Mitad peces, mitad mujeres hermosas; las sirenas han estimulado las imaginaciones de los seres humanos desde tiempos mitológicos. Tremendamente atractivas y al mismo tiempo letales, quizá representen la mortal fascinación que causa la naturaleza en sus múltiples versiones.

Mil años antes de Cristo, en Siria existía el mito de algunas diosas hermosas que saltaron al mar y se convirtieron en peces. No obstante, su belleza era tan descomunal que sólo la mitad de su cuerpo pudo deformarse. Más tarde, en la Grecia Antigua las sirenas obtuvieron su nombre (se especula que se relaciona con “quimera”) y una de sus más famosas representaciones.

En La Odisea la bruja Circe advierte a Ulises del terrible poder del canto de las sirenas, hermoso y mortal al mismo tiempo, capaz de perder a los marineros en el fondo del océano. Probablemente Ulises sea el único personaje de toda la historia que sobrevivió al canto de las sirenas. Para hacerlo, se ató al mástil de su barco y colocó cera en los oídos de sus marineros. De forma que ellos no escucharían a las sirenas y él no podría salir de su barco.

El mito cobró nueva vida con los viajes de Colón. Ansioso por demostrar que su empresa cambiaría al mundo, el Gran Almirante aseguró a sus patrocinadores que había visto sirenas en el mar Caribe. Probablemente sólo se confundió o tal vez lo inventó todo con el fin de que el dinero siguiera fluyendo. Como quiera que sea, Colón describir a las sirenas como seres horribles con cara de hombres, lo que ha hecho suponer a los investigadores que se trataba de manatíes, animales que el Almirante jamás había visto antes.

No podemos decir si se trataba de meros engaños o realmente de manatíes. Lo cierto es que los miles de marineros europeos que recorrieron el Caribe después de Colón vieron en estos animales la paz de sus espíritus. Imagínense que se lanzaron al mar sin nada más que un puñado de esperanzas más o menos fantasiosas y solamente lo que traen puesto en este momento. Tras meses de recorrer el interminable mar, a veces con poca comida o agua potable, a veces con algún tipo de enfermedad, es apenas normal que empiecen a alucinar.

"Ulises y las sirenas", Herbert James Draper, 1909
Ulises y las sirenas, Herbert James Draper, 1909

Se cree que muchos marineros que confundían a los manatíes con sirenas en alta mar de hecho sufrían los efectos de alucinaciones causadas por el hambre, la sed, el cansancio o los largos meses de confinamiento a una pequeña embarcación. Sin embargo, muchos de ellos llevaron la alucinación mucho muy lejos. Así resulta que algunos hombres de mar raptaban manatíes para tener sexo con ellos, como si se trataran simplemente de sirenas feas. A veces los navegantes podían estar hasta años enteros sin pisar puerto, sin ver una mujer y sin tener ningún tipo de privacidad, también por eso enloquecían.

Pero el mito de las sirenas no se quedó ahí. Aún ahora hay muchas personas que creen haber visto sirenas en las costas. Hace un par de años el canal de televisión Animal Planet transmitió lo que parecía ser un documental que mostraba evidencias (falsas) de la existencia de las sirenas, e incluso citaba el testimonio de especialistas (falsos, actores contratados) para apoyar la teoría. Uno tenía que quedarse hasta el final del programa y leer la última línea para darse cuenta que era una obra de ficción.

Evidentemente, la mayoría de la audiencia creyó que era un documental real. La noticia se hizo tan famosa, que la National Oceanic and Atmospheric Administration de Estados Unidos se vio orillada a publicar una declaración en la que aseguraba que las sirenas no existían, simplemente para que el público se tranquilizara.

No queda claro de dónde viene la fascinación por las sirenas. Quizá tiene que ver con las ansias de encontrar otros animales inteligentes en el planeta, o simplemente se relaciona con cierto magnetismo ejercido por un mito que representa el hechizo destructivo de la naturaleza. Después de todo, quién no querría escuchar el inimaginablemente hermoso canto de una sirena, aunque eso significara nuestra destrucción.

*Imagen principal: Jon Parise

vía Live Science

fuente Live Science

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