad de una época para siempre perdida.

Muchos se preguntan ¿por qué? ¿Por qué es necesario hacer remakes eternos? ¿Por qué cada generación debe revivir las glorias de la anterior? ¿Para qué tenemos que regresar al pasado para encontrar historias dignas de contarse? ¿Queremos verdaderamente un remake de The Birds, de It, de The Rocky Horror Picture Show, o de Mary Poppins? Todas estas son películas que marcaron una época, son cintas que importan, también, por el momento en que se hicieron y las generaciones a las que impactaron. El revivirlas fuera de contexto es lo mismo que clonar mamuts para matarlos de calor en un zoológico de Florida. En todo esto hay un sinsentido histórico. No digo, por ejemplo, que no haya disfrutado el remake de Evil Dead (2013): Federico Álvarez intentó cambiar la nostalgia de los efectos aparatosos de Raimi con el gore más estrafalario. Y es en eso, justamente, que puede funcionar su cinta. Álvarez no intentó utilizar la vieja nostalgia para recrear esa historia: el remake de Evil Dead sabe siempre que la primera versión es insuperable.

En el balance entre la nostalgia sin sentido de épocas perdidas y el respeto a una vieja historia que se sabe irrepetible, los remakes y reboots de Hollywood están a la orden del día. Y el último intento de sacar algo del mercado de viejos millenials nostálgicos es, justamente, Ghostbusters. Toda la polémica inútil que se ha desatado en torno al género de las nuevas cazafantasmas es parte de estos traumas nostálgicos: los fanáticos de las películas clásicas quieren ver algo exactamente igual pero no quieren que se le falte al respeto a las originales; quieren revivir las glorias pasadas pero no quieren, en realidad, un nuevo remake; quieren lo mismo y quieren sorprenderse. Y no hay de otra, es necesario comparar las originales con estos reboots y meterse en las polémicas sin punto sobre los cambios y los guiños, sobre dos momentos históricos que no tienen nada que ver y sobre la verdadera necesidad de estas películas. Así que aquí les dejo mis comentarios sobre una cinta que tiene sus logros, que muestra algunos buenos momentos y que, finalmente, me deja una impresión de absoluta indiferencia. Tal vez soy hijo de otra generación, pero ver algunos de estos reboots me muestra, nada más, que Hollywood no se cansa de explotar monetariamente los gustos nostálgicos de antaño para darle vida a una época de blockbusters desangelados.

Logros cómicos

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Después de una manifestación espectral violenta en la vieja mansión Aldridge de Nueva York, uno de los custodios del sitio histórico busca la ayuda de una renombrada profesora de física de Columbia, la Dra. Erin Gilbert (Kristen Wiig), para lidiar con su fantasma. Esta académica intenta llevar ahora una carrera seria en una universidad de prestigio. Sin embargo, en su juventud, escribió un libro sobre fenómenos sobrenaturales junto a su vieja amiga la Dra. Abby Gates (Melissa McCarthy). Reviviendo viejos recuerdos, las casualidades llevan a la Dra. Gilbert a reencontrarse con su vieja amiga y a enfrentarse a una creciente ola de fenómenos espectrales. Con la ayuda de una brillante y excéntrica ingeniera, la Dra. Jillian Holtzmann (Kate McKinnon), y una vigilante del metro que conoce Nueva York como la palma de su mano, Patty Tolan (Leslie Jones), este peculiar grupo se enfrentará a Rowan North (Neil Casey), un resentido estudioso de lo sobrenatural que quiere romper las barreras entre nuestro mundo y el universo de los fantasmas.

Con esta premisa sencilla y bien tejida por el experimentado Paul Feig (Freaks and Geeks, Bridesmaids), Ghostbusters renueva el universo de Ivan Reitman con una nueva estética, con nuevos personajes y con una trama diferente que mantiene, sin embargo, viejos recuerdos. Tenemos de nuevo a un alcalde dubitativo (esta vez interpretado por el mítico Andy García), las panorámicas hermosas y hostiles de la ciudad de Nueva York, viejos fantasmas conocidos como el querido Pegajoso, una sirena insigne, uniformes casi clásicos y la misma mezcla peculiar de comedia de situación con sinsentido sobrenatural. Además, vemos por ahí excelentes cameos de los grandes protagonistas clásicos: Bill Murray como una personalidad de televisión escéptica, Dan Aykroyd como un taxista que no le teme a los fantasmas, el tristemente fallecido Harold Ramis como un busto en la universidad de Columbia, Sigourney Weaver como la mentora de Holtzmann, y la querida recepcionista Annie Potts como una desesperada conserje de hotel.

A pesar de estos guiños, lo que Feig quiso hacer, sin duda, fue borrar completamente la oscura nube que se instaló sobre los proyectos de la franquicia de los cazafantasmas después del debacle de la segunda parte en el 89, y las constantes negativas de Murray por continuar con un proyecto que cada vez tenía menos sentido. Así que no hay una línea genética entre las cintas anteriores y esta película. El equipo de cazafantasmas está completamente renovado y encuentra, aquí, un nuevo origen. Así, los personajes no coinciden uno a uno con los viejos cazafantasmas y la intención de renovar la historia está bien encaminada hacia algo diferente. La química que logran las actrices principales es bastante natural y, sin intentar competir con la magia que despedían juntos Aykroyd, Murray y Ramis, crean momentos interesantes. Feig tiene experiencia en la comedia y sabe, sin duda, dirigir este tipo de producciones: el talento de McCarthy, Wiig y McKinnon no se desperdicia nunca y sus intercambios con un Chris Hemsworth sobresexualizado y un brillante Karan Soni (Other Space) son bastante simpáticos.

Debacle narrativa

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Pero todo esto no basta para hacer una buena película. Confiando demasiado en el talento de sus protagonistas, el guión de Feig y Dippold se queda muy corto en innovación y sustancia. Fuera del carisma de las actrices principales, más allá de los efectos especiales y los chistes que sí llegan a funcionar, la película es una premisa bastante sencilla que regresa a todos los clichés favoritos del momento. De nuevo tenemos, como en Suicide Squad, X-Men: Apocalypse o TMNT: Out of the Shadows, un aparato de destrucción masiva que brilla sobre una ciudad y amenaza toda la existencia humana. Igual que en todas estas cintas tenemos a un grupo disparejo que deberá superar sus diferencias para unirse en un desenlace predecible. Y de nuevo vemos aquí los diálogos de exposición evidentes y sin sentido, y las amenazas materializadas con una estética repetitiva que recuerda más a Goosebumps que a la primera película o a una idea renovada. En este sentido, Ghostbusters da la impresión de querer ser más de lo que logra.

Y los esquemas repetitivos están en todas partes. De nuevo tenemos a un villano que se materializa en una figura ridícula de tamaño desproporcionado; vemos, en el desenlace de la cinta, el mismo mecanismo de realidad paralela y abnegación del final de Big Hero 6; tenemos un recuerdo de los globos monstruosos de desfile que tanto impactaban en Batman; y, claro, está el juego especializado con las armas que inventa Holtzmann que hemos visto en numerosas otras obras de ficción popular (en particular, hay que recordar el uso específico de armas según el carácter en todas las encarnaciones de TMNT). Todo esto, en conjunto con los sets creados para la cinta y que hacen olvidar la vista panorámica de Nueva York, le da a Ghostbusters una sensación general de falsedad recreada para la ocasión. Todo el sustento de la película, más allá de la comedia de situación que logran mantener con excelencia sus protagonistas, es una burda repetición de viejos tropos gastados y de ideas preconcebidas en paquete por Hollywood.

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Todo el sustento de la película, más allá de la comedia de situación que logran mantener con excelencia sus protagonistas, es una burda repetición de viejos tropos gastados y de ideas preconcebidas en paquete por Hollywood.

Con esto no me refiero, tampoco, a que la primera película sea una joya de la cordura. En lo absoluto. Parte del encanto de la cinta original era justamente su completa irracionalidad: demonios prehistóricos atrapados en un refrigerador, bibliotecarias espantadas por fantasmas que dejan residuos mocosos y un destructor de mundos en forma de malvavisco gigante son sólo algunas de estas locuras. Pero esa cinta admitía abiertamente su locura y lograba, con su genial elenco, una sensación de coherencia única. Y en eso eran tan importante Sigourney Weaver y Rick Morranis como Aykroyd, Murray y Ramis. La diferencia con esta película es que aquí se repiten todos los errores de la anterior en una época que ya no puede alabarla como un nuevo clásico disparatado. Ya tenemos el relajo de la cinta anterior, ¿para qué queremos construirle encima otra película que no innova en nada? Regresar a los chistes de metaleros de final de los noventas, tipo Little Nicky (con la presencia eterna de Ozzy Osbourne), es solamente uno de los síntomas más evidentes de agotamiento creativo.

Porque fuera de los bien logrados chistes sobre género (“las luces de emergencia son para los hombres”), sobre la utilización jocosa del estereotipo de la rubia tonta revertido al rubio tonto y sobre las discusiones sobre comida china y viejas expresiones, esta película no me parece que aporte nada nuevo. Es extraño ver algo que intenta ser refrescante y que, en el fondo, no es más que una repetición innecesaria. Porque, en realidad, no veo el interés en volver a revivir una franquicia tan típica de una época, que funcionaba en el recuerdo de un momento y que, ahora, no parece tener el mismo punto mítico. Claro, ésta es una película palomera, me dirán que es importante hacer papeles femeninos como los que aquí se representan y que es bello y único lograr estos modelos de vida que no son necesariamente los del hombre blanco educado y heterosexual de siempre. Y con todo eso estoy absolutamente de acuerdo. Pero ¿basta esto para sostener una película en sus propios méritos?

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Es extraño ver algo que intenta ser refrescante y que, en el fondo, no es más que una repetición innecesaria.

No siento, la verdad, que esta historia predecible con una estética gastada pueda ganarse el estatuto de culto de la cinta original. Si sirve para afianzar más papeles femeninos en Hollywood y logra cautivar a jóvenes mentes para que crezcan para ser científicas o perseguidoras de lo oculto, me parece que la película ya hizo más de lo que podría pretender. Fuera de eso, no lo digo como hombre, ni como fanático, ni como espectador dominguero, sino como crítico: éste es un intento simpático de buenas intenciones que, fuera de la anécdota improbable de su creación, no aporta nada nuevo a un universo que lleva mucho tiempo muerto.

Lo bueno
  • Las cuatro actuaciones principales que son sólidas e intrigantes.
  • Los cameos maravillosos.
  • Algunos momentos de comedia excelentemente logrados.
  • Que revierta roles estereotípicamente masculinos.
  • La experiencia de Feig con estas actrices.
  • Que sale Pegajoso.
Lo malo
  • Un guión predecible y banal.
  • El esquema narrativo repetitivo.
  • El uso de viejos clichés fáciles.
  • Que, comentario aparte para el subtitulado, el genio que hizo la traducción se quiso inventar sus propios chistes.
  • Que este bello intento se desperdicie en lo banal.
Veredicto

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Las discusiones en torno a esta película han girado más sobre la cuestión genérica que sobre el contenido real de la cinta. Y ese contenido es bastante sencillo de criticar: se trata de una película con buenos momentos de comedia que utiliza la idea de lo sobrenatural como excusa y que se agota muy rápido en sus propios atajos y clichés repetitivos. No es que sea una mala película, pero es, sin duda, una cinta que me deja más indiferente que emocionado. Si la franquicia continua, a pesar de los malos resultados en taquilla, espero ver otros esquemas, otras historias más inspiradas y, claro, el regreso de viejos demonios sumerios. Mientras, no tengo mucho más que decir de esta cinta: los chistes se acaban en el momento y, más allá de eso, no me queda gran cosa en la memoria. Tal vez los cazafantasmas sea una idea muerta a la que ya sólo la nostalgia puede traer a una nueva vida espectral; tal vez, hay que dejar a algunos de nuestros muertos en santa paz; tal vez, en vez de repetir viejas historias con nuevos protagonistas, podríamos escribir nuevas historias para nuevos personajes femeninos en pantalla. Tal vez, finalmente, podríamos hacer algo verdaderamente innovador y dejar de llorar sobre nuestros pasados perdidos.

https://www.youtube.com/watch?v=w3ugHP-yZXw

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Título: Ghostbusters.

Duración: 116 min.

Director: Paul Feig.

Elenco: Kristen Wiig, Melissa McCarthy, Leslie Jones, Kate McKinnon, Chris Hemsworth, Michael Kenneth Williams, Andy García, Charles Dance.

País: Estados Unidos.

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