Mucho del entusiasmo inicial con las redes sociales tenía que ver con la idea de que eran una herramienta poderosa para promover debate público y el cambio social. Yo misma, hace solo unos años, co-escribí y co-edité un libro que teorizó, por primera vez, sobre cómo Twitter había sido utilizado por varios grupos de activistas en México para modificar la política pública sobre distintos temas: #InternetNecesario, matrimonio entre personas del mismo sexo y el terrible caso de la Guardería ABC, algunos de ellos.

A nivel global, nos hemos encontrado una y otra vez, con el discurso del poder de las redes en casi cualquier acontecimiento mundial (desde la Primavera Árabe hasta las protestas en Ferguson, pasando por el Ice Bucket Challenge). Las redes están en todos lados, a todas horas, estimulando todo tipo de conversaciones y debates públicos, ¿cierto?

Pues no. Resulta que no, o al menos no del todo. Me explico: Investigadores del Pew Research Center y de Rutgers University, publicaron recientemente un reporte en el que aseguran que las redes sociales han tenido el efecto contrario al que muchos pensaban. Contra la opinión preponderante, redes sociales como Twitter y Facebook tienen el efecto de disminuir la diversidad y endurecer las opiniones de los usuarios en los debates públicos. La gente, sobre todo cuando se da cuenta de que su opinión es la de una minoría, tiende a ser más reservada, a no compartir sus puntos de vista. Esto es lo que los investigadores han llamado “la espiral del silencio”, un fenómeno que, de hecho, precede a la era de las redes sociales, pero que muchos entusiastas y observadores de la conducta humana, pensaban que podría cambiar cuando las personas tuviéramos la oportunidad de expresarnos a través de estas plataformas digitales.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores tomaron el caso del espionaje de la NSA y las filtraciones hechas por el ex-analista de la CIA, Edward Snowden, un tema –al menos en teoría– sumamente controversial y potencialmente detonador de un “buen” debate público sobre temas centrales: libertad, privacidad en la red, espionaje y otros asuntos relevantes. Escogieron ese tema, además, porque estudios pasados les habían dado amplia evidencia de que los estadounidenses estaban literalmente divididos en cuanto a la culpabilidad de Snowden y el valor cívico –o no– de sus acciones.

Los investigadores concluyeron que:

1. La gente, en general, prefería discutir el caso Snowden en persona y no en redes sociales (86% vs 42%).

2.  Las redes sociales no sirvieron de plataforma alternativa de debate para aquellos que no querían hablar en persona sobre el caso Snowden (sólo el 0.3% de quienes no quisieron debatir el asunto “en vivo”, decidieron hacerlo en redes sociales).

3. En línea y offline, las personas estaban más dispuestas a expresar su opinión sobre el caso Snowden si creían que su audiencia estaba de acuerdo con ellos. Por ejemplo, si una persona sentía que sus amigos en Facebook compartían su visión del caso, era 50% más probable que decidiera participar en una conversación al respecto en la red social.

En suma: las redes sociales no han sido capaces de romper con la tendencia humana de guardar silencio cuando creemos que nuestro punto de vista no es compartido por una mayoría, ni han servido de foro para que algunas de nuestras opiniones logren ventilarse. La espiral del silencio permanece como condición humana. Esto no quiere decir, por supuesto, que no haya excepciones, o que en otros casos las redes no hayan sido cruciales para promover el debate público o las movilizaciones sociales. Quiere decir, simplemente, que no en todos los casos “sirven” para eso. Y si uno lo piensa con detenimiento, no tendría por qué ser diferente: las redes son solamente una herramienta que puede o no modificar el comportamiento humano, pero que difícilmente cambiará su naturaleza.

fuente Pew Research Center

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