Se estrenó la doceava entrega del universo cinemático de Marvel (MCU): Ant-Man. Y bueno, después de que todos tuvieron buen tiempo de ir a verla, queremos comentarla a fondo sin miedo a los temidos spoilers.

Nadie esperaba mucho de esta película o, mejor dicho, pocos esperaban algo de ella. Porque, a pesar de ser un personaje crucial en la historia del universo Marvel, el Dr. Hank Pym nunca fue tan querido por el público, ni tan apreciado por los Vengadores de su universo. En cuanto uno observa la historia de publicación de un personaje de cómics que tiene ya varias décadas de existencia y se da cuenta de que ha pasado por múltiples cambios en sus súper identidades, que ha sido villano y héroe en diversas ocasiones, que ha pasado por largas desapariciones, por donar trajes y poderes, por rupturas amorosas y triángulos por doquier, uno se da cuenta, inmediatamente, de que su relación con el público ha sido convulsa. Y sí, en efecto, la historia de Hank Pym pasó por muchos exabruptos hasta su retiro final de las andanzas de superhéroe después del juicio de Yellowjacket. Tomando en cuenta su conflictiva historia de publicación, su importancia en el universo Marvel y sus enormes potencialidades como superhéroe, esta película logró el balance perfecto entre acción y humor para reintegrar con toda dignidad a un héroe olvidado al nuevo y complejo universo del MCU.

La historia de Pym

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Hank Pym es un personaje icónico de la era plateada de los cómics Marvel: fue fundador de los Avengers junto a Thor, Hulk, Iron Man, Capitán América y, claro, a su bellísima esposa, la imprescindible Janet Van Dyne, Wasp. Pero, a pesar de su rol central en la constitución del grupo de superhéroes más importante del universo Marvel, Hank Pym nunca fue el favorito del público. Es por eso que ahora, con la nueva atención enfocada a Ant-Man, muchos se preguntaron de qué superhéroe se trataba y alguno que otro despistado pensó, incluso, que se trataba de una extraña broma. Pero no, Pym fue el creador de los Avengers y de Ultron en los cómics, fue la encarnación primera de Ant-Man, la del torpe Giant-Man, la del temible e inestable Goliath y, finalmente, la del frustrado e incomprendido Yellowjacket. Antes de pasar su batuta al ingenioso ladrón Scott Lang, Hank Pym fue un icónico hombre hormiga en su constante lucha contra las fuerzas del bloque comunista que impregnaban entonces con miedo las publicaciones de los cómics americanos.

Y, en consideración de toda esta agitada historia de publicación, de sus comienzos en la Guerra Fría y de su terrible final como un desbalanceado Yellowjacket que golpeaba a su esposa y ponía en peligro a los Avengers, la nueva película de Ant-Man es un sentido homenaje a un personaje importantísimo para el universo Marvel, un personaje tan poco querido y olvidado, que, con esta película, redime sin ninguna solemnidad, su justo lugar entre los grandes superhéroes de la afamada casa de Lee y Kirby. La doceava entrega del MCU es un apéndice necesario para darle un justo lugar entre los acontecimientos que seguirán a dos grandes personajes como lo son el Hombre Hormiga y la sensual Avispa.

Así que el primer logro de la cinta es el de haber sabido introducir a estos personajes mostrando su verdadero valor, su grandeza en la pequeñez, su enorme importancia traducida a una época que difícilmente los entiende. El fracaso actual en la taquilla de esta película (comparada sobre todo con otras entregas del MCU) muestra bien el olvido en el que se tenía a estos personajes y la dificultad de presentarlos seriamente a una audiencia contemporánea. Porque Ant-Man fue una de esas locuras geniales de Stan Lee y Jack Kirby quienes, de pronto, pensaron en hacer un superhéroe minúsculo, alguien ínfimo que se opondría, por su constitución misma, a las ideas cósmicas y planetarias de enormes héroes y villanos de magnitud inconcebible, tragadores de mundos o, cuando menos, dioses del trueno. Y en la creación original de Ant-Man, allá por los años sesenta, se mezcló profundamente la lógica de la Guerra Fría: la idea de un ejército minúsculo de soviéticos sedientos de sangre que se podría introducir en un maletín al territorio estadounidense era, al parecer, algo realmente aterrador por aquellas épocas. Y sí, parece mentira, pero las primeras apariciones de Ant-Man en Tales to Astonish son aún más propagandísticas en la lógica de la Guerra Fría que cualquiera de las otras ideologías evidentes de Marvel en personajes como, por ejemplo, Capitán América.

En efecto, las primeras luchas de Hank Pym siempre fueron contra espías soviéticos o superhéroes comunistas (como el Comrade X), su primer gran amor fue con una exiliada belleza húngara que termina siendo asesinada por el régimen de su país y causa el primero de una larga serie de colapsos nerviosos en el talentoso doctor en bioquímica. De hecho, su amor por Janet Van Dyne nace en la afinidad que ambos tienen por la venganza contra las fuerzas del mal (los comunistas asesinos de su amada María, por un lado, y los asesinos del millonario Van Dyne, padre de la Avispa, por el otro). Y de esta relación problemática mezclada con los complejos de inferioridad de un héroe que se hacía llamar el hombre hormiga frente a grandes monstruos como Thor o Hulk, llevaron a la locura progresiva de Hank Pym hasta sus crímenes cometidos como Yellowjacket después de que regaló su identidad de Ant-Man al simpático ladrón, cariñoso padre y superdotado ingeniero en electrónica, Scott Lang.

Una brillante adaptación

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Entonces, si observamos toda esta historia en la publicación de los cómics, si revisamos cada paso de la conflictiva historia de Hank Pym con Janet Van Dyne y el nuevo Ant-Man, Scott Lang, parecería casi imposible hacer una película coherente que en dos horas diera cuenta de toda la importancia icónica de los personajes, de sus entrelazamientos con la fundación de los Avengers, de su lucha en la Guerra Fría, de todos los cambios, de todas las locuras que fueron apareciendo en su conflictiva historia. Pero, con una impresionante ligereza y una gracia incomparables, los guionistas de esta nueva entrega del MCU –en los que se incluye el mismo Paul Rudd que interpreta a Lang– lograron revitalizar un personaje olvidado, dotándolo de nueva importancia, de un enorme peso frente a sus poderes e insertándolo de nuevo en la vida de los Avengers.

Y claro, para lograr esto, se tuvo que cambiar la historia de los cómics. Pero estos cambios absolutamente necesarios fueron manejados con excelente discreción para hacer un guiño saludable a la historia de publicación del personaje sin tener que inmiscuir la tórrida trama de la vida de Hank Pym. Porque aquí las cosas se simplifican: Pym es retomado bajo la excelente, inesperada y carismática actuación de Michael Douglas como un superhéroe retirado que, efectivamente, luchó durante muchos años como agente encubierto en la lógica de la Guerra Fría. La escena que abre la película está justamente situada en 1989, dos años antes de la caída de la Unión Soviética, y el padre de Tony Stark pregunta a un todavía joven Pym por qué no se encuentra en Moscú en el momento. Con esta simple escena se reordena toda la lógica del personaje y suponemos su implicación en la caída del bloque comunista y sus misiones profundamente relacionadas con las tensiones entre las grandes superpotencias del mundo durante las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Vemos a los agentes veteranos de S.H.I.E.L.D, entendemos la tensión fundamental entre las creaciones de Stark y las creaciones de Pym y la historia se reacomoda de tal forma que el primer Ant-Man tiene una historia pasada como agente americano junto a su querida esposa Wasp, mucho antes de la formación de los Avengers.

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Y así se puede pasar libremente la batuta temporal a una nueva era en la que Ant-Man se relaciona con la creación de los Avengers en el ordenamiento nuevo del MCU: Hank Pym cuenta por retazos su historia y cede su personaje al carismático Scott Lang. En esto se respeta bastante la historia de Marvel Premieres en la que Scott Lang roba el traje de Pym con las nobles intenciones de salvar a su hija. Y claro, aquí se reordenan otros aspectos de los cómics: Darren Cross sigue siendo la competencia terrible a las empresas tecnológicas de Stark pero, en vez de ser un monstruo deforme con un corazón frágil, se convierte en la personificación de todo lo malo en Hank Pym. Así, en esta adaptación, la locura de Pym se transfiere a un villano que personifica el desbalance emocional de Yellowjacket en una nueva recreación de Darren Cross como el primer contrincante serio de Ant-Man, aquél que amenaza la vida de la cosa que más valora en la existencia, su joven hija Cassie.

Esta manera de interpretar los cómics no nada más simplifica muchísimo la historia de Hank Pym, sino que incluye muchos elementos de su publicación cambiando completamente la trama de los cómics, como ya dije en otra ocasión, siendo irrespetuosamente respetuosos. Están todos los guiños al mito previo de Ant-Man (en algún momento, incluso, Darren Cross se refiere a los cuentos que rodeaban al superhéroe como Tales to Atonish), está la presencia de la primera Wasp transferida en la escena de los créditos a una nueva encarnación con Hope Van Dyne, está la burla a la lógica de la Guerra Fría (por ahí andan desarmando misiles nucleares robados por separatistas en silos soviéticos) y están los rumores de los desequilibrios mentales que puede acarrear el uso prolongado del traje. Y también está el nuevo Ant-Man que será Scott Lang con todo el humor torpe y honorable de este personaje que permite más profundidad en la relación con Pym como un verdadero héroe (y no como un acomplejado científico) que equivocó su camino eligiendo como primer aprendiz al soberbio Darren Cross. Los acomplejamientos de Yellowjacket quedan entonces en manos de otro personaje, Ant-Man vuelve a nacer en esta era en la que los Avengers están ocupados “tirando ciudades del cielo”, y una nueva Wasp se perfila para el futuro de la Guerra Civil.

Una realización humorística y cuidada

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Lo que termina de hacer de esta película una de las mejores realizaciones de héroes individuales en el MCU es el humor constante, la cantidad de autorreferencias juguetonas y la realización impecable. Porque aquí, aparte del carisma natural de Paul Rudd y de la dirección impecable de Peyton Reed (que crecieron realizando comedias), está la enorme actuación secundaria de alivio cómico de Michael Peña (con esas secuencias de narración en voz en off que no tienen precio) y una enorme cantidad de guiños cómicos a las escalas de la lucha de Ant-Man contra su adversario Yellowjacket.

La representación de los poderes de Ant-Man adquiere una fuerza impactante en esta adaptación que no siempre se mostraba tan eficazmente en los cómics. Aquí se ve el verdadero poder de un ejército de hormigas comandado por un hombre hábil que está en completa simbiosis con su traje; se entiende la rapidez que puede alcanzar, el poder de sus golpes, las facilidades de su sigilo y la utilidad de sus armas que expanden y encojen cualquier tipo de objetos o personas. Esta representación maravillosa de los poderes de Ant-Man toma mucho de los cómics en la forma en que se encoge el héroe, en encuadres del personaje corriendo con su ejército de hormigas o montando al entrañable Ant-Tony (que no es la Emma de los cómics pero que tiene también una enorme personalidad silenciosa). Y claro, como resultado vemos que ni siquiera el gran Falcon es rival para una hormiga habilidosa.

Las secuencias de acción están filmadas con gracia y fluidez alternando las escalas para que podamos ver el terrible mundo de un ser pequeño y las infinitas posibilidades que ofrece. Y en todas las secuencias de acción se entremezcla el humor inteligente: desde el entrenamiento torpe de Scott Lang y la brutalidad vengativa de Hope (interpretada impecablemente con golpeadora sensualidad por Evangeline Lilly) hasta esa secuencia maravillosa adentro de un portafolio cayendo por el cielo en donde se escucha Disintegration por The Cure mientras un diminuto villano pasa por el ovillo de una llave.

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Así que toda esta demostración de poderes que pone en el mapa de los grandes héroes al superhéroe más diminuto, no deja de lado las bromas y la autoparodia. En todo momento se muestra la comedia en las escalas de la pelea cambiando el enfoque desde la perspectiva de la lucha diminuta y de cómo se observa a distancia (y el mejor ejemplo sería la enorme secuencia de lucha en un tren de juguete de la habitación de Cassie). Porque, claro, no ha habido nada desde Querida: encogí a los niños que muestre tan bien la sorpresa de ver objetos cotidianos en otra escala: desde un entramado de alfombra como maizales gigantes hasta una hormiga del tamaño de un perro o un Thomas the Tank Engine de tamaño real descarrilándose por la ventana de una casa suburbana. Este nuevo Ant-Man no se acompleja por su pequeñez y la muestra con humor y confianza dejando todos los traumas del lado del personaje de un Darren Cross interpretado increíblemente bien por el viejo conocido de House of Cards, Corey Stoll.

Y el resultado final es una excelente película de acción que logra adaptar una historia complicada en una sencilla aventura llena de humor y reflexión autoparódica. Esta película logró reintroducir a dos personajes olvidados pero nunca menores a la lógica del MCU y, con las escenas entre créditos y postcréditos vemos bien que serán una parte fundamental en las futuras batallas de los Avengers. Y claro, el romance que está iniciando entre Lang y Hope, la futura relación de Ant-Man con Falcon y el Capitán América, señala un principio de tensión enorme que surge en los cómics entre Pym y Stark, y que aquí va terminar en la Guerra Civil que se avecina. 

Algunas reflexiones interesantes

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Finalmente, todos los guiños de humor, la autoparodia constante y la adaptación después de la lógica inicial de la Guerra Fría en que nació el personaje no se quedan en la simple espectacularidad de una película de acción. Esta cinta reflexiona sobre muchos aspectos interesantes que no parecen, en un principio, importantes, y que pasan desapercibidos por el ritmo acelerado y las carcajadas que provoca. Pero ahí está la reflexión sobre lo que hace grande a un héroe: después de la visibilidad espectacular de las dos últimas películas de Avengers, es evidente que la discreción y el espionaje discreto no son las armas más fuertes de los protectores de la Tierra. También, con el intento de Age of Ultron de mostrar el lado más humano de Hawkeye, ya se hacía notar la falta de relación con la humanidad de seres tan genialmente excepcionales como Hulk, Thor, o incluso Iron Man en su lejanía de playboy-genio-millonario y Capitán América con su desfase temporal. Esta lejanía con el héroe cotidiano, con la normalidad humana no hizo más que acentuarse con la aparición extraordinaria de Scarlet Witch y Vision. Y en esto entra perfectamente el humor pedestre, la vocación familiar, los talentos discretos y las experiencias reales en la mítica prisión de San Quentin de Scott Lang. Además, su romance con la nueva encarnación de Wasp puede reanimar todo ese aspecto tan común en los cómics de las relaciones interpersonales de los Avengers. Tenemos ya pistas de amor entre Black Widow y Banner, tenemos el inestable romance de Tony Stark con Pepper Potts, la relación naciente entre Scarlet Witch y Vision y este nuevo añadido romántico entre Lang y Hope Van Dyne.

Por otra parte, la idea de Yellowjacket queriendo vender la tecnología militar de su traje a Hydra es una forma espectacular de señalar cómo, a pesar de que la Guerra Fría terminó oficialmente con la caída de la URSS, las lógicas de intimidación por armamento siguen siendo el pan nuestro de cada día. De hecho, el genial video publicitario que presenta Cross cuando muestra su proyecto a potenciales compradores está lleno de referencias al espionaje político, al sabotaje industrial y, claro, a la “pacificación” de regiones y a la eliminación de “obstáculos por la libertad”. Con eso, se hace una burla evidente a los discursos ideológicos americanos que han sustentado sus últimas intervenciones del medio oriente: todo parece justificarse en nombre de la libertad, la democracia y la guerra por la paz.

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Finalmente, en contraparte con las grandes peleas épicas que se avecinan con el regreso del aspecto cósmico del MCU en la siguiente entrega de Thor, Guardians of the Galaxy y las Infinity Wars, tenemos aquí un balance de lo infinitamente grande con lo infinitamente pequeño. Y la genial tragedia con la que pintan, en esta cinta, la muerte de la primera Wasp, muestra bien esta intención de señalar los peligros de otro universo completamente separado, del universo que relaciona lo ínfimo con lo cósmico, del universo de la teoría cuántica.

Porque la representación de ese mundo en el que se aventura Lang después de apagar su regulador es totalmente inquietante: es la representación de otra escala, de otra dimensión en la que el tiempo y el espacio dejan de existir como los conocemos, en donde toda escala se pierde en la vastedad absoluta del universo cuántico. Y esta representación une con verdadera inteligencia las dos escalas entre las que estamos atrapados como desprevenidos humanos: la escala cósmica en la que otras especies y otros dioses juegan con nuestra existencia como si de canicas se tratara y la escala ínfima, pequeña, que está siempre a nuestro alrededor, que nos atraviesa y que, desprevenidos por nuestros nimios sentidos, no podemos nunca observar. Esta representación del universo cuántico junto con la recreación de un héroe minúsculo, hace de Ant-Man el contrapeso ideal entre los múltiples universos complejos de la mitología de Marvel creando el fino balance sobre el que se mantienen, en constante riesgo, las vidas insignificantes de todos nosotros, pobres mortales.

Lo bueno

  • La maravillosa adaptación del cómic con simpleza y elegancia.
  • El humor único de esta película que sólo rivaliza Guardians of the Galaxy.
  • Las actuaciones justas de Rudd, Douglas, Lilly y el increíble Peña.
  • El hecho de que inserta a personajes importantísimos y olvidados al MCU.
  • Las posibilidades humanas de conflicto que ya se anuncian para Civil War.
  • La acción desparpajada, elegantemente realizada e inteligentemente autoparódica.

Lo malo

  • Que su fracaso en taquilla puede desanimar futuras producciones sobre personajes menos populares.
  • Que la gente siga despreciando, a pesar de ser la era de los superhéroes, a figuras icónicas de los cómics que son menos conocidas.
  • Que la emoción por las adaptaciones de los cómics puede declinar antes de que veamos completo el plan ambicioso del MCU.

Veredicto

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Ant-Man es, sin duda, una de las mejores películas de superhéroes individuales en el MCU. Tiene todos los elementos que necesita una adaptación cariñosa de cómics clásicos: mucho humor autoparódico, mucha acción coreografiada con elegancia y fluidez, un guión inteligente que permite reflexiones interesantes, personajes entrañables, villanos notables y una mezcla perfecta de lo ligero y lo familiar con lo ominoso y lo terrible. A pesar de que esta adaptación termine siendo olvidada por su fracaso en taquilla y la mínima respuesta del público, Ant-Man permanecerá, sin duda, como uno de los mejores logros en la recreación de personajes clásicos del cómic en pantalla grande. Los fanáticos que la disfrutamos con cariño siempre sabremos, como Baskin-Robbins, de su entrañable esfuerzo y su indudable calidad.

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Título: Ant-Man

Duración: 117 min.

Fecha de estreno: 16 de julio de 2015

Director: Peyton Reed

Elenco: Paul Rudd, Evangeline Lilly, Michael Douglas, Corey Stoll, Michael Peña

País: Estados Unidos

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