Aquí te explicamos qué significan las escenas postcréditos de Deadpool 2 y por qué parten traseros.

Deadpool, el personaje de Marvel y Fox

Como bien saben, la nueva película del mercenario hocicón se estrenó este fin de semana en México. Y las críticas han sido bastante diversas: algunos, como yo, creen que este exceso inhumano de chistes repetitivos es justo lo que necesitaba una continuación a Deadpool; otros, consideraron que esta película fue demasiado soez y demasiado predecible.

En cualquier caso, Deadpool 2 no te deja indiferente. Para bien o para mal, la cinta acaba en un tono tan demente, tan extremo que parece no haber vuelta atrás: ésta es, en efecto, la última película de Deadpool en solitario. Y aquí, justamente, les quería hablar de ese final tan intenso.

No me refiero, claro, al final de la cinta que, en realidad, sí es bastante predecible. No, me refiero a las tremendas escenas post-créditos; esas escenas completamente desquiciadas, que no tienen mucho sentido y que sirven, más bien, para realizar el más supremo fan-service.

Como se imaginarán, a continuación habrá muchos spoilers. Así que, si quieren evitarse un quemón, vayan ahora mismo a ver la película (vale la pena) y regresen a leer este debraye.

Las escenas postcréditos de Deadpool 2 contienen a la esencia misma del personaje. Son alucinantes, molestas, graciosas, autorreferentes y absolutamente implausibles. De todas las cosas con las que se podía meter Deadpool, decidió meterse con la temporalidad y eso es simplemente maravilloso. Me explico.

Cuando salí de la función, me trepé al Metrobús y me puse a escuchar a otros dos críticos que platicaban sobre la cinta. Uno de ellos estaba indignado mientras trataba de darle sentido, en voz alta, a las locuras temporales de esas escenas: “¿Cómo es posible que dos adolescentes reparen el aparato de viaje en el tiempo pero que Cable no pueda hacerlo? ¿Si Deadpool salva a Vanessa cómo pudo haber sucedido la película? ¿Cómo conoció a Cable? ¿Cómo tuvo el aparato temporal?”

Y sí, todas estas dudas son completamente legítimas y tendrían mucho sentido si no se refirieran a una película de Deadpool.

Cuando Joe Kelly tomó el mando del cómic, Deadpool se convirtió en un personaje diferente que comenzó a distinguirse de los demás héroes en su universo. Y por ahí reforzaron su locura Christopher Priest, Gail Simone -que introdujo las letras amarillas-, el regreso de Nicieza con Cable y, claro, las historias completamente desquiciadas de la trilogía del asesinato (Deadpool kills the Marvel Universe, Deadpool Killustrated y Deadpool kills Deadpool).

En Deadpool Kills the Marvel Universe, Deadpool se convence de que es un personaje de cómics y piensa que es simplemente sensible liberar de la miseria tiránica de sus creadores al resto de los personajes marvelitas. Así que, como un acto de piedad, empieza a matar a todos los superhéroes del universo Marvel.

En Deadpool Killustrated esta misericordia asesina se desquicia en cualquier cantidad de obras literarias clásicas. Por ahí, incluso, Deadpool conoce al Capitán Ajab de la famosa novela de Herman Melville.

En Deadpool Kills Deadpool, la cosa ya se pone completamente esquizofrénica y Deadpool se enfrenta a una versión violenta y malvada (o más malvada) de sí mismo.

Estas tres series limitadas muestran bien la libertad con la que se puede escribir una historia de Deadpool. Y Ryan Reynolds sabía que esta era la última película de Deadpool en solitario (como nos lo dijo en conferencia de prensa).

Por eso decidió quemar todos los puentes: esta cinta muestra que ya no hay regreso posible, que ya no hay necesidad de guardar la cordura, que importan muy poco las paradojas temporales.

El hecho de que Deadpool salve a Vanessa es un capricho en contra de la continuidad de su universo, un acto irresponsable en todos los sentidos que amenaza con destruir al personaje mismo. Es por eso que es un acto tan típico de Deadpool. Es autorreferente, es riesgoso, es estúpido, es lo más normal del mercenario hocicón. De paso, se burla completamente de los espectadores diciéndoles, con toda franqueza, que lo que acaban de ver no sirvió para nada, que la trama se anula sola y que no hay nada que rescatar en esta película.

El resultado de las primeras dos escenas post-créditos es que separan completamente al universo de Deadpool de cualquier responsabilidad narrativa en relación con otros universos. En los cómics como en las películas, Deadpool puede hacer exactamente lo que quiera; puede anular una trama con una estupidez, puede destruir su propia historia, puede acabar con cualquier dejo de realismo.

Es por eso que la cuestión no se quedó en salvar a Vanessa…

Las escenas post-créditos en las que Deadpool ejerce una venganza retrospectiva contra los errores ñoños de la carrera de Ryan Reynolds es tan genial por sus diferentes niveles de autorreferencialidad.

Deadpool viaja al universo de los orígenes de Wolverine para matar a la horrenda encarnación que le hicieron ahí y luego viaja a nuestro universo para matar al pasado de Ryan Reynolds. Esta encarnación demente de un personaje ya es absolutamente libre de toda lógica temporal y de toda atadura a un universo. Porque no nada más viaja entre líneas temporales, sino que viaja entre universos posibles.

Deadpool aparece aquí como una encarnación pura de un personaje. Ya no se trata de Ryan Reynolds interpretando a un superhéroe sino de una encarnación que se sale de control, que empieza a perforar límites y que se libera del actor que lo interpreta. Piénsenlo temporalmente: al matar al Reynolds que lee el guión de Green Lantern, Deadpool niega su propia existencia. Y, sin embargo, sigue existiendo.

Deadpool mata al actor que lo interpreta y se libera de su prisión constrictiva; se libera de las ataduras de un universo; se libera de las limitaciones de otros mundos posibles en otras casas productoras. Al asesinar a Reynolds queda libre de este actor para existir, como existe en los cómics, más allá de cualquier escritor, de cualquier ilustrador, de cualquier autor.

Deadpool aparece aquí como el personaje más poderoso de todos los universos de Marvel porque es el único ser que puede perforar la ficción en la que vive. Tal vez no podría matar a Thanos o enfrentarse a Thor o sobrevivir a un ataque de Galactus, pero Deadpool sabe que es un personaje, sabe que no tiene nada que perder y sabe que puede hacer lo que quiera porque es eterno en la ficción.

Por eso, las escenas post-crédito de Deadpool 2 son tan interesantes. Junto a la escena en la que aparecen los Watchers en Guardians of the Galaxy 2, son las escenas que más se acercan a la idea misma de la creación de las ficciones, al génesis de los autores, al mundo real que produce mundos ficticios. Y Deadpool se afirma ahí como un ente independiente, libre e infinitamente poderoso por poseer la capacidad más grandiosa de cualquier superhéroe: el poder de burlarse de sí mismo hasta volver imposible su propia existencia.

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