¿Cuánto hay de santidad en una forma histórica y cruenta de tortura?

Todos sabemos, más o menos, cómo fueron los últimos días de Jesús de Nazaret. Pero, ¿por qué resulta interesante determinar las causas de su muerte? Sencillo, más allá de que “ya todo estuviera escrito” o no, las controversias siempre son grandes. ¿Lo clavaron de las palmas o de las muñecas? Cuando Longinos lo atravesó con su lanza en el costado ¿es posible que fluyera sangre y luego agua del cuerpo de Jesús? ¿Se trataba, en realidad, de agua? Foto: Alejandro Gómez.

Algunos médicos, católicos y no católicos, se han empeñado en estudiar el caso de “La pasión de Cristo”, desde aquella noche que rezó en Getsemaní hasta el momento en que exhaló por última vez clavado en la cruz. A continuación, te presentamos algunas de estas teorías que explican la fisiopatología de la muerte de Jesús.

Getsemaní

Dice el Evangelio de Lucas: “Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra”. En primer lugar, Lucas es el único de los cuatro evangelistas que registra este hecho. Pero de ser cierto, es posible que el cuerpo humano sude sangre.

Foto: Tim B

Esta reacción es una manifestación somática y tiene el nombre de hematihidrosis o hemohidrosis. Se produce por debilitamiento físico, muy altos niveles de estrés, factores que provocan un aumento de presión y que los vasos sanguíneos se congestionen. El congestionamiento provoca pequeñas hemorragias en los capilares de la membrana basal de la piel y algunos de estos vasos se encuentran junto a las glándulas sudoríparas. O sea que sí, es posible que esto sucediera.

Los latigazos

Luego, Jesús fue juzgado y mandado a flagelar. Es probable que la flagelación no se impusiera como un castigo previo a la crucifixión como se nos hace creer comúnmente. La realidad es que este castigo era previo a toda ejecución romana. Los soldados utilizaban un instrumento muy peculiar para los azotes denominado flagrum o flagellum y estaba hecho por varias correas de cuero que tenían atadas pequeñas bolas de hierro o bien, pequeños trozos de huesos de ovejas.

Modelo del flagellum taxillatum, látigo romano que desmenuzaba la espalda de los azotados.

Como en la película de Mel Gibson, The Passion of the Christ, las laceraciones desgarraban la piel, el tejido subcutáneo, cortaban los músculos y, entre las tiras de carne desgarrada, se creaban las condiciones perfectas para provocar una pérdida importante de sangre y plasma.

Si consideramos que es posible que Jesús pesara 70 kilos aproximadamente y midiera 1.75 metros de estatura, podríamos decir que su volumen circulante era de entre 4.5 y 5.5 litros de sanfre. Se estima que tras los latigazos perdiera aproximadamente el 12% de su sangre.

La crucifixión

Crucificar a la gente es, en realidad, un castigo que fue creado en medio oriente. Primero fue utilizada por el imperio persa, los asirios y los caldeos. Posteriormente la adoptaron los griegos, los egipcios y los romanos. Pero, por supuesto, cada cultura tenía su manera particular de crucificar a los castigados. Los romanos, por ejemplo, utilizaban tres tipos de cruces: la crux decusata (en forma de X), la crux commissata (en forma de “t” mayúscula) y la crux immisa (en forma de “t” minúscula y la más conocida).

Partes de la cruz.

Jesús fue crucificado en la crux immisa (la cual consiste en un stipes –la parte vertical– y un patibulum –la parte horizontal). Así que durante su trayecto al Golgota o Monte Calvario, sólo cargó el patibulum, no la cruz completa, ya que los romanos armaban este tipo de cruz llegando al destino de la ejecución.

Ahora bien, seguramente ya sabes que los crucificados eran clavados de las muñecas y no de las palmas de las manos, pero esto no es exactamente así. Por ejemplo, el cirujano Pierre Barbet clavaba cuerpos de gente muerta de las manos y luego de un tiempo muy breve (menos del que te llevaría morir en la cruz), los cadáveres se desgarraban.  Esto podría apoyar las teorías de las muñecas, pero en realidad, la siguiente radiografía muestra las tres zonas, según los estudiosos, por donde podrían atravesar los clavos cuando se crucifica a alguien.

Se considera que el Espacio de Destot es la zona indicada para atravesar la mano con un clavo. Es decir la zona que marca Lagraña.

Lo interesante es lo que sucede cuando los clavos atraviesan el cuerpo. En primer lugar, el traumatismo es doble. Algunas lesiones son causas directas de los clavos en sí, pero hay otras indirectas que son provocadas por la combinación de los clavos y el peso del cuerpo.

Los clavos que se utilizaban en la época eran de punta roma, lo cual da lugar a lesiones contusivas, no de corte limpio, porque no tienen punta, o sea que van, digamos, “quebrando la carne”. Son como un serrucho que al ir atravesando las manos, van desgarrando arterias, tendones, nervios, aponeurosis, provocando dolor y hemorragia. Además, no hay que olvidar el posible desarrollo de una sepsis, es decir: “un síndrome de anormalidades fisiológicas, patológicas y bioquímicas potencialmente mortal”.

Por lo tanto, Jesús fue clavado entre el radio y los metacarpianos, o entre los huesos carpianos cerca, o a través del flexo retinaculum y varios ligamentos intercarpales. Según el doctor colombiano Rubén Dario Camargo:

“La posibilidad de una herida periosea dolorosa fue grande, al igual que la lesión de vasos arteriales tributarios de la arteria radial o cubital. El clavo penetrado destruía el nervio sensorial motor, o bien comprometía el nervio mediano, radial o el nervio cubital. La afección de cualquiera de estos nervios produjo tremendas descargas de dolor en ambos brazos. El empalamiento de varios ligamentos provoco fuerte contracciones en la mano.”

Podemos concluir que el dolor de las heridas provocadas por los clavos tanto en las manos como en los pies abarcan los siguientes tipos de dolores descritos: fulgurantes, lacinantes, tenebrantes, contusivos, gravativos, tensivos, constrictivos, pulsátiles.

Pero este es sólo el principio. Algunos médicos estiman que la muerte en la cruz puede tardar entre tres y seis horas, dependiendo de las heridas ocasionadas con anterioridad al crucificado. Cuando la cruz está por fin parada, la agonía se intensifica dramáticamente. Por la posición del crucificado, el peso del cuerpo es jalado hacia abajo, con los brazos y hombros extendidos lo que provoca que los músculos intercostales se encuentren en una posición ideal para inhalar, pero afectando la exhalación pasiva. Se trata de una exhalación principalmente diafragmática lo que provoca que los pulmones vayan reteniendo CO2, fenómeno conocido como (hipercapnia).

Esta ilustración muestra el daño producido por la hipercapnia.

Esto implicaba que Jesús tuviera que apoyarse en sus pies y jalar con sus brazos para dejarse desplomar y que se produjera la exhalación, lo cual era sumamente doloroso, pues los calambres musculares y contracturas tetánicas afectaban la respiración.

Calambres, asfixia parcial, el tejido fino de la espalda abriéndose en cada movimiento contra el estipes de la cruz, llevan a otra agonía. El pecho empieza a doler profundamente, pues el pericardio se llena lentamente de líquido y empieza comprimir el corazón.

Por tanto, Jesús o cualquier crucificado presentan un caso clínico de muerte multifactorial, relacionada con un shock hipovolémico, asfixia por cansancio e insuficiencia cardiaca, hasta que al final todos estos elementos terminan por provocar una arritmia cardiaca fatal ocasionando un paro.

La lanza de Longinos

La iglesia hizo del soldado que atravesó el costado de Jesús un santo y lo llamó Longinos, pero la realidad es que hasta ahora no se ha podido comprobar que ese fuera su nombre. Lo interesante en realidad es que la Biblia argumenta que salió sangre y agua del costado de Jesús, lo que es prácticamente imposible. Pero algunos intérpretes de las escrituras refieren que, por la época, era probable que se pensara en agua, aunque en realidad se trataba de una mezcla de sangre y plasma, debido a que la lanza se clavó del lado derecho y pudo alcanzar el hemopericardio postraumático o perforar el ventrículo. Por lo tanto emanó fluido de pleura y pericardio, de donde pudo proceder la sangre.

Representación pictórica del momento en que el soldado atraviesa el costado de Jesús.

La crucifixión es reconocida como uno de los métodos más violentos y tortuosos que conducen a la muerte, sin embargo, es posible no morir en la cruz. El historiador Josefo cuenta que un amigo suyo logró sobrevivir a la crucifixión.

Es difícil decir si hay un acto de santidad en todo esto, pero existen grupos que consideran la crucifixión en la actualidad como un acto devocional. Por ejemplo, en el via crucis de Ixtalapa –desde 1883– o algunas comunidades en Filipinas, personas son crucificadas durante unos momentos para representar la agonía de Jesús de Nazaret.

temas