Hoy es 31 de diciembre, probablemente irás a cenar con tu familia o tus amigos. Ya gastaste un montón de dinero y tienes muchas deudas, pero aún no te das cuenta porque todavía no es enero. Esta noche pedirás algunos deseos y seguramente, aunque dices que es cursi, pasará por tu cabeza hacer algunos propósitos de Año Nuevo. Como sabemos que cumplir tus buenas intenciones no es nada sencillo, te damos algunos consejos y algunas explicaciones de por qué suelen fallar los propósitos de Año Nuevo.

En Estados Unidos aproximadamente la mitad de la población hace propósitos de Año Nuevo. De estos propósitos el 88% no se cumplen. Eso nos da la terrible cantidad de 156 millones de propósitos tirados a la basura año con año. En el resto del mundo y en nuestro país las cosas no son muy distintas. Pero, ¿por qué tanto fracaso? ¿Es que los seres humanos somos  incapaces de cambiar?, ¿nos proponemos cosas imposibles?, ¿o hay una especia de amnesia colectiva que el 10 de enero nos hace olvidarnos de todo?

En realidad hay una explicación muy simple. Imagínense que tienes los brazos flácidos y haces el propósito de que en el 2014 trabajarás tus bíceps. Llega el 2 de enero (es inhumano hacer cualquier cosa el primero) e intentas levantar una pesa de 100 kg, ¿qué ocurre? Posiblemente te rompas los brazos y no puedas volver a ejercitarlos en todo el año. Pues bien, la fuerza de voluntad es como tus flácidos bíceps.

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Imagina que el cerebro funciona como un músculo, si no lo ejercitas nunca, no puedes esperar que tenga mucha fuerza de un día para otro. De manera que si eres experto en propósitos, pero novato en fuerza de voluntad, no tendrás fuerza para cumplir lo que te propongas para el 2014. La

fuerza de voluntad se encuentra en la corteza prefrontal del cerebro, cerca de tu frente, donde también se aloja la memoria a corto plazo y la resolución de problemas abstractos. El Dr. Baba Shiv de la Universidad de Stanford comprobó que el uso intenso de esta parte merma nuestra capacidad de resistirnos a las tentaciones, a esto lo llamó “carga cognitiva”. Por lo que si de por sí no tienen muy ejercitada tu corteza prefrontal, en cuanto intentes memorizar algo en los próximos días tus propósitos se irán a la basura.

De manera que es virtualmente imposible hacer que el cerebro mantenga la fuerza de voluntad de un día para otro. Por eso la mayoría de propósitos de Año Nuevo se convierten en fracasos de Año Viejo.

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¿Cómo cumplo mis propósitos?

Ahora bien, no todo está perdido ni estás condenado a ser gordo, flácido, fumador, goloso o bruto. En realidad, hay maneras de cumplir tus propósitos, pero tienes que pensarlos de manera distinta. El problema es que al cerebro le cuesta trabajo manejar conceptos abstractos y relacionarlos con la fuerza de voluntad. Digamos que proponerte “bajar de peso” es una estrategia difícil y con altas probabilidades de fracasar. Por el contrario, si en lugar de pensar en objetivos abstractos te enfocas en hábitos concretos, tus probabilidades de éxito crecen exponencialmente.

Si esos hábitos comienzan por ser pequeños, estás en el buen camino para cumplir tus deseos de 2014. Por ejemplo, en lugar de proponerte “dejar de fumar”, intenta dejar el hábito de fumarte un cigarro después del desayuno. En lugar de proponerte “bajar de peso”, intentar hacerte el hábito de darle dos o tres vueltas a la manzana en donde vives, cada mañana. En lugar de “conseguir pareja”, intenta el hábito de ser más amigable con las personas y comenzar una conversación con alguien nuevo cada semana.

Homero

En fin, si realmente te preocupa ese mal hábito y sinceramente quieres hacer el propósito para eliminarlo, aquí están los cuatro puntos que debes tomar en cuenta:

  • Uno a la vez: Intenta hacer sólo un propósito. Como demostró el Dr. Shiva, la “carga cognitiva” de tu fuerza de voluntad te hará sucumbir a las tentaciones si tratas de concentrarte en varias cosas a la vez. Sólo elige el propósito más importante y quédate con él.
  • Pasito a pasito: Para cumplir tus grandes propósitos necesitas comenzar con pequeños pasos. Comienza con hacerte un hábito pequeño que puedas hacer fácilmente y en poco tiempo.
  • Deja testigos: El apoyo social puede ser crucial para tus propósitos. Cuéntale a quien más confianza le tengas que estás tratando de hacerte de un pequeño hábito, o al menos ponlo por escrito. Esto “lo hace más real” y te motiva a llevarlo a cabo.
  • Metas y premios: Los pequeños hábitos también te dan la oportunidad de cumplir pequeñas metas. La retroalimentación y la sensación de éxito te ayudarán a seguir por el buen camino. Así que una pequeña recompensa por semana (como un postre si estás a dieta) alimentará tu sensación de éxito y te ayudará a continuar con retos más grandes.

El Año Nuevo puede ser una excelente oportunidad para cambiar aquellas pequeñas cosas que nos disgustan de nosotros mismos. Pero el fracaso en nuestros propósitos puede convertirse en una pesada carga. Por eso, no intentes levantar demasiado peso desde el principio con tu corteza prefrontal, más bien ejercítala poco a poco. Tienes todo el año para cumplir tu propósito, comienza en enero y termina en diciembre si es necesario, es la mejor manera de cambiar esas cosas que te molestan.

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