Para poder tener acceso a una conexión Wi-Fi se debía aceptar un contrato que incluía una cláusula que obligaba a los usuarios a entregar a su primogénito a cambio del servicio.

Un experimento llevado a cabo en varios de los barrios más concurridos de Londres, demostró que muchos de los usuarios de Internet no leen los contratos de términos y condiciones a los que se comprometen cuando acceden a un servicio de red pública de Wi-Fi.

El experimento, respaldado por la agencia de seguridad Europol, se realizó en el pasado mes de junio. La empresa de seguridad finlandesa F-Secure fue la responsable de hacer esta curiosa prueba, ofreciendo conexión gratuita a Internet en varios puntos de Londres. Así, al conectarse aparecía un extraño contrato de uso llamado “Cláusula de Herodes”, la cual se describía de la siguiente forma:

“El firmante accede a entregarnos a su primogénito para toda la eternidad”.

Las empresas implicadas activaron la red inicialmente en una cafetería de la zona de Canary Wharf y después en las inmediaciones del Parlamento. Seis personas llegaron a aceptar la “Cláusula de Herodes”, aunque la empresa ya ha aclarado que no obligará a los firmantes a renunciar a su primogénito. Menos mal.

“Podríamos hacer cumplir nuestros derechos bajo los términos y condiciones, pero, como esto es un experimento, vamos a dejar a los niños con sus padres. Además, nuestro asesor legal señala que, aunque los términos y condiciones son vinculantes en términos legales, contradice la política pública de impedir vender niños a cambio de servicios gratuitos, por lo que la cláusula no sería válida ante un tribunal”, explica la compañía en su informe.

El objetivo de este experimento era alertar de falta de conciencia de la ciudadanía sobre los riesgos que implica la utilización de redes Wi-Fi públicas, tanto por las condiciones que se aceptan sin leerse, como por los datos que quedan expuestos a extraños. El informe llegó a la conclusión de que es necesario que haya más educación con respecto al uso de conexiones Wi-Fi.

*  Foto de portada: Garry Knight

fuente The Guardian

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