Foto: Joanna Poe.

Francia se convirtió este año en el primer país que promueve una ley para prohibir a los grandes supermercados el desperdicio arbitrario de alimentos.

El pasado 3 de febrero Francia firmó una ley histórica. Impulsados por los crecientes problemas económicos y los necesarios acuerdos ecológicos, el gobierno francés impulsó una iniciativa que prohíbe, bajo pena de pesadas multas –hasta 75,000 euros o dos años de cárcel–, que los supermercados desechen la comida excesiva que habitualmente se desperdiciaba. Anteriormente, la ley francesa prohibía a los supermercados, por razones de higiene, que redistribuyera la comida perecedera que no se compraba durante el día. Con esta nueva legislación esto quedará terminantemente prohibido y las raciones sobrantes de los supermercados serán entregadas a bancos alimentarios para que se juzgue de su higiene y se distribuya entre los más necesitados.

No es sorprendente que una ley de este tipo se haya promulgado en Francia antes de cualquier otro lugar en el mundo. Y no lo digo porque los franceses sean particularmente adeptos, como gobierno, a las medidas ecológicas de alto impacto. Sin embargo, ha habido, desde hace mucho tiempo, una enorme cultura de la recolección y la reutilización de desechos en el país. Como lo atestiguó el brillante y conmovedor documental del 2000 Les Glaneurs et la Glaneuse (Los espigadores y la espigadora) de la mítica cineasta Agnès Varda, la cultura del aprovechamiento ha sido una constante en la vida popular francesa desde tiempos feudales. Y claro, ahora más que nunca, con entre 90 y 140 kilos de comida que se desperdician al año por persona en Francia y la creciente población de indigentes (SDF o “sin domicilio fijo”), ésta se ha vuelto una realidad cada vez más constante.

Sin embargo, los supermercados llegaron a optar, para alejar a estudiantes, personas en situación de calle y todo tipo de aprovechadores de sus patios traseros, verter lejía sobre los alimentos no utilizados que, en la mayoría de los casos, seguían siendo perfectamente aptos para el consumo. Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los países ricos desperdician alimentos mayoritariamente en la etapa de consumo mientras que en los países en vías de desarrollo la mayor parte de los desperdicios ocurren, a causa de deficiencias estructurales, en la etapa de producción, distribución y transporte. El desperdicio anual en Francia llegó a representar pérdidas de entre 12 y 20 millones de euros al año además de significar un enorme impacto ambiental.

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En Francia se desperdician entre 90 y 140 kilos de comida por persona al año (Foto: Liz Martin).

En efecto, según la FAO, en una evaluación de 2013 citada por Le Monde, el desperdicio alimentario produce 3.3 gigatoneladas de gases de efecto invernadero por año. Esto equivale al tercer lugar en producción de gases de efecto invernadero sólo detrás de los que producen China y Estados Unidos. Además de que la comida desperdiciada ocupa enormes porciones de tierra cultivable y absorbe estratosféricas cantidades de agua al año. Así que, sin duda, éste no es nada más un problema social o cultural para los países ricos de Europa sino que representa un enorme agravio a la irreversible crisis ecológica del mundo. Lo que sí resulta evidente es que los países ricos tienen una enorme responsabilidad en cuanto al momento en que se desperdicia los bienes alimenticios: si el desperdicio ocurre más tarde en la cadena de producción-distribución-consumo, mayor es el impacto ambiental pues se multiplican todos los costos ecológicos del proceso.

Sin embargo, a pesar de la evidencia contundente que estas cifras muestran, el proceso para alcanzar esta ley fue arduo. Todo comenzó con las peticiones de un consejal de la pequeña localidad de Courbevoie, Arash Derambarsh que llevó a cabo una enorme campaña para promover leyes en contra del desperdicio. Desde Change.org y apoyado por el cineasta y actor Mathieu Kasovitz (La Haine), este político logró levantar un enorme apoyo en torno al asunto. Posteriormente, una iniciativa de ley sería presentada a la Asamblea Nacional por el ex-ministro de Industrias Agroalimentarias, Guillaume Garot en diciembre del año pasado. El proyecto se aprobó y, finalmente, la ley entró en vigor este mismo mes. A pesar del enorme logro cultural, político, ecológico y social que esta iniciativa representa, los activistas que la impulsaron esperan todavía poder seguir propagando consciencia alrededor del problema para que países con una enorme producción y una constante cultura del desperdicio –como Estados Unidos comiencen a discutir este tipo de leyes.

El desperdicio de comida en México

A este problema global se suma también, por supuesto, nuestro país. En México, según cifras de la SEDESOL citadas por El Universal, se desperdician cerca de 19 millones de toneladas de alimentos al año. Con esa cantidad de comida se podría alimentar, en ese mismo lapso de tiempo, a más de 25 millones de personas. Con una cantidad preocupante de población en estado de pobreza extrema, este tipo de cifras parecen completamente espeluznantes. Si bien, es cierto, no contamos con la misma infraestructura que Francia y que, por supuesto, nuestro país alberga una población dos veces más grande que la del país galo, el problema del desperdicio alimentario en México no es necesariamente imposible de contrarrestar.

De hecho, en nuestro país poseemos la segunda red más grande del mundo de bancos alimentarios. Según las mismas cifras de la SEDESOL, hay 60 bancos alimentarios en México distribuidos en 29 entidades. Esta enorme red (a la que se suman también numerosos esfuerzos de sectores privados, organizaciones municipales, estatales y no gubernamentales) llega a casi 5,000 comedores comunitarios que alimentan a más de medio millón de personas en el país. Entonces, si contamos con esta enorme infraestructura para la canalización y aprovechamiento del desperdicio alimentario ¿qué falta para promover una ley que obligue a las empresas productoras y distribuidoras de alimentos a compartir sus desperdicios con los más necesitados?

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