¿Puedes tener animales exóticos y protegidos como mascotas en México?

¿Un tigre en Polanco? ¿Un gato en tu casa? Expliquemos la diferencia y de paso ahondemos en las leyes que regulan a este tipo de animales en México

Después del caso del tigre paseando como si nada en una plaza comercial de Polanco es momento de preguntarnos: ¿puedes tener animales exóticos como mascotas? ¿Puedes comprar especies protegidas en México?

Para analizar esta situación hay que ver las cosas desde dos puntos: lo legal y la bioética e iremos paso para entender mejor la situación.

Legal: ¿animales exóticos legales o ilegales?

Primero que nada ningún animal es ilegal. Estos son, según las normativas mexicanas, bienes muebles, por lo que pueden ser adquiridos por procesos de compraventa según las leyes comerciales y de mercado de cada país. En el caso de México, estas están reguladas por la PROFEPA y la SEMARNAT.

Dentro de la taxonomía de las diferentes especies que se encuentran posibles de entrar al mercado de animales en México se clasifican de cuatro maneras esenciales: pequeñas especies, animales de producción, animales exóticos y especies protegidas.

Pequeñas especies se refiere a los dos animales domésticas: perros y gatos. Todos los demás animales posibles de ser para compañía y con estatus demográficos regular son considerados animales exóticos. Por su parte, los animales de producción son los encargados de las actividades económicas primarias, como la ganadería. Finalmente, los animales de especies protegidas son especies que están catalogadas por su estatus demográfico al cuidado de Estado y sus instituciones.

Dentro de todas estas categorías, ningún animal es legal o ilegal. Como bienes muebles, lo ilegal es su producción, compra, venta, consumo y demás actividades que involucren directamente el comercio.

La SEMARNAT establece normas específicas para los animales de fauna silvestre (o animales exóticos) que pueden ser considerados como animales de compañía, tales como los hurones, erizos, peces, cobayas, aves y demás animales.

Estos tienen que ser autorizados y vigilados por la SEMARNAT para su compra y venta y solo pueden ser reproducidos y explotados comercialmente por criaderos y personas acreditadas para ello como profesionales de la salud y el cuidado animal, como veterinarios y/o investigadores de las diferentes ramas de la conservación y protección animales.

Por otro lado, en el caso de las especies protegidas, existen lineamientos muy claros sobre su compra, venta, consumo, reproducción y explotación, en todos los casos prohibiendo toda actividad y penándola a nivel federal.

Animales que sean considerados dentro de la Ley General de Vida Silvestre como protegidos no pueden ser comprados, vendidos, reproducidos para la compañía o como mascotas bajo ningún lineamiento. Estos solo pueden ser adquiridos, de manera legal, por criaderos y zoológicos (ya sean públicos o privados) para su conservación y cuidado con el apoyo de las autoridades federales.

Así que no, bajo los términos legales no se puede tener ningún animal protegido como mascota y mucho menos ser comerciado por particulares.

(Foto: Pixabay)

Bioética: ¿qué hay en una mascota?

La domesticación de las diferentes especies animales que se tienen hoy en día es un asunto tan antiguo como las civilizaciones humanas. Estos han servido de apoyo al desarrollo humano en los procesos civilizatorios, como lo plantea Norbert Elias. (Vía: Universidad Complutense de Madrid)

El uso de animales para consumo humano, así como el apoyo en tareas como la caza o la agricultura atravesó por diferentes etapas humanas hasta llegar al punto donde nos encontramos hoy: especies domésticas y especies de producción al servicio de las necesidades humanas.

Los perros ya no cazan en los campos, ahora juegan a atrapar juguetes en parques. Los hurones ya no controlan plagas de conejos en Europa, ahora son especies exóticas destinadas a espacios autorizados por la SEMARNAT; las vacas ya no aran la mayoría de los campos del mundo, ahora son exclusivas para producción.

Todos estos cambios nos llevan por la historia de la civilización humana como eso mismo: una civilización, que busca dominar su entorno y adaptarlo, una vez dominado, a la comodidad que el desarrollo de tecnologías y procesos civilizatorios entrega.

En el caso de los animales, la fauna silvestre sigue poblando sus ecosistemas, aportando a que la humanidad contenga su avance por todo el planeta tomando y modificándolos, alterando el estado natural de esas regiones.

Esto obliga a las autoridades a buscar preservar todas estas zonas geográficas en donde los animales aún existen en términos no civilizatorios. Especies como tigres, monos, tiburones (porque el mar nunca ha sido domesticado) y demás tienen una necesidad de protección por la misma actividad humana pone en peligro su existencia.

Desaparecer una especie altera la consistencia de un ecosistema y es por ello que es tan importante la preservación de especies en cautiveros, en áreas naturales o simplemente en vida silvestre.

Buscar el comercio de estos animales siempre ha constituido una actividad riesgosa no solo para sus dueños, porque estos animales no tienen historia doméstica con la que se asegure que su trato con humanos será inofensivo, pero también para la vida natural de la Tierra.

Bioéticamente el comercio de animales protegidos es, precisamente, un riesgo constante e incluso el de animales exóticos también lo es, por ello se busca regular duramente su mercado, a pesar de que existe una gran fuente de ingresos ilegal en ese mismo rubro.

Asegurar que estos se cumplan no es solo desde un punto de vista humano, sino desde la dignidad de la vida de todas las especies. A pesar de que legalmente sean simplemente bienes muebles, es necesario que la vida digna de cada animal sea respetada y procurada.

Animales en venta

La compra y venta de animales es parte de un mercado y una industria que no solamente se sirve de animales de compañía. Existen múltiples lugares en los que cada animal tiene presencia en la vida humana, ya sea para su consumo, como ayuda para el trabajo o simplemente para brindar compañía.

El no poner en presepectiva la forma en que estos coexisten contigo y con su propio ecosistema pone en riesgo a todo el planeta, por exagerado que pueda parecer.