¿Por qué nos mojamos unos a otros en Sábado de Gloria?

Aunque ahora es penalizado en la Ciudad de México, todavía existen muchos lugares donde esta tradición perdura.

Una de las cosas que más se disfrutan de la Semana Santa, además de las consabidas vacaciones, es mojarse en Sábado de Gloria. Cubetazos, manguerazos o globos llenos de agua, esta tradición no es un invento al chaz chaz, tiene, desde luego una explicación relacionada con el cristianismo.

Todo tiene su origen en los primeros años del cristianismo. Cuando los primeros cristianos estaban amenazados por el Imperio Romano, las personas acudían a bautizarse en masa el sábado previo a la resurrección de Jesucristo. Como eran tantos, los jerarcas de la iglesia optaban por bautizar a la gente mojándolos en masa en lugar de llevarlos uno por uno a la pila bautismal.

De acuerdo con el Diccionario de Símbolos de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant:

“Las significaciones simbólicas del agua pueden reducirse a tres temas dominantes: fuente de vida, medio de purificación y centro de regeneración”.

Por lo tanto, mojarse era una representación de purificación y regeneración espiritual. Posteriormente, con el correr de los años, la tradición cambió y los bautizos masivos dejaron de realizarse.

Más adelante, la iglesia católica contemplaba que dentro de la Semana Santa, los creyentes no debían de bañarse hasta el sábado de gloria, momento en el que eran purificados con agua.

Finalmente, la rigurosidad de estos mandatos se fue disolviendo y se transformó en lo que conocemos ahora, como Sábado de Gloria: gente corriendo de aquí para allá, mojándose por todos lados.

Actualmente, ya casi nadie se moja en Sábado Santo porque, obviamente, se desperdicia mucho agua, y en estos tiempos de precariedad es importante cuidarla. En la Ciudad de México, por ejemplo, si te cachan desperdiciando agua en este tipo de actividades te pueden poner una multa de hasta 3,000 pesos o 36 horas de arresto. Así que hay tú sabes si quieres (o no) andar purificando a todos.