Suicide Squad no sólo es una de las películas más esperadas del año, también una de las más controversiales.

Todo empieza con rumores, continúa en imágenes, se empieza a materializar con tráilers y acaba con los créditos corriendo en una pantalla. El trayecto para ver una película hoy en día es arduo, largo y complejo. Especialmente para los fanáticos de una serie de cómics, de un universo ficticio o de ciertos personajes icónicos. En el ahora común y frecuente mundo de las adaptaciones de cómics a la pantalla grande, la expectativa levantada por una película puede ser tan emocionante como angustiante. Surgen teorías; se escriben páginas y páginas que desmenuzan los tráilers; nos enamoramos, antes de tiempo, de películas que todavía no vemos. A veces acabamos complacidos con una sonrisa realizada y también podemos terminar con el corazón roto.

En este loco año, ninguna otra película levantó más expectativas que Suicide Squad. Y lo digo considerando que, en 2016, tendremos un spin-off de Star Wars, tuvimos una película de crossover de Marvel y otra de DC, y estamos esperando, también, el universo místico de Dr. StrangePero Suicide Squad tenía un elemento de sorpresa único después de la decepción casi generalizada que causó Batman v Superman y de una campaña mercadológica increíblemente bien realizada. Creo que no hay un solo tráiler de Suicide Squad que no haya vuelto loco a fanáticos y neófitos por igual. La elección de música, los cortes a personajes icónicos, una nueva encarnación del Joker, Will Smith dando vida a uno de los villanos más insignes de la historia comiquera y una favorita del público como Harley Quinn interpretada por la carismática y bellísima Margot Robbie, eran sólo algunos de los elementos que levantaban la desmedida expectativa.

Como me sucedió con The Force Awakens, en toda su debida proporción, entré al cine casi nervioso para ver esta película. Y sí, quiero externar aquí todas mis dudas y molestias, todo lo que me pudo encantar y lo que no se logró en esta cinta. Pero tendré que guardar algunas cosas para comentarios posteriores. En vista de tanta locura generada y del respeto mínimo a todos los fanáticos que quieran leer una opinión sin, necesariamente, arruinarse la emoción de la cinta, tendré que escribir SIN SPOILERS. Espero, al menos, ser lo más imparcial posible con algo que a todos nos afecta: hablamos aquí de vínculos pasionales… y no todos toman, con la misma racionalidad, los dolores del corazón.

El cuidad estético

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David Ayer, independientemente de lo que pensemos de sus películas, es un creador de acción hecho y derecho. S.W.A.T (2003), a pesar de las críticas, es una película que nos recuerda esos héroes desesperados y patrióticos enfrentados a mínimas posibilidades de supervivencia que tanto nos enamoraron en los balazos noventeros. Después de ver esa cinta, como continuación a la maravillosa Training Day (2001), estaba seguro de que Ayer, al menos como guionista, tenía una enorme madera para crear un amplio espectro de personajes que iban desde villanos humanizados hasta héroes moralmente impecables. Y ésta es una excelente carta de presentación para alguien encargado de dirigir una encarnación del infame Escuadrón Suicida.

Pero la experiencia como director de Ayer es, tal vez, mucho menos brillante que esa promisoria carrera como guionista en los dosmiles. La crítica de Hollywood alabó ampliamente sus dos cintas más exitosas End of Watch (2012) y Fury (2014) aunque, en mi humilde opinión, fueron dos películas con gran estilo y muy poca sustancia. La primera, a pesar de su manufactura perfeccionista y de las grandes escenas de acción angustiosa que lograba, termina siendo una alabanza patriótica a la policía que no acababa de cuadrar con la cruda visión de Training Day. La segunda es una película de guerra hecha con pasión al detalle, con un arte espectacular y secuencias verdaderamente logradas. Pero, finalmente, también termina siendo la repetición del mismo cuento: Saving Private Ryan en un tanque y con Brad Pitt.

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A lo que quiero llegar con esto es que Ayer es un director con un enorme potencial estilístico y que sabe dirigir complejas secuencias de acción como pocos. Pero, finalmente, todo el cuidado y el empeño narrativo que puso en sus primeros guiones se fue diluyendo poco a poco en clichés y sentimentalismos una vez que pasó a la silla de director. Y Suicide Squad no es la excepción. Ésta es una película con un enorme cuidado estético que termina desperdiciándose en una trama llena de clichés y un final decepcionante.

Como todos pudimos ver en los tráilers, hay momentos de singular belleza: los hermosos encuadres del Joker sosteniendo a la ya demencial Dra. Harleen Quinzel en una tina de químicos es, por ejemplo, una de las más bellas secuencias en películas comiqueras que yo haya visto. Y esto no se acaba ahí, la elegancia desparpajada, a medio camino entre el bling gánster con sus cadenas de oro y brillo alocado, mezclado con colores saltones y gustos estrafalarios en el entorno del Joker, son aquí notables. Esa hermosa toma aérea, que se eleva trazando círculos, del Joker acostado en medio de una instalación demente de cuchillos y machetes es para montar en poster y besar antes de salir a trabajar los lunes. Pura alegría loca e inspiración. El diseño de los personajes es buscado y perfecto: la animalidad de Killer Croc (que aquí remplaza al King Shark de los cómics de 2011), la irreverencia retocada como hooligan de Captain Boomerang, el perfecto outfit clásico de Deadshot, la reimaginación maravillosa de Harley Quinn –que pasa también por vistazos maravillosos a un traje que todos reconocerán–, los tatuajes elaborados de Chato Santana, la elegancia depurada de Katana y la visión mágica de su espada que se junta con la misteriosa presencia, sucia y milenaria, de Enchantress son conceptos de arte que funcionan perfectamente en pantalla.

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Viola Davis como Amanda Waller es magnífica: despiadada, pragmática, malhumorada y decidida, esta interpretación es todo lo que podíamos esperar en el difícil salto de la página a la pantalla.

Este diseño fabricado con singular cariño se junta con la perfecta habilidad de ciertas encarnaciones. En particular Viola Davis como Amanda Waller es magnífica: despiadada, pragmática, malhumorada y decidida, esta interpretación es todo lo que podíamos esperar en el difícil salto de la página a la pantalla. También, la acertada interpretación de un Deadshot más humano, el Deadshot de New 52 con una hija, que mantiene, junto a la idea familiar, la locura de atreverse como nadie a estar al frente de la pelea para buscar una bella muerte. Y su relación con un también muy acertado Rick Flag que resiente el hecho de estar liderando a una banda de sociópatas pero que, también, entiende los códigos de honor entre bandidos. Aquí, tanto Joel Kinnaman (en un papel originalmente pensado para Tom Hardy), como Will Smith hacen una dupla excelente: son dos polos opuestos que, a pesar de su desprecio mutuo, tienen mucho más en común de lo que creen. Y la historia se apoya fuertemente en estas contrapartes: la rama política y controladora de Waller, el honor militar de Flag y la despiadada pero humanizada presencia de este gran líder villano que es Deadshot.

Y estos personajes encabezan grandes secuencias de acción filmadas con precisión y gusto. Porque Ayer sabe hacerlo: su pericia para lograr secuencias de pelea en las que se asoman, con singular precisión entre tanto golpe, las personalidades únicas de los personajes es sobresaliente. El bat de Harley Quinn remplaza el enorme martillo con elegancia y soltura demente; Flag muestra una imponente pericia militar y Deadshot se ve mortal a cada tiro; Diablo es el potencial mismo de la destrucción traumada del pandillero reformado; Boomerang es pura habladuría molesta y golpes burdos; Killer Croc representa, en cada secuencia de acción, la animalidad más cruda con mordidas que arrancan yugulares y grandes peleas en la comodidad de sus refugios subacuáticos de cloaca; Katana danza –y sólo habla japonés–, Slipknot trepa y June Moone amenaza con el retorno de su vieja maldición. Todo esto muestra el enorme potencial que tenía la cinta para ser algo más de lo que finalmente es. Porque los elementos están ahí: un gran respeto al material original que se desdobla en un arte conceptual nuevo y refrescante, una enorme habilidad para dirigir secuencias de acción y personajes bastante bien encarnados que recuerdan siempre su creación en el papel colorido de los cómics. Y es por esa misma potencialidad, por esa apelación seductora que nos llevó prematuramente al enamoramiento desde los trailers, que Suicide Squad puede ser tan frustrante y decepcionante como cualquier cotidiana rotura de corazón.

Puro potencial desperdiciado

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Voy a hacer un par de comparaciones asumiendo todos los riesgos: me van a llamar marvelieber, me van a decir que no hay verdadera razón para hacer analogías entre películas de universos distintos y me van a aventar al mismo saco de los críticos que asumen, predeciblemente, el enojo de moda. Pero, si lo vemos fríamente, Suicide Squad se mostró siempre, en su concepción, como una cinta que quería revertir la solemnidad mal atinada de las anteriores entregas del universo fílmico de DC (DCEU). En ese sentido, manteniendo la oscuridad natural de DC, esta película quería ser el equivalente trágico a los intentos menos solemnes y más desparpajados de Marvel: filmes como Guardians of the Galaxy, Ant-Man y Deadpool. Y sí, esta película comparte, especialmente, la influencia de The Dirty Dozen (1967) que dio vida a Guardians of the Galaxy. Ambas cintas son una historia de redención que humaniza a los villanos y revierte los roles clásicos del bien y el mal en la narrativa hollywoodense clásica de acción.

La diferencia fundamental entre estas películas de Marvel y Suicide Squad es que Ayer agotó toda su originalidad en el concepto de la cinta, en su maravillosa presentación estética, en el envoltorio de acción y las numerosas historias de origen. Mientras que las cintas de Marvel no son, ni de cerca, tan apelativas en el arte y el diseño, sí lograron crear una sensación de antisolemnidad y desparpajo que es bastante única. Además, las tramas que tejieron tenían una originalidad propia: Ant-Man, por ejemplo, logró mofarse de la grandilocuencia de los enfrentamientos finales entre superhéroe y supernémesis con los cambios de escala y las ridículas tomas del trenecito de juguete descarrilándose sobre una alfombra. Y lo que falla estrepitosamente en Suicide Squad es ese “algo más” narrativo que hubiera hecho, de un gran concepto artístico, una maravillosa película. Porque, finalmente, con el tiempo que se toma Ayer en presentar individualmente a sus personajes, se le olvida crear una sensación de cohesión bien enmarcada entre ellos. Esta cinta asume (y es por eso, también, que los críticos la destrozaron) que todos conocen previamente las historias de DC. Al presentar, con demasiado tiempo en pantalla, los orígenes de algunos personajes privilegiados (porque, como siempre pasó en los cómics más antiguos, había villanos de planta y otros que eran sacrificables), Ayer se olvidó de tejer con más detalle las relaciones que se establecen entre ellos.

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La diferencia fundamental entre estas películas de Marvel y Suicide Squad es que Ayer agotó toda su originalidad en el concepto de la cinta, en su maravillosa presentación estética, en el envoltorio de acción y las numerosas historias de origen.

Así, cuando se quiere mostrar la cohesión de los villanos, la unión de un superequipo y las convicciones para enfrentar un mal mayor, la trama se siente particularmente forzada. Uno no puede creer en esa empatía que muestra la película. Porque no es fácil convencer al público de que estos personajes presentados en su más egoísta personalidad, que reniegan, una y otra vez, del papel de equipo que les asignan, de pronto se convenzan de la misión que les enjaretaron. Y esta misión, además, se transforma muy pronto en un esquema que conocemos demasiado. Es lo que DrewMcWeeny llama el “síndrome de la cosa amenazante que brilla en una azotea”. En vez de encausar toda la energía creativa del diseño de la película hacia una trama original, que ponga en juego la maldad del Joker y la oscuridad de Batman o que reflexione sobre el bien y el mal, esta cinta muestra el mismo cliché del equipo individualmente débil que, en la unión, encuentra la fuerza para vencer a un mal imbatible que, efectivamente, brilla sobre una azotea.

Y este esquema está fabricado, además, con una absolutamente pasmosa falta de inspiración. Cara Delevingne da una actuación que roza lo ridículo por momentos y la maldad de Enchantress termina siendo demasiado caricaturesca para resaltar la humanidad del grupo que termina enfrentándola. Y, frente a estos personajes extremos, ridículos, están las contrapartes desdibujadas. Los personajes más coloridos, los que quieren ser los más estrafalarios caen en el más absoluto ridículo villanesco o terminan a medio camino entre la sustancia y su envoltura. Es el caso lastimoso del Joker y de Harley Quinn. No es que el Joker de Leto sea malo, pero está desperdiciado. Tanta expectativa, tanta preparación sólo sirven para dar cinco o seis líneas rápidas que no logran afianzar a un gran personaje en potencia, entre pandillero, mafioso y villano estrafalario. Pero esto no es necesariamente culpa de Leto, como no es culpa de Robbie que el gran concepto de su personaje se desperdicie, finalmente, por los errores de la trama. Tampoco fueron culpa de Affleck las incongruencias de Batman v Superman. Lo que sucedió aquí, de nuevo, es que la enorme coherencia estética de la película y la gran potencialidad de sus personajes se desperdician en una trama floja que no sabe explotar el potencial que tiene en manos.

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Tanta expectativa, tanta preparación sólo sirven para dar cinco o seis líneas rápidas que no logran afianzar a un gran personaje en potencia, entre pandillero, mafioso y villano estrafalario.

Uno de los grandes aciertos de guión que supo aprovechar Marvel en Deadpool fue que no quiso entrar a las locuras cósmicas con un antihéroe humanizado: su pelea es contra un tipo que no quiere que lo llamen por su nombre. Punto. Si, en Suicide Squad, se hubiera mostrado un villano menos estrafalario o una amenaza menos cósmica -lo que sea menos Cara Delevingne-, tal vez se hubieran podido aprovechar más las características humanas de los individuos que pelean en el escuadrón. En vez de eso la trama recae en la repetición de esquemas demasiado conocidos. Y la originalidad del concepto se disuelve en la facilidad de lo que ya hemos visto. Ayer se arriesgó increíblemente al hacer esta cinta, puso todo en ella y se nota el amor a los personajes originales y el empeño de una estética única. Pero todo eso se vuelve anecdótico si no encontramos nada de sustancia, ninguna sorpresa en la trama, ningún momento cómico que verdaderamente funcione, ninguna humanización de los personajes que llegue a dilemas morales interesantes. Contra enemigos más humanos, por más mortales que sean (como el Joker de Nolan, por ejemplo), se hubieran podido probar los límites de la locura de Harley Quinn, los dilemas morales sobre el asesinato entre Diablo y Deadshot, las preguntas de ética militar de Flag o el animalismo de Killer Croc. En vez de eso, cada villano que muere es intrascendente y el mal al que se enfrentan estos personajes es tan grande que no pone en juego ninguna posible duda, ninguna culpa, ningún problema.

Con esto, Ayer comprobó lo que siempre sospeché: éste es una gran guionista que nunca logró transmitir la riqueza de sus escritos a sus creaciones como director. Como End of Watch y como Fury, Suicide Squad es una película repetitiva y burda en un empaque maravilloso. En su cuenta de Twitter el director dijo, siguiendo a Zapata, que prefería morir de pie que vivir arrodillado. En esto, entiendo su respaldo a una cinta que hizo con pasión. Pero también veo el enorme defecto de sus anteriores creaciones: se puede pensar que uno está luchando cuando, en verdad, hay también conformismo en la lucha. Ayer, aquí, de nuevo, creó una estética única que se diluye en los clichés de la trama. Porque la grandeza del diseño y la genialidad de los personajes no pueden sobreponerse a la absoluta falta de originalidad en la trama final. Poco a poco, cuando uno ve la cinta, el impacto de las imágenes comienza a diluirse; poco a poco, uno empieza a darse cuenta que los mejores momentos de la película ya aparecieron, con más misterio y consecuencia, en los trailers; poco a poco, una maravillosa idea original, se diluye en lo conocido. Y es por eso, sobre todo, que la película resulta en una gran decepción: teniendo tanta tela de dónde cortar, Ayer convirtió una capa espectacular en, solamente, un lindo pañuelo desechable.

Lo bueno
  • El soundtrack previsiblemente lleno de hitos que funcionan bastante bien.
  • La encarnación respetuosa de los personajes.
  • Las actuaciones centrales de Kinnaman, Smith y Davis.
  • El enorme cuidado en el arte y el diseño de producción.
  • La renovación de los vestuarios y el maquillaje.
  • Los guiños bien logrados al material original.
Lo malo
  • Que todo cae en una trama previsible y llena de clichés.
  • La pésima actuación de Cara Delevigne.
  • Que tanto Harley Quinn como el Guasón se desperdician en puro estilo.
  • Que se desaprovechó una gran oportunidad para hacer una película única.
  • Que DC se siente, todavía, muy incómodo en el cine.
Veredicto

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Ver tanto esfuerzo y tanta originalidad, ver tanta dedicación y tanto respeto al material original desperdiciarse en un final previsible que hemos visto mil veces es verdaderamente descorazonador. Y sí, el hype que creó la película nos hizo tener ilusiones desmedidas. Y sí, DC sigue dando la impresión de que tiene que demostrar algo, de que quiere construir, apresuradamente un universo. Y sí, tal vez, un poco de paciencia y mayor construcción de guión hubieran sido un mejor camino para lograrlo. Suicide Squad es, posiblemente, lo mejor que se ha hecho en el DCEU. Pero eso ya no quiere decir gran cosa. Cada fanático encontrará muchas razones para amar esta película. Aun así, dudo mucho que pueda llenar todas sus expectativas. Hay que admitirlo, esta película pudo ser muchísimo más de lo que es y es muchísimo menos de lo que esperábamos. Cada quien maneja diferente la decepción: yo me salto la negación y el enojo para decir, simplemente, que ver esta cinta fue encontrar momentos de increíble felicidad matizados, rápidamente, por una aburrida tristeza.

https://www.youtube.com/watch?v=CmRih_VtVAs

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Título: Suicide Squad.

Duración: 123 min.

Director: David Ayer.

Elenco: Will Smith, Viola Davis, Jared Leto, Margot Robbie, Joel Kinnaman, Jai Courtney, Jay Hernandez, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Cara Delevingne.

País: Estados Unidos.

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