Para celebrar el aniversario de Close Encounters of the Third Kind, recordamos la cinta de Spielberg como la madre de toda la ufología..

Escena de la película Encuentros Cercanos del Tercer Tipo

(Columbia Pictures)

Maussan no me dejará mentir, Close Encounters of the Third Kind (Close Encounters) es la más grande obra de paranoia conspiracionista que se haya hecho en ciencia ficción. Esta cinta es la madre de las conspiraciones modernas, un hito cultural irrebatible, una joya grandilocuente de amor a la duda, la curiosidad infantil y la compasión científica.

Para celebrarla, queremos explorar sus entrañas paranoicas y demostrar cómo le dio nueva vida a la pseudociencia más hermosa del mundo; la que sueña con la amistad de otros rebaños, la que no deja de mirar al cielo: la hermosa y polémica ufología.

La mítica escena de la abducción de Barry ha sido recordada por Spielberg como la mejor escena que ha filmado.

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Objetos culturales identificables

En 1978, el Centro de Estudios Espaciales de Francia estableció la unidad GEIPAN para el estudio de objetos voladores no identificables. Un año antes, los conspiracionistas de la ufología alertaban sobre la resolución en la ONU para la observación de estos mismos fenómenos inexplicables.

El GEIPAN en realidad existe y se dedica a comprobar las entrada a la atmósfera de entidades no identificadas para dar los resultados de manera transparente al público. Aún así, el 9% de sus casos no ha sido explicados. Esto ha dejado la puerta abierta a diferentes teorías de conspiración, entre las cuales se encuentra, claro, esa famosa resolución 33/426 de la ONU que no está archivada en ninguna página oficial de la institución.

En esta resolución, según las páginas más paranoicas del salvaje internet, se propone lo siguiente:

La Asamblea General invita a los Estados Miembros interesado a tomar medidas apropiadas para coordinar, en un nivel nacional, el estudio científico e investigativo de la vida extraterrestre, incluyendo objetos voladores no identificados e informar al Secretario General las observaciones, investigación y evaluación de dichas actividades.”

Ufólogos en el desierto de Nevada.

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Lo que resulta interesante de esta supuesta resolución y del nacimiento del GEIPAN es que ambas sucedieron justo después del estreno de Close Encounters of the Third Kind. No digo que ambas cosas sean un resultado directo del impacto que causó la película de Spielberg. Pero la relación es interesante.

Porque, en su momento, todas las instituciones de cine más prestigiosas de Hollywood condecoraron la cinta con los más altos honores técnicos: ganó un oscar especial por edición de sonido y fue nominada por sus efectos especiales a Oscar, Golden Globes y premios Bafta.

Claro, también fue nominado Spielberg, el gran fotógrafo Vilmos Zsigmond y la actriz Melinda Dillon. Pero la cascada de reconocimientos por efectos especiales tuvo un efecto cultural peculiar y es que la cinta de Spielberg resultaba de un realismo apabullante. El lado humano, familiar, cotidiano, de su cinta se mezclaba con una idea bastante clara de cómo funcionaban las instituciones científico-militares del gobierno y un retrato verosímil de lo imposible: los OVNIS mismos.

Close Encounters es un retrato vívido de lo que podría ser un encuentro con extraterrestres.

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Todo esto llevó entonces a considerar Close Encounters como un retrato vívido de lo que podría ser un encuentro con extraterrestres. El título mismo habla de una clasificación de encuentros, y la película parece un manual de acción científica y gubernamental para el contacto pacífico con seres de otro mundo.

La contraparte directa de la cinta será, entonces, años después, la alta burocracia de Men In Black. Es por eso que las fotografías donde aparece Tommy Lee Jones joven entregando las flores a los extraterrestres son un recuerdo de la película de Spielberg: Close Encounters fue el mapa del primer encuentro, Men In Black, el resultado de las operaciones efectivas del gobierno para implementar una burocracia de la presencia alienígena en la tierra y su intervención en los asuntos cotidianos de los hombres que la habitan.

Si Close Encounters perdió el premio Hugo a mejor película de ciencia ficción fue porque se lo entregaron a Star Wars ese año. Pero la cinta de Spielberg, al no ganar el más prestigiado premio de la ciencia ficción, creó un estatuto de culto a medio camino entre la imaginación y el realismo.

Este estatuto de culto, esta relación con la realidad y las maquinaciones burocráticas del gobierno encubriendo verdades fueron las que también propulsaron una cultura popular de la ufología a niveles nunca antes vistos.

La relación con la realidad y las maquinaciones burocráticas del gobierno encubriendo verdades fueron las que también propulsaron una cultura popular de la ufología a niveles nunca antes vistos

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Si bien las teorías de OVNIs se remontan a los años 50, los proyectos serios de la CIA para observar estos fenómenos -como el famoso proyecto Blue Book- estaban completamente datados por la paranoia de la guerra fría y se fueron diluyendo con los años. iI el interés gubernamental y científico serio decrecía, ya para la década de los ochenta, la ufología había establecido sus propios mitos y fetiches. Roosevelt, Área 51, el panel Robertson, el sistema Hynek y un largo etcétera.

La explosión popular de este fenómeno terminó, de hecho, con la llegada de los X-Files en los albores del nuevo milenio. El programa de Mulder y Scully llevó a sus últimas consecuencias las premisas que fundamentó Spielberg con su cinta: existe el contacto con extraterrestres, es necesaria una curiosidad científica despierta, hay abducciones misteriosas, el gobierno lo encubre todo de las maneras más complejas.

Claro que la cinta de Spielberg tenía esa mezcla tan spielbergiana, valga la redundancia, de miedo y fascinación familiar amable que no existe, de la misma forma, en los X-Files. Porque sus cintas sobre extraterrestres hablan más de la necesidad de tolerancia en el contacto con el otro que del miedo al otro. Para Spielberg todo es una cuestión de acercamiento amoroso a la otredad temida (y no sorprende así su posterior obsesión con el Holocausto).

Pero es, justamente, este lado humano, compasivo y familiar de Close Encounters lo que la volvió una fuerza tan poderosa para el nacimiento cultural de la ufología.

La ufología no ha dejado de crecer en el mundo. Aquí unos creyentes verdaderos en un evento en Roosevelt.

El matrimonio de lo extraordinario y lo común

¿Cuál es el trabajo de Roy Neary, el personaje interpretado magistralmente por Richard Dreyfuss?

Es un técnico electricista. Tiene tres hijos hiperactivos en un pequeño suburbio de un pequeño pueblo estadounidense. En su casa hay un pequeño jardín en el que se pasea en bata para recoger el periódico. Tiene un televisor en la sala. Está casado con su compañera de toda la vida que, probablemente, fue su novia de secundaria. Los fines de semana lleva a la familia a jugar golfito o a ver películas clásicas de Disney. Juega con trenes eléctricos como hobby y ayuda a sus hijos, a regañadientes, con sus tareas de matemáticas.

El retrato de la familia Neary, como lo fue con la familia de Elliot en E.T, es el de la típica familia americana de clase media suburbana. En esta familia está impresa hasta el tuétano la idea de una normalidad en el sueño americano.

En el otro extremo, tenemos al personaje de Lacombe interpretado por el legendario director de cine francés François Truffaut. Lacombe necesita un traductor porque apenas habla inglés. Es, en ese sentido, un hombre exótico del que no sabemos nada: no sabemos de dónde salió y por qué está a cargo de una misión claramente dirigida por el estado americano; no sabemos de qué es experto; no sabemos qué lo lleva a sus descubrimientos…

Lacombe es la contraparte de Neary porque da internacionalidad a la localidad estadounidense.

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Lacombe es la contraparte de Neary porque da internacionalidad a la localidad estadounidense. Es soltero, o eso parece, es exótico, viaja en el mundo, sabe muchas cosas pero nunca se sabe qué tanto sabe. A diferencia del hombre común que no tiene nada que ocultar, Lacombe es todo misterio.

La primera secuencia de la película -que pasa, de hecho, en el norte de México- nos muestra una maravillosa entrevista entre un anciano traumado por el encuentro de los extraterrestres hablando en español y una persona traduciendo simultáneamente al traductor de Lacombe. Hay aquí una línea de misterio impresionante que se repite en las conversaciones al norte de la India y en el lenguaje físico de los nómadas del desierto de Gobi en Mongolia.

China, India, México. Las coordenadas del mundo, de lo internacional y de lo exótico que conocemos a través de Lacombe, son las coordenadas de lo exótico para la cultura americana. El exótico inmediato cruzando la frontera sur, el exotismo lejano del hinduismo espiritual (que Spielberg vuelve a retomar en Indiana Jones and the Temple of Doom) y el exotismo siempre presente del continente chino como pradera de los sueños extraños de perfumes nuevos al otro lado del mundo.

Todo esto nos muestra exactamente la intención de exotismo que canaliza Lacombe en contraparte con la normalidad de chisme suburbanos y señoras haciéndose los rulos en el vecindario de Neary. Es por eso mismo que al final estos personajes se encuentran y, por lo insólito del momento, Lacombe le dice a Neary: “Lo envidio Sr. Neary”. La cortesía y el apelativo no son en vano: uno es doctor, el otro es señor nada más, pero el consagrado sabio debe rendirle homenaje al hombre común.

El exotismo que canaliza Lacombe es la contraparte de la normalidad de chisme suburbanos de Neary.

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Lacombe acaba envidiando la suerte del hombre común porque fue elegido para el viaje extraordinario que dará todas las respuestas a lo desconocido. Y la genialidad de Spielberg se demuestra en que los créditos corren con la nave partiendo lentamente para dejarnos imaginando lo que Neary está viendo en ese momento.

Quedamos como Lacombe, no importa qué tan doctos seamos, que tanto sepamos de las estructuras secretas del gobierno, no hemos perforado el misterio del cosmos como sí lo hizo este simple hombre de familia, este don nadie.

La sensación con la que queda el espectador, entonces, es la de haber presenciado algo extraordinario a través de los ojos de un hombre ordinario. Y eso tiene un poderosísimo efecto emocional comprobado, una y otra vez, por tantos mitos de héroe de traspatio.

El velo perforado

Tal vez no aprendemos los secretos del universo que quedan enclaustrados en los recuerdos de Barry, el niño, y en los ojos para siempre lejanos de Neary. Pero vimos, en el camino, cómo un hombre común perforó el velo de secretos del gobierno para llegar a la verdad.

Todos le dijeron a Neary que estaba loco, su familia lo abandonó, perdió su trabajo y a todos sus amigos; lo amenazaron, lo trataron de drogar con gas, lo persiguieron militares… Pero él persistió en el sueño obsesivo de una montaña. Neary buscó encontrar, como sea, respuestas a las preguntas más apremiantes del hombre.

Es por eso que Neary representa la venganza del conspiranóico. Es Mulder diciendo “se los dije”; es el ñoño encerrado en el sótano de su madre siendo recompenzado por una inteligencia superior; es el premio a la tenacidad frente al resto imbécil de los humanos que lo marginaron. Es el prototipo soñado de la aspiración y la meta conspiracionista, es el maldito eldorado.

Neary llega al colapso mental para convertirse en un completo paria. Y en ese gesto maravilloso y simbólico destruye la normalidad con la vandalización violenta del núcleo familiar. Cuando el padre de familia pierde la cordura y rompe lo cotidiano de la rutina, cuando su comportamiento se vuelve errático, toda la certeza de lo que es hogareño se rompe. Y luego, en el colapso completo, el mismo proveedor suburbano destroza el símbolo mismo de la familia vandalizando su propia sala de estar.

El mismo proveedor suburbano destroza el símbolo mismo de la familia vandalizando su propia sala de estar.

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Neary sacrifica, así, ritualmente a su familia, a su sociedad y a su especie. Cuando llega a Wyoming a la Torre del Diablo, literalmente debe romper las barreras del gobierno para perforar el velo y llegar a la verdad. Neary va venciendo así, una tras otra, las pruebas que la sociedad le impone. Porque lo cotidiano quiere aprisionarlo, hacer que se quiebre, que desista en su búsqueda, que tema por su cordura. Pero Neary va dejando a los que no creen de lado (a los otros invitados en el helicóptero, a los pobladores que huyen bajo las amenazas del gobierno, al hombre con el que escala la montaña e, incluso, a su nuevo interés romántico después de la disolución de la familia).

La obstinación de Neary nos muestra así, en contraparte, la obstinación de la sociedad por mantener una normalidad y la obstinación del gobierno por ocultar toda anormalidad. Esa es la otra cara de la apología del conspiracionista que vemos en Neary. El hombre común puede intentar perforar el velo, pero este trabajo siempre tendrá que enfrentarse con las fuerzas del orden: instituciones psiquiátricas que hablan de cordura y un imaginario de un estado omnipresente, burocrático y militar.

Uno de los terroristas internos más reputados de Estados Unidos visitó, en 1994, un año antes de perpetrar su mortífero atentado, el Área 51 en Nevada. Cuando lo iban a ejecutar pidió ver la película Contacto basada en el libro de Carl Sagan sobre la relación posible con seres empáticos de otros mundos. El Unabomber, como se le llamaba, habló también frecuentemente con Milton William Cooper un famoso conspiracionista de la ufología antes de morir.

Ted Kaczynski, el Unabomber al ser detenido.

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Todos estos datos -que nos da el maravilloso libro sobre teorías de conspiración de Michael Barkun– sirven para mostrar la fuerte conexión entre odio antisistémico al gobierno y las teorías conspiranóicas de la ufología. Porque el pensamiento común aquí es que el gobierno es un enemigo maligno que conoce la verdad pero que se la niega a su pueblo.

Close Encounters dio forma, en su retrato del gobierno, a la idea poderosa de un sistema opuesto al pueblo que crea un velo de desinformación. La siguiente década verá nacer la joya de Carpenter, They Live!, para no ir más lejos…

Los camiones en los que los científicos y militares se dirigen al sitio del encuentro en Wyoming están pintados con necesidades del confort normal americano: Baskin Robbins y Coca Cola. Disfrazados de la normalidad chatarra, el gobierno miente sobre una fuga de gas venenoso y desaloja una área habitada de 400 millas para tramar sus planes secretos.

Hay, incluso, una escena maravillosa en la que vemos a militares y personal gubernamental discutiendo cómo encubrir un desalojo masivo tan enorme: ¿Ébola? ¿Ántrax? ¿Fenómeno natural? Y terminan eligiendo un error en la experimentación militar. Ese mismo error que atormenta los sueños de los americanos y que se redime en The Mist y Stranger Things. Cubren una conspiración con la idea de otra. Se echan la culpa por el bien del miedo. Son retorcidos, perversos, astutos, manipuladores y todopoderosos.

Cuando llega Neary a Wyoming a la Torre del Diablo, literalmente debe romper las barreras del gobierno para perforar el velo y llegar a la verdad.

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En la normalidad del hombre que perfora el velo y la extraordinaria fuerza del gobierno que cubre sus huellas, está el sueño húmedo de los conspiranóicos. Y Close Encounters es un manual maravilloso de la conspiración en la cultura popular americana.

Los tres pilares de todas las teorías de conspiración estadounidenses están definidos por Karsun y representan también los pilares de la cinta de Spielberg: nada pasa por accidente (ni los accidentes militares); nada es lo que parece (ni siquiera un camión de helados); y todo está conectado (las imágenes, los sonidos, los fenómenos, las desapariciones, se encuentran en una verdad).

La gran maravilla en el legado de esta cinta de ciencia ficción está entonces en que perforó otro velo para llegar a nuestra realidad y alimentar los sueños más paranoicos de una generación. Por eso decimos que Close Encounters es la madre de todas las teorías de conspiración, el ying y el yang de la cultura paranoica americana.

Spielberg logró aquí que la imaginación llegara al mundo para convertir toda luz en el cielo en una pieza nueva de ficción colectiva. Podemos todos, entonces, agradecerle al gran maestro Spielberg el regalo de un sueño que nos sigue haciendo pensar, como niños, curiosos, científicos y espectadores, la llegada amorosa de otros enanitos verdes.

El exotismo lejano del hinduismo espiritual (que Spielberg vuelve a retomar en Indiana Jones and the Temple of Doom)

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