Han pasado diez años desde que YouTube asaltó la red. Diez años presentándonos a nosotros mismos y encontrando a los demás.

YouTube fue una de esas ideas tan obviamente geniales que fincó su éxito en el difícil mundo de la tecnología en muy poco tiempo. En menos de un año logró 50 millones de visitas diarias y prácticamente desde que apareció hasta la fecha, domina el mercado de los videos en línea. Pocas compañías han gozado del franco crecimiento de YouTube en la pasada década, y, lo que quizá es más importante, pocas se han pegado tanto a nuestra cultura y a nuestra forma de entender Internet.

El éxito de YouTube desde el principio es que es accesible. Simple y llano como eso. No sólo es fácil de usar y compartir, ha logrado dejarnos la impresión de que no hay nada más fácil en el mundo que ver un video en YouTube.

Cada vez que buscamos un video en la red, suspiramos aliviados si lo encontramos en YouTube porque de alguna forma, la marca nos ha convencido de que no hay nada más seguro, fácil y accesible en el mundo. Y no importa que existan otras plataformas más completas o más rápidas o más eficientes. YouTube definitivamente nos ha convencido.

Pero no todo es tan simple. A lo largo del tiempo, se ha convertido en una de las plataformas que mejor ilustran la paradoja del Internet comercial. No podemos reproducir videos que pertenecen a grandes corporaciones, pero una gran corporación (Google, los dueños) se quedan con las ganancias publicitarias que produce nuestro contenido.

¿Alguien podría dudar de que YouTube es una marca exitosa?

YT vs. TV

Al principio parecía que esta nueva plataforma haría de la televisión algo obsoleto. Desde que la prensa escrita comenzó a distribuirse de manera masiva, todo el asunto de los medios ha sido el encuentro de alguien que “dice” y alguien que “escucha”. Internet nos prometió un cambio en esa dinámica y YouTube era la alternativa específica en contra de la televisión, pero, ¿realmente lo han logrado?

En principio se suponía que YouTube sería la alternativa frente al imperio subyugante de la televisión. Por fin podríamos ponernos frente a la cámara y derrotar a esos encopetados presentadores de noticias y a esos aburridos conductores de concursos.

Pero al cabo de estos diez años nos hemos dado cuenta de que en realidad la gente ve más televisión desde que apareció YouTube. Contenidos ignorados en su país de origen se vuelven virales gracias a esta plataforma en otro punto del globo, las empresas de medios han explotado este canal para apoyar y promocionar sus contenidos en línea, y el diseño y publicidad del portal tienden a llevarnos a los videos promocionales de las grandes compañías.

No obstante, con todas las desventajas que un usuario común puede tener respecto a los grandes productores de contenido audiovisual, YouTube nos permite competir. Numerosos canales que comenzaron como cualquiera de nosotros podría comenzar se han vuelto un pilar para la página. Todos conocemos a algún “youtuber” que se ha hecho famoso sólo por broadcasting him/herself. E incluso algunos de ellos han pasado a la televisión mainstream. Y eventualmente se convierten en los mismos conductores aburridos.

Después de un periodo de inestabilidad, y ya que han pasado diez años, YouTube se ha insertado completamente al sistema de medios corporativos. Por un momento, las grandes cadenas temblaron ante YouTube, pero ahora creo que podemos decir con seguridad que se ha convertido en uno más de los eslabones de la industria.

La estética de YouTube

Muchas grandes ideas parecen bastante obvias cuando convivimos diariamente con ellas. Así como nos cuesta trabajo concebir cómo es que en el pasado pocos imaginaron internet, también nos cuesta entender que no se pensara en una plataforma de videos como YouTube hasta el 2005. Pero hace falta más que una buena programación para construir una plataforma exitosa.

Lo que vemos hoy en YouTube era inconcebible antes del 2005. ¿A quién le hubiera apetecido ver a una persona hablar desde su habitación durante horas? Algo nació en el 2005 que rebasa a YouTube. No sólo se trata de una plataforma para ver videos, también nuevos temas y nuevas formas de presentarlos.

¿En qué escenario, antes del 2005, podíamos concebir que un cantante surcoreano o un dueto noruego se harían mundialmente famosos? Tendrían que pasar a través de MTV, Tower Records o una enorme compañía global de música. Y sin embargo, ahora todos estamos familiarizados con el Gangnam Style o con What Does The Fox Say? Estos fenómenos son parte de la cultura de YouTube. No es que existieran antes y sólo nadie los notara, sino que se producen justamente cuando existe el canal apropiado para distribuirlos.

El concepto de un viral es el primer síntoma de una nueva estética. Definir un viral es sumamente difícil precisamente porque concentra todo el complejo de revolución de contenidos que trajo YouTube. No sólo es un video que todo el mundo reproduce, es algo más. Tal video debe tener una forma y un contenido específicos, debe producirse en un momento determinado y necesita de una plataforma tan accesible como YouTube.

Un viral es algo “que pasa”, imposible de medir e imposible de predecir. Tiene tantas variables que simplemente no hay manera de planearlo. Por eso las corporaciones no pueden aprovechar el fenómeno al cien por ciento. Su explosiva naturaleza define mejor que nada la constitución de YouTube.

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A pesar de que gran parte de lo que hoy vemos en YouTube está coptado por las grandes corporaciones e inevitablemente nos vemos arrastrados a verlos presentes casi a cada click, sigue siendo ese lugar alocado e imprescindible en el que cualquier cosa es posible. Así sea un gato que toca el piano con palillos chinos o un movimiento político que impregna a todo el mundo, la simple posibilidad de ser visto en todas partes es algo que definitivamente cambió el broadcasting para siempre.

Puede ser que la mayoría de nosotros no consiga más de 200 viewers, pero la sola “posibilidad” es tan poderosa que nos mantiene subiendo y viendo videos de usuarios comunes. YouTube seguirá siendo la tierra de lo desconocido e imposible mientras sigamos presentándonos a nosotros mismos. Mientras exista la plataforma, nadie nunca podrá quitarnos eso.

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