Una película sencilla pero eficiente que sabe aprovechar sus clichés para dar profundidad al disparatado universo cósmico de Marvel.

De nuevo, me encuentro escribiendo sobre una película de Guardians of the Galaxy (GotG). Han pasado tres años desde la anterior y, en ese tiempo, mucho ha cambiado. La primera película que, en un principio, desconcertó a muchos fanáticos del cómic, terminó siendo algo entrañable (porque sí, incluso yo que me negué a alabarla sin mesura en su momento, terminé conquistado por su indudable carisma). El universo Marvel también se ha expandido: tuvimos a Ultron, una Guerra Civil y la llegada inesperada de las realidades místicas de Dr. Strange y las pequeñeces cuánticas de un gran Ant-Man.

Ahora, en este momento de acelerada expansión cósmica en Marvel, James Gunn regresa con el disparatado grupo formado por Drax, el golpeador obtuso que no entiende metáforas, Gamora, la asesina despiadada con traumas paternos, Rocket Raccoon, el mapache genéticamente modificado que se comporta como adolescente rebelde, Peter Quill, el humano de ego inflado y, claro, Baby Groot, la cosa más tierna de la galaxia.

Y, bueno, ¿qué decir? El resultado no es nada malo.

A pesar de que la cinta ha recibido muchas críticas, yo sigo sosteniendo que es una excelente continuación a la primera película y que, además, repara muchos de los detalles que, en lo personal, me ofendieron en la entrega del 2014. Para poderles explicar todo esto, sin embargo, necesito adentrarme en los SPOILERS. Supongo que no habrá quejas, pues esperamos pacientemente para poder hablar a gusto de Guardians of the Galaxy Vol. 2.

De padres e hijos

Guardians of the Galaxy Vol. 2 empieza algún tiempo después de la primera cinta. El grupo salvó a la galaxia de Ronan, consiguió un considerable prestigio y, ahora, se dedica a explotarlo vendiendo sus talentos mercenarios al mejor postor.

Así, los Soberanos, una raza genéticamente modificada para ser perfecta –según ellos– en cuerpo y alma, los contratan para salvar unas valiosas baterías del ataque de un ente intergaláctico. Como pago por sus esfuerzos, les entregan a Nebula, la hermana de Gamora, para que cobre la recompensa que los Nova Corps en Xandar ofrecen por ella.

Todo marcha perfecto hasta que Rocket, con su irreverencia habitual, se roba las baterías que les pagaron por proteger. Ofendidos, los orgullosos Soberanos intentan destruirlos. Pero los Guardianes salvan, de milagro, el pellejo por la intervención divina de Ego, el padre perdido de Peter Quill, que resulta ser un Celestial.

A partir de ahí, la trama se desarrolla entre los deseos insistentes de venganza de los Soberanos y la cada vez más preocupante conducta de Ego. Finalmente, los Guardianes deberán enfrentarse a conflictos propios para encontrar que sólo entre ellos pueden vivir como familia; una familia de azar y elección; la familia que todos ellos quisieron, alguna vez, tener.

La cinta recuerda entonces ciertos esquemas narrativos conocidos en películas que se enfocan en la relación de padres e hijos. Aquí, particularmente, parece haber guiños constantes a una figura conocida: la del padre por error.

La relación de Ego con Peter y la decisión final de Quill de quedarse con su familia adoptiva recuerda ese tipo de cintas en las que una figura paterna accidental, obtusa y torpe, termina siendo el mejor padre. Porque Ego, el que aparenta ser un verdadero padre, no es en realidad más que un megalómano divino; y Yondu, el que parecía el más terrible de los secuestradores, acaba siendo una figura paterna entrañable.

La cinta recuerda entonces ciertos esquemas narrativos conocidos en películas que se enfocan en la relación de padres e hijos.

Cuando hablo, entonces, de la figura del padre accidental, me refiero a cintas com Kramer vs Kramer (1979), A Perfect World (1993), Big Daddy (1999), Gran Torino (2008), Saint Vincent (2014) y un larguísimo etcétera que se puede extender, incluso, hasta la saga original de Star Wars. El motivo de la figura que se convierte en padre por accidente no es, entonces, algo nuevo.

De hecho, creo que uno de los aciertos de Guardians of the Galaxy Vol. 2 es mostrar, con toda honestidad, sus propias referencias. Es por eso que tenemos esa escena que roza lo ridículo–y que es transparentemente autorreferente– de Kurt Russell y Chris Pratt lanzándose una bola de energía como padre e hijo jugando catch en el patio trasero de un hogar suburbano. Es por eso también que suena, como canción final, la choteadísima y sorprendentemente efectiva, Father and Son de Cat Stevens.

Este grado de autorreferencialidad está pensado para hacer una película narrativamente sencilla que busca imitar viejos esquemas de comedias familiares. Y, al hacerlo con este nivel de desparpajo y de confianza, en esta época, muestra bien una intención de originalidad valiente.

Yo sé que muchos, al ver Guardians of the Galaxy Vol. 2, consideraron esta transparencia narrativa, estos recursos choteados al máximo (digo, la película acaba con fuegos artificiales e¡n una épica conclusión musical en donde el chico bueno se queda con la chica buena después de salvar la galaxia) como una afrenta a la relajienta originalidad de la primera película. Sin embargo, yo creo que esta cinta resulta, en su sencillez, algo más pensado y mejor armado.

Aquí, Gunn sabía que los personajes que entregó, rápidamente, en la primera cinta, tenían el potencial para ser desarrollados. Y, a pesar de que sus conflictos son bastante básicos, en esta entrega se logra una profundidad única para cada protagonista. Se entiende mejor la personalidad de Rocket en el abandono que comparte con Yondu; se entiende más que Yondu no sea un villano sino un antihéroe entrañable; se entiende la ternura obtusa de Drax, el ego genético de Peter y la crueldad fría de Gamora al abandonar, para salvarse el pellejo, a una hermana menor con un padre abusivo…

Uno de los aciertos de Guardians of the Galaxy Vol. 2 es mostrar, con toda honestidad, sus propias referencias.

Todo esto hace que personajes entrañables se vuelvan aún más comprensibles, se relacionen aún más con el público, la trama y las circunstancias. Claro, todo esto no es algo fortuito. Lo que quiso hacer Gunn era, siguiendo también un esquema conocido en el mundo de los superhéroes, confrontar a los Guardianes a una fuerza divisiva para mostrarles la empatía y el cariño que comparten.

Como bien señala una crítica astuta de Indiewire, el personaje de Ego sirve para que los Guardianes entiendan su papel paternal en torno a la figura central de la película: Baby Groot. Groot se sacrificó abnegadamente para salvarlos y ahora todos ellos se convirtieron en padres de una pequeña planta extraña que emana inocencia y ternura.

Todos tienen una relación particular con él y esta relación se desarrolla en un ambiente familiar orgánico y necesariamente disfuncional –como lo son todos los ambientes familiares–. Con Rocket tiene una relación de hermanos cómplices; Drax representa al hermano mayor abusivo pero finalmente protector; Gamora y Peter son padres a pesar de que nieguen su romance por buena parte de la cinta.

Así, al enfrentarse a Ego, los Guardianes se dan cuenta de que entre ellos, por azar y circunstancias, tienen la oportunidad de establecer la familia cariñosa que nunca tuvieron. Todos ellos son producto de padres abusivos, son niños abandonados o de familias desgarradas. Todos ellos pueden ahora hacer acopio de un amor que no tuvieron para criar a un pequeño ser extraño. Y es esa crianza la que salva el universo.

Groot, finalmente, logra poner la bomba porque aprende de sus figuras paternas. Tanto Yondu como Rocket son particularmente pacientes y didácticos en la simpática escena de la cárcel (que incluye un gran chiste sobre mutilación) y la cinta pasa, desde el principio, por múltiples momentos en los que todos quieren proteger a Groot. Gamora quiere moverlo de la pelea inicial, Rocket propone a los Ravagers entregar su vida a cambio de la de Groot y Peter, por dar otro ejemplo, insiste en medio de un aterrizaje forzoso interplanetario en que se abroche un cinturón de seguridad.

El personaje de Ego sirve para que los Guardianes entiendan su papel paternal en torno a la figura central de la película: Baby Groot.

Ego se convierte en un gran antagonista porque es completamente incapaz de comprender todos estos lazos afectivos humanos. Para él las relaciones amorosas son necesariamente mortales. Y sí, todo lo que ama, muere. Es en ese sentido que el dios puede sentirse solo pero absolutamente decepcionado de cualquier compañía. El plan de Ego no es estar acompañado en el universo sino ser lo suficientemente vasto para nunca necesitar compañía.

Así, encontramos una bella reinterpretación del personaje creado por Kirby y Lee. Y esta referencia a un personaje oscuro del universo cósmico que nació de la piradez de Kirby es un guiño hermoso. En particular cuando, en una imagen fugaz, se ve la faz del planeta con la cara que dibujó el mítico creador de cómics.

Un mar de referencias

Quizás es algo absolutamente ñoño de mi parte pero algo que me había ofendido en la primera entrega de Guardians of the Galaxy, fue el uso del personaje de Yondu Udonta. En algún momento que me clavé, leí mucho de esos cómics loquísimos que salieron en 1969 y que dieron vida a los Guardianes originales.

Se trataba de un grupo disparejo de superhéroes que habitaban el siglo 31 y que tenían características únicas. La mayoría de ellos era el último ser vivo de su especie y debía sus poderes a las condiciones atmosféricas de un planeta o a circunstancias galácticas extraordinarias.

Charlie-27 tenía una densidad muscular única por haber sido diseñado para vivir en Júpiter; Martinex tenía el cuerpo recubierto de cristales de silicio –si mal no recuerdo– para resistir las temperaturas extremas de Plutón; Starhawk (Stakar) cree que es de Arcturus y, después de ser recogido por el Reaver Ogord, termina creyendo que es el último de la especie Arcturiana; Yondu proviene de Centauri IV, el primer planeta colonizado por terrícolas fuera del Sistema S olar, y también es el último cazador que usa flechas de Yaka (y, probablemente el último hombre de su especie).

Este grupo es entonces un conjunto excepcional de seres marcados por el dolor que encuentra, en el compañerismo, un nuevo sentido a la existencia cósmica. Me molestaba, conociéndolos, que utilizaran a Yondu como un redneck que seguía la actuación icónica de bully que hizo Michael Rooker en The Walking Dead. Porque Yondu es una creación típica de finales de los sesenta, es el “buen salvaje hippie”: el hombre en contacto con la naturaleza, que puede escuchar la vida conectada de todas las cosas.

Tal vez, el gran cazador azul no siempre fue un patán; tal vez hubo, en algún momento, algo de la bondad desinteresada que le conocíamos en el cómic.

Es por eso que, justamente, me pareció acertada la inclusión de los viejos Guardianes de la Galaxia en esta cinta. Porque aquí aparecen, aunque sea rápidamente, Stakar y Aleta, Charlie-27 (interpretado por un imponente Ving Rhames) y Martinex. También, por ahí, vemos a Mainframe y a Krugarr (lo que nos hace pensar en la relación cósmica que puede tener esta parte del universo con nuestro querido Dr. Strange).

Y todo esto nos muestra una muy ñoña intención de darle una historia y una profundidad de la que carecía antes el personaje de Yondu. Tal vez, el gran cazador azul no siempre fue un patán; tal vez hubo, en algún momento, algo de la bondad desinteresada que le conocíamos en el cómic.

En Guardians of the Galaxy Vol. 2, dentro del Universo Cinemático Marvel (MCU), el equipo original de los Guardianes se convierte en el pasado cronológico de Yondu. Un pasado en el que él mismo tuvo una familia de anti héroes carismáticos que vigilaron, entre pequeños hurtos y trabajos mercenarios, los confines de la galaxia.

Esta revaloración de los personajes de 1969 me pareció absolutamente entrañable y, aunque muchos no entenderán la importancia de estos guiños ñoños, algunos clavados de las locuras cósmicas lo agradeceremos, siempre, profundamente. Y, claro, éste no fue el único guiño a la enorme historia cósmica de Marvel.

En Guardians of the Galaxy Vol.2, nada más y nada menos, que la primera aparición de Adam Warlock dentro del capullo. ¡Eso es enorme! Y no me parece descabellado el camino que tomó Gunn para introducir a este personaje que será esencial, o así lo esperamos, en la guerra contra Thanos. El que, tradicionalmente, fue dueño de la Infinity Stone del alma, fue creado por un grupo de científicos obsesionados con lo racional en los cómics.

Aquí, por eso, aparece como la creación de los Soberanos en un origen muy similar que lo deja, también, fluctuando entre ser un posible antagonista o un héroe. Porque, finalmente, eso es lo que siempre ha sido Warlock: un movimiento indeciso y complejo entre el Magus y sus deseos de bondad.

Con la llegada de la película número 18 del MCU podemos decir ya que este enorme universo expandido puede establecer una realidad independiente a la de los cómics.

Finalmente, el cameo de Stan Lee nos muestra algo único. Porque esta aparición de los Observadores junto al creador icónico de tantos personajes, es una declaración particularmente fuerte del MCU. Esto quiere decir que se posiciona a un hombre junto a los Observadores, un hombre que se incluye como personaje y que, cuando lo abandonan, exclama “¡Aún tengo muchas historias que contar!”. El guiño es claro: Stan Lee ya es más un personaje que un hombre y estas creaciones están al borde de la conciencia de su propia ficcionalidad.

Los Observadores están cerca del límite de la cuarta pared que separa a la ficción de lo que percibimos como real. Y, desde ahí, ellos reclaman su independencia frente al creador para vivir en un universo que ha tomado suficiente consistencia para ser absolutamente independiente. Con la llegada de la película número 18 del MCU podemos decir ya que este enorme universo expandido (que incluye también tanta televisión) puede establecer una realidad independiente a la de los cómics.

Y eso es justamente lo que hace esta cinta. Porque Gunn cuenta una historia íntima, familiar, llena de referencias a su propia vivencia, nostálgica, de la cultura popular en los años ochenta. Al mismo tiempo, reivindica la tradición de viejos personajes olvidados de los cómics como un símbolo de respeto ñoño. Y, finalmente, logra mostrar la independencia de un universo que puede ya darle la espalda a sus creadores.

Así, a pesar de que la música no sea tan buena como en la primera, que algunos recursos parecen gastados y que algunas bromas no resultan tan espontáneas, Guardians of the Galaxy Vol. 2 es una excelente continuación a la primera película. Porque, entre risas y relajo, logra ser de una seriedad impresionante: esta cinta se balancea con gracia entre una cursilería perfectamente consciente de sus propias ridiculeces y un papel central en lo que serán las futuras aventuras cósmicas del MCU.

Lo bueno
  • Que es una cinta independiente y al mismo un pilar cósmico para el futuro del MCU
  • La comedia que domina Gunn con elegancia
  • La autoconsciencia de los clichés ochenteros y noventeros
  • La química entre el elenco
  • La genialidad de traer al viejo equipo del 69
  • Baby Groot
  • Todo lo que hagan Drax, Rocket y Yondu
  • El gran villano que interpreta Kurt Russell
  • Adam Warlock, dios santo, Adam Warlock
  • El mejor cameo de Stan Lee hasta el momento
Lo malo
  • Que el abuso de clichés puede arruinar el encanto de la cinta
  • El personaje de Taserface que se vuelve demasiado ridículo y repetitivo
  • Que es una cinta larga y puede desesperar a algunos
  • Que todavía se ve lejana la guerra contra Thanos
  • Que sólo queda una película de Guardianes de la Galaxia.
Veredicto

Tal vez Guardians of the Galaxy Vol. 2 no sea una película tan original como la primera, tan espontánea como Ant-Man, tan visualmente impactante como Dr. Strange. Pero hay que considerar, también, que ya nada nos parece igual de sorprendente. La primera película de los Guardianes marcó un antes y un después en el delirio cósmico de Marvel, abrió una puerta e indicó el camino. Esto no es más que una continuación y un largo y entretenido desarrollo de personajes. Y eso está muy bien.

He escuchado quejas sobre la llaneza narrativa de esta cinta. Y parece que nos estamos olvidando de que la trama gira en torno a un dios convertido en planeta que procreó a un hombre que termina asesinándolo con la ayuda de un árbol bebé y un mapache que habla. El hecho mismo de que nos acostumbremos a estas locuras me parece genial y, ahora, creo que podemos agradecerle a Gunn que siga haciendo del universo cósmico de Marvel algo divertido. Al menos, mientras esperamos a que todo se ponga verdaderamente serio.


Título: Guardians of the Galaxy Vol. 2.

Duración: 136 min.

Director: James Gunn.

Elenco: Chris Pratt, Dave Bautista, Zoe Saldana, Michael Rooker, Vin Diesel (voz), Bradley Cooper (voz), Kurt Russell, Elizabeth Debicki, Karen Gillan, Pom Klementieff, Sean Gunn, Chris Sullivan, Sylvester Stallone.

País: Estados Unidos.

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