Estas 10 cintas son el complemento ideal para disfrutar The Shape of Water, el bello éxito de Guillermo del Toro.

En el último Festival de Morelia, Guillermo del Toro impartió una clase magistral. Con su estilo habitual, desenfadado, honesto y accesible, el director tapatío dio un consejo a los jóvenes cineastas presentes: “vean cine, no nada más cine de género sino que todo lo que puedan encontrar en la historia del cine…”. También, se volvió evidente, después de ver su última cinta, que Del Toro sigue su propio consejo: The Shape of Water es una carta de amor a la experiencia cinéfila.

No nada más están las referencias internas a The Little Colonel, The History of Ruth, That Night in Rio y Mardi Gras, sino que toda la cinta sugiere relaciones con los melodramas en rutilante Technicolor, con las viejas creaciones míticas de cuentos de hadas, con los primeros monstruos del cine, con la historia misma del séptimo arte.

Por eso, para acompañar los logros de la cinta de Del Toro, les dejamos una lista de diez películas que son perfectas para apreciar The Shape of Water. Ojalá las disfruten tanto como nosotros y puedan regresar a ver la cinta de “Totoro San” bajo una nueva luz.

1. The Red Shoes (1948)

The Red Shoes es pura magia y es, sin duda, una de las cintas más conmovedoras que he visto en mi vida. Carajo, jamás pensé decir esto de una película de ballet… Pero esta hermosura, dirigida por el power couple de Powell y Pressburger, es una historia única de amor y obsesión que reflexiona, de paso, sobre los límites del cine. Ambas cintas son una reelaboración maravillosa de cuentos clásicos: si la película de Del Toro es una reflexión en torno a la bella y la bestia, The Red Shoes es una reformulación genial, autoconsciente y autorreferente de Las Zapatillas Rojas de Hans Christian Andersen.

A pesar de que, temáticamente, no tienen mucho que ver las dos cintas, The Red Shoes es, como The Shape of Water, una carta de amor al diseño de producción, al color, al movimiento coreográfico de la cámara y, claro, al amor desbordado por las imágenes en movimiento.

2. Bride of Frankenstein (1935)

Del Toro ha mencionado, en reiteradas ocasiones, su amor por esta cinta fundadora del cine de horror. Dirigida con sensibilidad expresionista por James Whale, Bride of Frankenstein es la tierna historia de un monstruo al que le está negado el amor. En ese sentido es una contraparte fantástica al romance optimista de The Shape of Water.

La estructura de esta película es, además, una hermosa condensación de todas las obsesiones de Del Toro: la introducción recrea las míticas jornadas de creación literaria entre Lord Byron, el gran poeta Shelley y su esposa, la joven creadora del prometeo moderno, Mary Shelley. El centro de la cinta es una conmovedora amistad entre un ciego abandonado del mundo y el monstruo, parias desechados que se unen con comida y puros, vinos y música; el final, impactante y hermoso, es un oda desesperada por la crueldad humana. Si todo esto no es lo más cercano a las recurrentes reflexiones del director tapatío, ya no sé qué lo sea.

3. Creature from the Black Lagoon (1954)

La referencia más evidente en The Shape of Water es a esta cinta clásica que siempre obsesionó a Del Toro. El creador tapatío ha dicho, en repetidas ocasiones, que la escena de persecución submarina entre la chica desprevenida y el hermoso Gill-Man le parecía una maravilla del erotismo involuntario. Como demostró la sensibilidad cachonda de The Shape of Water, Del Toro está convencido de que la criatura de la laguna negra era, en verdad, un monstruo enamorado y siempre malentendido.

Por eso, en algún sentido, The Shape of Water es la continuación de esta cinta y su conclusión más hermosa. Es el final que siempre imaginó del Toro para Creature from the Black Lagoon; un final en el que el monstruo encuentra el amor, se queda con la hermosa chica y parte hacia los oscuros rincones del mundo, con agua relamiendo sus cuerpos desnudos.

4. Starman (1984)

Starman es una cinta cursi, con efectos especiales chuscos, un guión evidente y una extraña actuación de Jeff Bridges. Es la historia de un ente de otro mundo que toma la forma del marido muerto de Jenny Hayden, protagonizada por la hermosísima Karen Allen (¿Se acuerdan de Marion en Raiders of the Lost Ark? ¿O de la hipnotizante bailarina en Suspiria?). En medio del shock y el horror, Hayden comienza a enamorarse del extraterrestre y protagoniza una de las primeras escenas de sexo interespecies del cine americano.

Esta película puede ser torpe y evidente pero comparte, con The Shape of Water, un ingrediente único: logra conmoverte en la hermosa química de sus protagonistas. Pronto olvidas todos los aspectos menos limados de la cinta para dejarte llevar en el meollo del romance. En ese sentido, la cinta del gran Carpenter es una de las inspiraciones más recientes para la película de Del Toro.

5. The Spiral Staircase (1946)

La referencia podría parecer evidente: una chica muda, encargada de la limpieza de una gran mansión, es perseguida por un asesino que busca normalizar al mundo erradicando cualquier imperfección humana. Pero la relación de The Spiral Staircase con The Shape of Water va mucho más allá de la trama…

La cinta empieza con un montaje de cine dentro del cine, un homenaje hermoso y autoconsciente al fin de las películas mudas, acompañadas de pianola, en las funciones pueblerinas de principio de siglo. The Spiral Staircase es, en ese sentido, una cinta que reflexiona también sobre sus propios medios de producción. Y The Spiral Staircase es una denuncia, única para su tiempo, de la frágil idea de masculinidad. Con todo esto, es un acompañante imperdible al mundo de ensueño de Del Toro; un mundo que, como en esta cinta, irrumpe de repente con escenas fantásticas de bailes oníricos.

6. La Cité des Enfants Perdus (1995)

Tenía dudas sobre poner una película de Jeunet aquí. Porque me pareció despreciable su acusación de plagio hacia Del Toro por la escena del baile de tap de Delicatessen. Además de que The Shape of Water es mucho más parecida, tonalmente, a La Cité des Enfants Perdus y su estética cuidada, diseño de producción impecable y constante tono turquesa.

Al final me convencí por la cercanía evidente de las dos películas. Y, sí, la ternura de Ron Perlman, un monstruo favorito de Del Toro y la constante sensación de irrealidad onírica hacen que ésta, la mejor cinta de Jeunet y Caro, sea un complemento ideal, en tono, para The Shape of Water. Si eso no los convence, déjenme decirles que en ningún otro lado van a ver a Jean-Louis Trintignant como un cerebro que habla…

7. Written on the Wind (1956)

Del Toro mismo ha explicado que la primera secuencia de The Shape of Water sirve para crear un marco de sensaciones fílmicas. Entra el score maravilloso de Alexandre Desplat, entra una secuencia onírica, bajo el agua, en la que la cámara se desplaza flotando, grandilocuente. Y esa inspiración inmediata es, por supuesto, el amor del Technicolor en los melodramas clásicos de Douglas Sirk.

Este maestro de los romances frustrados llega a un hermoso y violento paroxismo en Written on the Wind. Protagonizada por los siempre elegantes Rock Hudson y Lauren Bacall, este melodrama esconde más de lo que se observa a simple vista. Es un retrato despiadado sobre las relaciones amorosas tradicionales, los celos y la normalidad americana. En ese sentido, también, es un complemento perfecto para la figura del villano que representa Michael Shannon como fuerza normalizadora, en una espiral autodestructiva, en The Shape of Water.

8. Cold Skin (2017)

Para poner un referente más cercano a nuestra época, podemos recomendar la locura que adaptó Xavier Gens del libro La Pell Freda de Albert Sánchez Piñol. Como bien decíamos por ahí en la preparación del pasado Festival Mórbido, la cinta de Del Toro y la cinta de Gens comparten la mirada de curiosidad de los viejos exploradores, de los que llevaron al monstruo de Frankenstein a morir en el ártico, de los que descubrieron las selvas de Sudamérica, de los visionarios que se perdieron en los confines del mundo.

Esta cinta es mucho menos amable con la idea romántica del sexo interespecies. En ese sentido, sirve como un contrapunto necesario para The Shape of Water: es una cinta que busca el horror de la humanidad, la violencia de sus pretensiones, la fuerza de sus prejuicios, la locura de sus deseos posesivos sin darte, al final, la misma consolación romántica.

9. King Kong (1933)

No podemos hacer una lista alrededor del mito de la bella y la bestia sin mencionar la más maravillosa película de aventuras jamás hecha: la ambiciosísima y tierna King Kong de los años treinta. En serio, vuelvan a ver esta película, una y otra vez, y descubran en ella la emoción única del cine, las ganas de crear un mundo absolutamente nuevo, la fascinación por los efectos prácticos, la ternura de las caracterizaciones.

Esta cinta también comparte, con Cold Skin, Creature from the Black Lagoon y The Shape of Water, la emoción de las exploraciones del siglo XIX, del descubrimiento taxonómico, de los rincones inexplorados del mundo en donde habitan dioses olvidados. Ese terror durmiente, lovecraftiano, se mezcla aquí con la ternura romántica del monstruo incomprendido, tierno, enamorado. Nada más queda decir, claro, lo desolador de una de las últimas frases de la cinta: “la belleza acaba matando a la bestia”.

10. La Belle et la Bête (1946)

La influencia más notable en la cinta de Del Toro es, por supuesto, la versión encantadora de La Bella y la Bestia de Jean Cocteau. El genial dramaturgo francés retomó el viejo mito olvidado de la antigüedad griega y lo convirtió en un viaje fantástico y surreal por los rincones oníricos del deseo humano.

Esta cinta es una maldita joya de fotografía, vestuario y diseño de producción; la bestia es una hermosura de caracterización; las actuaciones son histriónicamente encantadoras; el resultado completo es, como la cinta de Del Toro, un sueño hecho realidad. Finalmente, la última escena de The Shape of Water es un homenaje directo, calcado, a la última escena de la película de Cocteau. Y, en ese último vuelo de vestidos flotando, quedan los sueños románticos de otras épocas en las que el cine se hacía por fuerza de pasión y no como mecanismo de inversión. Ahí queda, románticamente, toda nuestra nostalgia.

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