Antes de ser el Che, Ernesto Guevara tuvo una vida cercana a la ciencia en México… y también a la lucha libre.

Sobre Ernesto Guevara de la Serna, mejor conocido como “El Che”, se han escrito ríos de tinta.La mayoría de los textos se han centrado en su vida como guerrillero o en sus ideas políticas, pero la vida de Guevara es bastante más interesante y compleja de lo que se pudiera pensar. Anteriormente hablamos de su paso por el mundo de los videojuegos, y en algún otro momento hablaremos de su encuentro con Rius. Por ahora, le dedicaremos unas líneas para relatar su cercanía con la ciencia en México y su efímera cercanía con el mundo de la lucha libre.

El Che: un científico en México

che guevara juvenil

Ernesto Guevara llegó a México a finales de 1954. El futuro Che llevaba meses recorriendo América, en más de una ocasión participando como espectador de varios movimientos sociales. Su plan en nuestro país era muy claro: pasar 6 meses en México, ahorrar para llegar a Estados Unidos y, una vez ahí, buscar un trabajo que le permitiera juntar suficiente capital para lanzarse a la aventura de recorrer Europa. De entrada, México no lo impresionó:

“México está totalmente entregado a los yanquis. […] La prensa no dice nada […]. El panorama económico es terrible, las cosas suben en forma alarmante, y la descomposición es tal, que todos los líderes obreros están comprados.”

De acuerdo con Jorge G. Castañeda, uno de sus biógrafos, los primeros meses en México para Guevara fueron muy difíciles y llenos de carencias: el Che llegó a nuestro país sin dinero y sin contactos. Buscando trabajo llegó a Foto Taller, un negocio de fotografía ubicado en la calle de San Juan de Letrán. El dueño era un refugiado español que se sintió identificado con el joven argentino, por eso decidió prestarle una cámara fotográfica profesional (una retina de 35 mm), con la que el futuro guerrillero se ganaría la vida tomando fotos en Chapultepec y otras zonas turísticas de la Ciudad de México.

“Nos dedicamos a la tarea clandestina de tomar fotos en los parques en sociedad con un mexicano que tenía un pequeño laboratorio donde revelábamos. Conocimos toda la Ciudad de México, caminándola de una punta a otra, para entregar las malas fotos que sacábamos. Luchamos con toda clase de clientes para convencerlos de que el niñito fotografiado lucía muy lindo y, que valía la pena pagar un peso mexicano por esa maravilla”, rememoraba el Che años después en sus cartas.

Pero su trabajo como fotógrafo no le permitió ahorrar suficiente para conseguir su objetivo, por eso acudió al Hospital General del Distrito Federal para solicitar empleo. Ahí le ofrecieron un modesto trabajo de investigador de alergias a las órdenes del doctor Mario Salazar Mallén, el médico mexicano que fundó en los años treinta el primer Servicio de Alergia de México, que, con el paso del tiempo, daría forma al actual Colegio Mexicano de Inmunología Clínica y Alergia.

A pesar de que el sueldo era pequeño, le permitió ingresar al mundo médico mexicano, donde Guevara se sintió a sus anchas. Por si fuera poco, en sus ratos libres desarrolló notas para un futuro libro, que nunca escribiría y que tendría por título El Médico en América Latina, en el que buscaba realizar un recuento del panorama que se vivía en todo el continente.

Poco a poco su estadía en México se prolongó gracias a que comenzó a realizar “chambitas”. Por ejemplo, al contar con una cámara profesional, una agencia argentina (La Agencia Latina de Noticias) lo contrató como su fotógrafo oficial en México, siendo su principal tarea cubrir los Juegos Panamericanos de México en 1955. Al mismo tiempo, Ernesto Guevara logró colocar varios artículos científicos sobre alergias en revistas de medicina mexicanas y, gracias a la buena aceptación de su trabajo Investigaciones cutáneas con antigénos alimentarios semidigeridos en un congreso médico realizado en Veracruz, logró que se le otorgara una beca directamente del Hospital General, misma que le permitió tener una vida más cercana a la clase media en el Distrito Federal.

En ese entonces Guevara comienzó a pensar que su vida podría estar en el mundo de la investigación científica, y centró toda su atención a realizar experimentos que se volvieron célebres dentro de la comunidad médica de la capital del país. En ese entonces se decía que preparaba dos artículos importantes, uno sobre “antígenos alimentarios” y otro sobre “la acción de la estamina en el útero de las gatas”.

“[Ernesto Guevara] experimentaba con cerebros de gatos, estudiando las células nerviosas, las células cerebrales, según los estímulos, pues lo sabía viendo las reacciones. […] Conseguía los gatos a través de unas señora […], creo que le pagaba a la señora un peso por gato, pero la señora tenía un grupo de muchachos mexicanos que eran los que cogían a los gatos, y yo siempre le decía a él que si ya se había acabado a los gatos del barrio. Y él se echaba a reír” recuerda Laura de Albizu, refugiada puertorriqueña en México.

Además, por las noches trabajaba como profesor asistente en la Facultad de Medicina de la UNAM. Es durante este periodo de tiempo que Guevara aprovecha para ir de “oyente” a la Facultad de Economía y tomar clases con Jesús Silva Herzog.

“Este México inhóspito y duro me ha tratado bastante bien, después de todo y, a pesar de la esquila, llevaré al irme algo más de dinero que al entrar, mi respetable nombre en una serie de artículos de mayor o menor valor y, lo más importante, sedimentadas una serie de ideas y aspiraciones que estaban en forma de nebulosa en mi cerebro”, escribía Guevara.

Su trabajo en la UNAM le abrió el paso para obtener el puesto de profesor titular de asignatura en Fisiología en 1955. Pero, justo cuando todo parecía que Guevara podría asentarse en México durante un largo tiempo, conoció a Fidel Castro.

che y fidel en la epoca en que entrenaban con Kid Venegas
Fidel y el Che en la época en que entrenaban en México

Che Guevara, aprendiz de luchador

A mediados de ese mismo 1955, el Che conoció a Raúl Castro, con quien coincidió en sus puntos de vista políticos. Pocas semanas más tarde, Raúl le presentó a su hermano Fidel. En tan sólo una noche lo empaparon de los problemas que se vivían en Cuba y, sin pensarlo, Guevara se sumó a la aventura por liberar al país caribeño del dictador Fulgencio Batista.

“En una noche se convirtió en un futuro expedicionario del Granma. Él poseía un desarrollo revolucionario más avanzado, ideológicamente hablando, que el mío. Desde un punto de vista teórico, estaba más formado, era un revolucionario más avanzado que yo”, recordó Fidel en un discurso pronunciado en Santiago de Chile.

El grupo de Fidel, con el Che como uno de los más entusiastas miembros, comenzó a entrenar con el único objetivo de llegar bien preparados a su misión en Cuba. Así, durante semanas se levantaron por las mañanas para correr sobre avenida Insurgentes, remar en el Lago de Chapultepec y, lo más extraño, practicar lucha libre bajo las órdenes de Arsacio “Kid” Vanegas, un luchador y dueño de una imprenta.

Los guerrilleros en la epoca que entrenaban lucha
Los guerrilleros en la época en que entrenaban con “Kid” Venegas

El “Kid” Vanegas tenía una relación con Cuba desde generaciones anteriores: su abuelo, Antonio Vanegas, fundó la imprenta familiar –en la que editó obras de José Guadalupe Posada–, además de entablar una amistad con el libertador cubano José Martí, de quien imprimió mucha propaganda para la lucha de independencia de Cuba.

Así, el “Kid” Vanegas se encargó de la preparación física de los rebeldes del Granma, dando cobijo en su propia casa a varios de los combatientes.

“Venegas recordará años más tarde que llegaban caminando al punto de cita, porque no había dinero para el autobús y que “solo desayunábamos un bolillo con agua”, señala en una entrevista realizada por Paco Ignacio Taibo II.

Con Venegas los entrenamientos cambiaron de zona. Casi todos los futuros guerrilleros vivían en el sur o centro de la capital, y el luchador los llevó al norte, al rumbo de Lindavista, donde los puso a caminar hacia Zacatenco, subiendo los cerros del Tepeyac y el Chiquihuite. Posteriormente también fueron al Ajusco y, por deseos de Guevara, a escalar el Popocatépetl.

Kid venegas mostrando sus musculos
“Kid” Vanegas en su época de oro

Juan Carlos Vanegas, sobrino de el “Kid”, recuerda que al Che no le interesaban inicialmente las clases de lucha libre:

“Estaban en la lucha, cuerpo a cuerpo, cuando el Che dijo: ‘no voy a ser maromero’. Mi tío le dijo, ven, y se pusieron en posición de lucha. Le aplicó una llave y le dijo, ‘te zafas o te rompo el brazo’. Reaccionó el Che: ‘ya entendí de qué se trata. Cuando estamos desarmados y hay lucha cuerpo a cuerpo, tengo los elementos para defenderme o atacar’ al enemigo.’”

El duro entrenamiento obligó a Guevara a dejar sus experimentos con gatos de lado, y terminó por no aceptar la cátedra que se le había otorgado en la UNAM. Vanegas no sólo dirige las caminatas y las subidas a los cerros, también les da entrenamiento en defensa personal en un gimnasio que ha alquilado en las calles de Bucarelli: “Lucha libre, algo de karate, técnica de caídas, patadas, trepar por los muros.”

El gran temperamento del Che llevó a Castro a nombrarlo jefe de personal en el campo de entrenamiento guerrillero en 1956: un rancho cerca del municipio de Chalco (Estado de México) donde continuaron sus entrenamientos, ahora bajo la dirección de Alberto Bayo, un exiliado español, exmiembro del Ejercito Republicano. Y el resto es historia.

El “Kid” Vanegas murió en septiembre de 2001, conservando hasta su muerte como uno de sus grandes tesoros una de las camisas de Fidel y la mochila que utilizaba El Che en sus caminatas por el Volcán Popocatépetl. Donó a Cuba los catres donde durmieron los guerrilleros mientras estuvieron a su cargo y una máquina de coser donde se bordaron las charreteras de sus uniformes. A su muerte, Fidel Castro envió una carta y un arreglo floral con la leyenda: “Arsacio Vanegas Arroyo, amigo verdadero y leal. De sus compañeros del yate Granma.”

vía La vida en Rojo

fuente Ernesto Guevara: también conocido como el Che

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