Ilustración: José Aguilar.

Las circunstancias en las que Laika llegó al espacio no son del todo como los libros de Historia nos han contado.

Durante décadas se ha considerado a Laika, la pequeña perra que se convirtió en el primer ser vivo en llegar al espacio, como una verdadera heroína soviética. Sin embargo, muchas veces la Historia oficial se sirve de la construcción de mitos para consolidar naciones. Si bien, la labor de Laika merece todo el mérito posible, la verdad es que las circunstancias del lanzamiento y trayectoria espacial fue mucho más oscura de lo que muchos quieren aceptar.

Algunos achacan la muerte de Laika al poco conocimiento que se tenía en 1957 sobre los viajes espaciales y a la falta de desarrollo de la tecnología suborbital. Pero lo cierto es que los científicos de la URSS no tenían ninguna expectativa de que Laika sobreviviera.

De la calle a la Luna

Laika se convirtió en el primer ser vivo en orbitar la Tierra.

Laika fue una perrita moscovita que nació en 1954, vivía en la calle y tenía otro nombre: Kudryavka (pequeña de pelo rizado, en ruso). Y hubiera podido pasar el resto de sus días hurgando en botes de basura o conformándose con el cariño y las sobras que la gente le daba, pero fue capturada para una misión más grande.

Junto con Laika, otros dos perros fueron entrenados para el vuelo de la sonda Sputnik 2: Albina y Mushka. Albina fue entrenada para ser el respaldo de Laika, mientras que a Mushka la ciencia la utilizó para probar la instrumentación y el soporte vital.

De acuerdo con la información presentada por el Dr. Dimitri Malashenko, miembro del Instituto de Problemas Biológicos de Moscú, durante el Congreso Mundial del Espacio del 2002, los rusos tuvieron que realizar un trabajo descomunal para entrenar a este grupo de perros. Así que para adaptarlos a las condiciones de la pequeña cabina del Sputnik 2, los científicos mantuvieron a los canes en pequeñas jaulas hasta por periodos de 15 o 20 días.

En esta réplica del Sputnik 2 (izq.) se aprecia el compartimento en el que viajó Laika (der.) al espacio.

En su momento Malashenko aseguró que desde el principio se tenía contemplado que Laika muriera en el espacio, declaración que en aquella época causó mucho revuelo. Sin embargo, el científico también dijo que se tomaron todas las precauciones que estuvieron en sus manos para que Laika sobreviviera varios días.

Cuando llegó el día del lanzamiento, el 3 de noviembre de 1957, el grupo de investigadores equiparon al Sputnik con todo lo que consideraron necesario. En primer lugar la comida de Laika estaba encadenada al piso para evitar que se volteara, y su consistencia era parecida a la de una gelatina. La nave contaba con un dispositivo de absorción de dióxido de carbono y un generador de oxígeno para asegurar un ambiente vital. También, tenía un ventilador se activaba automáticamente para mantener fresco al perro cuando la temperatura de la cápsula se elevaba más allá de los 15 ºC.

Una muerte agónica

Laika durante una de las pruebas en 1957.

El Sputnik 2 pesaba 113 kilogramos y, al llevar al primer ser vivo al espacio, la expectativa desde luego era gigantesca: el mundo tenía los ojos puestos en la heróica perrita soviética.

Desfortunadamente, la perrita no vivió tanto como las autoridades soviéticas le hicieron creer a todos. En cuando el Sputnik 2 despegó, los sensores médicos que le colocaron a Laika indicaron que su pulso cardiaco subió hasta tres veces más que en su estado de reposo. Posteriormente, al comienzo de la ingravidez, su pulso disminuyó.

Lo cierto es que Laika tardó en recuperarse el triple de tiempo que durante una prueba de centrifugación en Tierra. Esto era indicador del estrés que el animal estaba padeciendo.

Por si fuera poco, la telemetría de la cápsula del Sputnik 2 reveló que la temperatura y la humedad aumentaron después del despegue. Luego de 5 horas de vuelo, no se habían recibido señales de vida de Laika. Era evidente que la pequeña había muerto de sobrecalentamiento y estrés.

Hasta que el Dr. Dimitri Malashenko hizo publica la información en 2002, anteriormente se pensaba que Laika había conseguido sobrevivir cuatro días en el espacio o incluso hasta una semana. Ahora sabemos que la pequeña can sólo se mantuvo con vida durante algunas horas.

Se calcula que el cadáver de Laika orbitó la Tierra 2,570 veces hasta que se quemó en la atmósfera terrestre el 4 de abril de 1958.

Tal vez las circunstancias de la Guerra Fría “obligaron” al gobierno soviético a mentir frente a la opinión pública –y frente a Estados Unidos–, y la presión que la carrera espacial representaba para la URRS no dio espacio a que los investigadores soviéticos esperaran el tiempo suficiente para desarrollar una tecnología que garantizara la seguridad de un ser vivo en estos experimentos. Aun así, lo cierto es que más allá de todo, héroe o mártir, Laika es un símbolo universal en la cultura.

Estampilla rumana de 1959 con la imagen de Laika en la que se lee: “Laika, primera viajera al cosmos”.

temas