Todos hemos escuchado que leer puede cambiar la forma en que vemos el mundo, y aunque algunos de nosotros lo creíamos de verdad, todos asumíamos que se trataba de una expresión figurativa. No obstante, una investigación dirigida por Gregory Berns de la Universidad de Emory prueba que de hecho leer puede cambiar nuestro cerebro.

No hay nada más humano que contar historias. Estamos rodeados de ellas, y día con día nosotros mismos producimos historias al contar a nuestros amigos lo que nos ocurrió o al platicar un chisme. Desde que nacemos las historias son fundamentales para nosotros, y las culturas antiguas y modernas pueden ser caracterizadas por su manera de contar historias. Existen múltiples plataformas para ello, como las películas, los cómics, las series de televisión, y por supuesto las novelas.

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Para llevar a cabo se estudio, Gregory Berns reunió a un grupo de estudiantes y sacó “imágenes por resonancia magnética funcional” (fMRI, por sus siglas en inglés), que no son sino resonancias magnéticas sacadas al cerebro mientras el sujeto se encuentra realizando una tarea específica. Después de cinco días, a los estudiantes se les pidió que leyeran una novela por las noches. Al día siguiente, mientras se les practicaba la fMRI, se les hacía un pequeño cuestionario sobre el libro que estaban leyendo.

Después de que terminaban de leer la novela, se les volvía a aplicar el procedimiento por otros cinco días. Los resultados fueron sorprendentes. El mapa neuronal de los sujetos fue modificado por la lectura de la novela. En concreto, se pudieron observar dos cambios. El primero de ellos fue un incremento intenso de las conexiones en la corteza temporal izquierda, la zona especializada en el lenguaje. Como dijimos, las fMRI no se les realizaban mientras estuvieran leyendo, sino después. Lo cual quiere decir que esta zona específica del cerebro se mantiene “alerta”, o “receptiva”; es lo que se conoce como “actividad sombra”.

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El segundo cambio ocurrió con el incremento de las conexiones en el surco central del cerebro, donde se encuentra la frontera entre las zonas motrices del cerebro y las sensoriales. Las neuronas en esta área no sólo se activan cuando realizamos una actividad, sino también cuando pensamos que la hacemos. Es decir, se activarán cuando corramos, pero también cuando pensemos en correr. De la misma manera, la lectura hace que nuestro cerebro experimente cambios como si nosotros estuviéramos en medio de la acción. Berns comentó al respecto:

“Los cambios neuronales que encontramos, asociados a los sistemas de movimiento y de sensaciones físicas, sugieren que la lectura puede transportarte al cuerpo del protagonista.”

Dado que las fMRI se realizaron hasta cinco días después, podemos concluir que el incremento de la capacidad verbal y la sensación de introducirnos al cuerpo de los protagonistas de una novela crean efectos duraderos. De manera que todas esas afirmaciones acerca de la lectura (“cambia tu vida”, “te hace vivir otras vidas”, “te permite viajar”, etc.) son ciertas, literalmente.

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Es muy probable que se pueda obtener un efecto parecido con otras formas de contar historias, como el cine o los cómics. De cualquier manera, el hecho de que nuestro cerebro cambie y nos deje sensaciones duraderas gracias a la lectura es fascinante.

vía Gizmag

fuente Emory University

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