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Marvel censura al gran Art Spiegelman por decir que Donald Trump es el Red Skull de la vida real

La editorial evitó que el autor de Maus comparara a Donald Trump con el archivillano del Capitán América.
(GETTY IMAGES/Marvel)

Todo fan de los cómics conoce a Art Spiegelman, uno de los autores responsables de llevar a las historietas a la mayoría de edad. El dibujante y escritor es recordado por su paso por la icónica revista Raw, que publicó algunos de los cómics para adultos más importantes de los años ochenta, y desde donde lanzó de manera episódica su obra más famosa: Maus. A Survivor’s Tale, la primera novela gráfica que ganó el famoso premio Pulitzer.

Spiegelman había escrito una introducción para un tomo recopilatorio de los cómics de Marvel de la edad de oro, que publicaría la Casa de las ideas en una coedición con la respetada editorial Folio Society, pero la editorial le pidió eliminar una referencia en la que comparaba a Donald Trump con Red Skull, el villano y archienemigo del Capitán América. Spiegelman decidió abandonar el proyecto, y  este fin de semana publicó su escrito en el periódico inglés The Guardian, desde donde reflexiona sobre los cómics de superhéroes de los años cuarenta, y como actualmente vivimos una situación similar a los años previos a la Segunda Guerra Mundial, con líderes mundiales enloquecidos y con países sumidos en una crisis económica gigantesca.

En su artículo, titulado “Golden age superheroes were shaped by the rise of fascism” (Los superhéroes de la edad de oro fueron creados por el surgimiento del fascismo), Spiegelman hace un rápido recuento de la historia de los cómics de superhéroes.

“En el siglo XX, los cómics eran vistos como basura, subliteratura para niños y adultos con problemas intelectuales, mal escritos, dibujados apresuradamente e impresos de manera execrable. Martin Goodman, el fundador y editor de lo que ahora se conoce como Marvel Comics, una vez le dijo a Stan Lee que no tenía sentido tratar de que las historias se intelectualizaran o se preocuparan por el desarrollo de los personajes: “Solo dales mucha acción y no uses demasiadas palabras ”. Es una genuina maravilla que esta fórmula haya dado lugar a obras que fueron tan resonantes y vitales.”

(DC Comics)

En su recuento de la historia de los cómics de la era de oro, Spiegelman recuerda que los primeros cómics eran burdas imitaciones de las tiras cómicas que aparecían en los periódicos, pero con menos chispa, siendo claros plagios de las historias más populares que se publicaban en los diarios. Los cómics tardaron en encontrar su personalidad, pero lo lograron cuando unos jovencísimos Jerry Siegel y Joe Shuster presentaron al mundo a Superman.

“Jerry Siegel, un aspirante a escritor adolescente, y Joe Shuster, un joven aspirante a artista, ambos nerds alienados e inadaptados judíos, llegaron muchas décadas antes de que hacer cómics fuera remotamente genial. Ellos soñaron con la fama, las riquezas y las miradas de admiración de las chicas que una tira cómica sindicada en los periódicos podría traerles, y desarrollaron su idea de un extraterrestre sobrehumano de un planeta moribundo que lucharía por la verdad, la justicia y los valores del New Deal del presidente Roosevelt. La idea de los dos jóvenes fue rechazada por los sindicatos de periódicos y tachada de ingenua, juvenil y no apta para publicarse, antes de que el editor Maxwell Gaines comprara sus 13 páginas de Superman para Action Comics a 10 dólares por página, una tarifa que incluía todos los derechos del personaje. La creación de Siegel y Shuster no solo fue el modelo para el nuevo género que llegó a definir el medio, sino que sus vidas fueron el paradigma trágico para los creadores de la era de oro, que se quedaron sin las grandes recompensas económicas que sus personajes trajeron a sus editores.”

A pesar de que el trabajo de Spiegelman es completamente diferente al cómic de superhéroes, se nota que conoce el medio, y en su artículo desmenuza el secreto detrás del éxito de los cómics de superhéroes:

“Siegel y Shuster habían creado un nuevo arquetipo, o tal vez, más exactamente, un nuevo estereotipo, y en 1940, una vez que el género naciente había demostrado que podía hacer que los niños se separaran de millones de monedas de diez centavos por mes, enjambres de imitadores de Superman catapultaron el género. Al parecer, la ingenuidad juvenil de Superman era en realidad parte de su atractivo, invitando a los jóvenes a un nuevo tipo de historia especialmente amigable para los niños.”

El autor no es complaciente con el género, recuerda que, por lo menos en sus inicios, los cómics eran un trabajo “a destajo”, prácticamente igual a trabajar en una fabrica. “Era más como trabajar en una pequeña fabrica que una forma de arte”, dice Spiegelman. Por eso, en sus inicios, la mayoría de los que trabajaban en los cómics eran jóvenes casi adolescentes, apenas con la preparatoria terminada, a los que era más fácil explotar, casi todos provenían de minorías étnicas, principalmente judíos, e inmigrantes europeos de primera generación.

“No solo Siegel y Shuster, sino toda una generación de inmigrantes o hijos de inmigrantes, los más vulnerables a los estragos de la gran depresión, estaban especialmente en sintonía con el aumento del virulento antisemitismo en Alemania. Ellos crearon el Übermenschen estadounidense que lucharía por una nación que, al menos nominalmente, les daría protección del nazismo”.

(Marvel Comics)

Así, esta primera generación de creadores de cómics tuvo que ocultar su nombre judío de manera similar a Kal-El-Clark Kent, a través de una identidad secreta, y prácticamente todos cambiaron su nombre original por uno “americanizado”. Luego, en 1940, se lanzó Capitán América y finamente los autores judíos tuvieron un defensor que le partió la cara a Hitler, literalmente. Enfrentando a este villano de la vida real, los cómics demostraron que eran un medio antifascista, con resonancias de las noticas reales que afectaban al mundo.

“A finales de 1940, más de un año antes de Pearl Harbor, mientras que los nazis estaban arrasando en Londres, Joe Simon, un freelance emprendedor, fue contratado por el editor Martin Goodman para escribir, dibujar y editar directamente para él. Simon le mostró el concepto de portada para un nuevo superhéroe que él y Jack Kirby habían ideado: un héroe vestido como una bandera estadounidense, con bíceps gigantes y abdominales de acero, que acaba de irrumpir en el cuartel general nazi y derriba a Hitler con un gancho en la mandíbula. Goodman comenzó a temblar, sabiendo en el impacto que ese cómic tendría entre le público y siguió ansioso hasta que el primer número del Capitán América, fechado en marzo de 1941, aterrizó en los kioscos. ¡Goodman estaba aterrorizado de que alguien pudiera asesinar a Hitler antes de que saliera a la venta el cómic! El Capitán América era un cartel de reclutamiento andante, luchando contra los verdaderos súper villanos nazis, mientras Superman todavía luchaba contra gángsters con pistolas baratas, rompehuelgas, terratenientes codiciosos y Lex Luthor, y mientras los Estados Unidos seguía dudando de entrar en el conflicto. No es de extrañar que el cómic de Simon y Kirby se convirtiera en un gran éxito, vendiendo cerca de un millón de copias al mes durante toda la guerra. Pero no todos eran fanáticos del Capi en 1941: según Simon, un grupo de estadounidenses a favor de Alemania, bombardearon las oficinas de la editorial con correos de odio y llamadas telefónicas obscenas que gritaban “¡Muerte a los judíos!”. El Alcalde Fiorello La Guardia, un superhéroe de la vida real , llamó para tranquilizarlo, diciendo: “La ciudad de Nueva York verá que no te hagan daño”.”

El Capitán América no sólo fue importante por eso, sino también por permitir ver a Jack Kirby en su mejor momento, marcando un antes y un después entre los dibujantes de cómics. “Kirby fue el modelo proteico de los creadores de cómics”, indica Spiegelman. Eso sí, el autor indica que a él nunca le terminaron de gustar los cómics de superhéroes, prefería leer El Pato Donald, La Pequeña Lulú y, en especial, la revista MAD. Al final de la Segunda Guerra Mundial, los cómics de superhéroes entraron en decadencia y dejaron de venderse bien, y casi todos fueron cancelados, en parte por que se acabó el fervor patriota, y en parte por una persecución en contra del medio, que indicaba que los cómics eran “estrictamente para niños”, y no podían tocar temas maduros.

En la actualidad, se vive un segundo aire de los superhéroes, pero lejos de los cómics. Las películas de superhéroes están atrayendo a un nuevo público que, en su mayoría, desconoce el origen del género, que tenía una base clara en contra del fascismo de derecha.

“En el siglo XXI, gracias al milagro del CGI, muchos millones de personas en todo el mundo que nunca han leído un cómic, o escuchado de la existencia de las novelas gráficas, van a las salas de cine para adorar a las nuevas deidades que encarnan el ADN de los cómics. Los jóvenes creadores judíos de los primeros superhéroes inventaron salvadores seculares míticos, casi como dioses, para hacer frente a las amenazantes penurias económicas que los rodearon durante la gran depresión y dieron forma a sus premoniciones de una guerra mundial inminente. Los cómics permitieron a los lectores escapar a la fantasía proyectándose sobre héroes invulnerables. Auschwitz e Hiroshima tienen más sentido como cataclismos oscuros de cómics que como eventos en nuestro mundo real.”

En la parte final de su ensayo, Spiegelman dice la controvertida frase que llevó a eliminar su escrito de la antología de Marvel, hablando de Donald Trump sin mencionarlo por su nombre de pila:

“En el mundo real de hoy, el villano más infame del Capitán América, Red Skull (Cráneo Rojo), está vivo en la pantalla, mientras que un Orange Skull (Cráneo Naranja) persigue a Estados Unidos. El fascismo internacional vuelve a cobrar importancia (¡cuán rápido olvidamos los humanos! ¡Estudien estos cómics de la era dorada, muchachos y muchachas!) y las penurias que han seguido al colapso económico mundial de 2008 nos ayudaron a llegar a un punto en el que el planeta parece derretirse. El Armagedón parece de alguna manera plausible y todos nos convertimos en niños indefensos con miedo a las fuerzas más grandes de lo que podemos imaginar, buscando un respiro y respuestas en superhéroes volando a través de pantallas, escondidos en la seguridad de nuestros sueños”.

Así terminaba el ensayo original de Art Spiegelman, pero añadió un par de párrafos al escrito que apareció en The Guardian.

“Cuando la Folio Society, venerable editorial de lujosos libros ilustrados, decidió sumergirse en una compilación de lujo de los cómics de Marvel de la edad de oro, me invitaron como novelista gráfico y estudioso del cómic, a escribir una introducción al libro. Tal vez pensaron, erróneamente, que podría darle un poco de respetabilidad al tomo. Entregué el ensayo a finales de junio, sustancialmente el mismo que aparece aquí. Un apenado editor de la Folio Society me habló por teléfono y me dijo que Marvel Comics (coeditores del libro) estaban tratando de mantenerse “apolíticos” y no permitían que sus publicaciones adoptaran una postura política. Me pidieron que alterara o eliminara la oración que se refiere a Red Skull, de lo contrario no publicarían la introducción. No me considero especialmente político en comparación con otros autores, pero, cuando me pidieron que eliminara una referencia relativamente anodina a una Orange Skull, me di cuenta de que tal vez había sido irresponsable por tomar con humor a la grave amenaza existencial que ahora vivimos. Y retiré mi introducción del libro.”

En el final del artículo, Spiegelman tunde un poco más a Marvel.

“Una historia reveladora apareció por casualidad en mi fuente de noticias esta semana. Me enteré de que el presidente multimillonario y ex CEO de Marvel Entertainment, Isaac “Ike” Perlmutter, es amigo desde hace muchos años de Donald Trump, y es uno de sus asesores no oficiales, pero sí influyentes y miembro del club de élite Mar-a-Lago, que se reúnen regularmente con del presidente en Palm Beach, Florida. Perlmutter y su esposa recientemente han donado 360,000 dólares (el máximo permitido por la ley) al “Comité Conjunto de Recaudación de Fondos para la Victoria” de Orange Skull para el 2020. También he tenido que aprender, una vez más, que todo es político … al igual que el Capitán América golpeando a Hitler en la mandíbula.”

Así como en Civil War, ¿de qué lado estás? ¿De Marvel por no querer “meterse” en política? ¿Del de Spiegelman por defender su postura de que todo es política?