Edgar Wright, director de Baby Driver

Hablamos con Edgar Wright y esto fue lo que nos contó sobre Baby Driver, el cine nostálgico y las nuevas tecnologías.

Edgar Wright ya se convirtió en una institución: uno tendría que vivir bajo una roca para no conocer su nombre o su trabajo. Porque sus películas se convirtieron en clásicos de culto instantáneos (como Shaun of the Dead, Hot Fuzz o la enorme adaptación de Scott Pilgrim vs. the World); porque ha escrito algunos de los más interesantes guiones de Marvel (como la joya que es Ant-Man); y porque, recientemente, está siendo alabado de arriba a abajo por su nueva cinta, Baby Driver.

Muchos dicen que Baby Driver es la gran película de acción de nuestra década; otros van más lejos y la llaman la cinta de acción para una generación; algunos grandes más, como Christopher Nolan, se han descosido en cumplidos por la manera analógica en que filmó sus complejas acrobacias y el uso de música sincronizada con secuencias de acción.

En cualquier caso, notamos que Wright está particularmente orgulloso de una cinta que es, a la vez, homenaje y originalidad. Como sucede con Shaun of the Dead o Hot Fuzz, Wright mezcla aquí un género que le gustaba en la infancia con una visión única y contemporánea. Platicamos con el director durante su reciente visita a México, en la que habló más sobre sus influencias en Baby Drive: “si hay un elemento geek en mí película, es que es una carta de amor a las cintas con las que crecí en los sesenta y setenta.”:

“De alguna forma, en esta película –y es el caso con todas mis películas– estoy haciendo una nueva versión de una cinta pasada que extraño. Entonces, sé que en mi creación hay una inspiración en las películas de persecuciones de los años sesenta y setenta. Éste es mi intento por hacer algo en esa vena pero que sea completamente nuevo y que tenga un punto de vista original.”

En este sentido, Wright explicó por qué no utilizó las pantallas verdes para hacer las complejas escenas de acción de Baby Driver. Con su gusto por las viejas estéticas, Wright está mezclado el placer mecánico de las viejas formas de realizarlas. Y, es cierto, no habría gran homenaje a las películas de crimen y persecución de los setenta si todo estuviera filmado en un estacionamiento de espacios controlados:

“La verdad es que, hasta hace quince años, las cosas se hacían sin CGI. Es algo bastante reciente el uso de las pantallas verdes en las películas de acción y creo que es más fácil en ciertos aspectos. Es más fácil de filmar con pantallas verdes, aunque luego sea difícil volverlo real. Pero, como quería hacer una película de carros de acción, la idea de utilizar pantallas verdes simplemente me parecía ridícula: yo quería estar afuera, con grandes conductores y con los actores en la calle. Eso es lo importante y lo que vuelve más interesante la experiencia.”

Para Wright, entonces, todo esto se resume a una experiencia por parte de la audiencia. No hay persona que no identifique, aunque sea instintivamente, la falsedad de las imágenes generadas por computadora. Y, mientras éstas hacen maravillas en algunas estéticas, no tienen nada que hacer en otro tipo de nostalgia:

“Creo que las audiencias, incluso si no entienden de efectos especiales, incluso si no saben qué es una pantalla verde, pueden sentir lo que es real. Y creo que esto es crucial. Esta película fue tan complicada de filmar por eso mismo. Pero creo que es lo que hacían en los setenta y creo que vale la pena volver a hacerlo. Estás mostrando verdaderas secuencias de acción, estás mostrando verdaderos vehículos con verdaderos conductores…”

Con estas palabras, Wright nos dejó absolutamente conquistados: definitivamente, Baby Driver se anuncia como uno de los grandes estrenos de este año. Entre el brutal realismo de Dunkirk de Nolan y la ciencia ficción en CGI de War of the Planet of the Apes, tenemos otra propuesta que se balancea entre los homenajes y las nuevas formas de ver al mundo.

Quién sabe, tal vez nuestra nostalgia sea, también, una cuestión del futuro.

temas