El 11 de enero del 2013, una de las mentes más creativas y combatientes de Internet dejó de existir a los 26 años de edad. Su nombre: Aaron Swartz.

Ha pasado poco más de un año desde entonces y lejos de ser olvidado, la llama de la curiosidad y el espíritu de lucha de Swartz parecen estar más vivos que nunca. No es casualidad. La marca que Aaron dejó en la red y, aún más importante, en su comunidad, es indeleble.

El niño dorado de Internet

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Aaron Swartz y Lawrence Lessig, creador de Creative Commons.

Swartz nació el 8 de noviembre de 1986 en la ciudad de Chicago. Su padre, Robert Swartz, había fundado una compañía de software, por lo que desde muy pequeño Aaron manifestó su interés en las computadoras y la programación.

A los 13 años Swartz ganó el premio ArsDigita, un reconocimiento que se les otorgaba a jóvenes que habían creado sitios web no comerciales “útiles, educativos y de colaboración”. Este sería el inicio de una corta pero brillante carrera.

Aron ayudó en la creación del formato RSS, el cual sirve para compartir contenidos en la web y que hoy en día es utilizado por muchos sitios. También trabajó en la creación de estándares al interior del World Wide Web Consortium, así como en el lenguaje Markdown al lado de John Gruber y con apenas 15 años, estuvo involucrado en la fundación de Creative Commons.

Ya en la universidad, decidió fundar una pequeña empresa llamada Infogami, cuya plataforma terminó por fusionarse en 2005 con Reddit. Para el año siguiente, esta recién formada compañía fue comprada por Condé Nast (dueña de publicaciones como Wired y The New Yorker). Debido a esto, Swartz tuvo que mudarse a las oficinas de la revista Wired en San Francisco, de donde se retiró poco tiempo después.

Aaron, el activista

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Aaron en una protesta en contra de la Ley SOPA durante el 2012.

La visión de Swartz sobre Internet no solo era tecnológica, sino también social; al fin y al cabo era un hacker. Siempre se mostró interesado en proyectos que promovieran la libertad de información y la cultura de la participación, como Open Library, Wikipedia o la misma Creative Commons. Sin embargo, esto no fue suficiente para él: era necesario tomar acciones fuera de las trincheras virtuales.

En 2010 fundó Demand Progress, una organización dedicada a realizar movimientos legales en contra de iniciativas que atentaran en contra de un Internet libre y neutral.

Fue así que Aaron encabezó una serie de protestas ante la llamada Ley SOPA, que pretendía combatir la piratería y la infracción de los derechos de autor en la red, a base de modificaciones en la ley estadounidense. Para sus detractores, SOPA no era más que una forma de proteger los intereses de la industria del entretenimiento, sin importar que eso representara una amenaza para la libertad de expresión y el espíritu de innovación en Internet.

Luego de varias manifestaciones en contra de SOPA alrededor del mundo, todos los esfuerzos convergieron en un “apagón masivo” que llevó a cabo el 18 de enero de 2012, cuando miles de sitios web decidieron suspender sus servicios durante 24 horas. Días después, los planes para la elaboración del proyecto de ley fueron pospuestos indefinidamente, una decisión con sabor a victoria que posteriormente, durante un evento en la ciudad de Washington, Aaron retomaría en su discurso titulado How We Stopped SOPA (Cómo detuvimos SOPA):

“Hemos ganado esta batalla porque todos se convirtieron en el héroe de su propia historia. Todo el mundo tomó como misión propia el salvar a esta libertad fundamental.”

El caso JSTOR y el MIT

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El punto crítico en la vida de Aaron Swartz comenzó en 2011, cuando se le acusó de haber descargado ilegalmente 4 millones de documentos de la librería digital y privada– JSTOR desde una red del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), con la intención de publicarlos en línea. Según las acusaciones, Swartz descargó los archivos a través de un disco duro portátil conectado a un conmutador que se encontraba en una pequeña habitación del MIT.

Tras su arresto y más de un año y medio de proceso legal, Swartz enfrentaba 13 cargos en su contra con una condena de hasta 35 años de prisión y una multa de un millón de dólares. Durante el juicio las autoridades utilizaron un ensayo escrito por Swartz en 2008 titulado Guerrilla Open Access Manifesto, una de sus publicaciones más famosas y la cual comienza con el siguiente párrafo:

“La información es poder. Pero, como todo poder, están los que quieren mantenerlo para sí mismos. El patrimonio científico y cultural de todo el mundo, publicado durante siglos en libros y revistas, está siendo digitalizado y bloqueado por unas cuantas corporaciones privadas.”

Aaron Swartz sufría de constantes depresiones y el 11 de enero de 2013,  fue encontrado muerto en su departamento de Brooklyn, Nueva York. La causa del fallecimiento fue determinada como suicidio. La madre de Aaron describió dicha situación como “el producto de un sistema de justicia penal plagado de intimidación y persecución exagerada” y criticó la indiferencia del MIT ante tal situación.

Más de medio año pasó desde el fallecimiento de Aaron, hasta que en julio del 2013 las autoridades hicieron públicos algunos de los documentos del caso y hasta hace unos meses, en diciembre del año pasado, se liberó el video de vigilancia que usaron como prueba para acusar a Swartz. Si bien los archivos demostraron que el MIT no tuvo que ver con la persecución legal que enfrentó el activista, también demostraban la tibieza de la institución en el caso.

Para sus familiares y amigos, el juicio en contra de Aron fue un intento del sistema legal estadounidense de “dar un ejemplo”, convirtiendo a un ciudadano en criminal bajo la anticuada Ley de Fraude y Abuso Informático (CFAA, por sus siglas en inglés) creada a mediados de los ochenta. Lawrence Lessig, cofundador de Creative Commons y amigo de Swartz, publicó en su blog personal un texto acerca del caso, apenas un día después de que se diera a conocer la noticia de la muerte de Aaron:

“La pregunta que este gobierno debe responder es por qué era necesario que Aaron Swartz fuera etiquetado como un ‘criminal’. En los 18 meses de negociaciones, eso era lo que él no estaba dispuesto a aceptar.”

Las ideas son a prueba de balas

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Aunque Aaron Swartz ya no está aquí, sus pensamientos y espíritu combativo están muy lejos de desvanecerse. Iniciativas como la llamada Ley de Aaron (que busca modificar la CFAA para evitar el abuso de poder en casos como el de JSTOR) y The Day We Fight Back retoman varias de las ideas que Swartz defendió dentro y fuera de la red; una red por la que él lucho para que existiera al servicio de la humanidad y no para el beneficio de los intereses de unos cuantos.

Hace unas semanas, se estrenó en el festival de Sundance un documental titulado The Internet’s Own Boy: The Story of Aaron Swartz, el cual muestra parte del legado del programador y activista.

Al final, para Aaron el Internet no sólo era una herramienta de comunicación, sino una forma de cambiar al mundo. Y eso, es algo por lo que vale la pena luchar.

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