El 2019 fue un año que ha tenido mucha presencia en la ciencia ficción.

Escena de Blade Runner 2049 de Warner

(Warner)

Todos los que nacimos en los años ochenta veíamos con ilusión el año 2000, entre otras cosas por qué en la ficción que teníamos a nuestro alcance, sobre todo en las películas “viejitas” que pasaban por la televisión, asumían que ese año sería de grandes cambios. Pero el año 2000 llegó y no vimos los cambios tecnológicos prometidos, aunque sí otros que ahora nos parecen tan naturales como comer una manzana, como la expansión del internet, los coches eléctricos y las casas inteligentes.

Ahora, iniciando el 2019, es tiempo de recordar que existen grandes obras de ficción que imaginaron un mundo muy distinto al que tenemos en este año, cintas de ciencia ficción ochenteras que, al contrario de otros años, presagiaban que el futuro del 2019 sería deprimente, oscuro, sin posibilidades, pero, eso sí, lleno de tecnología ¿atinaron? En las cosas más grandes probablemente no… pero en otras fueron más acertados que Mhoni Vidente y Walter Mercado juntos.

Akira

(Toho)

La obra maestra de Katsuhiro Otomo mostraba un mundo con escuelas sobrepobladas, similares a las clases del turno de la mañana en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Los jóvenes, conscientes de que no tienen futuro, pasan sus tardes en bares, sobreexitados con la temática vintage de los años ochenta, o como parte de la delincuencia sin sentido de las pandillas de motociclistas (sí, como los reggetoneros del centro del país).

(Toho)

Eso sí, el dinero sigue fluyendo, basta ver que, entre los pleitos de pandillas y las manifestaciones sociales, vemos que la publicidad es increíble, con anuncios neon, hologramas que toman Pepsi, y demás parafernalia. Esta sobre exposición a la publicidad hace que, sobre todo los jóvenes sin futuro, se esfuercen por adornar sus motos con calcomanías de marcas, llenando todos los rincones de sus vehículos con estampas de Canon, Citizen, y demás… como los que pegan el logo de Apple en su carro, o lucen una camisa del Pachuca con decenas de marcas por centímetro cuadrado.

The Running Man

(TriStar)

Conocida en México como El Sobreviviente, era una de las películas consentidas de los que veíamos cada semana las trilogías de Canal 5 (en el ciclo Arnold Schwarzenegger). La película, basada en un relato de Stephen King, nos mostraba un 2019 en el que existían nulas posibilidades de ascenso social. El gobierno de Estados Unidos está en manos de la ultraderecha, que ha erradicado todas las prestaciones sociales, y todas las actividades culturales. En el mundo de El Sobreviviente todo está controlado por un gobierno de tinte fascista, que castiga a los disidentes con la cárcel.

Pero, para mantener entretenida a las masas, el gobierno patrocina varios reality shows de esfuerzos físicos (parecidos a Exatlón y Reto 4 elementos, pero a lo bestia). El que tiene mejor audiencia es The Running Man, en el que los participantes concursan en retos a muerte, y, si logran sobrevivir, ganan su libertad. Los pocos, poquísimos ganadores, se convierten en celebridades, parecidos a los YouTubers de la actualidad. Para aumentar la popularidad del programa, el gobierno colocó pantallas de televisión por todas las calles para que las masas no se pierda sus programas.

(TriStar)

¿Lo más curioso de todo? En el mundo de The Running Man las televisiones, todas de estilo ochentero, tienen acceso a algo similar a internet (o más bien, a YouTube). Se llama Cadre Infonet y permite a sus suscriptores acceder a canales que muestran mil y una trivialidades.

Por si fuera poco, en The Running Man la tecnología de los deepfake, también existe, y se usa para engañar a la audiencia de los resultados de los concursos.

Blade Runner

(Warner)

Una de las películas de ciencia ficción más aclamadas por la crítica, a pesar de ser un fracaso económico en su estreno, se ambientó en el 2019. En el futuro de Blade Runner el cambio climático terminó por volver a Los Ángeles una ciudad casi permanentemente bajo lluvia, por eso vemos que la moda neoyorquina está dominada por sacos largos, y ropa de cuero. Lo más interesante es ver que existe una nueva sub clase social, los replicantes. Se trata una suerte de esclavos biogéneticos desarrollados para realizar trabajos pesados, o de placer. Todos fueron realizados para ser versiones casi perfectas de los seres humanos, con músculos definidos, inteligencia más allá del promedio, pero con la vida acotada a unos cuantos años. El tema de la película es ver a los replicantes rebelándose a sus creadores, como la revuelta de la inteligencia artificial que tanto temía Stephen Hawking. Todavía estamos lejos de tener replicantes, pero el progreso de la inteligencia artificial es una carrera en la que todas las empresas tecnológicas están participando.

(Warner)

Las ciudades están llenas de departamentos minúsculos, casi del Infonavit, los que sus habitantes pueden llenar con una computadora ESPER, un cachivache bonito, pero bastante inútil, con menos potencia que un smartphone Nokia de la década pasada. En lo que sí son ampliamente superiores a nosotros es en la manera que encontraron para disminuir el tráfico, los coches voladores Spinner, que son por lo menos tan bonitos y funcionales que el DeLorean de Volver al Futuro. Eso sí, puedes mandar a fabricar un perro, gato, búho o serpiente a la carta, un animal genéticamente alterado para que sea a tu gusto… algo que ya ocurre en la actualidad en algunas partes de China. Eso sí, fallaron en la sobrevivencia de marcas como Panam o Atari.

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