Neil Harbisson es la primera persona en el planeta que puede tener en su pasaporte una foto que muestra su naturaleza cyborg.

El artista daltónico utiliza un eyeborg, aparato que le permite distinguir los colores, y pretende ayudar a otros cyborgs como él a ganan más derechos y ser reconocidos por más gobiernos del mundo.

Cualquier persona que haya sacado su pasaporte sabe que el logro de Harbisson es meritorio, debido a que él ha logrado algo que antes parecía burocráticamente imposible. Otras personas con elementos cyborg han sentido como sus equipos tecnológicos han sido arrancados por la fuerza en instituciones gubernamentales o les han negado la entrada a edificios por el uso de dispositivos electrónicos en sus cabezas; de hecho, el mismo Harbisson vio truncada su renovación del pasaporte muchas veces por culpa del dispositivo que sobresale arriba de su pelo.

Sin embargo, gracias a este peculiar artista, por lo menos en el Reino Unido, si alguien arranca uno de estos dispositivos de sus dueños estaría cometiendo un crimen violento equivalente a lesionarles la cara.

El artista inglés nació con una condición llamada acromatopsia, lo que significa que todo lo capta en tonos de gris. Por ello tiene problemas para manejar, al no poder distinguir el color de los semáforos. Para él era más importante, dada su carrera, el sentir que le faltaba un sentido de la estética de su entorno por su incapacidad para ver colores.

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Su eyeborg es un dispositivo que convierte los colores a su alrededor en ondas de sonido, mismas que se transmiten al oído interno a través de un mecanismo de vibración colocado en la parte posterior del cráneo. Esencialmente. Gracias a este aditamento Harbisson oye y siente los colores, tal y como lo describe en una entrevista publicada recientemente en la revista Dezeen:

“Para mi cada color tiene una frecuencia específica que puedo oír. Los colores infrarrojos son el sonido más bajo y los ultravioleta los más altos. Oigo los colores a través de conductos colocados en mi cráneo.”

Harbisson sintió que el dispositivo había cambiado su vida, ya que éste se integró con él y le permitió tener respuestas emocionales a los colores de su entorno. Actualmente afirma que algunas caras o construcciones forman música en su cabeza, debido a que sus combinaciones de tonos y colores crean sonidos que Harbisson encuentra agradable. Él mismo describe parte de su singular vida como un cyborg:

“Tengo un conector tipo USB en la parte posterior de la cabeza, mismo que me permite enchufarme a la red eléctrica. Me tardo tres horas para cargarme a mí mismo y, posteriormente, puedo estar cargado por tres o cuatro días, pero mi objetivo no es utilizar electricidad para cargarme. Pretendo encontrar una manera para cargar el chip del eyeborg con mi propia energía del cuerpo, a través de la circulación de mi sangre, con mi energía cinética o tal vez gracias a la energía de mi cerebro podre cargar el chip en el futuro. Ese es mi objetivo: ser capaz de cargar el chip sin depender de ninguna energía externa.”

Según Harbisson, en el futuro podríamos ver a más cyborgs como él, pues la tecnología se irá incorporando poco a poco como una extensión de nuestro cuerpo. Más allá de ojos biónicos o prótesis robóticas, el inglés propone cambios que mejoren la percepción del mundo que tenemos actualmente.

“Creo que vamos a empezar con cosas muy simples, como la conducción ósea. (…) Vamos a tener una antena por distintas razones. En mi caso, estoy usando una para distinguir el color, pero las antenas podrían utilizarse para percibir muchas otras cosas. (…) Nos gustaría ver a personas que utilizan pequeños sensores infrarrojos, que vibren cuando hay alguien detrás y tengan así una percepción de 360 grados. También hay otras cosas como la orientación. Tener una pequeña brújula implantada que vibra cuando miras hacia el norte podría ser algo muy útil.”

El primer cyborg también fundó la Cyborg Foundation, que busca ayudar y asesorar a otros cyborgs como él a proteger sus derechos. Si quieren leer toda la entrevista, pueden hacerlo desde el sitio de Dezeen.

vía io9

fuente Dezeen Magazine

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