Llegó la quinta entrega en la saga de Terminator. Y sí, con esta película tenemos una nueva secuela para la muy anticipada lista de retornos nostálgicos de este año: ya pasamos por Mad Max, Jurassic World y esa bellísima oda a la nostalgia que fue Inside Out, nos toca ahora, tal vez, decepcionarnos por primera vez.

Desde 1984, cuando Cameron sorprendió al mundo con una historia retorcida de apocalipsis probables, robots del futuro y guerreros enamorados de otra era, Hollywood ha quedado fascinado con la presencia de Terminator en el cine. Schwarzenegger se convirtió en la estrella inapelable de acción, la cinta fue un ícono cultural imborrable de los ochenta y, luego, muchos intentos insistentes quisieron recrear sus encantos. Pero bueno, seamos honestos, son las dos primeras películas, las del Cameron apasionado por la ciencia ficción y los showdowns épicos que sólo él sabía hacer (recordemos que entre esas dos películas está la pelea de Ripley con la reina madre en Aliens), las que permanecen en nuestra memoria. La tercera película quiso ser fiel a los principios pero nunca logró, a pesar de la acción espectacular, la intensidad emocional y las escenas imborrables de las dos anteriores. Terminator Salvation, algunos años después, quiso continuar el legado construyendo una historia alrededor del porqué de la cicatriz en el rostro de John Connor y fue una precuela/secuela que no trataba con la trama de viajes en el tiempo queriendo construir otra saga en el futuro terrible de la guerra contra las máquinas. Un intento solemne pero olvidable, un apéndice más en las fallidas continuaciones.

Un legado de temporalidad estable

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Schwarzenegger aparece en varias personificaciones de edad

Entre estas cuatro películas la continuidad temporal no se fragmenta, y ese fue tal vez el mayor logro de la tercera parte. Después de la conclusión de Cameron con la voz en off narrando sobre las líneas inexorables de la carretera, el futuro de la saga quedaba como algo completamente incierto y se instalaban las tremendas paradojas temporales: si Skynet nunca toma consciencia, ¿quiere decir que John Connor se disuelve en el vacío? ¿Que su existencia se agota desde que Kyle Reese no regresó a procrearlo? ¿O, simplemente, que se creó una línea temporal diferente en la que el futuro apocalíptico nunca ocurrió y todo queda bien ordenado en horizontes de tiempo distintos? La tercera parte quiere responder a estas preguntas revirtiendo la sentencia inicial del mismo Connor como mensaje al pasado: sí hay un destino y es el destino inexorable del Día del Juicio Final que llegará a pesar de todo lo que haga cualquier héroe para evitarlo. Así, siete años después de la destrucción de Cyberdyne, mediante un virus computacional de defensa, Skynet, finalmente, toma consciencia, John termina encerrado con la misma esposa que veremos en Salvation y se reinicia la continuidad de la saga en una misma línea temporal que dará un loop eterno.

Si así quedaron las cosas después de las primeras cuatro películas, se volvió rápidamente evidente que al público ya no le interesaba esta línea temporal y que, sin los viajes en el tiempo, todo el asunto de las guerras contra las máquinas podía dar películas bastante sosas. La seriedad solemne de Salvation no tuvo el impacto que querían sus creadores y, durante varios años, nos quedamos pensando que el universo de Terminator había llegado finalmente a un fin dubitativo y alargado que tal vez debió quedar en las líneas de la carretera de la segunda entrega y morir con una ambigüedad digna. Pero no, para nuestra sorpresa, después de innumerables broncas legales por los derechos de la cinta, Paramount contrató a dos guionistas con experiencia televisiva y en cine de género (Laeta Kalogridis y Patrick Lussier) para trabajar en una nueva historia que pudiera revivir la saga de forma completamente original. Y bueno, para hacerlo, sólo había una solución: destruir la línea temporal de las anteriores cuatro películas en vista de lograr una nueva aproximación más fresca, que pudiera interesar a nuevos espectadores, que reuniera la suficiente nostalgia y el tan necesario cambio (algo así como la función que tuvo Crisis on Infinite Earths para la gastada mitología de DC Comics). El resultado fue Terminator Genisys, una propuesta ambiciosa, lujosamente fabricada, con muchos guiños nostálgicos y con una voluntad clara de cambiar completamente el legado de Cameron convirtiéndolo en una nueva propuesta temporal.

Una nueva propuesta

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La bellísima Emilia Clarke termina haciendo una encarnación decepcionante del icónico papel de Linda Hamilton

La trama de Genisys comienza más o menos en donde empezó la primera película: un soldado del futuro (Kyle Reese) es enviado al pasado para proteger a una joven Sarah Connor de un T-800 enviado por Skynet para matarla. (Y hasta aquí tenemos el arremedo exacto de algunas escenas de la primera cinta: ¿se acuerdan de un joven Bill Paxton en disfraz ochentero de punk?) Pero la cosa cambia ligeramente y, en este cambio, está toda la intención de renovar la saga. Al ser enviado al pasado, Reese llega a observar cómo un Terminator misterioso se ampara de John Connor dejando poco claro si lo mata o no. En ese momento, los recuerdos de Reese empiezan a cambiar y tiene flashes de memoria de una vida que nunca vivió, de una vida sin el apocalipsis de la rebelión robótica. Al llegar a los años ochenta, Reese se da cuenta rápidamente de que éste no es el pasado para el que lo habían preparado, que en esta línea temporal a la que acaba de llegar, un T-800 fue enviado años antes para salvar a Sarah Connor cuando aún era una niña. Así, la madre del líder rebelde humano sabía perfectamente todo lo que le iba a suceder y no es la crédula mesera de la primera película.

A partir de ahí la trama se irá retorciendo cada vez más de un salto temporal a otro hasta llegar, nuevamente, a la destrucción (al menos en apariencia) de Skynet. Ahora, la rebelión de las máquinas tiene otra fecha (2017) y otras amenazas (entre las que está el renacimiento de John Connor como un híbrido robótico de lo más cruel). Todo esto para llegar, finalmente, a un nuevo showdown muy al estilo de las cintas anteriores y observar a nuestros nuevos protagonistas, el T-800 renovado, una Sarah Connor fuerte y consciente y a un Kyle Reese menos perplejo que los anteriores, encaminarse felizmente hacia un nuevo horizonte.

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La nueva personificación del T-100 es bastante decepcionante

No cuento aquí más detalles de la trama porque alargaría muchísimo este comentario. El asunto es que entre sus idas y vueltas temporales, esta película quiere renovar la franquicia encontrando un nuevo pasado y un nuevo futuro para sus protagonistas. Utilizando los mismos personajes y el mismo mundo, Terminator Genisys destruye completamente la línea temporal de las anteriores cintas para volverse un nuevo y caótico principio que huele demasiado a la intención de Paramount de crear una nueva saga taquillera. Todos los que se han paseado por un cine últimamente han podido ver el enorme despliegue publicitario alrededor de esta cinta. Y con todo esto podemos ver que la cinta está bien encaminada en una dirección de producción que apunta a regresar a los logros taquilleros de las películas de Cameron y reiniciar la emoción por una historia olvidada tal y como lo logró, con creces, Jurassic World.

Pero, en medio de este desplante comercial, hay algo que me incomodó particularmente de la película. Lo que siento, en general, con esta cinta, es que la intención de la producción es muy evidente y que, al final, todo se queda en un lugar intermedio, algo soso y desubicado, entre la necesidad de generar nostalgia con referencias evidentes y la voluntad de crear una historia completamente original. Desde el lado de la nostalgia, no me malentiendan, aquí lo digo con toda sinceridad: crecí con las dos primeras películas de Terminator y me sé de memoria los diálogos, soy un viejo fanático de la saga como también lo fui de Mad Max y de Jurassic Park. Pero, a diferencia del homenaje de Miller a su propia obra y del espectacular regreso nostálgico de Jurassic World, con Terminator: Genisys salí del cine completamente decepcionado. Les explico por qué.

Un artefacto falso de funcionalidad dudosa

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También vemos el regreso a las imágenes típicas del futuro que vimos desde la primera entrega de la saga

De entrada hay que decirlo: ésta es una película trepidante, con mucha acción, excelentes efectos especiales (en particular con el uso de colores y efectos que se adaptan a las estética de las dos primeras cintas) y buenas actuaciones (sobre todo en la representación calurosa y combativa primero, luego fría y cruel del John Connor de Jason Clarke); es una película entretenida que sabe muy bien de su potencial palomero y lo explota a más no poder.

El problema aquí es que había algo muy oscuro y terrible en las películas de Cameron que se mezclaba con este potencial taquillero de forma ágil e inteligente. En particular Terminator 2: Judgement Day logró mostrar el lado más terrible de la obsesión de Sarah Connor en sus entrevistas con un psiquiatra burlón, en el clima de hostigamiento sexual de su encierro, en el endurecimiento de la voluntad de un personaje que pasó por una tragedia incomprensible que la destinaba a un futuro horroroso y a la angustia constante de saber la amenaza que pesaba sobre su hijo mientras ella permanecía encerrada. La historia de infancia de John, entre los muchos sustitutos guerrilleros de padre, la formación en computación y el entrenamiento para convertirlo en líder, es terriblemente eficaz en la construcción del personaje interpretado magistralmente por Edward Furlong. Finalmente, los sueños apocalípticos de Sarah Connor de niños calcinados, su odio por el pobre Myles Bennet Dyson que, hasta entonces, no sabía de los peligros de su investigación, la violencia despiadada del T-1000 (con varias ejecuciones memorables entre tazas de café y cartones de leche), el progresivo encariñamiento del líder humano de la resistencia con una máquina bondadosa y torpe, y un final tan trepidante como claustrofóbico, le daban un impacto emocional y una profunda violencia prospectiva que nunca logró igualarse.

Las paradojas temporales entre la primera y la segunda cinta, el final abierto y críptico al que llegan, las reflexiones sobre el destino y la importancia de la vida humana a pesar de su estupidez fundamental y su curiosidad fatal, son elementos que hacían de estas películas una gran obra conjunta de ciencia ficción. Y estos elementos son justamente los que desaparecen en esta nueva cinta. Todo empieza con una voluntad evidente de revertir los papeles: Reese se convierte en la damisela en peligro mientras Connor se transforma en una guerrera fuerte (aunque menos brutal que la Hamilton de la segunda parte); el T-800 deja su figura paterna con John Connor para convertirse en la figura paterna de su madre; el mismo líder de la resistencia se convierte en el líder militar y estratégico de Skynet… Y claro, esto es un claro homenaje a las primeras cintas que gustaban de revertir roles.

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J. K. Simmons hace un papel minúsculo de alivio cómico que no tiene mucho contenido

Pero aquí la diferencia es que todo esto se siente como algo fabricado y perfectamente forzado, algo que juega con los conceptos anteriores que ya tenía cualquier fanático. Así, no hay una construcción profunda de los personajes y todo termina algo diluido: en Kyle Reese no vemos la sorpresa frente a este nuevo mundo y no nos creemos, con el mismo impacto, su trauma por el mundo futuro (en todo caso no es el mismo desadaptado tosco y plagado de cicatrices de la primera); en Sarah Connor, a pesar de la belleza fuerte de Emilia Clarke, vemos mucho de su personaje como Khaleesi (es decir, a una niña mimada que ha tenido malos ratos, que se esfuerza por ser fuerte pero que, en realidad, está a punto de estallar en un berrinche con pataleta después de cada decisión); el T-1000 se convierte en un mecanismo algo soso que muere con facilidad pasmosa sólo para poner en perspectiva nuevas amenazas robóticas; el T-800 juega con las palabras aprendidas en las primeras películas a pesar de que en esta cronología jamás se las enseñó John Connor y jamás las utilizó para destrozar una estación de policía; el T-3000 es una continuación bizarra del robot de Terminator 3 que nunca entendemos bien cómo funciona ni de lo que es capaz de hacer (¿puede infestar a otros? ¿Cómo le afecta el magnetismo? ¿Si es tan invencible por qué la lanza con que lo atraviesa el T-800 le causa tanto daño?)…

En medio de todo esto, acabamos extrañando profundamente los papeles interpretados con tanta profundidad por Linda Hamilton, Michael Biehn y Schwarzenegger antes de que se convirtiera en una parodia de él mismo. En el mismo sentido, los showdowns incesantes de esta película que quieren regresarnos a la nostalgia por los desplantes barrocos de Cameron, empiezan a cansar en un momento por su repetición incesante: hay peleas entre dos T-800, entre T-800 y T-1000, entre T-800 y T-3000, entre humanos y máquinas, por tierra, por aire y casi por mar… Y no es que se le recrimine a una película de acción el hecho de que tenga, justamente, mucha acción, sino que, en algún punto, si ves que el T-800 puede sobrevivir absolutamente a todo, que puede vencer a todo tipo de robots más avanzados y salirse con la suya, parece realmente absurdo que las máquinas no se hayan quedado con ese modelo.

Parte del encanto del personaje de Schwarzenegger en la segunda cinta era la vulnerabilidad que mostraba después de ver su insistente fortaleza en la primera parte. En Judgment Day se ve como un robot acabado, que necesita múltiples reparaciones, que termina completamente cansado y destrozado, que lucha sólo para sacrificarse en un acto muy humano. El asunto aquí, en Genisys, es que el personaje del T-800 se convierte en algo así como un superhéroe que puede caer en las hélices de un helicóptero y no salir rasguñado, que puede acabar atrapado en un campo magnético que destruye todo y no morir, que puede, finalmente, nadie sabe cómo, metamorfosearse, al contacto con metal líquido, en un T-1000 nuevo y reluciente. Y en este eterno coqueteo con el sacrificio de la máquina que no se sacrifica nunca y que parece invencible, se pierde mucho del suspenso y de la empatía emocional que caracterizaba, justamente, desde la dos, pasando por la tres y hasta Salvation, el sacrificio de la máquina frente al hombre, del creado por su creador, del robot asesino frente a su presa.

La supervivencia del T-800 y, en general, la forma en que se salvan al final todos muestra bien las intenciones de manufactura de una película que quiere comenzar franquicia y que lo hace sin mucha sutileza: desde los implicados humanos que la libran porque de repente surge un bunker perfecto y a la mano, programado con una perspicacia implausible, hasta Skynet mismo en su personificación peculiar que retoma a la reina roja de Resident Evil y a Helena Boham Carter de Salvation en las tomas entre créditos. La sensación al final es la de un completo desapego por el peligro que sufren personajes que una y otra vez sobreviven de forma incomprensible, que se trasladan en el tiempo como si fueran enchiladas y que, al final, no logran absolutamente nada porque todo queda como empezó el asunto. Se salvó un futuro por ahora pero todo indica que recomenzarán las persecuciones y los showdowns en varias secuelas que se antojan ya con el mismo regusto poco inventivo y repetitivo que caracteriza a esta cinta.

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Kyle Reese y John Connor en sus nuevas personificaciones

Y además están los detalles implausibles que se multiplican: nunca sabemos quién o qué mandó al primer T-800 al pasado o bajo qué circunstancias se modificó toda la línea temporal (cosa que debería ser importante porque es, justamente, lo que le da existencia a esta película); nunca sabemos cómo o por qué el T-800 puede fabricar una máquina del tiempo en los años ochenta; no podemos entender la importancia del hijo de Miles Bennett Dyson si, en esta cronología, su padre nunca fue contratado para aplicarle ingeniería inversa al chip cerebral del T-800; es incomprensible cómo, si la intención del T-3000/John Connor es la de matar a sus padres una vez que estos compartieron sus planes, no lo hace cuando tiene quince oportunidades en el hospital; y bueno, las incongruencias que ya habíamos señalado en la supervivencia milagrosa del T-800 convertido en T-1000 por la gracia del señor.

Todo esto nos muestra que Terminator Genisys nunca tuvo la intención de ser una película congruente de ciencia ficción dura como lo fueron las primeras dos. Al transformar completamente los argumentos de ciencia ficción en una excusa bastante laxa para hacer un desplante espectacular de acción palomera, la película traiciona los principios que le dieron vida a la saga. A pesar del intento de discursos entre Reese y Connor (sin ningún tipo de química, por demás) sobre la predestinación y la necesidad fatal, no sales de esta película reflexionando más allá del argumento convulso que deja demasiados huecos. En ningún momento se desarrolla una reflexión profunda u ominosa sobre el humano y su curiosidad ambiciosa; en ningún momento se reflexiona a fondo sobre las complejidades de los viajes en el tiempo; en ningún momento se siente el peso de un guión creado con la pasión de una historia que va más allá de la venta de boletos en taquilla y el capricho de unos cuantos productores.

Y en eso, al mostrar su carácter artificioso que sólo busca recrear una saga, cuando, al final de la película, vemos la supervivencia de Skynet, nos damos cuenta de que todo fue para hacernos esperar otra entrega sin nunca justificar orgánicamente la necesidad de continuaciones. La relación entre la primera y la segunda parte de la franquicia es completamente natural y consecuente, se unen las dos cintas con originalidad y sutileza, todo parece adecuarlas tan bien que son un mismo y maravilloso bloque de acción en ciencia ficción dura y reflexiva. Aquí tenemos un híbrido raro entre homenaje e innovación que muestra en todas partes sus articulaciones falsas y robóticas, sus planes por crear un producto comercial más que una obra de ciencia ficción. Al borrar la línea temporal anterior, lo único que logra Genisys es hacernos extrañar más las primeras cintas y preguntarnos, casi como mantra, si era necesario, para el cine en general, relanzar una trama que acabó, con toda dignidad, hace veinticinco años.

Lo bueno

  • El uso de una estética que recuerda las dos primeras películas en las escenas ochenteras.
  • La aparición de distintos Schwarzeneggers en el tiempo, desde su cara juvenil de los ochenta hasta sus avanzados años actuales.
  • La acción trepidante.
  • Los efectos especiales.
  • La actuación de Jason Clarke que crea una buena interpretación de John Connor.
  • Que te hace sentir nostalgia, en contrapunto, por las primeras dos películas.

Lo malo

  • Lo terriblemente innecesaria que se siente esta película como un apéndice más a una historia que no necesitaba añadidos.
  • La falsedad de su argumento que muestra, en todo momento, los engranajes de un artefacto que se quiere más stunt publicitario que ciencia ficción coherente.
  • La cantidad enorme de incongruencias.
  • La banalidad de todo el asunto que no nada más evita la reflexión, sino que la acalla con mucho ruido y poca profundidad.
  • La mala interpretación de personajes tan queridos por parte de Emilia Clarke y Jai Courtney.
  • Lo fatigosa que se vuelve, muy rápidamente, la película.
  • La completa ausencia de empatía emocional efectiva y la facilidad mediocre de sus intentos de comedia.
  • El hecho de que se van a salir con la suya y que de aquí va a venir una saga completamente innecesaria.

Veredicto

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Terminator Genisys busca suplantar el legado de las dos primeras cintas pervirtiendo completamente su intención

James Cameron salió a decir, todo entusiasmado, que ésta era la verdadera continuación a sus dos enormes películas. No sé si lo que lo impulsó a decir eso fue un resentimiento hacia las creaciones anteriores o un efecto prematuro de la vejez. El caso es que Terminator Genisys busca suplantar el legado de las dos primeras cintas pervirtiendo completamente su intención: por más que Cameron sea un genio de la taquilla, sus películas siempre tenían algo más de apasionada ciencia ficción y reflexión intrigante fuera de las grandes escenas de acción y los memorables efectos visuales. Ni Abyss, ni las dos de Terminator, ni Aliens son entretenimiento barato como anzuelo palomitero para el espectador despistado. En cambio, esta película muestra bien sus intenciones de crear franquicia, de vender entradas, de abusar de personajes queridos y reconocibles en un argumento tan apresurado como incomprensible, tan falso como irrelevante. Finalmente, Terminator Genisys quiere homenajear el legado de las cintas de Cameron borrando su existencia en una nueva línea temporal que nunca justifica su pertinencia y que sólo nos hace extrañar la verdadera sustancia de lo borrado: esta cinta logra ser nostálgica porque nos muestra la calidad de lo anterior frente a la absoluta banalidad del nuevo presente que quiere instaurar.

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Título: Terminator Genisys

Duración: 126 min.

Fecha de estreno: 2 de julio de 2015

Director: Alan Taylor

Elenco: Arnold Schwazenegger, Emilia Clarke, Jason Clarke, Jai Courtney, J. K. Simmons

País: Estados Unidos

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