Ursula K. Le Guin recibió el miércoles pasado, con un conmovedor discurso, la medalla por contribución distinguida a las letras americanas en el Premio Nacional del Libro (NBA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos.

La importante escritora de ciencia ficción y fantasía recibe, por fin, un valioso reconocimiento por una carrera de más de 50 años. Le Guin ha escrito una cantidad pasmosa de libros de ciencia ficción y fantasía, además de ensayos, libros de poesía y relatos para niños.

Si bien ha ganado todos los premios mayores para la literatura fantástica y de ciencia ficción (Hugo, Nebula, etc.), éste es el primer reconocimiento que no categoriza simplemente su trabajo con desprecios académicos. Por primera vez se le reconoce como escritora, productora de literatura de mérito completo y no como creadora de libros genéricos:

“Me regocijo en aceptar este premio y de compartirlo con todos aquellos escritores que fueron excluidos de la literatura durante tanto tiempo; con mis compañeros autores de fantasía y ciencia ficción, escritores de la imaginación que, en los últimos cincuenta años, vieron cómo los bellos premios iban para los llamados ‘realistas’.

Con todo y el agradecimiento profundo que se escucha en estas palabras, Le Guin no desperdició la oportunidad para atacar a aquellos que utilizan el género como escusa comercial:

“Ahora mismo, creo que necesitamos escritores que conozcan la diferencia entre la creación de un producto de mercado y la práctica de un arte. Desarrollar material escrito para cumplir con estrategias de venta y maximizar la ganancia corporativa (…) no es exactamente lo mismo que la producción y publicación responsable de libros.”

Su conmovedor discurso señaló, más allá del repudio a una industria decadente, la importancia que tienen estos apasionantes géneros y el indiscutible valor de la imaginación en nuestra búsqueda por un futuro, tal vez, menos sombrío:

“Creo que se aproximan tiempos difíciles en los que vamos a necesitar las voces de aquellos escritores que pueden ver alternativas a la forma en que vivimos; que pueden vislumbrar otras formas de ser más allá de nuestra temerosa sociedad y de sus tecnologías compulsivas. (…) Vamos a necesitar a los escritores que recuerdan la libertad: a los poetas, a los visionarios, a los realistas de una realidad más amplia.”

A nosotros, herederos de tan enorme obra no nos queda más que agradecer sus sentidas palabras. Si pueden –a pesar de la falta de subtítulos–, no dejen de ver el video: Ursula K. Le Guin es una gran mujer (dentro y fuera de la ficción) y este discurso, por si faltara algo, nos vuelve a señalar toda la inmensidad de su carismático valor.

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