Guillermo Guerrero aclara todas nuestras dudas sobre la existencia de Lucas Trotacielos, Trespo, tío Oven y Mascatabaco.

Star Wars es más que una serie de películas; Star Wars no es una religión, pero casi. Para los que crecimos con la saga galáctica, Star Wars es la vida y la interminable gama de sentimientos que en ella habitan. A veces es buena, otras muy mala; a veces es amor, otras odio. Depende cómo ande la Fuerza en el día a día.

Para los que nacimos en la década de los setenta, Star Wars significan éstas y otras cosas, porque vivimos la pasión desde el principio y porque la historia adquiere un toque diferente que camina de la mano con nuestra memoria. Por ejemplo, yo que tuve la fortuna de ver El Retorno del Jedi en el cine de la mano de mis padres, por mucho tiempo pensé que Lando Calrissian era el protagonista, porque en mi impresionable mente infantil es el personaje que más representaba la figura de un héroe. Todo cambió cuando después pude ver la trilogía completa en la tele.

Así crecimos muchos, armando nuestro propio Star Wars con recuerdos propios y de los amigos. Si ustedes que leen esto tuvieron la fortuna de crecer en cualquier país que hable español, sabrán de lo que hablo.

Póster de La Guerra de las Galaxias.

En ese Star Wars creado en la memoria colectiva hispanohablante ha corrido por décadas el rumor de una versión en la que Luke Skywalker no tenía ese nombre, sino el de Lucas Trotacielos: resultado de la traducción literal de “Luke” (Lucas), “sky” (cielo) y “walk” (trotar). Aquí, el protagonista era un joven entrenado por el tío Oven en las artes de ser Jedi, que tenía de amigos a los robots Trespo y Artu-rito, y que viajaba en el Halcón Milenario piloteado por el capital Han Solo y su compañero Mascatabaco.

¿Fue real esta versión? En internet se han dicho muchas cosas al respecto, pero hay un mexicano que se dio a la tarea de buscar la verdad. Ese hombre es el periodista y gambusino de lo geek, Guillermo Guerrero, que dentro de todas sus particularidades resultó ser, al igual que yo, un fan de Star Wars casi de nacimiento.

“Tengo un papá cinéfilo que me llevó al estreno de A New Hope cuando yo tenía tres años. La reestrenaron una y otra vez durante mi infancia. Mi papá, además, alimentaba mi pasión infantil comprando juguetes, discos con dramatizaciones, libros, revistas y todas las cosas que tuvieran algo que ver con la saga”, cuenta Guillermo y en sus palabras ya podemos hacer cuentas de su edad.

Como muchos otros, Guillermo también creció con la idea de esta versión en español de las películas creadas por George Lucas, pero tampoco estaba seguro de dónde surgió ese recuerdo:

“Di por sentado que la primera versión que vi de Star Wars tenía el doblaje de Lucas Trotacielos, pero ahora pienso que es una mezcla de versiones y leyendas urbanas que contaban los amigos de mi escuela. No podría asegurar si oí la traducción de los nombres en un acetato, en una película de Super 8 o en una película Beta. Recuerdo (eso lo puedo asegurar) un acento español que decía Masca, Mascatabaco –en lugar de Chewy, Chewbacca, pero mentiría si dijera dónde lo escuché primero.”

El rumor generacional ubicaba que el doblaje sacrílego provenía de España, pues Dar Vader (Darth Vader) tenía un acento ibérico –es imposible no reconocer el tonito gachupín. Esta es una parte esencial de la historia, pues la película se estrenó en 1977, dos años después de que terminó la dictadura de Francisco Franco en España y, como investigó Guerreo, “las películas tenían que estar dobladas al castellano”.

Foto: La Lonchera de los Recuerdos.

Hace cuatro años, Guillermo conoció a Laura García, conductora del programa La Dichosa Palabra de Canal 22, que trabajó como traductora en su juventud, así que pensó que si alguien sabría si Luke Skywalker era conocido como Lucas Trotacielos, sería ella.

“Por supuesto, un día le reproché que España nos heredó el Tío Oven y a Mascatabaco. Ella me miró con extrañeza y me dijo que no sabía de qué le estaba hablando: durante varios meses fue una broma común reclamarle lo mismo una y otra vez (un poco en broma y un poco por saber de dónde venía tal traducción). Fue tanta la insistencia que Laura regresó a España y preguntó a su familia y amigos si alguna vez oyeron tal cosa, pero no: nadie escuchó eso jamás.”

Laura García concluyó que eso era una cosa de mexicanos, “porque en España nadie recordaba tal versión. Pero no: yo –y decenas de personas, al parecer– habíamos escuchado en algún lugar el ‘Trotacielos’. Pero por más que busqué, no hubo evidencia de eso”.

Entonces, si la versión no vino de España ¿de dónde diablos salió? La respuesta debía estar en este lado del charco, en Latinoamérica. Con esto en mente redobló esfuerzos en su investigación.

“Fue una cuestión de arqueología –cuenta entre risas. Primero consulté foros sobre Star Wars en toda Latinoamérica y me causó extrañeza que todos se echaban la culpa de una traducción tan mala: los peruanos se lo achacaban a los venezolanos, los venezolanos a los colombianos y estos, a su vez, nos lo achacaban a los mexicanos, nosotros a los españoles. Era muy raro. Por lo menos estaba seguro que sí había existido (y que no era un alucine generacional) y que era una cosa de América.”

Con la veta de los foros agotada, una pista a seguir surgió del lugar menos pensado. El papá de Guillermo –que siempre ha trabajado en la industria editorial– le contó que cuando era niño había tenido libros sobre la película. “Solamente por no dejar ese cabo suelto decidí investigar por ahí y ¡sorpresa! Me encontré con que ese es el origen de la traducción Trotacielos”.

¡Eureka!

En 1978, la editorial colombiana Edinorma Ltda & Cia llegó a un acuerdo con Random House para publicar la primera versión en español del libro La Guerra de las Galaxias, publicación que fue dirigida por Carol Wikarska. Es en ese libro donde aparecen por primera vez las traducciones.

Los artífices de la publicación fueron: Eleonor Ehrhardt (Diseño y edición), Edward McGill (Director de producción) y la ya mencionada Wikarska. Además de Tom Callavaro, Jerry Harrison y Sherry Holstein, de quienes no sabemos cuál fue su papel en la edición pero que aparecen en los agradecimientos de los créditos. El libro fue distribuido por Dimsa, y así fue como llegó a México.

Imagen en la que se puede ver que en el texto del libro aparecen los nombres de Lucas y Masca. (Foto: La Lonchera de los Recuerdos)

Entonces, la investigación de Guillermo demostró que la traducción provenía de Bogotá, Colombia, pero ¿por qué una generación entera recuerda que los nombres apócrifos los escuchó en el cine y con muchos acentos diferentes?

La respuesta a esa pregunta tiene que ver con el director y actor de doblaje Salvador Najar, oriundo de Zacoalco, Jalisco. Su nombre quizás no les diga mucho, pero lo han escuchado cientos de veces (si no es que miles), como la voz de Steve Martin, Richard Greene, Roberto Benigni, Rowan Atkinson, o el mismísimo Tigre Toño y Arturo (Grillo) en la Espada en la Piedra de Disney.

En 1978, Najar dirigía una empresa de doblaje cuyo principal trabajo era Donny & Marie Osmond Show (El show de los Osmon). “Quiso la suerte que George Lucas promocionara su nueva cinta Star Wars en ese programa y recibieron la visita de los actores principales, incluyendo a Mark Hamill, Harrison Ford y Carrie Fisher”, explica Guerrero en su investigación.

La empresa de doblaje de Najar no era mexicana, sino gringa, con sede en Los Ángeles, lo cual no debería sorprendernos:

“No es tan raro: si recordamos las caricaturas de nuestra niñez, Candy Candy no hablaba con acento mexicano sino ‘latinoamericano neutro’ (más parecido al venezolano). Eso se debe a que muchos de estos doblajes se realizaban desde Estados Unidos, con equipos mixtos”, afirma Guerrero.

Así pues, el equipo de actores que dobló en español el especial de Star Wars de El Show de los Osmon, fue integrado por Salvador Najar (México) como Luke Skywalker, Carlos Petrel (España) como Darth Vader, David Estuardo (al parecer de Estados Unifod) fue Han Solo, Magdalena Leonel (México) en el papel de la Princesa Leia, Carlos Agosti (España) como Obi Wan y Hannibal Brown (Argentina) fue C-3PO.

La gente de Lucas quedó tan feliz con el resultado de ese primer doblaje, que luego solicitaron que el mismo cast de actores hiciera lo propio para Star Wars: Episode IV – A New Hope. Esa es la versión que la gente mayor de 30 años recuerda haber visto en el cine. Como prueba, quedan algunos fragmentos que, aunque no son de La Guerra de las Galaxias, sí pertenecen al doblaje original de El Imperio Contraataca:

Las nuevas generaciones crecieron con la versión del doblaje que se hizo en 1997, con el fallecido Jesús Barrero como Luke.

Sin embargo, no existen pruebas concluyentes de que el doblaje utilizara los nombres de Lucas Trotacielos, Trespo, tío Oven, Mascatabaco y los demás (aunque hasta el mismo Diego Luna se refirió a R2-D2 como “Little Arthur” en la conferencia de prensa de Rogue One), debido a que ha sido imposible para Guillermo –y nosotros– encontrar vídeos con ese primer doblaje.

¿Por qué no hay material de estas versiones? Según Guerrero, por culpa del gobierno.

“No estoy muy seguro de esto. Platicaba con Rómulo González, el dueño del VideoClub Amores (el único que queda en la CDMX) sobre qué había pasado en esos años en los que se perdió mucho material audiovisual. Me platicaba que no fue hasta 1984 que Televisa (y sus distribuidoras de cine) se dieron cuenta que el negocio de películas iba a ser rentable. En esos años se crearon los primeros Videocentros y fue hasta ese momento que se normalizaron las versiones en México de las películas taquilleras (incluida, por supuesto, Star Wars). Me comentó que había muchas versiones grabadas por los dueños de videoclubes independientes, pero que Gobernación los obligó a tirarlas, para legalizar el mercado. Supongo que ahí se perdieron.”

Pero suponiendo que eso sea cierto, el doblaje se hizo con esos nombres porque se tomó la versión del libreto ya traducida por Edinorma Ltda & Cia, que al fin y al cabo era una versión oficial. “Son varias versiones que se utilizaron en diferentes productos: acetatos, cassettes, películas grabadas de manera casera, películas que se distribuían a independientes. Por eso es que no tenemos claro dónde lo escuchamos (¡pero queda claro que lo escuchamos!)”, afirma el antropólogo de los Jedi.

Página del libro La Guerra de las Galaxias en las que se ve la lista de los personajes con los nombres que tenía esa primera traducción.

Esta información es algo que está más presente en las generaciones mayores a los treinta, incluso cuarenta años. Y eso habla, en cierto sentido, de un Star Wars que perdimos. Esta es una idea que el mismo Guillermo comparte.

“Lo pondré de esta manera: en esa época no podías tener Star Wars al alcance de la mano, como hoy. Así que aquilatábamos cualquier producto que saliera y recreabas en tu mente las escenas de la película ayudado de libros, cuentos, revistas y viniles. Eso hizo que arraigara en la mente de nosotros, los fanáticos de hoy. No era como Star Trek, cuya serie de televisión repetían al cansancio. Ver Star Wars en aquella época se convertía en un evento especial”

Así es como queda aclarado el misterio de la existencia de Lucas Trotacielos y sus amigos, aunque aún nos queda la esperanza de encontrar en algún cuarto de tiliches abandonado la cinta que nos haga a todos dormir en paz por las noches. Si quieren leer la investigación original de Guillermo Guerrero, pueden hacerlo en este link. Y si lo ven por la calle, salúdenlo; es un buen tipo que aún sigue diciéndole Arturito a R2-D2.

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