Microtonalismo: el regalo mexicano para el futuro de la música

El microtonalismo no existiría hoy sin la intervención de Julián Carrillo y el sonido 13 en la teoría musical
Connolly Music

La música (al menos en la cultura occidental) se dividió por  siglos en dos momentos históricos: el desarrollo del sistema tonal… y todo lo que hubo antes de ello. Sin embargo la evolución de la música que conocemos llegó con el estudio del microtonalismo, un avance en el entendimiento del fenómeno musical que es posible, en gran medida, gracias al mexicano Julián Carrillo, que desarrolló todo un estudio alrededor de lo que él llamó el Sonido 13.

En la música occidental el entendimiento de un “modo” o una forma de ser de la música existe desde la Grecia antigua en el Siglo V antes de Cristo, como explica David Monro en su estudio The Modes of Ancient Greek Music. Desde este momento se comenzaron a establecer las bases de lo que conocemos por música y, asimismo, su relación con el ser humano y sus capacidades expresivas.

Modos griegos | Wiki Commons

Estos modos griegos evolucionaron con el tiempo y fueron la base de la creación musical en Europa hasta su estandarización en el sistema tonal, que consta de 12 diferentes notas (divididos en siete tonos y cinco semitonos) con las que se ha creado toda la música de la tradición occidental desde los juglares y trovadores, hasta los compositores clásicos, el rock sel siglo XX y el reggaetón.

Sin embargo, el fenómeno acústico siempre ha sido más complejo que eso y, sobre todo, en la estandarización de la música y sus herramientas de expresión (los diferentes instrumentos para ejecutar), existe la duda de si el sistema tonal es o puede ser la forma que debe tomar la música.

Para Julián Carrillo nunca fue así. Lo cerrado de un sistema de 12 diferentes posibilidades resultaba no solamente ilógico sino insuficiente. En su postulado sobre el Sonido 13, explicó lo siguiente:

“El sonido 13, en el sentido literal de la palabra, fue el primero que rompió el ciclo clásico de los 12 sonidos existentes, a la distancia de un dieciseisavo de tono (que fueron los intervalos logrados por mí en mi experimento entre las notas sol y la de la cuarta cuerda del violín), y cuya constante matemática es 1.0072; pero ahora sonido 13 es un nombre que abarca el total de mi revolución, que ha conquistado en su desarrollo una multiplicidad de intervalos musicales jamás soñados; que ha inventado y construido nuevos instrumentos que han sido tocados en conciertos en los centros más linajudos, tanto en Europa como en América, y que, además ha planteado una reforma total de las teorías clásicas tanto de música como de física musical; que ha escrito los libros técnicos para su desarrollo, inventando un nuevo sistema de escritura.” (Vía: Sonido 13)

Si bien la revolución musical de Julián Carrillo está enfocada en la apertura del sistema tonal en sus intervalos, esta sigue estando reservada a su referencia obligada: el sistema temperado occidental. El microtonalismo, aunque un concepto de teoría moderna, es también un fenómeno de la acústica en diferentes culturas musicales.

Balafón: instrumento africano tocado con un sistema de temperamento de 10 notas | Weebly

¿Qué es el microtonalismo?

El microtonalismo es el reconocimiento de todos los tonos que existen más allá de los 12 establecidos por el sistema tonal como factores musicales. Dentro de este sistema tonal occidental todo aquello que sale de eso se considera fuera de tono, o “desafinado” por decirlo de una manera más coloquial. Es decir, la música microtonal buscará usar estos intervalos para crear compendios musicales que sean válidos al oyente más allá de su pura expresión como un sonido fuera del sonido establecido por defecto.

Dentro de los estudios de Julián Carrillo, se dedicó a estudiar la forma en que estos tonos se expresaban en los instrumentos de cuerda frotada que al no estar temperados (es decir que no tienen trastes, teclas o cuerdas con tonos e intervalos establecidos) pueden reproducir microtonos con facilidad y así construir instrumentos temperados con diferentes intervalos que exploraran el espectro del sistema tonal.

El microtonalismo y la música microtonal ha existido por siglos, pero no dentro de la tradición occidental. En lenguajes musicales como el de la India y algunos modos asiáticos de influencia china y japonesa, así como la infinita y diversa tradición musical africana ya compartían visiones musicales sobre diferentes arreglos a la frecuencia de sus tonalidades. Sin embargo, este sistema nunca fue visto como aceptado dentro de la tradición griega como un estándar o una posibilidad de ello. (Vía: Music Tales)

¿Para qué música microtonal?

Las diferencias entre la forma en que, por ejemplo, la tradición musical india y el desarrollo teórico de Julián Carrillo se acercan al aspecto microtonal de la música tiene que ver con algo tan simple pero tan complejo: el lenguaje.

Dentro del lenguaje musical occidental existen condiciones dadas dentro del sistema tonal, que no son las mismas que en el sistema indio. Este otro lenguaje supone un sistema de temperamentos asociados entre 22 tonos. (Vía: Darmouth Department Of Music)

Julián Carrillo y los demás teóricos de la microtonalidad occidentales han buscado un arreglo a la forma en que entendemos la música y su forma de ser, no solo en la expresividad de su construcción, sino en la física involucrada en ella, que es un aspecto tan fundamental como olvidado.

La música, finalmente, se compone de diferentes y variadas frecuencias de vibración en el aire en un arreglo de intervalos que las hacen “armónicas”, que es donde entran los diferentes modos que conocemos al respecto, que le dan un carácter único a las combinaciones entre frecuencias y las secuencias que siguen para representar una forma concreta de la expresión musical.

La ruptura de estos cánones es una revolución musical no solo porque permite entender que el espectro musical dado por la tradición griega es limitado y arbitrario, sino que también nuestro entendimiento de la música lo es y está entumecido por esta misma concepción artística que está dada por un lenguaje concreto.

Dentro del estudio de Julián Carrillo y el desarrollo del Sonido 13, los intervalos que suceden están estrechamente relacionados con la forma en que el sistema tonal se representa. Es decir, los intervalos microtonales responden a subdivisiones del intervalo ya dado para cada nota, que está regido por esta fórmula:

Fórmula del sistema temperado

Desarrollar no solo un estudio de qué puede representarnos la música microtonal sino también una revaloración del lenguaje que esta simple fórmula ha establecido durante siglos en la tradición musical llevará a una comprensión mayor de lo que es expresivo mediante la música y sus soportes, que fue en un principio la intención directa de Julián Carrillo.

A partir del estudio del Sonido 13 múltiples compositores han encontrado la forma de expandir las capacidades sonoras de sus piezas con la base sólida de la tradición occidental y el nuevo paradigma que representa el tener una expresividad mutilada por un sistema tan arbitrario como funcional, porque constituye nuestro límite dado del mundo (sonoro).

Por supuesto, el desarrollo de esta música está limitado y también contraído a un círculo muy específico de compositores, porque mientras que el sistema de igual temperamento domina desde los “Caprices” de Paganini hasta “Callaita” de Bad Bunny, no tenemos una referencia clara de música microtonal para poder adaptarla a nuestro lenguaje más próximo, ya sea para quien la escucha o para quien la ejecuta.

La influencia y la ejecución microtonal

A décadas de que el estudio de las capacidades de la música microtonal, los ejemplos son cada vez más bastos y logrados. Incluso Adam Neely compuso una especie de Lo-Fi Hip Hop (sí, lo que escucha la mona china para relajarse y estudiar) con un arreglo microtonal que es muy cercano al ejercicio de la música pop contemporánea. Sin embargo, el ejemplo más concreto del ejercicio microtonal lo encontramos en las composiciones 6, 7 y 8 para cuarteto de cuerdas de Ben Johnston.

Estas composiciones solo han podido ser ejecutadas por un cuarteto de cuerdas en toda la historia y fue ensayado por más de una década para poder ser realizado de la forma en que el compositor lo escribió.

La complejidad de esta pieza es inmensa tanto para el ejecutante como para el compositor, que basó toda su creación en el desarrollo de las piezas en sus relaciones de frecuencia con escalas matemáticas nacidas todas del Sonido 13 y el microtonalismo adaptado a la tradición occidental.

Sin embargo, no es solamente un estudio meticuloso del espectro sonoro y la relación de las frecuencias tomando en cuenta los modos ya dados, sino que es también una reintrepretación total de lo que significa y representa el lenguaje musical sin tener que comprometer al escucha al momento de tener que identificarlo respecto a su marco de referencia inmediato.

Estas composiciones para cuerdas no son cacofónicas como incluso llegaron a ser las composiciones incluso de Julián Carrillo, que buscaron ser más una exposición de posibilidades que un trabajo formalmente completado. Finalmente, la teoría estaba en desarrollo y los frutos fueron el trabajo posterior de otros compositores.

Ben Johnston compuso tres piezas que en sus diferentes movimientos buscan expresar sensaciones, emociones y sentimientos vívidos, nacidos de la naturalidad y el conocimiento del ser humano y su relación con los diferentes lenguajes que reconoce y puede replantear.

El futuro de la música, o al menos de la expresión musical, está contenido en el desarrollo de casi un siglo de teorías sobre acústica y física, expresadas en tres simples piezas que hacen más grande un lenguaje desconocido hasta que un mexicano oyó en la disonancia y la desafinación una forma oculta de expresarse, un nuevo idioma nacido de la familiaridad y la curiosidad por lo que se oculta entre un bemol y un sostenido.

Estudio de Ben Johnston para microtonos | Thw New York Times