Resulta que la búsqueda de Nemo llevaría más tiempo del que plantean en la película: un nuevo estudio reveló que los peces payaso alevines (crías recién nacidas de peces) nadan distancias de hasta 400 kilómetros en busca de un nuevo arrecife, algo que parecería imposible para una criatura tan pequeña.

Parece que la película Finding Nemo de Pixar no es tan compatible con la realidad, pues un pez adulto no habría podido hacer tal viaje para buscar a su hijo. En la vida real es al revés: son los bebés de pez payaso los que hacen largos viajes para buscar casa.

“Saber lo lejos que se dispersan las larvas nos ayuda a entender cómo las poblaciones de peces pueden adaptarse a los cambios ambientales”, afirma el doctor Hugo Harrison, coautor del estudio.

Anteriormente se sabía que los peces payaso buscan seguridad en las anémonas de mar, lugar en donde viven la mayoría de su vida adulta. Ahora sabemos que las crías huyen buscando un nuevo hogar. Desde que eclosionan, usan un identificador químico que la anémona segrega, para identificar y localizar la especie exacta que usarán de refugio.

“Este es el primer estudio que mide directamente la dispersión de los peces payaso a lo largo de cientos de kilómetros”, afirmó Stephen Simpson, biólogo marino de la Universidad de Exeter (Reino Unido).

El seguimiento de los ejemplares más jóvenes es complicado porque no es posible instalarles un GPS, así que lo que hicieron fue capturar centenares de Amphiprion omanensis y tomaron una muestra de su aleta antes de devolverlos al Océano Índico. El Amphiprion omanensis (pez payaso de Omán) es originario del Océano Índico Occidental, y es endémico de la costa de Omán, en el mar Arábigo.

El análisis de su ADN permite averiguar si la firma genética de un pez que vive en el arrecife A es distinta de la de uno que vive en el arrecife B; al igual que somos capaces de distinguir a una persona británica de una estadounidense por su acento, la firma genética de los peces permite saber si uno se originó en el lugar en el que se encuentra o no.

Así, descubrieron que los peces payaso habían viajado entre los dos únicos sistemas de arrecifes de coral de la costa sur de Omán, a pesar de haber una gran distancia entre ellos.

En realidad, en términos prácticos tampoco son Nemos, las larvas de esta especie son casi transparentes y más pequeñas que un grano de arroz. Estos peces, en estado larvario, no miden ni un centímetro de largo y tienen muy pocos días de vida, por lo que probablemente se ayudan de las corrientes marinas en su viaje.

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Crías de peces payaso en estado larvario (foto: Silke Baron)

De todos lo que se van sólo unos pocos llegan a alcanzar un arrecife, la mayoría son devorados durante las primeras 24 horas. Entonces, ¿por qué se arriesgan recorriendo tales distancias?.

Sí, Darwin tenía razón, la ley de la vida también aplica para los felices peces payasos; según los investigadores, lo hacen porque viajar lejos de su hogar garantiza la diversidad genética de la especie y la mezcla de genes es un seguro contra la extinción y les permite colonizar nuevas anémonas.

Un dato más para arruinar infancias: cuando el pez payaso hembra muere, el macho cambia de sexo para tomar el papel de la hembra. Todos los Amphiprion omanensis son hermafroditas protándricos, nacen siendo machos y poseen el potencial de transformarse en hembras. Cuando la hembra muere, el macho dominante se transforma en hembra y el macho siguiente en la jerarquía, se convierte en el nuevo macho reproductor. ¿Cuál fue la razón por la que Marlin (o podemos llamarlo Marilyn) quería encontrar a Nemo? Dejaremos esto ahí.

* Foto de portada: Chika Watanabe

vía Daily Mail

fuente National Geographic

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